POV Zadkiel:
—¡Qué alegría que Nyra sea tu pareja! —exclama mi madre como por vez mil.
Me dejo caer en el sofá en la biblioteca donde estamos todos. Bueno mi abuelo, mi papá, mi mamá y Soren con su padre.
Me llevo los dedos a la sien. No hacía falta decir nada más. Pero quería gritar y decirles que ella no tenía ningún poder, que nunca la habíamos visto transformarse. ¿Cómo mierda iba a ser la loba más fuerte? Luego a mi mente se vino la imagen de ella. Tenía que admitir que el vestido le quedaba perfecto.
Se veía hermosa.
Pero nunca se lo diré.
Se veía más hermosa que cualquiera en el salón.
¡Basta!
Debe ser el puto lazo. Que es muy fuerte, porque sentía el tirón a cada momento. Fue muy difícil resistirse. Luego todos empezaron a felicitarnos, mi abuelo con que teníamos que empezar los trámites de la boda. Mierda, era demasiado. Imagino que tendré que pasar toda mi vida con ella, siempre desafiándome y sé que tendré que siempre tener a la mano medicina para el dolor de cabeza.
Conociéndola, seguramente hará de mi vida un infierno solo para molestarme.
—Padre, ¿cuándo crees que debe ser la boda? —le pregunta papá al abuelo.
—Lo antes posible —responde él con un tono de voz determinante—. Las otras manadas comenzarán a hablar, ya que Zad dijo que ella era una loba menor. Se hablará, y un rey nunca ha tenido una compañera que no viniera de la línea alfa.
—Creerán que nos estamos volviendo débiles —dice mi padre asintiendo.
—Quizás la Diosa se equivocó —digo en voz baja.
De inmediato siento la mirada de mi abuelo en mí. Pero no me encuentro con la suya. Lo admiro muchísimo, ha sido como un segundo padre para mí, e incluso para Soren, porque siempre nos estaba enseñando cosas. Nunca lo he contradicho, pero es que no puedo entender porque no nos rechazamos.
—Nunca se equivoca —insiste él—. Que otros lobos se rechacen porque no se gustan en apariencia, en habilidades, o en escala social, no significa que ella se equivocó.
—Pero cariño, Nyra es un amor —me dice mi madre—. Será una excelente reina, ya verás.
—No tiene una habilidad —le recuerdo al abuelo, ahora mirándolo—. Es la única en todas las manadas. Además, nunca la he visto transformarse.
—Algo debe tener si la eligieron para ti —me dice—. Además, si la rechazas nada asegura que vuelvas a tener una segunda oportunidad, y ahí sí que seremos débiles.
Mierda, lo sé. Algunos lobos, cuando se rechazan pueden tener una segunda oportunidad de encontrar pareja, pero son muy pocos. Eso me volvería débil ante los demás, no es algo que pueda permitir.
—Mañana mismo hablaré con la madre de Nyra para comenzar con las preparaciones —dice mi madre emocionada—. ¿Está bien que sea a final de semana?
¡Diosa, no!
—Sí, es buen tiempo, querida —le dice mi abuelo.
Todos salen de la habitación, menos Soren. Se sienta a mi lado y me pasa un vaso con algún trago que espero que sea malditamente fuerte.
—Vaya suerte, ¿no? —inquiere divertido.
Gruño y me tomo de un solo trago el contenido del vaso. Me arde la garganta, pero ni siquiera lo siento tanto.
—¿Dónde está, Anthas? —pregunto—. ¿Encontraría su pareja?
Soren niega dándome una mirada rara. Sé que Soren no encontró su pareja, pero no es algo que a él le preocupara.
—¿Qué? ¿Por qué pones esa cara?
Suspira.
—Joder, no sé si deba decírtelo…
—¡Habla rápido, maldita sea! —me quejo molesto.
—Creo que Anthas siente algo por Nyra —dice rápidamente. Lo miro en shock y él levanta las manos—. ¡Pero no estoy seguro! Él no me ha dicho nada, pero a veces… la forma en que la mira. Como la miró hoy cuando se supo que ustedes eran pareja.
—Imposible —digo moviendo la cabeza—. ¡La odiamos!
Niega riendo.
—Solo tú la odias —se encoge de hombros—. A mí no me cae mal, además ahora va a ser mi reina.
Dejo caer la cabeza hacia atrás de golpe. Quejándome por todo.
—No me lo recuerdes. Ella hará mi vida una pesadilla solo para hacerme enojar.
—Sí —concuerda riendo—. Al menos no te aburrirás o la tendrás encima de ti.
¿Encima de mí?
Muevo la cabeza. La tuve encima de mí cuando nos hicieron pelear. Ella me derribo y se puso a horcajadas de mí. Por suerte, se levantó rápido, porque un segundo más y habría sentido mi erección. Una erección traicionera, porque no estoy interesado en ella. Pero solo soy un hombre, no soy de piedra, y si tengo a alguien en mi regazo, mi amigo piensa que es momento de la acción.
—En fin, no creo que Anthas sienta algo por ella —digo—. Es decir, sí, ella es atractiva, no soy ciego. Pero es mala, es mal hablada, es desafiante… No es alguien de quién yo creería que está interesado él.
Soren se encoge de hombros.
