Molesta Carolina entró en su habitación temporal, caminó de un lado a otro sin entender por qué se sentía de ese modo.
Bea no había vuelto y Nicholas tampoco causando un extraño dolor en su pecho bastante sospechoso.
— ¿Qué coño me pasa? ¿Por qué me siento así?
Derrotada y sin entender absolutamente nada se dejó caer en la cama soltando un suspiro y cerrando los ojos.
Christian es mi novio y lo amo… además no me gustan los niños.
De pronto la puerta de su habitación se abrió y ni siquiera pudo levantar la cabeza para ver de quien se trataba cuando un cuerpo atrapó el suyo en la cama, conmocionada ella jadeó y tan pronto como lo hizo sus labios fueron prisioneros de otros tan cálidos y que la hicieron suspirar, sus puños se aferraron a su pecho tratando de apartarlo pero cuando Carolina vio de quien se trataba sus manos como si tuvieran vida propia se deslizaron por su pecho hasta llegar a su cuello al cual se apretó, adoraba sentirlo tan cálido, voraz y masculino, estaba segura de que si existían los dioses griegos él sería uno.
— ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó agitada una vez que él soltó su boca para desplazar su húmeda lengua por el valle de sus senos haciéndola chillar en éxtasis.
Él alzó su mirada para encontrarse con sus ojos antes de esbozar una sonrisa que consiguió hacer mil cosas con su vientre.
—He venido por lo que es mío.
Su boca volvió a por la de ella sin tregua alguna, él parecía necesitarla tanto como ella lo hacía. Nunca antes se había sentido así por un hombre, ni siquiera por Christian.
Pero no es un hombre Carolina, es un niño.
¿Y cuándo le había comenzado a importar la gente?
La verdad era que lo quería, extrañamente lo hacía.
Y como si su boca tuviera vida propia las palabras salieron de sus labios rápidamente.
—Entonces toma todo lo que necesites, estoy a tu merced.
Sus ojos brillaron de un extraño pero absolutamente bello color ámbar al que no le dio mucha importancia cuando él comenzó a desvestirse mostrándole su perfecto cuerpo que para ser un niño estaba muy bien desarrollado.
—Esa es mi intensión cara de ángel. Voy a hacerte mía de todas las maneras posibles.
En ese momento no supo cómo pero ambos ya estaban desnudos anhelando el roce más íntimo y no solo hablaba de sexo, entre ellos estaba pasando algo más intenso, más profundo y vehemente.
Le urgía sentir su caliente piel contra la de ella de una manera enfermiza.
Y cuando Nicholas la miró con esos ojos encendidos en llamas supo que estaba perdida, lo acercó más a ella y lo besó sin remordimientos.
De un instante a otro sus ropas habían desaparecido y él yacía sobre ella dándole placer con su lengua en las zonas que ella nunca había recibido placer, sin duda estar con él era sinónimo de magia y erotismo.
De pronto Nicholas se irguió mirándola a los ojos con los labios hinchados, sus muslos abrieron más sus piernas y él se posicionó tan cerca que ambos sexos chocaron causando un gemido por parte de ambos.
— ¿Preparada amor?
La devoción en sus ojos era infinita lo que ocasionó que ella temblara entre sus brazos.
Una vez más actuando por impulso sus brazos y piernas se enroscaron entorno a él dándole una respuesta muda la que Nick entendió enseguida.
Fue allí cuando se incrustó en lo más profundo de su ser logrando un gemido unánime por el placer alcanzado.
—Eres mía Carol, nunca lo olvides…
Empujó otra vez y ella arqueó su cuerpo para sentirlo más profundo pero cuando lo miró todo estaba comenzando a tornarse borroso.
—Nick…
—Cariño, al fin despiertas, estabas comenzando a preocuparme.
Carolina miró a su alrededor y parpadeó un par de veces perpleja, estaba en la misma habitación pero en vez de ver al chico de ojos azules se encontraba Samantha al pie de la cama sin dejar de parlotear.
¿Qué ha pasado?
Se preguntó aún atontada.
—Así que el desayuno está servido, dúchate y baja, llamaré a los demás.
Se fue de inmediato e inevitablemente Carolina se sonrojó.
