Ese mismo sábado, Octavio decidió llevar a Suheil al cine, para ello eligió el mismo centro comercial donde se encontró semanas atrás con Marie, pensando en esto, se arrepintió momentáneamente, pero luego, pensó que tarde o temprano todo el mundo lo iba a saber, así que bajó de su coche y tomados de las manos caminó con ella por el estacionamiento. Al entrar al centro comercial, se encontró con su jefe, Regino, quien salía acompañado de una mujer muy joven y bella.
- Regino… buenas tardes Octavio
- Octavio… buenas tardes Regino, es un placer volverte a ver
- Regino… mira te presento a mi esposa Verónica
- Octavio… es un placer.
- Verónica… igual para mí.
- Octavio… Les presento a mi novia, Suheil
- Regino… es un placer Suheil conocerte
- Suheil… igual para mí.
- Verónica es un gusto.
- Regino, le preguntó… resolviste lo del viaje ¿Qué decidiste?
- Octavio… irme solo. Es más reprogramé y creo a más tardar en diez o quince días debo estar de vuelta.
- Regino… perfecto, en todo caso estaremos en contacto.
- Octavio… ok. Y se despidieron.
Octavio abrazando a Suheil la condujo por las escaleras mecánicas del centro comercial y la llevó directamente a la taquilla donde compraron las entradas y luego a comprar lo que comerán mientras ven la película. Ellos entraron y ubicándose en la parte alta del cine, se sentaron a disfrutar la película de comedia que eligieron, la cual disfrutaron mucho, sobre todo que drenaron emociones de preocupación al reírse tanto. Una vez que salieron del cine, Octavio le preguntó…
- ¿Quieres cenar fuera?
- Ella… mi vida yo solo quiero estar contigo, no importa donde…
- El… ¿Cómo considero esa respuesta?
- Ella… que lo que tu decidas, me gusta, solo que sea, siempre estar contigo
- El… tomándole la barbilla, ahí en pleno estacionamiento, la besó.
- Ella… me haces tan feliz Octavio
- El… eso es lo que busco, darte mucha felicidad y recompensar lo que antes te hice sufrir.
- Ella… tú no tienes la culpa, que me enamorara de ti, porque nunca me ofreciste nada.
- El… tienes razón, tengo aún más deuda contigo.
Así que de vuelta con ella al centro comercial, buscó una joyería; ella no entendía, de repente, él le pide a uno de los vendedores que le muestre los anillos de compromiso, que no sean muy ostentoso. El vendedor le muestra una gama de anillos de esta naturaleza.
Ella, sin que él se dé cuenta, suelta lágrimas por sus mejillas, totalmente muda de la emoción. Cuando Octavio voltea para llamarla y que lo ayude a elegir su anillo, se da cuenta que está llorando. El suelta de inmediato la colección que le está mostrando el vendedor y camina hacia ella, abrazándola, besándola y preguntando…
- ¿Qué pasa mi amor? ¿Por qué está así?
- Ella, con un nudo en su garganta, que no la dejaba hablar, solo se aferró a él y gimiendo fuertemente, sin poderse controlar se abrazó aún más a su cuerpo.
El vendedor preocupado, le preguntó si le trae un poco de agua. A lo que Octavio le respondió que sí por favor y le agradeció su atención. Ella no dejaba de llorar, el joven trajo un vaso con agua y se lo pasó a él.
- Octavio… ven mami, por favor, toma un poco de agua. Ella hizo lo que él le pedía y así se le fue pasando poco a poco la presión que tenía.
- Suheil… disculpame mi amor, sentí de la emoción, una presión muy fuerte en el pecho. Es que no esperaba que hicieras esto.
- Octavio… ven, son muchas las cosas que te debo, vamos a elegir tu anillo de compromiso, estoy dispuesto a mostrar a quien sea, que ya tengo un compromiso de amor y que por lo tanto, no estoy disponible.
- Suheil… vamos, ya estoy lista.
Octavio, le hizo señas al vendedor para que sacara la colección que le había mostrado. El joven volvió, Suheil le agradeció su amable atención y esperó que le mostrara nuevamente los anillos. Los dos se pusieron de acuerdo y eligieron el anillo que a partir de ese momento, ella usaría como muestra de su compromiso.
Octavio pago con su tarjeta de crédito, pero, pidió al joven lo metiera en el estuche, porque no sería ahí donde se lo pondría, sino en un lugar más romántico. El joven los felicito, les deseo mucha dicha y felicidad y finalmente, se puso a la orden para cuando les toque comprar los anillos para la boda. Los dos agradecieron mucho toda la atención brindada por este joven vendedor.
