Era un día importante para Alex, tenía una videoconferencia con los inversionistas de Alemania y debía dejar todo listo ya que faltaba poco para que viajara a Londres a presentar los nuevos jets y era imperativo que los planos estuviesen preparados y en condiciones. —Buen día, señor —saludó su secretaria en cuanto lo vio llegar. —Buen día —corresponde sin detener el paso, obligando a su secretaria a que le siga el paso—. ¿A qué hora es la videoconferencia? —A las 9:15, señor —responde entrando en la oficina detrás de él—. ¿Le traigo un café y los planos que debe presentar en Londres? —Por favor —La secretaria se gira para irse, pero la detiene—. Ah, que no me moleste nadie. Para cualquiera estoy en una reunión. —¿Ni siquiera para su mujer, señor? —indaga con diversión ya que conocía a

