Capítulo V

1486 Palabras
Carolina parpadeó per ya no pudo sentir los labios de él entorno a los de ella, todos la miraban con el seño fruncido en preocupación. — ¿Estás bien Carol? —preguntó Maya sacándola de su estupor. ¿Había imaginado el beso de Nick y sus palabras? ¿Qué demonios está sucediéndome? —Yo… si, no ¿Qué pasó? —Te invitamos a la fiesta y te has quedado pasmada. Comenzó a buscar a Nicholas con la mirada y lo encontró lejano a ella con la sombra de la noche cayendo sobre su cuerpo mientras que sus ojos permanecían cerrados. —Yo… es mejor que me vaya. Nade discutió su huida ero si pudo sentir la mirada de él por todo su cuerpo. ¿Qué le pasaba con ese chico con quien ni siquiera había entablado una conversación de más de dos minutos? * Carolina había estado buscando su monedero con el dinero que no aparecía por ningún lado de la habitación lo que estaba haciendo enloquecer a la rubia. Eran aproximadamente las 07:00 am hora en la que Carolina Echeverría jamás se levantaría si no fuese porque necesitaba con urgencia comprar su tinte pues ya comenzaban a notarse las feas raíces oscuras de su cabello. — ¡Oficial Thomas! El hombre que estaba a punto de llevarse un bocado a su boca soltó ante la sorpresiva voz aguda de Carolina. Todos en la mesa estaban a la espera de lo que fuese a decir la rubia quien se cruzo de brazos y frunció aun más el ceño, si eso se podía. — ¡Quiero denunciar un robo! — ¿Robo? —Arqueo una ceja. —Se me ha perdido mi monedero —hizo un puchero bajo la mirada atenta de todos. —Perder es una cosa muy diferente a robar Carolina —suspiró fastidiado el hombre. — ¡Pero estoy segura que yo lo traía! Thomas dio un golpe a la mesa antes de levantarse y mirarla con amenaza clara. — ¡En mi casa no hay ladrones Echeverría! Todos se giraron a ver la expresión de Nicholas quien miraba su plato con puños apretados tratando de calmarse a excepción de Thomas y Carolina. Entonces la rubia se dio cuenta de que estaba entrando a un terreno peligroso, injustamente estaba acusando a algún familiar del oficial Thomas lo que le traería más problemas, ahora pensó en disculparse pero no sabía cómo hacerlo. Sin quererlo sus mejillas se colorearon y miró al hombre con condescendencia. Lo único que quería era salir de ese lugar y si tenía que mantener la boca cerrada, pues lo haría. —Lo lamento oficial Thomas. Bajo la cabeza ''avergonzada'' en una falsa disculpa, pero al parecer el policía creyó en ella pues sonrió sin rencor. —Creo que si aceptaré su oferta de trabajo. — ¿Oferta de trabajo? —Se preguntaron Maya quien no tenía idea de lo que habían hablado el día anterior. Samantha mientras tanto rió contenta. —Carolina será su nueva profesora de castellano. Nadie dijo nada más y Samantha hizo que todos se levantaran de la mesa para irse finalmente. Al llegar a la escuela no pudo evitar hacer una mueca. —No puedo creer que vayas a ser mi profesora —soltó Maya una vez que Samantha se había alejado debido a que la llamaban en la dirección. —Si —trató de sonreír pero odiaba con todas sus fuerzas estar ahí. Carolina había decidió que a partir de ahora iba a ser más condescendiente con los chicos ya que ahora sería su profesora trataría de ser menos malhumorada con ellos aunque fuese algo casi imposible para ella. —Allá están los chicos —dijo Maya alegre ya que se habían ido en un auto distinto. Y sin dejar que respondiera, Maya tomo el antebrazo de Carolina y la hizo correr a donde algunos de los chicos las miraban confundidos. — ¿Qué hace ella aquí? —Preguntó Bea con cierto fastidio. Carolina no permitió que Maya respondiera por ella debido a ello hablo con petulancia alzando la cabeza arrogantemente, ella era así y por más que lo intentara no se iría su comportamiento aunque fuera una profesora. —Soy tu profesora, querida —ironizó. Todos quedaron perplejos incluso Bea, la chica no hizo más que sonreír de lado sin dejar sus aires altivos. —De hecho, seré la profesora de todos ustedes y les advierto que no seré indulgente con nadie —guiñó su ojo derecho. A continuación Carolina