Octavio llegó al estacionamiento del edificio, donde está conviviendo con Suheil. Esperando el ascensor, al abrir las puertas del mismo se encuentra con una de las amigas de Karina que al parecer estaba de visita en el edificio. El reaccionando de inmediato, la saluda con un beso en la mejilla y se despide alegando que lo estaban esperando para una reunión. Solo que la chica se quedó observando las bolsas de comida que traía en una de las manos. Ella poco convencida de esto, sonríe y se despide, pues conoce lo mujeriego que ha sido siempre el novio de su amiga, solo que prefiere no meterse en asuntos de otros.
Y sin prestar mucha atención a la presencia de él, en el edificio, siguió hacia la salida. En todo caso, Octavio, marcó otro piso en el ascensor, para desviar la atención de la amiga de Karina, subió tres pisos más y luego bajó por las escaleras. Al llegar al apartamento de Suheil, se sentía mal, de tener que esconder lo que quería gritar a los cuatro vientos, que amaba a Suheil, que se sentía pleno y feliz con ella.
Al entrar, ella estaba sentada en el sofá, con su laptop en las piernas, trabajando. Apenas lo vio, se levantó corrió a su encuentro lo abrazó y lo beso. El todo emocionado hizo lo mismo. Luego él, colocó las delicatesen que había comprado sobre la mesa del comedor, para degustarlas con ellas después. Ella, preocupada por él, le preguntó ¿cómo te fue?
- El… en el trabajo magnífico, mi amor, pude cumplir las metas, pero estaba loco por terminar esta semana, aunque las que vienen serán de mucho ajetreo porque debo recorrer todas las sucursales. Comenzaré este lunes 01 de noviembre y terminó finalizando el mes. Hice todos los arreglos para no quedarme más allá de dos días en cada sucursal. Me llevaré a mi secretaria.
- Suheil, dando un voto de confianza, le comentó… solo te pido que te cuides
- El… sí mami, cuenta con eso. Ven vamos para que pruebes lo que te traje,
- Ella… gracias mi amor, por pensar siempre en mí.
- El… estas dentro de mí, mi vida.
- Ella… ¿Cuándo viajas exactamente?
- El… el otro lunes, estaré ese y el día siguiente en Coro y Punto Fijo.
- Ella… ¡ah! ok, pensé que viajarías este lunes.
- El… no, el otro. Esta semana visitaré las distintas oficinas que tenemos dentro del mismo estado.
- Ella… ok. Te debo preparar maleta, dime que ropa usarás, calzados y sobre todo los equipos de seguridad que debes llevar…
- El… tienes razón mami, esta semana, pido todo mi equipo para que lo ordenes. Gracias mi vida.
Octavio, abrazándola y dándole de comer directamente de su boca a la de ella, disfruta esta intimidad. Sin soltarla, busca el control, enciende el equipo de música y deja sonar música romántica, que le permita bailar abrazado totalmente a ella. Mientras baila, acaricia muy suavemente con sus manos a Suheil, pegándose más a su cuerpo, para que lo sienta y vibre con él.
- Octavio… susurra el nombre de ella “Suheil, Suheil”
- Ella… si mi amor…
- El… te amo, te deseo y te has metido muy dentro de mí, sin aviso, sin protesto y sin hacer ruido, lo hiciste muy silenciosamente… El pasa suavemente su lengua por el labio inferior de ella, dando mordiscos y después succionando.
- Ella… devolviendo cada caricia, siente un estremecimiento fuerte en todo su cuerpo, que casi no puede controlar.
- Octavio, la levanta y se acomoda en el sofá cama con ella, la sienta sobre sus piernas, de frente a él, continuando con sus caricias o torturas porque parece estar concentrado sólo en ese acto y ella está a punto de explotar del deseo que está sintiendo.
- Ella… mi amor, por favor, hazme tuya, anda. Ella comienza a desnudarlo, quitándole la camisa y mordiendo suavemente su fuerte y poderoso pecho.
- El… te deseo mi vida, me traes loco. Ahora es el, quien levantando su blusa, le desnuda el torso y bajando su boca hacia los senos de Suheil los acaricia con mucha ternura y delicadeza. Ella está a punto de gritar del placer que está experimentando. Pero, en ese momento del intenso deseo y pasión que su cuerpo experimenta, corren lágrimas por sus mejillas, que él, trata de detener, lamiéndose directamente de su rostro.
- Ella… por fa mi amor, no me hagas esperar más. El sintiendo la respiración alterada e irregular de ella, la toma nuevamente en sus brazos, entra con ella a su habitación, quitándole el resto de la ropa, luego se desnuda él y acostándose sobre ella, la hace temblar y estremecerse como nunca antes.