— ¿He llamado al crío estando despierta? Mierda ¿Me habrá escuchado?
Su sonrojo fue más evidente ahora.
— ¿Por qué he soñado con él y de esta manera…?
Genial, he tenido un sueño húmedo con ese muchacho que ni siquiera tiene edad legal para beber. ¿Qué está mal conmigo?
Entonces comenzó a recordar y el calor en su entrepierna se hizo más fuerte, de inmediato sus dedos fueron a su centro notando lo húmeda que estaba y avergonzada escondió su cabeza bajo la almohada.
¿Qué está pasándome?
Decidió levantarse e ir a darse un baño y gracias a Dios que su habitación tenía uno propio. Cuando estuvo lista bajó viendo el grupo de personas que se encontraba en el comedor, casi todos eran adolescentes que había conocido la pasada noche salvo por un hombre que no conocía, Susan quien se encargaba de la cocina, Samantha y Thomas.
—Ahí estás cariño, siéntate y sírvete lo que gustes.
Con timidez que no la caracterizaba se sentó en el único asiento que quedaba libre el cual daba la casualidad estaba al lado de la causa de sus sueños eróticos.
Estuvo tentada a irse pero pensó que no estaría siendo muy madura así que se sentó ignorando las miradas encima de ella.
Nunca había estado en Canadá pero si conocía sus platos típicos Xyrenna le había hecho probar muchísimos para saber si le quedaban buenos y así hacérselos a su novio canadiense.
Tomó sin premura un trozo de tourtière para después tomar el plato con trempettes y bañarlos en jarabe.
Al levantar la mirada se dio cuenta que todos la observaban y se sonrojó por tercera vez en el día.
Samantha pareció notar su incomodidad pues comenzó a hablar desviando la atención de ella.
—Espero que este año escolar no den tantos problemas chicos, voy a estar vigilándolos.
—Y la señorita Echeverría también pondrá un ojo en ustedes ya que trabajará en la preparatoria.
Ella miró a Thomas con el ceño fruncido.
— ¡¿De qué está hablando?! —chilló histérica
¿Es una broma?
Estaba acusada como principal sospechosa de la desaparición de un hombre y ese oficial insensato iba a ponerla a trabajar en una escuela.
— ¿Estás graduada de Literatura, o no? —Preguntó el oficial con tranquilidad.
Su ceño se intensificó.
¿Cómo carajo sabe eso?
—Se lo dijiste ayer a Samantha —aclaró antes de que pudiera preguntar.
¿Lo hice?
No recordaba haberlo hecho pero se negaba a hacerlo, odiaba dar clases cuanto más a adolescentes irrespetuosos.
— Ya, pero no traje mi título, a parte...
—Mi esposa es la dueña de esa escuela, no tienes de que preocuparte.
— ¡Pero…! ¡¿Para qué quiere que trabaje allí?!
Debía haber un trasfondo, una trampa… debía estar alerta.
—No creo que hayas traído dinero para sobrevivir ¿O sí? A parte no voy a dejarte sola aquí en casa para que escapes, mañana los chicos van a la escuela al igual que mi mujer y yo iré a trabajar, no me creas tan idiota Echeverría es eso o encerrarte en una celda con otros criminales.
Ella lo fulminó con la mirada, estaba claro que era un idiota, él tenía su pasaporte ¿Cómo iba a irse del país sin el mismo?
— ¡Claro que sí tengo dinero! —protestó ella cada vez más confusa.
En ese momento se sentía como Alicia en el país de las maravillas, todos en ese lugar estaban competa y absolutamente locos.
—Igual irás o irás a la celda, es tu decisión.
¿Desde cuándo los criminales deciden? Algo va mal aquí.
Carolina suspiró.
Ahora sí que quería cometer un crimen sin embargo lo pensó mejor, no podía seguir atada a ese infierno de casa por más tiempo.
Thomas se levantó de la mesa y se despidió de su mujer para después irse.
Solo había pasado 14 horas en ese lugar y comenzaba a perder la cabeza.
Samantha era muy amigable y le agradaba aunque le costaba decirlo, ¿Cómo? Ni siquiera ella lo sabía.