Saliendo de ahí Octavio llevó a Suheil a un restaurante elegante de la Ciudad. Al llegar al restaurante, Octavio solicitó le ubicaran en una mesa, donde pudiera disfrutar de algo de intimidad. Asimismo fue complacido por el mesero que lo atendió. Una vez en la mesa, Octavio solicitó al mesero traer la carta y una botella de un buen vino. Este de inmediato complació a su cliente, trajo la carta, ellos eligieron lo que comerían y posteriormente el mesonero trajo la botella de vino junto a la comida. Antes de comenzar a comer, Octavio destapó la botella de vino, llenó la copa de Suheil y luego la suya, justo antes de brindar, sacó de su bolsillo el estuche con el anillo, se levantó de la mesa y arrodillándose a un lado de Suheil, le preguntó...
- ¿te quieres casar conmigo?
- Ella, nuevamente emocionada, le respondió… si, mi vida, si me quiero casar contigo y lo besó ahí en la posición que él tenía, abrazándolo fuertemente.
Luego, Octavio le colocó el anillo en el dedo anular de la mano izquierda de ella. La ayudó a levantarse de la silla, la abrazó y la beso apasionadamente. El volvió a su silla, tomó la copa y le dijo…
- Brindo mami por ti, por nuestra felicidad y que podamos resolver todo, para poderte llevar lo más pronto posible al altar.
- Ella… salud mi amor e igual brindo por nuestra felicidad.
Los dos degustaron la comida, Octavio estaba que se la comía literalmente hablando a besos y ella inmensamente feliz por este nuevo curso que estaba tomando su vida. Terminaron de cenar y la llevó a bailar a la tasca donde siempre iba con Enrique. Además él ya la había llevado ahí, en una oportunidad. Una vez en el lugar, encontró a Enrique y a Diana, uniéndose a ellos...
- Octavio… hola Enrique, dándole la mano a su amigo.
- Enrique… hola amigo.
- Suheil, saludo a Enrique... hola ¿Cómo estás?
- Enrique… hola Suheil, estoy muy bien gracias a Dios. Te presento a mi novia, Diana Carolina,
- Diana… es un placer conocerte Suheil.
- Ella… igual para mí.
- Diana… ¡Felicitaciones! Octavio, tu novia es muy joven y bella.
- Octavio… gracias Diana. ¿ustedes van llegando?
- Enrique… no tenemos ya rato, como media hora.
- Octavio le hace señas a un mesonero, para que le ubique una mesa, en ese momento Enrique, le pregunta…
- ¿Vas a buscar mesa?
- Octavio… sí
- Enrique… quédate con nosotros y compartimos la mesa.
- Octavio… ok, amigo.
- Enrique… ¿vienen de tu casa?
- Octavio… no. Venimos de cenar, le pedí matrimonio a Suheil, mirándola a los ojos y tomando su mano, muestra el anillo de compromiso que le entregó a ella.
- Diana, levantándose de la silla, camina hacia Suheil y la felicita… felicitaciones Suheil, de corazón, Dios permita puedas lograr este sueño, creo es el sueño más anhelado por toda mujer.
- Suheil… gracias Diana, por tus palabras tan sinceras. Te estoy infinitamente agradecida.
- Enrique, caminando también hacia Suheil, le dice… te felicito Suheil, les deseo a los dos lo mejor, tu sabes que Octavio es mi mejor amigo y deseo para él todo lo mejor.
- Luego, ellos felicitan a Octavio y al igual que a Suheil, le desean lo mejor.
En ese instante, suena una de las canciones favoritas de Octavio y de inmediato invita a bailar a Suheil, quien tomándolo de la mano lo acompaña a la pista de baile. Enrique hizo lo mismo con Diana, quien le comentó al oído…
- ¿Cómo hace para pedir matrimonio, sin haber terminado el compromiso anterior?
- Enrique… él está separado de Karina, solo que ella no lo quiere aceptar.
- Diana… pero explicame algo, hasta hace poco, me comentaste que ellos habían fijado los carteles para casarse en diciembre
- Enrique… sí, pero al parecer apareció Suheil, le movió el piso totalmente a Octavio y como nunca ha estado tan convencido de quererse casar con Karina, aprovechó para tomar una nueva decisión, que desde mi punto de vista y ante cualquier evento, me parece que sí es definitiva.
- Diana… o hasta que aparezca otra…
- Enrique… no creo, tengo años conociendo a Octavio, y nunca lo he visto así, tan enamorado.
Diana… bueno, por el bien de la chica, porque a decir verdad, me cayó mejor que Karina y sonrió.