- El, susurrando al oído de ella, le dice… dime si te gusta así…
- Ella… si mi amor, sigue así. Suheil sentía que estaba bailando una danza árabe, del movimiento pélvico que emitía su genital.
- Él… quien estaba como adicto a su cuerpo y a su forma de hacer el amor, no podía ya controlar todo lo que estaba experimentando y le dio rienda suelta a su pasión y deseo por ella, llevándola a niveles máximos de satisfacción, dicha, gozo, plenitud. Disfrutando de cada orgasmo que Suheil experimentaba y el cual el sentía a plenitud como si fuera su propio cuerpo el que lo estaba viviendo.
Ella… gritó, gimió, lloró. Fueron tantas y tantas emociones que Octavio grabó en su mente este acto de amor, como el máximo; sin lugar a dudas, fue una entrega extraordinaria, intensa y espectacular. Seguro estaba esto nunca lo olvidaría. Suheil, lo estaba convirtiendo en un adicto a ella. Y esto le gustó…
Una vez que los dos alcanzan el clímax, entrelazados, se quedan por unos minutos en silencio en la cama, escuchando solo la respiración del otro. Experimentando la sensación extraordinaria del contacto de una piel con la otra, el roce, percibiendo su olor y fragancia. Octavio, enterrando su cabeza en el cabello de Suheil piensa que realmente tocó el cielo. Nunca había experimentado algo así. Aun cuando el, ha estado con un gran número de mujeres, de distintas edades, cuerpos y rostros, es la primera vez que siente así, inmensamente feliz…
- Ella, buscando su boca para besarlo, disfruto la humedad de los labios de él y sintiéndose flotar, le dijo… ¿Qué me hiciste? Estoy como si hubiera perdido la consciencia por algunos minutos…
- El… yo estoy experimentando lo mismo… no quiero separarme ni un segundo de ti, no puedo, tesoro mío.
- Ella… así cuando tengas ganas de hacer el amor, solo lo podrás hacer conmigo, porque soy con quien experimentar esa plenitud, calma y tranquilidad.
- El… me tienes a tus pies.
- Ella… no mi amor, así no, te quiero a mi mismo nivel y los dos sonrieron.
- El… tú eres una mujer justa Suheil. Cada día te amo y te admiro más.
- Ella… gracias mi vida. Estoy experimentado lo mismo por ti. Me fascina esa posición que has asumido de defender nuestros sentimientos por encima de todo, pero con sentido común.
- El… sí, algo que realmente no había puesto en práctica en toda mi vida hasta ahora que apareciste tú. ¿Tienes mucho qué hacer este fin de semana?
- Ella… no ¿Por qué? ¿Qué me propondrías?
- El… vámonos para una playa, alquilamos una cabaña y pasamos este fin de semana juntos.
- Ella… me encanta la idea. Pero, saldremos después que nos equipemos ¿estamos?
- El… totalmente de acuerdo. Vamos a una isla cercana. Quiero disfrutar una noche de amor con fogata contigo.
- Ella, mordiendo sus labios, comenta… me parece extraordinario. Entonces, vamos a dormir temprano, para que nos dé tiempo a salir, antes que se ponga muy fuerte el sol.
- El… nos vamos en mi coche y lo dejamos en el puerto.
- Ella… como quieras mi vida. Recuérdame comprar protector solar que no tengo.
- El… muy importante eso. Vamos a recoger todo, para que amanezca todo en orden.
- Ella… asintiendo con la cabeza, eso es correcto. Vamos
Los dos se levantaron, limpiaron el desastre que hicieron en el comedor cuando empezaron a amarse, ordenaron la cocina y el comedor. El secó todo lo que ella lavó y luego lo guardo. Revisaron para saber que tenían sobre todo para comer en el camino, porque él, le propuso no cocinar ni hacer nada, iban a tomarse el fin de semana para descansar, por lo tanto comerían en la calle, salvo en el viaje, que como son casi dos horas, les provocará picar o comer algo.
Mientras, esa misma noche en la casa de Marie, su marido emocionado está esperando el resultado de la prueba de embarazo. Ella sonriendo, le entrega la prueba, el resultado lo dará en uno o dos minutos. Leo, está ligando sea positivo y que aparezcan las dos rayitas. Ella subió a la recamara a bañarse y cambiarse para bajar a cenar.
- Una vez que terminó el baño, salió envuelva en una toalla y consigue en la cama a Leo acostado. Ella observándolo, le preguntó… ¿Qué paso mi vida?
- El… nada, dio negativo.
- Ella… lo supuse, porque tengo las molestias de cuando me va a bajar la menstruación. Sabes, en todos estos meses no sentí ningún malestar para que me bajara la menstruación; ahora los vuelvo a sentir. Ella mirándolo con ojos de picardías y acercándose a él, totalmente desnuda, le recuerda, tú sabes cómo quitármelos.
