Una campanada aguda e irritante me quemó el tímpano y me obligó a levantar el brazo a toda prisa para callarla. La cabeza me daba vueltas como un bombo y sentía todo el cuerpo pesado. Sentía que mi cama se había vuelto un limbo. Aunque no lo crean, el problema no había sido el burdel…, sino la botella de whisky que encontré encima de la mesa anoche cuando entré al apartamento. Amanda y Óscar ya estaban durmiendo, y yo no podía conciliar el sueño debido a todas las preguntas sobre Dante Moretti que rebotaban en mi cabeza. Estaba muy despierta y espabilada como para dormirme lo suficientemente rápido como yo quería, así que me empiné la botella y bebí hasta verle el fondo, recordando que antes prefería estar constantemente drogada y ebria para que todo pasara más rápido y dormirme casi si

