CAPÍTULO 11

2236 Palabras
Había pasado prácticamente toda la mañana en un hospital, todo por una tonta herida. Tuvo que recurrir al medico de la familia para que la atendieran rápido, estando en una sala de urgencia no ayudo a calmar sus nervios, pero prefería estar en medio de extraños que conocidos indeseados. Quería desaparecer de una vez por toda, y dejar todo a un lado, no tener que rendirle cuanta a nadie y ser la posible CEO de una multinacional. Ella solo quería escapar y estar tranquila. Quien sabe con que mequetrefe pensaban casarla, pero algo estaba seguro ¡No iba a consumar el matrimonio! Pelearía con uñas y dientes para que eso no sucediera, quizás lo convencería de llevar un matrimonio por contrato sin nada amas que el título, le ofrecería una buena parte de sus acciones en la empresa. Y luego, vería como lidiaría con el divorcio. Aquello apestaba. Al salir del hospital se dirigió a un lugar que posiblemente la calmara, a diferencia de otras personas a Anna el enojo podía pasarle al ver personas felices y era por eso, por lo que se dirigió al parque de diversiones mas cerca que tuvo. Estando allí se camuflo entre el gentío. Mientras iba caminando miraba de reojo a las familias, los niños riendo y divirtiéndose. Nunca quiso tener hijos, pero eso no quería decir que no le gustan los niños. El ruido de las maquinas al utilizarse era un efecto sedante para ella, el crujir de las palomitas y el aroma a dulce hacían que su enojo fuera reemplazado por apetito, y la risa de los niños era música para sus oídos. Llego a la pizzería que muchas veces frecuento. Ingreso. Escudriño el lugar buscando un asiento, visualizo uno lejano, fue hasta allí y se sentó. Mirando por la ventana noto una picazón en la palma de su mano, la reviso, pero al parecer todo estaba bien. Volvió a mirar por la ventana, observando a la gente divertirse. Hasta que una voz muy conocida la saco de su recién recuperada paz. Lo primero que hizo fue hacer un análisis mental con rapidez recordando todo lo que se había puesto, luego llevo la mano disimuladamente hacia su pelo y las gafas de sol, comprobando que todo estuviera en su puesto. —Anabelle...— ella levanto el rostro encontrándose con un impresionante hombre. Pero, bueno. ¿Es que este hombre le encantaba cogerla desprevenida o qué? Chocada por la primera impresión, lo detallo. Que porte, ese traje azul marino y, oh. Por Dios que guapo. Bastante asombrada no pudo evitar echarle un segundo vistazo para nada disimulado. Y la sonrisa de Jack el destripador era tan socarrona que le gritaba a leguas ¡Sé que me estás viendo y que te gusta lo que ves! Tan creído, el tipo. Ella se recuperó rápidamente. Pensaba soltarle un insulto o algo parecido, pero una cabecita castaña con el cabello rizado hasta los hombros, llamo por completo su atención. El niño sonríe y al hacerlo se destacaban sus dos hoyuelos. —Wow — paso la mirada de uno al otro antes de decir en español —¿Es un mini tu? —inquirió curiosa. El niño y él era una gota de agua, igualitos —¿Tienes un hijo? Espera...—no lo dejo hablar cuando el hizo ademán de responder —¿Estas casado? — lo miro acusándolo, que perro si estaba casado. —No—se apresuró a decir el sujeto que atontaba sus sentidos—. Digo... no estoy casado y él es mi hijo Ethan –presento diciendo lo último en inglés. —Hola...—saludo sin cambiar de idioma. Anna se preguntó si el niño la entendería, posiblemente no, pero no pensaba cambiar al inglés por nada del mundo. —Hola—saludo el niño reconociendo el saludo, pero sus siguientes palabras salieron en inglés —. Papá dijo que eras una amiga ¿podemos sentarnos aquí? Anna lo miro por unos segundos, pero la sonrisa del niño no se desvaneció ¿Como decirle que no a esa criatura de hoyuelos hermosos? Con esa sonrisa debía de conquistar a más de uno. Termino por ceder. —Si—siguió respondiendo en español. Ignoro el ceño fruncido de Jack y se concentro en el niño, reparándolo minuciosamente. No quería problemas, y si resultaba que estaba casado le parecía de mal gusto que le presentara mujeres desconocidas a su hijo. El niño le lanzo una nueva sonrisa llena de