se fue en busca de Samantha quien era le daría su horario. Ni siquiera podía creer que ella estuviese dando clases, comenzaba a hartarse de ese lugar llamado Bruine. La rubia camino hasta la dirección anonadada por lo grande de la escuela, le gustaba, sonrió para sus adentros hasta que se topó con una espalda ancha. El chico se volvió hasta ella molesto pero al verla solo sonrió animado. —Hola ¿Eres nueva? Carolina chasqueó su lengua con fastidio, lo malo de dar clases era que posiblemente los chicos no tendrían respeto por ella al parecer una chiquilla como ellos y creerían que podrían hacer todo lo que quisieran. —Soy la nueva profesora —hizo énfasis. El chico rubio la miró por un momento sorprendido pero después sonrió y estiro su mano, Carolina pensó en si tender su mano o no, pero ya estaba estrechándola contra la del chico. —Ashton Hyde, profesor de educación física. El tomó la mano de ella y la acercó a sus labios, en el momento que Carolina iba a quitar su mano alguien la tomó por la cintura, la rubia miro a su costado sorprendida y vio a Nicholas quien le sonrió levemente, iba a hablar pero él se adelantó. — ¡Profesora Echeverría! —exclamó sorprendiéndola aún más—, la estaba buscando, ya la llevaré a la dirección. — ¡¿Pero qué osadía es esta señor LeBlanc?! Sin embargo Nicholas no le daría importancia, le sonrió aun más incitando a Ashton. —Es que la profesora Echeverría me ha pedido que la acompañe a la dirección pero me he perdido ¿No es cierto profesora? A Carolina no le quedo más que asentir confundida, por consiguiente Nick sonrió una vez más. Y aunque le aterrorizara esa sonrisa era la más preciosa que había visto en la vida. —Yo puedo acompañarle... —Oh no, gracias por su oferta, nos vamos. Tan rápido como llego camino con Carolina casi arrastrándola y dejando a Ashton con la boca literalmente abierta. — ¿Qué sucede contigo? Cuando por fin hablo Carolina estaba enojada con el chico de diecisiete años que resultaba ser cada vez más una pesadilla. —Te he salvado. Él sonrió mientras que ella fruncía más su ceño. Carolina se cruzo de brazos y lo miró con audacia. — ¿Qué sucede? El chico se notó nervioso de un momento a otro pero después solo fingió una sonrisa perfecta, desenfocando a su rubia profesora, ella solo suspiro con pesadez y comenzó a caminar nuevamente buscando la dirección o mejor dicho a Samantha. Ni siquiera había empezado a dar clases y ya pensaba que esa escuela era mucho lío. Decidió ignorar al chico detrás de ella, sin embargo Nick se acercó a ella por la espalda, su boca había rozado el oído de Carolina con el objeto de obtener su atención lo cual logro porque la hizo detener sus pasos casi temblando pero ella no se giró a verlo. —Solo te digo, Caperucita, no provoques al lobo, porque no se comerá a tu abuelita...sino a ti —su voz sonó mucho más madura haciéndola estremecer. Y cuando lo vio de reojo pudo notar algo extraño, sus pupilas ahora no eran azules sino que el color dorado las rodeaba. Finalmente Nick se fue de allí dejándola aun anonadada y desorientada a la vez. — ¿Qué habrá querido decir? —Susurró Carolina a la nada. Sin darse cuenta estaba en frente de la dirección y casualmente Samantha salió, su sonrisa se fue y frunció el ceño al mirar su seria cara encendida en escarlata. — ¿Qué sucede Carolina? —Preguntó con preocupación. —Nada —trató de sonreír pero en su lugar una mueca apareció. —Bueno...sígueme —propuso insegura. Samantha comenzó a caminar devuelta a su oficina mientras Carolina le seguía. —Dios, menos mal que nadie andaba por aquí o me hubiese metido en un problema ¡Ese crío! —susurró para ella misma. — ¿Dijiste algo? —Preguntó nuevamente Samantha con los ojos bañados en diversión. —No. Entonces rió con hipocresía. Nicholas LeBlanc estaba loco si creía que ella caería a sus brazos, nunca le había gustado cuidar niños y en esa etapa de su vida mucho menos. Lo único que sabía Carolina era que no debía acercarse a él porque su presencia estaba segura le traería problemas.
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