Por su parte, Octavio conversando con Suheil, le comenta…
- Este es el lugar donde suelo venir con Enrique a tomarme unas copas los viernes antes de llegar a casa, ya sé que en una oportunidad te traje, recién comenzando. Pero, hemos hecho este ¿hábito? Venir al salir de la empresa. A veces estamos los dos solos, otras se unen a nuestra mesa, algunos compañeros que coinciden con nosotros al venir aquí. El mesonero que nos atiende, Juan, ya nos conoces y apenas nos ve entrar, de inmediato busca mesa para acomodarnos.
- Ella, está bonito. En aquella oportunidad no te lo dije. Pero además, me gusta que me lleves a los lugares donde tú sueles ir…
- El… sí mami, aquí es donde me pierdo, cuando no estoy en tu apartamento o en casa de mis padres.
- Ella… me fascina que por cuenta propia me digas esto. Deseo de corazón que siempre sea así. Confío en ti Octavio.
- El… y yo en ti.
Los cuatro se dedicaron a disfrutar la noche bailando e incluso entre ellos intercambiaron pareja y disfrutaron como nunca de una noche extraordinaria, saliendo de ahí casi a la una de la madrugada. Suheil, estaba sumamente cansada, tenía años que no bailaba y disfrutaba tanto, además, pudo iniciar un bonita amistad con Diana. Ellos, quedaron de acuerdo que apenas Octavio regrese de viaje, se pondrían de acuerdo para salir de paseo juntos y poder compartir un fin de semana; se despidieron e incluso entre ellas compartieron sus números celulares, retirándose cada pareja a sus respectivos hogares.
Esa noche, Enrique y Diana, disfrutaron al llegar a su penthouse, de las delicias del placer y del amor. Ellos han estado presentando problemas por las ausencias continuas de Enrique por asuntos de trabajo, pero que Diana presiente tienen que ver con alguna mujer, aun cuando no tiene la certeza de esto.
Octavio como Suheil celebraron en la intimidad de su habitación y su cama, este compromiso asumido. Los dos se amaron casi hasta amanecer, experimentando y descubriendo juntos nuevas emociones y sensaciones, erradicando de su relación cualquier posición que resulte monótona. Al día siguiente, los dos se levantan tarde, preparan desayuno y después de esto, comienzan a preparar la maleta de Octavio, quien al día siguiente a primera hora de la mañana, sale de viaje para el estado Falcón, donde lo están esperando para iniciar ese mismo día la actividad programada.
Esa semana, Octavio salió de viaje, estando en contacto con Suheil permanentemente por teléfono. Esa semana para él fue todo un éxito. Los Directivos de la empresa en el país, estaba satisfecho con su trabajo, sus nuevas innovaciones y cambios los cuales fueron asumidos por el personal sin contrariedad alguna. Su recorrido por las distintas instalaciones le trajo mucha satisfacción y especialmente mucho reconocimiento de parte del personal de la empresa.
Esa semana fue dura, trabajó muy fuerte, bajó casi que literalmente de un avión para otro, y así pudo cumplir todos sus compromisos, descansando sábado y domingo, días en los cuales fue invitado a compartir con personas que ya conocía en la empresa, pero que habían sido trasladados. El disfrutó mucho de estas compañías, quienes conociendo la trayectoria de Octavio, invitaron algunas amigas para distraerlo. Pero algo extraño, Octavio, no se interesó en ninguna, al parecer Suheil si estaba logrando el cambio en él, aunque es muy temprano para cantar victoria.
En tanto, en Maracaibo, Karina anda hecha una fiera, porque en ningún momento Octavio le avisó de ese viaje de trabajo y cada día lo ve menos. En todo caso, se enteró del viaje porque al llamar a la oficina, Maru, quien desconocía las órdenes dadas por Octavio, le informó que desde el lunes él había salido de viaje que posiblemente volvería para finales de mes. Sin brindar más información, colgó la llamada. Karina, enfurecida fue a visitar a los padres de Octavio, para que le dieran información sobre Octavio. Al llegar a la casa de estos, se bajó, tocó el timbre y una vez que le abrieron entró saludando…
- Buenos días, señora María
- María… ¿Cómo estás Karina?
- Karina… muy bien, aunque muy enojada con su hijo, porque en ningún momento me llamó para avisarme que se iba de viaje, me está ignorando totalmente, no concibo que él no tenga ni dos minutos para llamarme y avisarme que se iba.
- María… ¿Qué te puedo decir?
- Karina… reconocer que su hijo está actuando como si en vez de suspender la boda, hubiese terminado conmigo. Lo cual que yo sepa, en ningún momento él ha hecho.
- María… creo que esos son asuntos que deberías conversar directamente con él…
- Karina… es que él no me da tiempo de hablar, siempre anda apurado, nunca tiene tiempo para mí. Mis padres aun lo están esperando para conversar sobre la nueva fecha de nuestra boda.
- María… bueno, Karina, te dejo porque estoy haciendo el almuerzo para mi familia, gracias por tu visita.
- Karina, con un gesto de asombro en su rostro, salió sin decir nada más y tiró el portón.
La madre de Octavio se sentía mal por tratar así a Karina, pero lamentablemente era una muchacha con mucha soberbia y prepotencia, que se crea superior a los demás. Por eso no la toleraba. Así que la señora, al escuchar el golpe del portón entró de inmediato a la casa, sin hacer caso al repique insistente del portón.
Por otro lado, en la sede de la empresa, se corría el rumor del interés de Enrique y Andrés por Ana María, quien a ninguno de los dos, aceptaba para tener algo, precisamente por su condición de relación estable de pareja, de uno y de casado del otro. Hasta ahora solo Enrique había conseguido en una oportunidad salir con ella, pero fue un único día que la encontró a la salida y le brindó la cola hasta su casa. La joven cuidando su reputación y su permanencia en la empresa, precisamente por las normas impuestas por la Directiva, ignoró las llamadas e invitaciones hechas tanto por el uno como por el otro. Para ella, los dos eran auténticos infieles quienes no respetaban a la mujer con la que conviven.
Por otro lado, también había fuerte rumor, que la esposa de Rafael, Leila, andaba saliendo con uno de los técnicos de sistema. Esto ya estaba a vos populi en la empresa y para nadie fue sorpresa.
Mientras Marie, refugiándose en su amiga, para desahogar lo que estaba sintiendo por Octavio, le comentó, lo arrepentida que estaba de no haber ayudado a su jefe en este viaje.
- Marie… me siento muy mal, como si hubiese defraudado a Octavio, quien confió en mí, para la realización de esta jornada.
- Ana María… creo fue la mejor decisión que tomaste porque así te evitas hacer algo, de lo que luego te arrepentirás.
- Marie… es que aparte de eso, es mi compromiso con él cuando acepté el cargo.
- Ana María… según una conversación que escuché de mi jefa con alguien de la sucursal donde él paso el fin de semana, Octavio ha cambiado mucho, supuestamente le llevaron mujeres a un evento donde asistió con quienes conoce ahí y no se fue con ninguna, es más, no les prestó atención, retirándose al rato de haber llegado. Todos andan asombrados porque él se ha hecho de una reputación de mujeriego que no se la quita nadie.
- Marie… cada día estoy más intrigada por conocer esa mujer, dicen que está viviendo con ella.
- Ana María… si así escuché yo también. En todo caso, lo positivo de esto, es que dejará de hacer sufrir a unas cuantas.
- Marie… en todo caso, me gustaría conocer a esa mujer maravilla.
- Ana María… yo la conocí el día que Enrique me invitó a la tasca, es una mujer de baja estatura, pero muy bella de cara y tiene bonito cuerpo. Y Octavio recuerdo que estaba embelesado por ella.
- Marie… sabes que por esa salida hay rumores sobre ti y Enrique, además también andan murmurando que Andrés está detrás de ti. Aunque él no disimula lo que le atraes, pues se queda fijo observándote. Amiga debes cuidarte mucho, para evitar esos rumores que pondrían en peligro tu estabilidad en la empresa.
- Ana María… pero es absurdo que me involucren con alguno de los dos, porque a ninguno le he prestado atención, salvo el día que Enrique me llevó a mi casa, después de haber estado un rato con él en la tasca.
- Marie… en todo caso, cuidate mucho
- Ana María… gracias amiga por preocuparte por mí.
- Marie… tú sabes que te aprecio mucho. Bueno me despido, voy a seguir trabajando. ¿Si quieres te llevo hoy a tu casa?
- Ana María… te lo agradezco
- Marie… entonces cuando termines, ven a mi oficina.
- Ana María… ok
No obstante, para Suheil, esa semana no fue muy buena, comenzó a sentirse mal. El viernes de esa semana, que Octavio salió de viaje, ella sufrió un fuerte mareo, en la empresa, que casi la hace caer, pero ella no le prestó atención a esta señal, porque andaba apurada terminando unos asuntos pendientes, además no había almorzado.
Cuando habló con Octavio no le comentó nada al respecto primero porque se le olvidó y segundo para no preocuparlo. El sábado y el domingo, además de los mareos, sentía una sensación extraña de molestia como si le iba a bajar la menstruación, pero no le bajó. Ya para el día lunes, si se ocupó de esto, porque no ha vuelto a ver menstruación desde que está con Octavio y eso hace ya varias semanas.