hoyuelos, que la hizo sonreír devuelta, se dio cuenta de que le faltaba un diente. También se dio cuenta de que llevaba el uniforme del colegio y de uno muy prestigioso, lo cual no la sorprendía. Enarco una ceja hacia Jack, este le guiño. Ella le frunció el ceño no dispuesta a ceder ante el padre. Pero no pudo controlar el repentino aceleramiento de su corazón. —¿No debería de estar en clase? —pregunto. El niño la miro curioso, luego miro a su padre. — Papá ¿No habla inglés? ¿Es como mi niñera? —Estoy seguro de que si habla nuestro idioma a diferencia de Julia que acaba de llegar de México, pero le preguntare —puso si atención ella—. Me imagino que ya escuchaste ¿Cuál es tu excusa? —Yo pregunté primero —reprocho. —Le prometí una tarde juntos, como puedes ver, él es muy convincente. ¿Y? —volvió al ataque. —Ahh...—se cruzó de brazos luego de acomodarse los lentes de sol—Me da pena hablar inglés, lo entiendo, pero se me dificulta hablarlo. Anna al hablar lo hacia con un leve acento mexicano, después de años conviviendo con Carlos y su familia había adoptado su acento, expresiones y modos de actuar. Cualquiera que no la conociera a profundidad no la relacionaría con la bella y tímida Anna Western, heredera y posible presidenta de la empresa de Industrias Western. Relacionarse con personas diferentes al estrato social al que pertenecía, era toda una hazaña. Si esto llegará a conocerse públicamente serios motivos de rumores y disputas entre sus conocidos. Claramente a sus padres nunca le gusto su doble vida, pero mientras ella a vista del publico siguiera siento la perfecta hija Western lo demás no importaba, su madre siempre la apoyo y su padre siempre la reprendió, pero no se lo prohibieron, se dieron cuenta que en Anna eso era caso perdido. Aceptaron a Carlos con su amigo, pero nunca en público. Eso la enervaba, pero al parecer su mejor amigo lo había aceptado así. Anna siempre le estaría agradecida; la familia García siempre fue un ancla en su vida después de conocerlos. Clavo sus ojos ocultos por las gafas de sol en el hombre delante de ella. Jack, claramente era un hombre imponente, de sus poros emanaba un poder d*******e que, levantaba en ella un instinto de querer luchar con él hasta conseguir lo que ambos querían. Ir a la cama. Se encontró sopesando la posibilidad de perder su virginidad con este hombre antes de casarse. Se imagino lo salvaje que sería... Negó con la cabeza echando fuera esa idea, a ella siempre la criaron para ser una señorita decente, y sus propios valores inculcados por ella misma, le impedían hacer aquello. Nunca se imagino realizando ese acto tan íntimo con cualquiera persona, era por lo que huía de las relaciones Comunes entre hombre y mujer; cuando estas indicaban un camino por el ámbito s****l. Nunca le atrajeron lo suficiente y los hombres siempre terminaban querido sexo y nada más. Jamás vio un buen potencial entre sus conquistas. Simplemente se basa en lo actos preliminares. Anna, se dio cuenta de que el tal Jack era consciente de su escudriño, e infló el pecho como un pavo real. Eso la hizo sonreír, pero no, amigo. ni contigo ni con nadie. Pensó. A no ser que su esposo fuera un vejestorio, entonces ahí si consideraría a la posibilidad de faltar a sus principios. Tenia una leve sospecha de que Jack, no era Jack. Sino un empresario de la industria automotriz. No. no era sospecha era una realidad, ella amaba aquel mundo y era obvio que sabría todo al respectó. —¿He pasado el examen? — le pregunto. Anna sintió la repentina necesidad de quitarse las gafas inclinarse en la mesa, y mirarlo directamente a los ojos y decirle en su cara "Tal vez, tengo grandes expectativas y pareces cumplir un sesenta por ciento de ellas" pero no lo hizo, primero por el niño que los miraba atentamente y segundo sabia que no llevaba lentes de contactos y sus ojos verdes saldría a la luz. En cambio, no descruzo sus brazos y soltó un bufido en desacuerdo. —Solo me resultas bastante curioso, no tienes cara de padre y ese traje que llevas, destaca lo fuera de lugar que estabas aquel día. Lo cual era una mentira, él encajaba en donde quiera que fuera