Creía que era su actitud tan contagiosa y jocosa, cuando Samantha sonreía hacia sonreír a cualquier otro individuo pero con el resto trataba de no acercarse demasiado.
A Nicholas lo ignoró el resto del desayuno y luego se encerró en la comodidad de su habitación temporal la que se dedicó a explorar el resto del día ya que no se atrevió a bajar a almorzar pues su sueño volvía a ella quemándola como el fuego.
La habitación era cálida pintada de un color azul muy bonito, las paredes estaban desnudas, ahí solo había la cama, la peinadora y la mesita de noche a un lado de la cama.
Buscó en las gavetas pero no había nada interesante, más que papeles sin sentido y pertenencias de hombre lo cual causó curiosidad.
¿De quién sería esta habitación?
Entonces abrió la última gaveta donde solo consiguió un portarretratos con la foto de una familia, una mujer preciosa de piel morena y de ojos oscuros, en sus brazos un bebé sumamente angelical y con una belleza suprema y a su lado un hombre altísimo y rubio con los mismos rasgos de Nicholas salvo que él era un poco más blanco que el chico de sus sueños.
—Es la familia de Nicholas.
Se trataba de Nicholas bebé junto con sus padres.
La curiosidad caló en ella.
¿Qué habría pasado con ellos?
El día se había ido volando, esa noche se escuchaban risas por doquier mientras música juvenil se colaba por las ventanas de la habitación.
Ella logró asomarse por la ventana de la habitación y pudo verlos, allí estaban, el grupo de chicos de la fiesta, divirtiéndose.
Por un momento...solo por un momento recordó cuando estaba en aquella edad, tan viva o aparentando estarlo, por lo menos se divertía en ocasiones...
—Cariño ¿Por qué no sales con los chicos? —Habló Samantha asustándola con su llegada.
Suspiró una vez más, si decía que no quería salir era mentira pero tampoco quería que ellos lo supieran, entonces ideó una excusa.
—Saldré, pero no para estar con ellos, necesito llamar a alguien y creo que hay más señal afuera.
Samantha la miró con suspicacia pero ella no le prestó atención, rápidamente tomó el teléfono celular y salió de la casa.
De pronto todos se quedaron en silencio al verla mientras que Carolina los miraba con aburrimiento, marcó un número y caminó tratando de alejarse de ellos siendo ignorados por ella.
Para su suerte la señal no era mala en aquel lugar, pero desafortunadamente se había alejado demasiado, la oscuridad y la lejanía la abrumaban así que miró hacia el suelo como si nada.
— ¿Hola?
— ¡Carolina! ¡¿Por qué no habías llamado?! ¡Estaba tan preocupada por ti! —se escuchó a través de la bocina la escandalosa voz del ser que le dio la vida.
Ésta era puro alivio y enojo.
Casi rió al escuchar a su madre, sabía que estaba preocupada pero ella no tenía la culpa de que en este maldito lugar no hubiese señal.
—No te enfades mamá, si, en este lugar no hay señal como para llamarte tan seguido, que puedo decir —giró los ojos conteniendo su risa—, estoy bien —esta vez su voz sonó cansada y casi aturdida—, si, ¡¿En serio?! ¡No puedo creerlo! Eso me hace tan feliz y triste a la vez, quiero ir allá y abrazarlo, si...también te quiero.
— ¡Ve rápido a buscar mis zapatos Nick!
— ¿Por qué no vas tú? —gruñó el chico molesto.
Desde la noche anterior se encontraba más huraño de lo normal y todo ese humor tenía nombre y apellido, Carolina Echeverría.
Desde que la había visto no podía quitar a la mujer de sus pensamiento, cuanto más en la soledad de la noche, ella era absolutamente hermosa, perfecta aunque claramente difícil, la añoraba como nunca había añorado nada, ella era su compañera y no le importaba que fuera mayor que él, necesitaba tenerla, probar su boca… la miel de su piel.
No es que Zek lo hubiera ayudado demasiado colándose en sus sueños, la había tenido para él pero a la vez no, lo que había hecho que su corazón saltara era la entrega de ella en su encuentro, lo había besado como él anhelaba sin embargo la fría realidad lo azotó cuando a la mañana siguiente ella lo había mirando con indiferencia y el resto del día la había pasado encerrada en su habitación.
