—¿Te estas riendo de mí? — le espeto Anna molesta a Valentín —. Deja el misterio, ya sé que te gusta la isla del drama, pero aquí estamos en la tierra de la realidad.
—Vaya, la dulce Anna ha sido reemplazada por la arpía Anabelle — soltó una gran carcajada.
Anna tragó en seco ¿Seria que su hermano le dijo todo? Estaba empezando a odiar seriamente a este italiano de pacotilla.
—Valentín, no estoy para tus jueguecitos — sintió el d***o de colgar.
—Annita—su voz sonó más seria—. Conmigo las cosas no son un juego, en esto no voy a fallar y harás todo lo que ha dicho tu hermano, mis inversiones en tu empresa también están en peligro. No hagas estupideces.
Las palabras de Valentín fueron toda una amenaza. Con la sangre hirviendo quiso gritarle, pero eso no la haría quedar bien. Tomo aire y dijo con un tono dulce, uno que había hecho rendirse a los mas duras personas.
— Señor Bianchi, soy una mujer de negocios, no entiendo de que habla. La empresa es lo primero —sonrió triunfante al intuir en la voz de Valentín una leve vacilación.
— Espero que lo tenga siempre presente—dijo al fin.
—No se preocupe, soy una profesional —siguió con voz suave y conciliadora—. Disculpe mi insistencia, pero no me ha dicho el nombre del candidato.
Una risita al otro lado de la línea penetró en sus oídos, como si fuera la más horrenda onda sensorial que se pudiera emitir.
— Pequeña, listilla—canturreo—. Olvídalo. No te lo diré, irás allí a ciegas. —sin decir nada más Valentín colgó.
¡m*****o! ¡Imbécil, m*****o!
Ofendida y con ganas de gritarle a alguien y romper cosas miro con rabia el celular con tanto d***o de estamparlo contra la pared, pero recordó que tenía compañía. Entro al baño de mujeres, se detuvo delante del espejo quitándose los lentes de sol, vio su reflejo. Una mujer enojada con la vida le devolvió la mirada. Sus ojos verdes parecían una tempestad, la furia de la naturaleza se arremolinaba en el iris alrededor de sus pupilas, y su rostro reflejaba un carmesí intenso lleno de ira.
Dio un manotazo al lavamanos, muy tarde se dio cuanta de que era un error cuando casi se le escapa un grito de dolor, había utilizado la misma mano herida, algunas gotas de sangre mancharon el esparadrapo. Suspirando abrió la llave del agua y con la mano ilesa se mojó el cuello.
Luego de unos minutos se acomodó la peluca, las gafas de sol y salió del baño en dirección a la mesa que minutos antes había abandonado. Allí seguía Jack y su hijo. Al llegar se sentó, disimulando su enfado se centró en Ethan sin dirigirle la mirada al padre.
—Papá puede enseñarte a hablar inglés —se escuchó la proposición inesperada de Ethan — ¿Sabes? Él habla mucho, es un hombre ocupado—los ojos del niño reflejaban la sabiduría infantil que los hacía tan inocentes, pero tan tremendamente casamenteros.
—No, no lo creo —dijo con rapidez Anna —. Lo has dicho, es un hombre ocupado y yo una mujer que también necesito trabajar para ganarse la vida.
Ethan miro a su padre esperando la traducción.
—Ella dice que lo pensará —dijo traduciendo a su conveniencia. Anna le lanzo una mira furiosa, y Ethan chillo feliz.
—Bien, puede ir a nuestra casa y así conocer mi cuarto...
—Ahh... esto es por ti. Que niño tan listo, ella es mucho mayor que tú. No puedes enamorarte— le dijo al niño con una sonrisita.
Ethan se sonrojo.
—Papáaaaa—se quejó.
—No he dicho que si, deja de darle al niño falsas esperanza y respeta mis decisiones— lo corto de una vez Anna sin resentimientos.
Él la miro sin sonreír.
—Tienes razón, lo mejor no es tener tanto contacto contigo.