—No lo sé, eso es lo que me pareció ver —dice y luego suspira—. Sé que él quería encontrar a su pareja. Le iba a decir que se viniera con nosotros, pero desapareció antes de poder decirle.
—Quizás quería estar solo —comento.
—Quizás. Rylan tampoco encontró su pareja.
Asiento con la cabeza.
—Sí, pero tampoco estaba muy interesado en ello —dejo salir un suspiro sonoro—. Todavía no puedo creer que Nyra sea mi pareja. Peor aún, que se vaya a convertir en la reina. Toda mi vida atado a una loba que no tiene habilidad y que nunca se ha transformado.
—Pero Rylan dijo que sí, solo que no le gusta hacerlo frente a todos.
Lo miro enarcando una ceja.
—¿Y por qué mierda no querría?
Se encoge de hombros.
—Quizás su lobo es feo —se ríe.
—Nyra no es la clase de persona a la que le importa lo que los demás digan —bufo—. No tiene lobo o hay algo más ahí.
+++
—Levántate, bella durmiente —escucho que me dicen al oído.
Me remuevo levantándome de golpe en la cama. Choco con algo duro lo que me hace fruncir el ceño por el dolor.
—¡Joder, maldito tonto! —escucho la voz de Rylan quejándose.
—¿Para qué te ganas encima, idiota? —digo molesto al sentir el dolor en la frente.
—Vine a despertarte —dice alejándose de mí.
Enarco una ceja.
—¿Y qué? ¿Acaso intentabas despertarme con un beso? —espeto.
Rylan se ríe, pero luego se pone serio.
—Me gustaría que habláramos —dice.
Suspiro, porque sé perfectamente de qué quiere que hablemos.
—Supongo que me hago una idea.
—Sé que ni tú ni Nyra quieren esto, pero parece que no tienen opción —dice, aunque no se ve nada contento—. Ella, aunque no lo creas es especial. Y es la loba más fuerte. Pensé que podría pasar, pero… bueno, no pensé que realmente serían pareja.
—¿Cómo especial? —inquiero confundido.
—Ella te lo dirá cuando lo sienta correcto. No la fuerces, porque no lograrás nada —dice, pongo los ojos en blanco como si yo no supiera—. Nyra hará lo posible para que esta unión sea agradable para los dos, tú haz lo mismo.
—¿Nyra te lo dijo?
Niega.
—Se lo dijo a mi madre —contesta—. Y sí se lo dijo a ella, es porque lo va a cumplir.
—Veremos —murmuré.
Me levanté de la cama y me fui a arreglar. Teníamos que juntarnos hoy para practicar la ceremonia en que nos presentábamos oficialmente como pareja, como futuros alfas y reyes de todas las manadas. Cuando ya estuve listo, salí al pasillo en donde me estaba esperando Rylan y otro guardia. Caminamos hacia el salón principal en donde debería estar Nyra con su familia.
Y por supuesto, ahí estaba mi madre con ella.
Ya no llevaba el vestido, pero no se veía menos mal. Sus atuendos siempre eran compuestos. El corseé, y pantalones con una capa que hacía parecer que fuera un vestido. Supongo que no podrá seguir vistiéndose así cuando sea reina. Sonrío al pensar que eso no le va a gustar.
—¡Querido! —dice mi madre cuando me ve.
Estira la mano para que yo vaya hacia ella, lo que hago.
—Te ves guapo, cariño —me dice agarrando mis mejillas.
Antes lo hacía a cada momento, y con cualquier persona. Lo encontraba bastante humillante, porque yo soy el futuro alfa y rey, pero bueno. Ya lo superé y ahora no pongo trabas ni me siento menos hombre por ello. Sé que mi madre me ama y que tengo suerte de tenerla. Teniendo en cuenta lo fría que es la abuela con mi padre. Con cualquiera, en realidad.
—Nyra —saludo.
—Zadkiel —dice ella.
Esta es la primera vez que nos saludamos de forma tan educada. Generalmente yo la llamo loba y ella me llama idiota. ¿Quién iba a pensar que sabíamos nuestros nombres?
—Empecemos con la entrada —me indica mi madre apuntando hacia la puerta—. Recuerden que tienen que entrar con la mano de Nyra sobre tu antebrazo levantado.
Asiento y comienzo a caminar hacia la puerta. Nyra también lo hace. Cuando estamos al otro lado, con las puertas cerradas y solo nosotros, me giro a mirarla.
—¿Vas a hacer de mi vida un infierno? —le pregunto.
Ella se gira hacia mí con esa sonrisa maliciosa.
—¿Te refieres al hecho de que no podrás follar con nadie más? —pregunta inocentemente.
Cierro los ojos y echo la cabeza hacia atrás, porque ni siquiera me había acordado de eso.
—Bueno, pero para eso estás tú —digo rematando.
Se encoge de hombros.
—Bueno, solo espero que des la talla —dice triste.
Entrecierro los ojos.
—Por supuesto que doy la talla.
—Tendremos que ver antes de decir algo —sonríe inocentemente justo cuando abren las puertas—. Además, tendrás que ganártelo.
—¿Qué? —exclamo en voz baja. Levanto el brazo para que ella coloque su mano.
—Solo cogeremos si eres capaz de hacer que me moje.
Esta loba…