Capítulo III

1845 Palabras
— ¿Se puede saber qué demonios te pasa hoy Nicholas LeBlanc? —la pregunta de Maya hizo que todos se voltearan a verlo con curiosidad. Nunca iba a saber cómo su prima podía entenderlo tan bien y es que desde que se levantó esa mañana su lobo interior estaba inquieto, él sabía que algo iba a suceder ese día sin embargo desconocía si era algo bueno o malo. —Nada —respondió él con simpleza tratando de desviar la atención de su familia. Pero era obvio que no había logrado convencer a nadie. — ¿Algo va mal, amor? —ahora fue Samantha quien preguntó con su acostumbrada mirada dulce. Su fina mano trató de cubrir la de él pero debido a su tamaño no pudo. —No pasa nada, de verdad. —No estás muy platicador hoy. —No sé qué me pasa, me siento extraño —le susurró. Samantha lo miró con suspicacia encendiendo su curiosidad. —Bueno chicos, creo que será mejor que vayan a arreglar las cosas para esta noche, la fiesta de mi bebé no puede ser opacada por nada. Los chicos salieron enseguida pero Nick no, él había captado enseguida que ella sabía algo. — ¿Crees saber que tengo? La mujer le sonrió maternalmente como solía hacer antes de acariciar su mejilla. —Creo saberlo cariño —asintió—, pero no temas, no será nada malo, por el contrario ya lo verás. Entonces se fue dejándolo con las dudas aún fluyendo. Gruñó frustrado y tratando de olvidar esa sensación tan extraña salió en busca de sus primos pues Samantha les había hecho encargos para la fiesta de y debían ir a Métis, el único supermercado del pueblo. — ¿Estás así por una chica? —preguntó Riley mediante un susurro que los demás no pudieron oír por ir sumidos en su conversación—. ¿Encontraste a tu soulmate? Nicholas soltó el aire que estaba conteniendo lentamente, su última pregunta había dolido como un fuerte puñetazo, nadie más que él necesitaba a su mate por ello la había buscado en todo Bruine pero no la había encontrado por lo que decidió que una vez que estuviera graduado de la preparatoria viajaría en su búsqueda, su manada necesitaba un alfa con su luna y él no descansaría hasta encontrarla. Por el bien de la manada y por el suyo propio. —No, Maya está exagerando. Riley lo miró fijamente pero él no se inmutó. —Maya nunca exagera, siempre dice la verdad. —Olvídalo Ray, no tiene importancia. Su primo asintió bajando la mirada. — ¿Tacones? ¿En Bruine? ¿Estoy viendo bien? —Soltó una fuerte carcajada. Por alguna razón Zek su lobo interior comenzó a agitarse en su pecho, de inmediato alzó la mirada encontrándose con una mujer sumamente preciosa a varios metros de ellos. —Tan bonita pero debe ser la típica tonta —rió Evan. Zek rugió otra vez y Nick tuvo que respirar para no lanzarse a por su primo. ¿Qué demonios le pasaba? —Típico de una rubia —siguió Zac. Chad Taylor salió de Métis con una botella de agua que le tendió a ella entonces supuso que era foránea además de que su color y cabello sin duda resaltarían en Bruine como para no haberla conocido antes, ambos comenzaron a caminar fue allí donde ella volteó hasta mirar en dirección al grupo enviándoles una mirada de desdén que lo caló. Los chicos solo se quedaron boquiabiertos ante aquel acto y ella tiro su pelo hasta atrás con suma elegancia propia de una reina y por increíble que pareciera Zek ronroneó ante su rigor. ¿Qué mierda te pasa Zek? Le gruñó aturdido. Es ella, estoy seguro que lo es. La rubia se subió al asiento de atrás del auto que se alejó con rapidez de ellos. ¡No, ve por ella! Su corazón dolió aún más pues ya el auto no se veía. —Maldita mimada, necesita unas buenas nalgadas. Zac ronroneo enseguida. —Mm me ofrezco como voluntario para hacerlo, está buenísima. Y aquello acabó con todo su control. Rápidamente tomó el cuello de Zac y lo empujó contra la pared de Métis donde su cabeza se estrelló con violencia, las fracciones de Zac cambiaron a unas de profundo temor pero él no aflojó el agarre seguía mirándolo como si quisiera arrancarle la garganta de un mordisco. Nicholas lucía letal como nunca antes. —No vuelvas a hablar de ella en ese tono o voy a matarte —habló con la voz que nunca había usado antes, con su voz de alfa—, y eso va para todos, no tendré remordimientos. Y antes de soltarlo golpeó otra vez su cabeza contra la pared. — ¿Es tu luna? —preguntó Evan con un hilo de voz. Nick alzó su vista a los demás y pudieron ver que sus ojos azules estaban rodeados por un color ámbar muy fuerte. —Joder pareces a punto de transformarte —advirtió Riley. Esto hizo que recobrara un poco la compostura, respiró hondo y ayudó a Zac a levantarse. Sin decir otra palabra se adentró a Métis siendo seguido por sus primos quienes estaban a una distancia prudente. ¿Dónde estás? Debía encontrarla, cuando salieran de Métis iría enseguida a la casa de Regina la hija de Chad para que le diera su número, necesitaba saber dónde se estaba quedando su luna. Mi luna. Zek ronroneó feliz pues ya la habían encontrado, Nick imaginó como sería sostenerla en sus brazos y besarla hasta que sus labios dolieran. Su interior se estremeció de dicha pero sabía que la realidad distaba mucho de la fantasía, seguramente besarla fuera mucho más dulce en la realidad. * A las siete de la noche ya se encontraba desesperado, Chad Taylor había desaparecido según le había dicho Samantha y a Thomas no se le había ocurrido otra cosa más que arrestarla acusándola de su desaparición cuando absolutamente todos sabían que aquello no era cierto sin embargo Tom había tenido que hacerlo pues debían asegurarse que Carolina verdaderamente no hubiera presenciado nada y para eso necesitaba que conociera a su mujer quien tenía el don de ver los recuerdos de todos con tan solo tocarlos, si encontraban algo que los delatara Tristán procedería a borrar sus recuerdos y a dejarla ir salvo cosa que ahora no era una opción viable ya que ella había resultado ser la luna de la manada, la mentira tendría que ser alargada hasta que finalmente ella no quisiera irse del lado de Nicholas. Estaba ansioso por verla llegar, tanto Zek como él ansiaban su cercanía, no había inhalado su aroma pero Zek estaba absolutamente seguro que Carolina era su soulmate y él no lo ponía en duda, ninguna mujer antes le había resultado tan hermosa como ella lo era. Cuando la vio acercarse junto con las chicas no pudo evitar soltar un suspiro de alegría entonces se acercó a ella como todos hacían. Tuvo que apretar la mandíbula y tratar de respirar con calma para no lanzarse a por ella pero cuando sus ojos chocaron con los suyos y fueron desviándose a su rostro y cuerpo fue una tortura inminente. No tenía ojos para nadie más que para ella, era suya, su aroma se lo confirmaba, olía a canela olor que le fascinaba como ninguno. Cuando fueron a comer él la seguía mirando de reojo por o que vio la interacción de ella y James con quien tenía que hablar después advirtiéndole sobre su mujer. Cuando estuvieron sentados escuchó en silencio las preguntas de os chicos y sus respuestas cortas haciéndose una idea de cómo era la personalidad de su compañera tuvo que hacer un esfuerzo para no sonreír, no le importaba en absoluto que ella fuera siete años mayor que él, Carolina le encantaba y había sido elegida por su diosa para él, solo para él y no quería a nadie más. Entonces una pregunta captó toda su atención. — ¿Tienes novio? —Preguntó ahora Drew. Carolina volvió a levantar la vista de su plato y se dio cuenta de que todos la contemplaban a la espera de su respuesta y a su vez daban cortas miraditas de reojo a Nicholas quien no apartaba sus peculiares ojos de ella. Él observó cuando su cuerpo se estremeció sin poder evitarlo. Sabía que la atracción comenzaba a surgir entre ambos. —Sí, me casaré pronto. Aquella respuesta rompió el corazón de Nicholas e hizo rugir a Zek en su interior, estaba furioso, histérico con las ganas de matar burbujeando en todo su ser, todos lo miraron directamente con pena y temor a sin disimular pero él ni siquiera los miro. Su vista estaba fija en ella, en su compañera quien no sabía todo lo que él estaba sintiendo en ese momento. Su mandíbula nuevamente se tensó al igual que sus manos a las cuales hizo brotar sus venas entonces se levantó y se adentró a la casa de los Kambanelis como si fuera perseguido por el mismísimo diablo. Ella no tiene la culpa. Pero él tampoco podía dejarla escapar entre sus dedos. Al llegar a su habitación azotó la puerta con fuerza y a los segundos la puerta volvió abrirse otra vez dejando ver a Bea quien llevaba su plato de comida. La loba lo miró con timidez y a él no le importó en lo absoluto, ni Zek ni él la querían ahí en su habitación. —Te traje… —Vete Beatriz. Sin embargo ante su clara amenaza ella no retrocedió. Dejó el plato en su mesita de noche y se sentó a su lado sin quitarle la mirada de encima. — ¿Ella es tu mate? —preguntó con dolor. Bea había sido su novia desde la infancia hasta que había cumplido los diecisiete y su lob había aparecido diciéndole que ella n era su compañera de vida los lobos rechazaban a otros que no fuesen sus compañeros per Bea había llorado por él alegando que a ella no le importaba que no fuera su compañero, ella lo amaba el problema era que él no sentía lo mismo, él no había querido lastimarla. —Lo es. Bea se levantó enojada alzando su cara entre sus manos. —No te merece, eres mejor que esa riquilla, ella nunca va a entenderte ni a tu procedencia, somos mestizos, somos lobos, yo sé todo de ti Nick, ella no, no lo entenderá. Aquella afirmación desesperada no hico más que hacerlo rabiar así que furioso abrió la puerta de la habitación y la señaló. —No importa lo que digas, ni tu ni los demás, ella es mi compañera y voy a luchar por ella, voy a hacer que me acepte tal como soy. Bea avergonzada saló de su habitación y pronto sintió que Nick cerraba su puerta, llena de celos y de ira juró que haría que Nick la odiara como nunca había odiado a nadie y que la rechazara. —Nick siempre ha sido mío y eso nunca va a cambiar.
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