Anna supuso que él estaba hablándole, pero a la vez tratando de conversarse así mismo con esas palabras. Lo ignoro. Tampoco quería tener nada que ver con aquel sujeto. En unos meses sería una mujer casada y posiblemente no volvería a encontrarse con Jack Por mucho tiempo.
—No es como si yo así lo quisiera —no pudo evitar salir en defensa.
— Anna, Anna—chasqueó la lengua
Al escuchar su verdadero hombre ella se enderezó en su asiento alertada, esperando, en expectativa. Su corazón empezó a bombear con rapidez dentro de su caja torácica. ¿Que había dicho? ¿Como la había d*********o?
—¿Qué aca-bas de decir? —tartamudeo un poco, se aclaró la garganta para disimular el leve pánico que empezaba a devorarla. Escondió las manos debajo de la mesa para ocultar el temblor de estas.
—Anna... iba a decirte Anabelle, pero me encontré dividiendo tu nombre en dos, es como decirte; Anna y bella —lo vio llevarse el dedo índice a la maravilla dando leves golpecitos.
Como una brisa repentina, Anna soltó el aire que no sabía que hasta el momento estaba conteniendo.
—No me digas así —espeto censurándolo —. No me gusta, mi nombre es Anabelle, y no acepto que nadie lo cambie o lo decida —dijo todo aquello con mirada dura, una que no aceptaba contradicciones.
Jack alzo las manos en despensa propia y tratando de calmar a la fiera que era Anna.
—Para mí, la Rebelde Anabelle, va más contigo que cualquier otro nombre.
Ethan que no sabía que sucedía, se decidió en robarse la atención de Annabelle.
—¡Tengo hambre! ¿Tú no Annabelle?
Anna le sonrió.
—Si... Ahh, mira. Creo que ahí traen la comida— señaló a un mesero que se dirigía justamente hacia ellos.
El mesero llegó hasta ellos dejando una pizza de jamón con queso y tres vasos de gaseosa, pero Anna tenía mucha hambre y con descaro le dijo a Jack.
—Amigo, ya que estás invadiendo mi mesa y por lo visto tienes dinero, a poco no podría pedir otra pizza de pollo — enarco una ceja cuando Jack entrecerró sus ojos.
—Descarada—refunfuño.
—Inteligente diría yo, aquí quien tiene más dinero eres tú—señaló su atuendo para hacer énfasis—. Yo me gano la vida a duras penas— Jamás le había pedido algo tan abiertamente a un hombre, pero quería que él no se llevara la mejor impresión de ella y así no volverse a ver, pero al parecer eso no ocurriría con este hombre impredecible.
La carcajada de Jack removió cosas en ella que no quiso admitir.
— ¿Quieres que compre el restaurante para ti? Así tendrías comida gratis siempre — divertido le guiño un ojo, pero, lo que dijo lo dijo medio en broma, medio en verdad.
—No gracias, tampoco llego hasta allá, me sentiría una pros...—se calló al reconocer la presencia infantil en la mesa que aunque no entendía nada, de todos modos era una falta de respeto hablar tan libertinamente delante de un niño—. En fin... Ustedes los ricos que solo mueven un dedo y ya tienen lo que quieren.
Cuán hipócrita sonaba aquello saliendo de sus labios. Quiso reír de pura ironía, pero el espíritu de Anabelle se había metido al cien por ciento dentro de ella.
—No siempre tenemos lo que queremos, hay cosas que ni el más millonario del mundo puede comprar.
Con una sonrisa irónica, soltó sin darse cuenta:
—Es en busca del país de la felicidad, no en compra del país de la felicidad, si la compras ya no sería feliz, lo sentirías de tu propiedad y con mando sobre él. Creo que la felicidad es algo que se construye y no se vende ni se compra. — pues entendía completamente a que se refería, aunque no todos los caso eran iguales, existían personas con dinero que eran plenamente feliz, los problemas no dejan su puerta, pero era algo que al final le sucedía a todos sin importar tu condición social.
