Miré a los lados, me acerqué a ella y le susurré: —Esta mañana se me declaró, me dijo que quiere todo conmigo. Una relación, matrimonio, familia... ¿Tú puedes creer eso, chica? —Ay amiga, ¡estás enamoradísima de ese hombre! —exclamó en un murmuro. —¿Y quien no, Giselle? Tú lo viste, ¡es un príncipe! Bueno, le falta la corona y el castillo. De resto, es un encanto de hombre. —Bueno, bueno, vamos a trabajar, y más tardecita me cuentas lo demás —comentó. Estaba tan emocionada como yo—. ¿Puedes facturar hoy? Dile a Manuel que te ceda el puesto. —Sí, claro, no hay rollo —aseguré sonriente. La jornada fue amena, salvo por los comentarios de los demás empleados. ¡Más salíos que una gaveta, pues! Ese día salí temprano. Fingí un malestar estomacal, que después de tanto comer, no resultó tan fa

