CAPÍTULO DOCE Merk se quedó junto a la muchacha observando el sol de la mañana que se extendía sobre el paisaje de Ur, y mientras ella lloraba calladamente, su corazón se conmovió por ella. Estaba de pie junto a los cuerpos de su padre, madre, y hermano, y seguía llorando como lo había hecho toda la noche. Le había tomado horas a Merk el poder alejarla lo suficiente para poder enterrarlos. Merk volvió al trabajo tomando su pala de nuevo y siguió cavando como lo había hecho por horas, con sus manos llenas de cayos pero con la determinación de al menos enterrarlos para darle a la muchacha un poco de paz. Era lo menos que podía hacer; después de todo, ella le había salvado la vida, algo que nunca nadie había hecho. Aún sentía dolor en su espalda en el punto en el que había sido impactado, y

