Al fin iba a acabarse todo. Habían llegado a casa, al fin se iba a poner un fin a esa salida infernal. —Fue una gran tarde — dijo Denalio con suavidad. Boneka no lo miró, solo se fijó en la puerta principal siendo abierta. Todo el alivio que sintió, se duplicó: su madre acababa de salir por la puerta y caminaba en su dirección, iba a sacarla de allí. —Quizás podamos repetirlo pronto — añadió acariciando su brazo. La puerta se abrió de golpe y Boneka lo agradeció. —Hola, Denalio — dijo ella con una sonrisa sin mirarla —, gracias por traerla a casa. —No hay de qué, sabes que es un placer para mí — le respondió él con su tono de voz normal. Boneka miró a su madre, tenía unas ganas incalculables de lanzarse sobre ella y pedirle que nunca más la dejara sola con ese sujeto. —Lo sé — su

