Capítulo 16. La prueba de oro…

4482 Palabras
Al mismo tiempo que Octavio salía de la casa de sus padres, Karina tocaba el timbre de entrada a la misma y desde adentro la mamá de Octavio, abrió para que pudiera entrar por el portón pequeño, mientras su hijo sale por el garaje. La entrada del portón pequeño conduce directamente al porche de la casa, de donde sí se puede tener visión hacia el garaje. Ella entró, saludó a la señora María y preguntó por Octavio.  -      La mamá… aún no ha llegado.  -      Karina, frunciendo el ceño, comentó… pero, no le ha llamado -      La mamá, con una voz suave y calmada… no -      Karina… no concibo como un gerente de una trasnacional, trabaja como un esclavo, así le paguen el sueldo que le paguen, sacudiendo su cabellera suelta de un lado a otro. -     La mamá… mi hijo ama su trabajo y está dedicado en cuerpo y alma a él. En ese instante, el papá de Octavio, viene del garaje. El abriendo sus ojos y levantando sus cejas, tratando de controlar su asombro ante la presencia de Karina, le saluda… -      Hola Karina ¿Cómo estas? -      Ella… muy bien. Asombrada que Octavio no parece un gerente sino el vigilante de la empresa, cuando hasta el día domingo debe trabajar. -      Papá… lo que sucede es que tú nunca has trabajado. -      Karina… ¿Cómo me dice eso? Yo llevo la administración de los inmuebles propiedad de mi padre, desde hace años, -      Papá… precisamente, ahí está el detalle, trabajas para ti, que es lo mismo que trabajar para tu padre, no cumples horarios, no tienes objetivos ni metas que alcanzar, no tienes patrono alguno. Si quieres vas, sino, no vas y así, no tienes un compromiso o una responsabilidad porque a la larga, sabes eso es tuyo. -      Karina… me parece que está hablando de algo que desconoce, mi padre me pone metas y debo alcanzar objetivos. -      Papá… sí, pero no tienes el mismo nivel de responsabilidad y compromiso que Octavio, quien está sujeto a políticas, normas, reglas, entre otros, de una empresa que incluso ni siquiera es nacional sino que va más allá de nuestras fronteras. -      Karina… parece que no, nos entenderemos nunca. Bueno, en vista que él, no está, me voy. Les agradezco le avisen que estuve aquí, era para recordarle que mis padres lo esperan para finiquitar con él, lo de la suspensión de la boda.  -      Papá… tranquila, apenas Octavio llegue le informo. -      Karina… les agradezco. -      La mama… bueno me retiro porque voy a preparar la cena. Mientras en el apartamento de Suheil, ella inquieta por el movimiento extraño que observó, esperaba que Octavio se sincerara con ella y le explicara qué fue lo que paso, cuando salieron de la casa de sus padres. Pero no, Octavio no le dijo nada, ni ese dia, ni al siguiente. Octavio, prefirió no quiso decirle nada, para no preocuparla más. Al día siguiente, cuando Octavio llegó a su oficina, desde ahí, hizo la llamada a la casa de sus padres, para preguntarles ¿Qué había pasado con Karina? Su madre, muy brevemente le hizo toda la explicación, sobretodo, que los padres de ella, lo esperaban para finiquitar lo de la suspensión de la boda. El sin dar respuesta a su madre, le dio las gracias por la información y se despidió de ella. Esa semana, Octavio y Marie, trasladados en vehículos de la compañía, realizaron todo su trabajo en las sucursales de la empresa dentro del mismo estado, sin contratiempo alguno, dedicado única y exclusivamente a la realización de los mismos. Este viernes en la mañana, Octavio fue llamado por la secretaria de la presidencia para que acudiera de inmediato a la oficina del Presidente de la Corporación. El de una vez, subió y al ser recibido por éste, le saludó muy efusivamente. -      Hola amigo ¿Cómo te sientes, como te ha ido esta semana? -      Octavio… muy bien gracias a Dios, he podido cumplir con todo lo propuesto para esta semana. -      Presidente… que bueno, me alegro mucho. Haciendo un gesto con sus manos, le muestra la silla que está de frente a su escritorio, para que Octavio se siente, quien aceptó de inmediato. -      Octavio… me llamó tu secretaria que necesitas hablar conmigo. -      Presidente… si Octavio, me vas a disculpar, pero es un asunto personal y laboral. ¿sabes que tu secretaria está casada con uno de mis primos? -      Octavio… asintiendo con la cabeza, porque sabía debía ser sincero con su jefe, respondió… sí, lo sabía. -      Presidente… bueno, el caso es que no quiere que Marie viaje contigo. Él fue operado de corazón abierto, le ha costado recuperarse, aunque me asombra porque tenía entendido, ya estaba bien. Hoy me llamó temprano, para pedirme que hablara contigo, para que relevés a Marie de esa obligación y puedas elegir otra persona. -      Octavio… por mí, no hay problemas. Si de repente me hubiesen dicho con anterioridad hubiera preparado a otra persona. Pero no, prefiero viajar solo y que en cada sucursal me provean el personal que requiero, para esto si voy a necesitar tu cooperación, para que informes en cada sucursal, lo que necesito. -      Presidente… sabía que no tendría problema alguno contigo. Gracias amigo por tu solidaridad y cuenta con mi apoyo, ya les informo por correo a todos los Directores para que te presten la colaboración que necesitas. Eso era todo. Octavio, despidiéndose de él y deseándole un feliz día salió de ahí directo a su oficina para hablar con Marie y que ésta le facilite toda la información que ella maneja a través de medios digitalizados. No obstante, cuando habló con ella, pudo percibir como que algo pasaba, pero ella no le aclaró nada. Así que prefirió no preguntar, dejar todo asi y viajar solo e hizo rápido cambios de planes y vuelos, para tratar de culminar lo más pronto posible.   En la noche de este viernes, Enrique como Octavio, acudieron nuevamente a la tasca cerca de la empresa, donde incluso se encontraron con Andreina, Maru y Ana María, quienes celebraban el cumpleaños de la segunda. Enrique, desconociendo totalmente que su secretaria estaba de cumpleaños, se levantó, se acercó a ella, la abrazó y besó en la mejilla, además de felicitarla… -      Felicitaciones Maru, no sabía que estabas de cumpleaños    -      Maru… gracias Ingeniero, era muy difícil que hoy alguien se enterara de mi cumpleaños, cuando no hemos parado con la lluvia de trabajo que se ha desbordado estos últimos días. -      Enrique… tienes toda la razón. Entonces ya que estamos aquí, vamos a celebrarlo. Todos se levantaron y felicitaron a Maru. Su jefe de inmediato hizo señas al mesonero para que los ubicara en una mesa más grande, donde pudieran estar todos más cómodos y además le preguntó si contaban con el servicio de pastelería, porque querían celebrar el cumpleaños de una amiga. -      Mesonero… sí señor, ya los ubico y ¿algún sabor especial para el pastel? -      Enrique…  Maru ¿de qué sabor quieres tu pastel? -      Maru… definitivamente ¡chocolate! Todos sonrieron por la forma como lo pronunció, -      Enrique, dirigiéndose al mesonero le informó… como ya lo escuchaste, chocolate es el preferido. -      Octavio… pide se agregue unos servicios de pasapalos. -      Enrique… sí tienes razón amigo. El mesonero se retiró para cumplir las órdenes de sus clientes preferidos, porque siempre era quien los atendía, cada vez que ellos visitaban la tasca. Una vez que los ubicó les informó y los acompañó a la nueva mesa. Ellos pidieron una botella y cócteles para las chicas. Andreina hizo un brindis por su nueva amiga, para que siguiera cumpliendo más años. Todos brindaron por ella. De repente a Andreina, le llamó poderosamente la atención la llegada de alguien al local, esto la puso un poco nerviosa, porque Regulo Di Agostini, entró acompañado de una mujer joven y bella, con quien hablaba muy íntimamente. Ella muy disimuladamente los siguió con la vista y observó que los ubican exactamente en la mesa donde estaban inicialmente Enrique y Octavio. Esto la desconcentró un poco de la celebración por la que había ido hoy a la tasca, porque fue una desagradable sorpresa ver a Regulo con otra mujer. En todo caso, para erradicar de forma definitiva esos pensamientos, ella misma invitó a Octavio a bailar, conociendo que este era el “deporte” favorito de él. El, sonriendo y totalmente libre de preocupación alguna, de inmediato la sacó a bailar. Ellos bailaron todo tipo de música, hasta la romántica, porque Andreina iba a aprovechar para observar si Regulo bailaba esta música con la joven que se encontraba. Y así fue, ella pudo observar como él abrazaba a la joven, le hablaba al oído y encima la besó. Esto la hizo perder el paso y Octavio se sonrió… preguntándole… -      Amiga, ¿para dónde te fuiste? Porque a pesar que estas bailando conmigo, te siento ausente. -      Ella, devolviéndole una sonrisa le comentó… tienes toda la razón, me fui, pero tranquilo ya estoy aquí, nada me va a distraer de disfrutar tan excelente pareja de baile. -      El, sonriendo… le comentó… sabes Karina me está siguiendo… -      Ella… era la lógica amigo, que lo iba a hacer ¿qué hiciste? -      El… distraerla, entre a la casa de mis padres, metí el carro, hice tal cual como si viviera ahí. -      Ella… está bien, no obstante, no te fíes, debes tener mucho cuidado, la mujer celosa – riendo - es una amenaza. -      El… si ya lo percibí. Por cierto, se me ha olvidado avisar que llegaré tarde. Te importa si te llevo a la mesa para salir a hacer una llamada. -      Ella… no para nada Octavio, gracias por aceptar mi invitación. -      El… que aún no ha concluido, dejame hacer la llamada y seguimos bailando -      Ella… ok, para mí es un placer. -      El, la acompañó a la mesa y anunció… ya regreso. -      Enrique… ¿para dónde vas? -      El, sonriendo… a chequear tarjeta… todos sonrieron. -      Ana María, le dice al oído a Andreina, pero ¿con cual de tantas? Las dos sonrieron, porque sabían la fama de mujeriego que él tenía. Octavio salió hacia el área de los baños y entrando en él, llamó a Suheil… -      Ella… hola mi amor -      El… hola mi vida. Estoy en una tasca cerca de la oficina, con un grupo de la oficina, celebrando el cumpleaños de la secretaria de Enrique. No sé hasta qué hora estaré aquí, porque voy a pagar junto con él la cuenta de lo que se gaste aquí. Por favor, no me esperes despierta, trata de descansar, sé que has tenido una semana muy fuerte, para trasnocharse por mi culpa. ¿quieres que te lleve algo especial para comer? -      Ella… no, lo que compres para ti. -      El… ok. Entonces, nos vemos en un rato, te despierto al llegar. -      Ella… sí, mi amor y gracias por avisarme. -      El… te amo -      Ella… y yo a ti. Por favor cuidate mucho. El regresando a la mesa, fue directamente a la silla donde estaba sentada Andreina y la saco a bailar. Al llegar a la pista, Octavio hizo un despliegue de sus talentos en el baile y de inmediato, los que los acompañaban en la pista, se fueron abriendo para dejar solo a Octavio y Andreina bailar. Ellos fueron muy aplaudidos, no obstante, también hubo quienes se quedaron asombrados de ver que ellos estaban ahí, debido a que no los habían visto, como por ejemplo Regulo y la joven con quien andaba, quienes se unieron al grupo para aplaudir a los bailarines. Una vez que concluyó este set, ellos se retiraron hacia su mesa, sentándose los dos juntos, el uno al lado del otro y brindando por ese espectáculo que acababan de ofrecer. Maru y Ana María estaban asombradas de verlos así como estaban, parecían amigos más íntimos. Enrique, sacó a bailar a Ana María, quien lo traía también de cabeza, pero quien no le prestaba mucha atención. El presumía era por su relación con Diana. -      Ana María… ¿quieres bailar esta pieza conmigo? -      Ella… si, Ingeniero… -      El… por favor, no me digas ingeniero, llamame solamente Enrique, -      Ella… como quieras Enrique y sonrió. Ella, muy bien, lo que le fascinó a Enrique, quien mientras baila le preguntó… -      ¿Has montado en parapente? -      Ella… no, le tengo pavor a todo lo que tiene que ver con las alturas. -      El… aun cuando te acompañe, alguien que te asegura que no te pasara nada. -      Ella… aun así, porque está en mí, el miedo a las alturas. Me da vértigo -      El… ¡ah, caramba! pero sabes, que solo se derrota el miedo, cuando se enfrenta  -      Ella… si,  ya eso me lo han dicho, es muy fácil decirlo, el problema es hacerlo -      El… si no te arriesgas, nunca lo superaras. -      Ella… puede que tengas razón, pero prefiero no arriesgarme… -      El… quien no arriesga, ni gana ni pierde. Debe ser aburrido -      Ella... depende del cristal con que se mire, para mí no es aburrido, porque realmente no me interesa volar y sonríe. -      El… no queriendo darse por vencido con ella, le insiste… pero puede ser una experiencia extraordinaria, no digas que no, si no lo has probado… -      Ella, nuevamente sonríe, y le afirma… solo de pensar en estar arriba sin nada debajo que me mantenga firme a la tierra, ya me produce vértigo. -      El… eres cobarde, debes luchar contra el miedo. -      Ella… prefiero me digas que soy cobarde a hacer el ridículo en el aire, gritando o llorando de la desesperación, no, no me lo quiero imaginar. -      El… piénsalo y me avisas, me encantaría llevarte a practicar ese deporte, sé que a partir de ahí, tendrás un antes y después. -      Ella… lo pensaré. -      El… mientras seguiremos bailando. En la mesa, Octavio, sintiendo pena con Maru, quien es la cumpleañera y nadie ha bailado con ella, la invitó a bailar. -      Maru, me permites bailar contigo esta canción… -      Ella… sí jefe -      El… vamos Apenas empezaron bailar, Octavio se dio cuenta, que la joven baila muy bien, bueno, al menos esto si lo hace bien y sonrió para sí, tratando que ella no lo viera. Él se quedó en la pista bailando con ella por un rato y luego volvió a la mesa. Maru, tenía otra cara, ya se veía más alegre. Enrique al dejar a Ana María, en la mesa, invitó a bailar a Maru y al igual que Octavio, también se asombró que bailaba muy bien. Ellos, estuvieron ahí hasta las doce y treinta minutos de la noche, cuando Enrique y Octavio, les informan que deben retirarse porque los esperan. El DJ colocó a petición de Enrique el cumpleaños y todos los presentes cantaron el cumpleaños para Maru, quien se sintió muy feliz por este gesto de todos. Luego partieron el pastel, pidieron la cuenta, la cual pagaron entre los dos y se retiraron hacia sus respectivas viviendas, o mejor dicho, viviendas de sus parejas.  Octavio salió y buscó en su lugar preferido comida para llevar, tanto para él como para Suheil. Pagó y salió directo al apartamento. Al llegar abrió sin hacer mucho ruido, colocó la comida sobre la mesa del comedor y entró a la habitación, encontrando totalmente dormida a su mujer, a quien fue despertando poco a poco, a punta de besos y mimos. Ella despierta con una bella sonrisa, se incorpora en la cama y lo besa, preguntándole… -      ¿Cómo te fue?   -      El… muy bien, te traje mi porción del pastel -      Ella… lo compartiremos, porque sé que te gustan las tortas y dulces -      El… como quieras, ven vamos al comedor, para ver si te gusta lo que traje… -      Ella, sonriendo… estoy segura me gustará, tenemos en la comida casi los mismos gustos -      El… así espero… -      Ella, se quita la cobija de encima y se levanta de la cama… -      Él… observando su cuerpo vestido solo con un biquini y sostén, le pregunta ¿Cuántas horas hace que no te hago el amor? -      Ella… como 24 o 26 horas sonriendo… -      El… es demasiado tiempo, la abrazó por la cintura y la llevo así descalza y semidesnuda al comedor. Ella se sentó, mientras él se aflojaba la corbata, y se abría los botones de la parte de arriba de su camisa… -      Ella… ¿te ayudo? -      El… no, cuando estemos en la habitación te encargas de quitar todo aquello que tapa mi cuerpo -      Ella, mirándolo a los ojos, mordiendo un lado de su labio inferior y sosteniendo con su mano izquierda la barbilla, comenta… tengo mucha hambre de ti… -      El… y yo de ti, y mucho más cuando me esperas así. Si me pones a elegir en cómo me gusta que me recibas, te diría que así, así exactamente como estas. -      Ella… gracias por la pista, ten la seguridad, no la olvidaré. -      El… pero antes de comernos a nosotros mismos, comeremos este sombrero (pan grande relleno) entre los dos. -      Ella… sí mi amor, levantándose de la silla y caminando hacia la cocina, -      El… ¿Qué haces? -      Ella… buscar vasos, hielo y refresco. -      El… no será necesario y abriendo la otra bolsa extrajo de la misma, servilletas, pitillos largos y un refresco de litro y medio. -      Ella… que bien, pensaste en todo. -      El… sí. Ven es hora de degustar y disfrutar este sabrosísimo pan relleno con bistec de pollo, salsas, papitas y otras cuantas cosas más. -      Ella… mi amor debemos salir a comer o ejercitarnos porque estamos comiendo mucha comida que engorda -      El… sí, o podemos hacer dieta, pero hoy no. Es un antojo que tengo… -      Ella… ¿será que estas embarazado? -      El… no tendría nada de extraño, si seguimos haciendo el amor sin protección. -      Ella… eso es totalmente cierto, pero aun no me baja -      El… mirándola sin expresión en el rostro ¿tienes algún retraso? -      Ella… no estoy segura… te recuerdas que te traje la agenda donde anote la fecha, ya ni recuerdo cuando fue. Mañana lo busco.   -      El… sí, debemos asumir esto con más responsabilidad ¿te parece? -      Ella… si Los dos dejaron el tema hasta ahí y se concentraron en la comida, estaba divino, ella sabía que le gustaría porque hasta ahora todo lo que comían a los dos les gustaba, en esto, como en hacer el amor y bailar se la llevaban estupendamente bien. Al terminar de comer, entre los dos recogieron todo, limpiaron y botaron en la basura los desechos. Después de esto, Suheil guardo en el refrigerador la porción de torta que él trajo, para comerla al día siguiente. Los dos caminaron hacia la habitación, ella prendió la TV y buscó un programa que les guste a los dos, para no acostarse de una vez, porque comieron mucho. Octavio sentándose al borde de la cama, conversó con ella sobre el cambio de planes que había para esta y las semanas siguientes. Salía de viaje este lunes y no regresaba hasta dentro de dos semanas. Su secretaria al parecer no pudo viajar por problemas de salud de su esposo, así que él trabajaría corrido para salir de eso lo más rápido posible, razón por la cual, reorganizó su agenda y dándole duro a la planificación, el calcula que en diez o a más tardar en quince días, debía terminar. Así que necesitaba, ella le ayudará a organizar la maleta con ropa para máximo quince días. -      Suheil… ok, mi amor, mañana mismo, te preparo eso. ¿te vas por avión? -      El… si, solo iré por carretera a las sucursales vecinas que estén cerca entre estados. Culminó en Anzoátegui y ese día, me vengo de regreso. -      Ella… ok. Te voy a extrañar, -      El… y yo a ti. El, tomándola de las manos la sentó a su lado al borde la cama, la abrazó y la besó, comenzando así el juego amoroso previo, que tanto les fascina a los dos, sobre todo porque ella, es la que siempre claudica de primera pidiéndole a Octavio la haga suya, cosa que a él le fascina. Suheil, sintiendo los vellos de la barba de Octavio, que le erizan la piel, se estremece y cerrando los ojos, se concentra solo en sentir, permitiendo que el con su boca y su lengua recorría su cuello, barbilla, oreja, mejilla, ojos y la misma frente, hasta detenerse en la boca, donde abre los labios e introduce su lengua, la cual hace un recorrido detallado en toda su cavidad bucal, despertando infinitas emociones en el cuerpo de ella, imposibles de controlar. Ahora ella, en un rol más activo, hace lo mismo con el cuerpo de él, acariciando su rostro, sus pechos y mordiendo suavemente los dedos de sus manos, especialmente el pulgar. De aquí sube nuevamente a su rostro, mordiendo suavemente los labios de él, lo cual hace al mismo instante que se sienta sobre sus vigorosas piernas y con sus manos recorre su espalda. Octavio, le susurra al oído frases que sabe la excitan más y juega con su cabello.  -      El… té deseo -      Ella, respirando fuerte, yo también a ti. -      El… lanzando su aliento en el oído de ella, la siente vibrar, sacudirse, estremecerse… te amo Octavio, se levanta, la tomó en sus brazos, la acomodó en la cama y se acostó a un lado de ella, para comérsela, literalmente hablando, a besos. El comenzó el recorrido de su cuerpo desde la cabeza hasta los pies, volviendo a su vientre, donde ella siente la mayor presión s****l y comienzan sus contracciones vaginales. Suheil siente su piel totalmente enchinada, estremecimientos fuertes, cosquillas intensas y ese placer que recorre todo su cuerpo desde abajo hasta arriba y junto a ello, el meneo de sus caderas. Octavio busca las explosiones sexuales de ella, que a él le producen inmenso placer. Otra relación más sin protección porque a los dos se les olvida, en todo caso, ya ninguno de los dos, se preocupa por esto. Una vez que los dos alcanzan el máximo placer y él se desborda en ella, jadeante, cansado, se dejó caer sobre Suheil, quedándose dormido sobre ella. Casi para amanecer, Suheil siente una fuerte presión en su pecho y se despertó ahogada, al querer moverse, se dio cuenta, que él se quedó dormido sobre ella. Para respirar, Suheil necesitó moverlo, pero no quería despertarlo, así que lo hizo muy sigilosamente, hasta que por fin lo logró. Se levantó y fue al baño a miccionar, regresando después, acostándose a un lado de él.  Suheil, lo observó, se ve tan tranquilo, relajado, bello, guapo, varonil. Está muy orgullosa de tener al lado a un lindo ejemplar masculino, solo que le preocupa que así él no lo busque, las mujeres siempre lo acecharan. Es un reto para cualquiera. Bueno, no le quedó más, que seguirlo poniendo en oración, para que el Señor le de sabiduría, inteligencia y prudencia, de esa manera evitará meterse en problemas con otras mujeres. Ella se volvió a acostar a su lado y se quedó dormida. Octavio, despertándose temprano, aun cuando era sábado, contempló a Suheil, dormida, tenía una sonrisa dibujada en su rostro, se veía angelical, bella, tierna y hasta frágil aunque no era así, porque ha demostrado tener temple y carácter para tomar decisiones. Y recordando lo de anoche, estaba muy complacido de la forma como lo recibió, cuando despertó, con una sonrisa. Otra, en su lugar estaría furiosa por haber salido de la empresa a una tasca. Ella no, ni cuando la llamó para avisarle donde estaba recibió algún reproche de parte de ella, todo los contrario, siempre pendiente que él esté bien. Esta definitivamente, es la prueba de oro que paso Suheil, demostrando a Octavio que es una gran mujer, nada celosa y por lo tanto, merece lo mejor. El, se levantó, se duchó y se vistió. Salió de la habitación directo a la cocina y preparó el desayuno. Así se dio cuenta que había cosas que faltaban, razón por la cual después del desayuno, saldrían al supermercado con Suheil a comprar. Al terminar de preparar los alimentos arregló la mesa y se dirigió a la habitación para despertar a su amada. Al entrar a la habitación, ella ya se había levantado, estaba en el baño duchándose y cantando; el sonriendo se dirige a este y se queda de pie, en todo el umbral de la puerta, contemplando el cuerpo desnudo de su mujer. Ella, sintiéndolo ahí, voltea con una enorme sonrisa en sus labios… -      Buenos días, mi amor -      El… buenísimos días, mami, -      Ella… ¿Cómo amaneciste? -      El… gracias a Dios y a ti, inmensamente feliz, -      Ella… me alegro mucho… yo me siento igual, vida -      El… me alegro también. Te venía a despertar, ya está listo el desayuno, -      Ella… ¡que rico! Mi amor, ya salgo… -      El… tranquila, te espero para que comamos juntos -      Ella… ok El salió de nuevo hacia la cocina y comenzó a servir. Asimismo comenzó a anotar lo que faltaba. Iba a hacer caso de la sugerencia de ella, en cuanto a bajar el consumo de comida chatarra, que lo que hacen es engordar, así que en la lista que estaba haciendo en su celular, de primero estaba la compra de frutas y verduras, proteínas y muy poco carbohidratos. Haciendo esto, llegó Suheil… quien comentó… -      ¡Que rico huele! -      El… espero que tenga sabor como el olor – diciendo esto, los dos sonrieron- -      Ella, acercándose a él y dándole un beso le dijo… gracias mi amor, estoy segura debe estar riquísimo. -      El, devolviendo el beso, le comenta… buen provecho amor. Al terminar de comer vamos al súper, falta mucha comida y necesito dejarte provisiones porque no voy a estar para salir a comprar lo que falte y no quiero que andes sola en la calle. -      Ella… como digas amor. Probando la comida y saboreandolo le dijo… está delicioso papi, -      El… me alegro te guste, te puedo asegurar que contiene mucho amor. -      Ella, sonriendo, se levantó de su silla y lo besó. Al terminar de comer, los dos salieron para hacer las compras. Ella feliz, dejó que él manejara su coche, así al entrar al estacionamiento del supermercado más cercano, Octavio se bajó, abrió la puerta del lado donde ella venía, la ayudó a salir y la tomó de las manos, entrando así al local. Él buscó un carrito y ella caminaba junto a él, los dos decidían lo que comprarían, pero especialmente suficientes frutas y verduras. En esto estuvieron aproximadamente una hora y algo más. Después del supermercado fueron al apartamento para acomodar la compra.
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