Encantado con sus palabras, Richard sintió un inmenso d***o de acercarse y plantarle un beso en los labios.
—¿Y el amor? — logro especular ante la fascinación que sentía—¿Se puede comprar el amor?
—No puedes obligar a nadie a amarte, el dinero solo compraría a una persona avariciosa que te haría una parodia de lo que es el amor, solo lo imitaría, pero no lo sentiría. Sería un castillo de naipes, en cualquier momento se desmoronaría y ambos habrían perdido el tiempo construyendo algo tan débil y de mentira. El amor se debe dar libremente, además este sentimiento, aunque esta, también debe construirse, pero en cimientos fuertes, en un terreno estable, y si es inestable pues busca la manera de hacerlo estable y no se caerá. En esta situación se debe de ser todo un arquitecto y diseñador, también hay que remodelar cuando es necesario.
Richard la vio coger un trozo de pizza y morderlo. Al parecer ella se volvía mas dócil y habladora cuando había comida de por medio. Se pregunto si ella era consciente de que prácticamente le esta hablando de amor fuerte a un hombre que lo que quería todo menos amar.
—¿Puede uno comprar a una pareja? Exactamente para evitar el amor— no sabia a que venia la ganas de preguntarles todas esas cosas, pero mejo a alguien neutral que no lo conocía a un conocido que lo juzgaría. Tal vez, ella lo haría, pero no vería desde otra perspectiva.
Anna ladeo la cabeza pensando detenidamente.
—¿Algo así como un matrimonio por contrato?
—Más o menos... es solo tener una pareja y listo.
—Eso es peor que comprar el amor —se río ella—. Bueno, pensándolo bien. No tanto. Es lo que hacen los ricos, solo piensan en dinero y más dinero, todo lo consideran como una inversión. Si invierto aquí tengo que sacar esto, si invierto acá gano lo otro y bla, bla, bla... —con un ademán de su mano rechazó todo lo dicho—. Yo diría que hay dos ocasiones. La primera, matrimonio por contrato; para mantener las empresa o la herencia de la familia, o porque así los padres lo organizaron y es obligación de los hijos. En este mundillo de los ricos eso es muy común. "El poder lo es todo"
Repitió aquella frase tan odiosa que siempre decía su padre. Tan molesto y frío. De solo recordarlo se le revolvía el estómago. Siguió en su monólogo.
—Lo segundo; es que estés en bancarrota y necesites a alguien más rico que tu para poder sostenerte. Esto último es muy difícil, ya que nadie quiere invertir su dinero en algo que posiblemente a largo plazo no sea rentable. Lo tercero es lo poco probable, pero lo que quieren todos los ricos. La esposa perfecta. La mujer ideal. Y el buen prestigio.
Anna pensó en su mamá. Ella era eso. Todo lo perfecto que su padre siempre soñó, Anna jamás podía ser como su madre. Tan sumisa y pasiva, podría aparentarlo, pero jamás sentirlo dentro de su ser. Vivió durante años en un caparazón, en una mentira y en una sociedad donde a los estereotipos le brindan culto. A ella también quisieron lavarle el cerebro, pero Anna era harina de otro costal. El nombre que le había dado Jack era ideal para ella.
