Al día siguiente, todo fue caótico. Desperté una hora antes del encuentro, me di una ducha y me vestí de la forma más casual posible. Apliqué polvo y brillo a mis labios, peiné mi cabello en una cola de caballo y, casi enseguida, preparé el desayuno. Marco despertó al cabo de unos minutos. —¿Vas a salir? —Sí, en menos de quince minutos debo bajar a la cafetería. Estoy libre en Hard Rock, por lo que intentaré distraerme. —Bueno... Yo igual estoy libre y saldré con Valentina en la tarde. —Está bien —repuse. Aunque, a decir verdad, no prestaba la suficiente atención. —Supongo que no querrás hablar, ¿pero puedes decirme al menos que ocurrió? —cuestionó mi primo, mientras daba un bocado a su desayuno. —Es un despreciable y miserable cobarde, Marco —mascullé—. ¿Puedes creer que no se apa