MI habitación.
Gruñó Zek con posesividad.
Mi hembra está en mi habitación durmiendo en mi cama.
Nicholas entornó los ojos con fastidio.
Listo, que somos uno.
—Ahora me da miedo la oscuridad, por favor —Maya hizo un puchero.
Pero aquello no era más que una excusa estúpida, él sabía que solo le hacía ir allá porque ella estaba allí.
Carolina hablaba por teléfono luciendo tan distraída, más alegre...tan distinta a lo que mostraba ante ellos, parecía siempre estar a la defensiva y Nicholas admitía que le gustaba esa parte de ella, le gustaba que fuese prevenida pero no con él, quería hacerle ver que siempre debía confiar en él porque siempre la protegería.
Lo lastimaba que hablase por teléfono de una manera muy diferente a la que hablaba con todos ellos, su voz siempre parecía tan fría, carente de sentimientos y ahora se mostraba como otra persona.
—Se que te dije que nos veríamos...Christian, ¡Cielo! Pero han ocurrido ciertos inconvenientes, mi amor yo lo lamento si...no Chris, yo sigo en Canadá ¡¿Podrías venir?! ¡Oh sí! —Rió—, En definitiva te esperaré —dijo utilizando un tono de voz que dejó encendido al joven lobo.
Sin embargo a su vez se sentía furioso, intranquilo.
¿Con quién habla de ese modo?
¿A caso era con ese prometido del que había hablado? Que me condenen si dejo que me quiten a mi mujer.
Carolina es mía y no me importa quien estuvo antes de mí.
Mía para proteger.
Coincidió Zek.
Ella colgó el teléfono y se volvió hasta él con la sonrisa más bella que Nick había visto en su vida, de pronto sintió que su respiración se cortó.
Carolina era la mujer más preciosa del mundo entero y no existiría otra como ella.
Enseguida para su desgracia su seriedad volvió en cuestión de segundos nada más al verlo, entonces entendió que el motivo de su sonrisa no era él...
Pero pronto lo seré aunque tenga que vender mi alma.
— ¿Qué hacías allí? ¿Estabas escuchando? —gruñó molesta.
—Yo...buscaba...
—No importa —cortó con frialdad acostumbrada.
Ella comenzó a caminar devuelta a casa de Samantha sintiendo la pesada mirada de Nicholas en su cuerpo, por un momento había pensado ir a reunirse con ellos pero pronto volvió a descubrir que Nicholas despertaba algo extraño en su interior, era peligrosamente tentador.
— ¡¿Cuál es tu problema?! —gruñó él usando su tono de alfa.
La rubia se sorprendió por la manera en que le habló y Nick pudo notarlo en cuando se volvió a él, aunque después ella solo frunció el ceño tratando de no perder la paciencia con él.
Casi sonrió al notarlo, pero ella no respondió.
—Siempre eres tan...
— ¿Te molesta, niño? —soltó en tono extrañamente dulzón.
Ella quería gritarle y Nicholas quería absolutamente que lo hiciera, verla en esa fase sería divertido ya que ella se creía la imagen de la perfección y el sosiego, por dentro él sabía que no era más que una gatita ruda.
Quien se cree que es este crío.
— ¿Ahora eres graciosa? —picó él haciéndola enojar.
A paso rápido se acercó a él emocionando al lobo.
— ¿Qué te sucede crío? Tú no me conoces.
Se atrevió a tocar su pecho con su dedo índice, si ella supiera lo que había hecho con tan solo tocarlo se arrepentiría.
—No, no te conozco pero...
—Pero nada, no opines, no te metas en mi vida.
Entonces comenzó a caminar, pero al voltearse chocó su cabello con la cara de Nick y él sabía que lo había hecho a propósito.
En ese momento ambos se dieron cuenta de que todos los chicos los estaban espiando, Carolina detuvo su andar y Nick me detuvo al lado de quien los miraba frunciendo el ceño mientras ellos sonreían nerviosos sintiéndose descubiertos.
— Démosles algo que ver de verdad.
Y antes de que ella pudiera responder Nick la tomó de la cintura atrayéndola a su pecho antes de tomar sus labios en un beso voraz que los dejó sin aliento a ambos.