1.Yo si te amo
1.Yo si te amo
POV Anna
—Ya no te amo, Anna.
Me quedo fría. Inmóvil. El rostro de Samuel frente a mí, parece el de un extraño.
Siempre pensé que cuando la gente decía que el corazón se rompía era una tontería.
Una exageración dramática. Una frase bonita para películas tristes.
El corazón es un músculo, me decía. Late o no late. No se “rompe”.
Pero en este momento…
Me duele.
No como una metáfora o algo poético. Es físico. Real.
Es un dolor que empieza justo en el centro del pecho y se expande hacia mis costillas como si algo invisible estuviera presionando desde dentro. Como si una fisura hubiera aparecido en un lugar que no sabía que podía fracturarse.
No he dejado de respirar. Estoy viva. Pero duele tanto que por un segundo pienso que tal vez sí es verdad.
El corazón no muere… pero sí se rompe.
Lo miro.
Miro su boca, la misma que me prometió amor eterno frente a un altar. Miro sus ojos, los mismos que me buscaron entre la multitud el día que nos conocimos. Busco una señal de arrepentimiento. Una duda. Un titubeo.
No hay nada.
Solo cansancio.
—No es algo reciente —dice con voz tranquila, demasiado tranquila. —Llevo tiempo sintiéndolo.
Llevo tiempo.
Esa frase me atraviesa peor que la anterior.
Porque significa que hubo noches en que me abrazó sabiendo que ya no me amaba.
Días en que me besó por costumbre. Momentos en que fingió.
Y yo no lo noté.
¿O sí lo noté y decidí no verlo?
Mis manos están frías, pero no tiemblan. Me sorprende mi propia quietud. Pensé que si esto pasaba algún día, gritaría. Que le lanzaría algo. Que exigiría explicaciones hasta quedarme sin voz.
En cambio, lo único que hago es quedarme de pie frente a él, sintiendo cómo algo dentro de mí se astilla.
—¿Hay alguien más? —pregunto.
Mi voz suena ajena, como si no me perteneciera.
Él niega con la cabeza. Con demasiada rapidez.
—No se trata de otra persona.
Eso debería tranquilizarme. Pero no lo hace. Porque no le creo.
Pero si hubiera alguien más, podría odiarla. Podría canalizar mi dolor hacia un rostro, un nombre, una traición concreta.
Aunque tal parece que el problema soy yo. O lo que dejé de ser para él.
—Simplemente… ya no siento lo mismo.
Simplemente.
Como si el amor fuera una prenda que se deja de usar. Como si los años juntos fueran una etapa superada.
Trago saliva y el dolor en el pecho se intensifica. Respiro hondo y siento esa punzada otra vez. Ahora entiendo por qué la gente se lleva la mano al corazón cuando habla de desamor.
No es teatro. Es reflejo.
—¿Desde cuándo? —susurro.
Él baja la mirada.
Y ese gesto termina de romperme.
Porque no es solo que ya no me ame. Es que hace tiempo que dejó de hacerlo.
Y yo seguía ahí. Amándolo como si nada hubiera cambiado.
Recuerdo el día de nuestra boda. Recuerdo cómo sostuvo mi rostro entre sus manos antes de besarme. Recuerdo haber creído que éramos de esos amores que sobreviven todo.
¿En qué momento dejó de elegirme?
El silencio se vuelve insoportable. El aire pesa. La casa que construimos juntos se siente ajena, como si ya no me perteneciera.
Entonces digo la verdad más humillante de todas:
—Yo sí te amo.
Y al pronunciarlo, siento cómo la fisura se abre un poco más.
Porque amar a alguien que ya no te ama no es romántico.
Es devastador.
Él cierra los ojos un segundo.
—Lo sé.
Lo sé. Dos palabras. Dos palabras que suenan como una sentencia.
No se acerca. No intenta tocarme. No hay impulso. No hay gesto automático de consuelo.
Ya no somos eso.
Lo veo tomar sus llaves de la mesa. El sonido metálico golpea el silencio como un disparo.
—Necesito espacio.
Espacio.
Qué palabra tan elegante para decir: me voy.
La puerta se cierra.
Y me quedo sola.
No me derrumbo de inmediato. No caigo al suelo. No lloro como imaginé que lo haría si alguna vez escuchaba esas palabras.
Solo me quedo quieta.
Llevo la mano al pecho. Ahí está. Late. Obstinado. Firme. Vivo.
Pero ya no intacto.
Siempre pensé que el corazón no se rompía. Que era solo una figura retórica.
Ahora sé que no. No muere. No deja de latir.
Solo aprende a hacerlo con una g****a. Y la mía acaba de nacer.
*****
Solo una maleta.
Fue lo único que sacó de nuestro hogar… o de lo que queda de él.
La puerta se cerró hace unos minutos, pero el sonido sigue rebotando dentro de mi cabeza como si hubiera sido un portazo eterno. Me dejo caer sobre la cama, hundiendo el rostro en la almohada que todavía huele a él.
Y lo único que puedo pensar es:
¿Ahora quién me calentará los pies por la noche?
La pregunta es tan absurda que me da vergüenza. De todas las cosas que debería preocuparme —la renta, el trabajo, el futuro, la soledad— lo primero que llega a mi mente es eso.
Patética.
Eso es lo que soy.
Aprieto los ojos con fuerza, esperando que las lágrimas salgan, pero no lo hacen. Solo siento ese dolor sordo en el pecho, como si alguien hubiera dejado una piedra enorme dentro de mí.
Siempre fui solo yo.
Yo y mis silencios.
Yo y mis cumpleaños sin velas.
Yo y las navidades viendo películas para no escuchar el eco del departamento vacío.
Hasta que apareció Samuel.
Él fue el primero en preguntarme qué me gustaba comer.
El primero en recordar mi cumpleaños.
El primero en abrazarme sin que yo tuviera que fingir que no lo necesitaba.
Mi mundo empezó con él.
Y ahora…
Ahora se fue con una maleta.
Me giro hacia su lado de la cama. La sábana está fría. Perfectamente lisa, como si nadie hubiera dormido ahí en años. Estiro la mano y toco el colchón, como si pudiera encontrar un poco de su calor atrapado entre las fibras.
Nada.
Solo vacío.
—¿Qué voy a hacer ahora? —susurro.
La voz me sale rota, temblorosa, infantil.
No tengo padres a quienes llamar.
No hay una casa a la que volver.
No hay un cuarto de infancia lleno de recuerdos.
Samuel era todo eso.
Mi familia. Mi refugio. Mi único lugar seguro.
Y ahora… ya no me ama.
La frase vuelve a mi cabeza y siento que algo se aprieta dentro de mi garganta. Esta vez sí, las lágrimas aparecen. Primero una. Luego otra. Después ya no puedo detenerlas.
Me encojo sobre mí misma, abrazando la almohada como si fuera un salvavidas.
—No sé vivir sin ti… —murmuro, con la voz ahogada.
Y eso es lo más aterrador.
No es solo que se haya ido. Es que no tengo idea de quién soy sin él.
Porque todo lo que soy… lo construí a su lado.
*****
Hola querida lectora! Si encontraste esta historia, te comento que sus actualizaciones diarias comienzan en abril, así que si llamó tu atencion te pido tengas paciencia y la guardes, porque iré subiendo capitulos.
Gracias!