Pasado. Afuera el día estaba realmente bonito, o eso parecía ser; la verdad era que desde un viejo ático no podía verse muy bien el exterior, pero al menos la mayoría de estos venían con una ventanilla pequeña por la cual pasaba la luz del sol. A esas alturas, aquella ventanilla era lo único bueno para Polonia, lo único bonito. La escotilla del ático rechinó y entonces el polaco supo que está se había abierto dando entrada al dueño de la casa, el cual no era más que el diablo haciendo de las suyas. El chico no se movió ni un centímetro de su lugar y no emitió ni un sólo ruido, por su bien. Mantuvo su mirada centrada en la ventanilla triangular que reflejaba la luz sobre él más, sin embargo, no pudo evitar sobresaltarse y cerrar los ojos fuertemente, aterrado al escuchar como la escotilla