- El, sonriendo y volviendo a disfrutar que a ella le guste hacer el amor con él, le comenta… soy tu esclavo, haz conmigo lo que quieres.
- Ella, quitándose totalmente la toalla, se sienta sobre él y comienza a seducirlo. Pidiéndole que la ame…
- El, solo respondió… ya te amo, vida.
Leo, feliz de sentirse deseado por ella, tomó las riendas de este acto, si bien es cierto que ella sabe cómo excitar, cuando está así, a ella le gusta que sea él quien haga y la conduzca a disfrutar las delicias de hacer el amor, sobre todo cuando ella tiene tantas ganas. El haciendo derroche de todas sus habilidades llevó a su mujer a tocar el cielo con las mismas manos, a través de besos, caricias y del mismo coito.
El, la acarició todas desde los pies hasta la cabeza; haciéndola sentir fuertes emociones, contracciones uterinas y vaginales, llegando ella a alcanzar varios orgasmos que la ayudan a liberar la tensión y a la larga, reducen el dolor menstrual. Él totalmente complacido con las emociones experimentadas por ella y para no prolongar más, esta sensación poderosa de placer físico y sensaciones, que incluyen la descarga de la tensión erótica acumulada en su cuerpo, experimenta su orgasmo y logra la eyaculación.
Finalmente, los dos en completa calma y paz, hablan sobre lo ocurrido el día anterior…
- El… si no era porque estabas embarazada, que te llevó a rechazarme ayer…
- Ella… no sé, de repente mi cuerpo ayer no estaba dispuesto, fue un día muy pesado, donde hubo mucho trabajo, además que mi jefe que me dijo que viajaría con él por asuntos de trabajo. Sinceramente no quiero salir de mi zona de confort, el pudiera buscar en cada sucursal una persona que lo apoye, sin necesidad de movilizarme yo.
- El… ¿eso te preocupa? listo mami, ya está resuelto. Mañana temprano hablo con Regino y le voy a pedir que hable con tu jefe para que no te obligue a ir.
- Ella… ¿harías eso por mí?
- El… eso y mas
Marie tenía miedo a viajar sola con Octavio, porque se estaba sintiendo demasiado atraída por él. Para evitar hacer algo, de lo que luego se arrepentiría toda su vida, prefirió valerse de la influencia que tenía a través de su esposo con el presidente de la compañía, para no viajar con él, sin importarle lo que piense él. En todo caso, siempre se justificaría con la salud de su esposo.
Al día siguiente, sábado en la mañana Karina se levantó temprano para sorprender a Octavio, preparó un bolso con toalla, traje de baño y ropa playera para invitarlo a pasar el día en la piscina del hotel que a él tanto le fascinaba. Sus padres, le recomendaron llamarlo para saber si él podía o no ir, que recordará estaba muy ocupado con su trabajo. Ella alegando que era sábado e ignorando las recomendaciones de sus padres, salió en su búsqueda.
Al llegar a la casa de Octavio, pudo observar que su vehículo no estaba, le costaba creer que hubiese salido tan temprano. Ella se bajó y tocando el timbre con insistencia, esperó le abrieran. Los padres de Octavio salieron a recibirla y a hablar con ella…
- Buenos días Karina
- Buenos días señor Javier, buenos días señora María ¿cómo amanecen?
- Papá de Octavio… bien gracias a Dios, abriendo el portón para que ella entrara.
- Mamá de Octavio… bien, Karina, que extraño verte por aquí tan temprano,
- Ella… es que vine a buscar a Octavio para que pasemos el día junto.
- Papá… Octavio no está, salió muy temprano de viaje por asuntos de trabajo.
- Ella… lo estoy llamando desde ayer pero su celular me sale apagado o que no puede ser localizado.
- Papá… así nos pasa a nosotros aquí la mayoría de las veces cuando queremos comunicarnos con él.
- Ella… por casualidad sabe ¿para dónde fue?
- Papá… no, no me dijo, solo que debía viajar hoy temprano, que lo más seguro es que llegue mañana en la tarde o en la noche, él no tenía la certeza de la hora que regresaría.
- Ella… ¿no le parece extraño, que siendo gerente, tenga que trabajar hasta sus fines de semanas?
- Papá… no, al contrario, precisamente por ser un cargo de Dirección y confianza debe estar disponible las 24 horas del día. Debe justificar lo que le están pagando.
- Ella… ah, qué bien, por esa parte me alegro mucho por él. Pero por la otra no, porque no tiene vida social, está como esclavo desde que asumió esa gerencia.