— Y Si, existe sabes—siguió refiriéndose a la tercera teoría—. Pero es como un robot programado, hace lo que quieres y es lo que todo hombre se imaginó, se modifica a la perfección para el cliente y se le es mostrada como un objeto de mucho valor. Pero, lo que el no sabe o se hace el sordo, es que, lo que esta recibiendo es una muñeca rota. Porque por dentro lo que también desea ¨esta mujer perfecta¨ es ser feliz y libre. Pero la sociedad le inculcó aquello, le lavó el cerebro y ellas así lo creyeron. Algunas ya ni piensan en escapar de su cárcel de oro — mordisqueo otro pedazo de pizza, y ante la mirada extraña de Richard siguió:
—Hay mujeres, que tienen cualidades virtuosas; son inteligentes y muy capaces de muchas cosas, yo diría mujeres que los hombres deben valorar y que esas son verdaderamente su complemento, pero los muy idiota no saben apreciarla y distinguirlas entre la m******d. No existe la mujer perfecta. Jack. Existe la mujer guerrera— tomo otro pedazo de pizza y lo mordió con ansias, luego de tragar lo señaló con la pizza que quedaba en sus manos —. Las joyas más preciosas y raras fueron encontradas, porque las buscaron, escarbaron y encontraron todo un tesoro. Nunca sabes de bajo cuál montaña puedes encontrar esa joya que cambiaría tu vida. Sin embargo, hay joyas tan falsas que son esa las que te querrán engañar y robarte todo tu dinero, porque eso es lo que son. Falsas—Volviendo a su pizza agregó: —. Todo es vanidad y egoísmo. Jack. Todos actuamos conforme lo que necesitamos y deseamos. Pensando solo en nosotros y nunca en cómo se sentirán los demás.
Al igual que ella. Pensó Anna, pero ese pensamiento, solo se lo guardo para sus adentros. Cuando aprendes a ser un buen observador, eres capaz de sacar conclusiones concretas. Pero todo no era teoría, la práctica era la más dolorosa y cruel de todas.
—Lo que algunos hombres quieren, es la mujer perfecta de la cual no se puedan enamorar.
Anna alzo la mira, había estado concentrada en su pizza, estaba segura de que Jack atacaría, pero luego de unos minutos en los que el no dijo nada, ella pensó que no lo haría. Por eso, se sorprendió al escuchar aquella declaración.
—¿Perdón? —dejo la pizza —. Es algo así ¿Como un mecanismo de autodefensa? — se rio. Pero Jack no lo hizo— O uno: al tipo le rompieron el corazón o dos: su madre era una víbora desgraciada y por eso el ahora odia a las mujeres porque cree que todas son iguales o tercero ; él es un bastardo infeliz. En el mejor de los casos solo quiere a una mujer que le mantenga la casa y bla, bla, bla. — hizo énfasis en el aire con una mano charlatana —Lo cual lo hace entrar al rango de bastado infeliz —volvió a la pizza, pero antes espeto—. ¿Otra pregunta? Empezare a cobrar por mis respuestas, necesito dinero para el mantenimiento se mi bebé que está en el taller.
Aunque Anna parecía muy tranquila en el fondo su corazón está oprimido y todo su ser gritaba por estar cerca de la felicidad. Era exactamente por eso que se apacigua cuando veía personas felices, ese era su d***o más anhelado y mejor guardado. También quería ser libre y sentirse en paz. Por otro lado, ella jamás imaginó el torbellino se emociones que era Jack y mucho menos el torrente de pensamientos que cayeron sobre él como un huracán sin previo aviso.
Durante los minutos que Richard duro en silencio el caos que era su interior se convirtió en más caos. Sentimientos y muchas otras cosas más fueron removidas queriendo salir a flote ¿Quién era esta esta mujer? Se preguntaba y, ¿por qué sentía que estaba entrando en una montaña en busca de los misterios que allí habitaban?, quería descubrir el enigma que era la rebelde Anabelle. Cada palabra dicha por ella había despertado algo en él. Algunas de sus suposiciones eran ciertas, pero no del todo, y eso lo incitaba a curiosear en la vida de esta mujer que tenía enfrente. Richard, jamás se había sentido así al entablar una conversación con una mujer. Y es que con Anabella todo era impredecible, lo cual lo fascinaba. Pero tarde o temprano habría que aterrizar al plano de la realidad y ella no era su realidad. Tal y como lo había dicho. Todo es vanidad y egoísmo. Porque él pensaba en su porvenir y su hijo, nadie más entraba en su lista de preocupaciones o intereses.
La pizza de pollo llego y así tan rápido como vino, se fue en las manos de Anabelle y su hijo ¿Podría una mujer comer tanto?