Pasado. No sabía bien el porqué, pero en aquella habitación de repente hacía muchísimo calor, demasiado como para dormir tranquilamente; Colombia se removió incómodo entre las sábanas que no eran suyas y se pasó la manga del suéter por el rostro limpiándose el sudor, abrió los ojos con una sensación de pesadez y fastidio parpadeando atontado, al parecer todo estaba completamente oscuro y apagado allí. —Colo, psst... despertáte —le batuqueó el otro país de los hombros insistiendo en quitarle las sábanas de encima—; vamos, levantáte. —¿Uh? ¿qué pasa? —murmuró el colombiano irritado sentándose en el sitio y tallándose los ojos. —Se fue la luz —le explicó Venezuela con algo de vergüenza manteniendo la cabeza gacha a sabiendas de que aquello era molesto—. Yo estoy acostumbrado, pero sé que