y cualquier cosa que vistiera. Lo escucho soltó una carcajada que atrajo la mirada de varios curiosos. Sus ojos brillaron con diversión cuando la volvió a enfocar a ella. —Créeme, nunca estoy fuera de lugar en ningún lugar ni situación, ni mucho menos posición —esto ultimo era una clara declaración para provocarla. —¡No entiendo nada! — se quejó Ethan, cansado de que lo excluyeran de la conversación. Anna pensó que, si Jack no hablara español, ella jamás estuviera teniendo una conversación con él. Muy tarde aprendió la lección cuando hablo en ingles con otras personas que luego de un tiempo e investigación se dieron cuenta de quien era ella. Tuvo que cambiar de disfraz. Y este hombre que tenía enfrente de ella podría saberlo con solo encontrársela en alguna fiesta de ricos, este no era una persona común y Anna estaba segura de que no dejaba escapar detalles. —¿Adonde fue ese pequeño lunar cerca de tu labio superior? –preguntó curioso. Eso cogió a Anna desprevenida, pero pensó con rapidez. —Lo tape con polvo, no me gusta tanto y por eso trato de ocultarlo —No lo hagas, es bastante sexy. No iba a ruborizarse, pero su esfuerzo fue en vano. Lo hizo y sintió una vergüenza tremenda por caer ante su trampa. El lunar era obviamente de mentira, pero el no tenía porque saberlo. —Ethan—volvió su mirada al niño—. Soy buena escribiendo en inglés. Jack tradujo y el niño respondió: —Soy bueno leyendo—afirmo contento. Ella tomo varias servilletas, pero se dio cuenta que no tenía un lapicero, vio la mano tendida de su pesadilla personal que sostenía un lapicero, lo cogió y escribió varias coas en la servilleta. El niño sonrió al leer e imitándola también escribió a su vez. Al pasar un mesero Jack lo llamo para infórmale que trajeran su pedido en la mesa en al que se encontraban. —¿Y que te paso en la mano? Ella la miro realizando una meuca de desagrado. —Asuntos familiares. Richard, no aparto la mirada, pero pensó en como seria la vida de la rebelde Anabelle, no estaba seguro si ella era de bajos recursos. Estaba claro que las carreras clandestinas le dejaban mucho dinero tanto para permitirse la moto que ella conducía y muchas más. Alguien tuvo que patrocinarla en el camino hasta la gloria. No sabia cual era su situación con su familia, pero debería de ser problemática en donde ella llevara una herida en la mano. Sintió ganas de cogerla envolverla en seda, y llevársela a su casa y no dejar que nadie la tocara. Sorprendido al ver por donde iban sus pensamientos les dio un manotazo mental. No. él no quería a una mujer como la rebelde Anabelle, disfrutaba de tontear con ella, pero no podía relacionarse con ella de ninguna otra manera. No sabía que fuerza lo traía a ella, pero algo que tenía que aplastar de inmediato. La observó interactuar con su hijo, parecían divertirse. Su exquisita risa lleno su sentido auditivo, y se clavó en él cómo un rayo de luz. Él la saboreo aquel almizcle dulzón. Le gusto. Peligro. Peligro. Gritaba su mente, estuvo a punto de realizarle una proposición cuando su teléfono timbro, y como si el de ella también se antojara de lo mismo, vibró. —Lo siento, tengo que atender esta llamada —informo poniéndose de pie y alejándose un poco El miro su propio teléfono y vio que era Mikhail. Contesto de inmediato. —Hombre, que ni en mi hora de almuerzo descanso solo por complacerse—fue el saludo de Mikhail. Richard sonrió con suficiencia. —Ahh. ¿Sí? No sabia que mis millones no valían la pena. —Touche—rio el otro hombre—. Te llamo para confirmar la cita con la posible señora Williams Richard centro su mirada en la mujer de pantalones rotos y chaqueta de cuero al otro lado del restaurante. Su corazón dio un brinco involuntario. Anna contesto la llamada a una distancia prudente en la que no se pudiera escuchar su voz a oídos curiosos. —Valentín—dijo con tono seco. —Anna, te llamo para decirte que he confirmado la cita con tu posible esposo para este sábado. No faltes, en un mensaje te enviare las indicaciones. —Aja... Y ¿Quién es? —pregunto curiosa. —Bueno... —empezó Valentín soltando una risita.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR