POV Nyra:
Después de que Zadkiel saliera del shock de mis palabras, comenzamos a caminar hacia el salón. Enderecé mi espalda, levanté mi mentón y miré fijamente hacia el frente. Solamente a los actuales reyes. No pude evitar sentirme abrumada por esto, por saber que pronto yo estaría en su lugar. Zadkiel está loco si piensa que voy a ser una Luna y una reina sumisa. Pero estoy segura de que lo sabe bien.
—Lo están haciendo perfecto —dice la reina aplaudiendo mientras nos mira emocionada.
—Se ven tan lindos —dice mi madre llevándose la mano al pecho.
Ni Zadkiel ni yo, decimos algo. La verdad es que no hay palabras qué decir, y ninguno de los dos se va a alagar. No seríamos nosotros. Después de dos ensayos más, todos creen que ya estamos listos.
—Escúchame bien, loba —me dice Zadkiel agarrándome del brazo antes de que me vaya—. Me gusta coger, y lo sabes.
Me da una sonrisa maliciosa. Enarco una ceja, aunque siento algo en mi vientre. Claramente no se lo hago notar.
—¿Y?
—Vas a ser mi esposa, mi luna y eventualmente mi reina —dice—. Así que voy a follarte cada vez que quiera, y tendrás que recibirme con las piernas bien abiertas.
Miro hacia los lados y veo que todos nos dan la espalda. Si le pego una cachetada, entonces todos lo escucharán, así que cierro mi mano en un puño y se lo estampo en las costillas. Zadkiel hace un sonido ahogado y se inclina ligeramente. Me mira con furia en sus ojos y yo le sonrío inocentemente.
—Es decir, que todo este tiempo me has deseado, ahora sabes que puedes tenerme —digo con suficiencia—. Pero te lo dije, no creas que voy a ser una loba sumisa. Si eres capaz de mojarme, lo haremos, de otro modo tendré que buscarme un amante.
Frunce el ceño.
—El adulterio es castigado con la muerte —me recuerda.
—Bueno, habrá valido la pena el orgasmo que tú no habrías sabido darme —sonrío provocándolo.
No seré infiel, nunca. Ese tipo de cosas se esparcen muy rápido y nunca dejaría que la gente se refiriera a mí como una reina infiel. Si no puedo respetar a mi pareja destinada, menos puedo respetar a mi reino. Ya estoy en esto, y si la Diosa de la luna cree que soy apta, entonces tengo que estar a la altura. Sé que Zadkiel tampoco será infiel. No es así cómo la reina lo crio, y la pena de muerte por esa traición, se aplica tanto a al rey como a la reina.
—Le he dado un orgasmo o varios, a cada una de las mujeres con las que he estado —me gruñe.
Me encojo de hombros.
—Bueno, cualquiera podría haber fingido —digo sonriendo—. Las mujeres somos muy buenas fingiendo orgasmos.
Enarca una ceja.
—¿Tú los has fingido mucho? Entonces tu supuesto amante no lo hace muy bien.
—Mi amante, lo hace muy bien.
—Sabes que ya no puedes estar con él —dice.
Suspiro.
—Lo sé, no soy una idiota como tú, Zadkiel —le gruño molesta.
—Respétame —gruñe de vuelta.
—Suéltame —ordeno—. Quiero descansar de ti antes de tener que pasar mi jodida vida contigo.
Zadkiel bufa rodando los ojos.
—Lo mismo digo.
Me suelta y yo no espero más. Simplemente me doy la media vuelta y camino hacia mi madre para decirle que nos vayamos a casa. Ella sonríe y acepta. Me despido de todos con educación. Al salir del castillo, suspiro sonoramente. No fueron demasiadas las horas al lado de Zadkiel y ya me siento agotada. Cuando llegamos a la casa me voy a la habitación dejándome caer en la cama.
+++
—No lo puedo creer —dice Isleen, mi mejor amiga. Ella es un año menor que yo, pero nos conocimos, ya que ella estaba un año adelantada en la escuela. Es una pequeña sabelotodo con el don de la sanación.
Isleen está estudiando medicina, porque su don se lo permite y su inteligencia aún más.
—Yo tampoco en ese momento —confieso—. Pero ahora ya lo tengo más asumido.
—Es que… ¡Ustedes se odian!
—¡Lo sé! —exclamo igual que ella—. Ya en el ensayo estábamos discutiendo.
—Tendrás sus hijos —comenta, luego mueve la cabeza divertida—. Al menos no tienes que preocuparte de que tu pareja sea un viejo.
Sí, ha pasado eso. No puedo entender que lleva a la Diosa elegir algo así. Pero hubieron casos en que una chica de veinte años resultaba pareja de un hombre de cuarenta o de cincuenta. En esos casos, eran guardias que estaban en el palacio ese día. No me imagino lo que esa chica debió sentir. Claramente, dijeron que ellas los habían rechazado con la esperanza de encontrar a alguien más joven y apuesto.
No puedo juzgarlas, yo no quisiera que mi pareja fuera más de veinte o treinta años mayor que yo. Isleen no sabe de mi don, como dije, nadie sabe. Ella también cree que todavía no lo obtengo, aunque nunca me ha juzgado por ello. Sin embargo, la ocultación de mi don no podrá seguir mucho tiempo más, y tampoco el de mi loba. No es que no confíe en ella, es que entre menos personas sepan era más seguro para todos.
Ahora, bueno, en perspectiva, no me pueden obligar a hacer nada que yo no quiera, porque voy a estar en la cabeza del poder. Espero poder confiar en Zadkiel. Y sino, pues toca eliminarlo.
Bueno, no tan así.
—De todos modos, tengo que superarlo —digo sonriendo.
Isleen me mira con una sonrisa maliciosa.
—¿Sabes lo que siempre he creído? —pregunta. Pongo los ojos en blanco.
—No sé si quiero saberlo.
—Pues lo sabrás igual —se arrima más a mí—. Esa tensión s****l entre ustedes siempre se hacía notar cuando estaban juntos.
La miro estupefacta.
—¿Qué? —inquiero moviendo la cabeza—. ¿De qué estás hablando?
—Ustedes, cada vez que pelean se miran como si quisieran comerse —dice riendo. Yo niego rápidamente levantando la mano para que ella deje de reírse.
—¡Nos miramos como si quisiéramos matarnos! —espeto.
Ella echa la cabeza hacia atrás riéndose.
—¡Pero a besos!
—Estás loca —niego—. Eso es imposible, ninguno de los dos nos gustamos. Solo nos aborrecemos. No sé cómo nos vamos a soportar.
—Siempre pueden tener sexo para romper la tensión —dice moviendo las cejas de arriba abajo.
Me dejo caer hacia atrás en la cama.
—Diosa, contigo no se puede hablar —me quejo.
—Amiga —me llama—. ¿Qué pasará con Anthas?
—¿Qué tiene él?
—Pues, ya no podrán seguir viéndose —comenta. Asiento con la cabeza.
—Ya lo hablamos, además, no es como si hubiéramos tenido algo. Solo lo hicimos algunas veces.
Isleen se lleva las manos a la boca.
—¡Y son amigos! —exclama—. Quiero ver el rostro de Zadkiel cuando sepa que ustedes fueron sus primeros.
—No lo sabrá.
—Estas cosas siempre se saben, amiga, siempre.
La verdad espero que no, porque ellos son amigos y no quiero que se vuelva todo incómodo. Además, solo fue sexo, así como Zadkiel lo ha hecho todo este tiempo. No puede hacer un escándalo por algo que ya pasó.