- Papá… todo éxito y triunfo tiene una cuota de sacrificio, esa es la que está pagando Octavio.
- Ella… bueno si llega a hablar con usted, dígale por favor que lo estuve buscando, que apenas pueda me llame, que le tengo un mensaje de parte de mi padre. Usted sabe, que ellos se la llevan muy bien.
- Papá… si lo sé, Octavio me ha contado, siente mucho cariño y respeto por tu papá.
- Ella, demostrando una calma y tranquilidad que estaba muy lejos de realmente sentir, se despidió de los dos, con un beso y deseándoles feliz día.
Los padres de Octavio entraron a la casa y se sentían un poco culpables por mentir, pero no podían dejar solo a su hijo en esta situación que estaba viviendo y que los dos reconocían, el mismo se había buscado, por ser tan mujeriego. Era un excelente hijo, responsable, colaborador, atento con ellos, respetuoso, pero lamentablemente había salido muy débil ante el sexo femenino, por eso, estaba viviendo esta situación que tanto les preocupa.
Karina totalmente enfurecida, llegó a su casa tirando todo, su madre, preocupada por esta conducta de su hija, se acerca para calmarla, de tal manera que su papá no se entere. Ella llorando le explica lo que le acaba de pasar y que Octavio supuestamente salió de viaje por asuntos de trabajo, pero que ella no creía eso.
- Su madre… hija, ten dignidad
- Ella… estoy precisamente batallando para recuperar mi dignidad
- Su madre… pero es que te has aferrado a ese hombre, como si fuera el único en el mundo.
- Ella… porque es el hombre que amo, a quien le entregué mi cuerpo, mi pureza, todo mami… llorando de rabia,
- Su madre… baja la voz que tu padre te puede escuchar y eso si será peor
- Ella… ya no me interesa si mi padre se entera, que lo obligue a que se case conmigo,
- Su madre… recuerda que eres una mujer de 27 años, no hay forma ni manera de obligar a Octavio a casarse contigo.
- Ella… si, si hay, estuve buscando información, si yo digo que él me hizo suya cuando era menor de edad, va a tener dos opciones o se casa conmigo u va preso. Obviamente, él va a preferir casarse…
- Su madre… y ¿si no es así?
- Ella… lo conozco mami, sé que él no querrá perder lo que le ha costado tanto alcanzar. Eso le afectará y preferirá casarse conmigo.
- Su madre… hija, te das cuenta lo que dices. Eso significa que no se casará contigo por amor sino por obligación, eso no es bueno, serán desgraciados los dos.
- Ella… prefiero eso… a perderlo
- Su madre… estas encaprichada Karina y eso no te conduce a nada bueno, por favor reflexiona. Sal con tus amigas, diviértete, conoce otros hombres, ten amigos, deja de pensar que todo tu mundo gira en torno a este hombre, por Dios hija reflexiona…
- Ella, levantando fuertemente la voz, fuera de sí, y corriendo hacia su habitación, le grita a su madre, contra la voluntad de todos, lograré que se case conmigo, como que me llamo Karina…
- Su madre, llevándose la mano hacia su frente y haciendo un gesto de negación con la cabeza, no hallaba cómo hacer que su hija entrara en razón. Era una locura lo que estaba pensado hacer. Ella sabía, que su esposo no apoyaría a Karina, en esta barbaridad que pretendía hacer, en contra de Octavio, poniendo su reputación y dignidad por el piso.
Mientras, en el apartamento de Suheil, ella y Octavio se están preparando para salir a una isla cercana y pasar un fin de semana distinto, donde pudieran dejar de lado las preocupaciones de la semana anterior. El, orgulloso de su mujer, contemplaba el perfecto cuerpo que se evidenciaba a través de ese minúsculo traje de baño, de dos piezas, que llevaba puesto y sobre el cual se colocó un short blanco que resaltaba sus gruesas y torneadas piernas, junto con una blusa sin mangas, del mismo color y sus respectivos tenis.
Él también se veía muy guapo con sus bermudas, franelilla de caballero y tenis blancos, combinando totalmente con el vestuario de Suheil. Los dos con gorras y lentes oscuros para protegerse del sol. Salieron rumbo al puerto donde dejarían el vehículo y tomarían la lancha. Los dos disfrutaron del viaje en el Catamarán. Octavio abrazaba a Suheil, protegiéndola de los mirones indeseables…
- Ella, rodeada totalmente por los fuertes brazos de Octavio, comenta… me fascina sentirme protegida así por ti, me siento segura,
- El… hay unos cuantos mirones aquí que te juro desearía desaparecer, y yo en mi vida he sentido esto…
- Ella, sonriendo y con una dulce mirada a sus ojos, le contesta… me encanta que sea yo quien te haga experimentar tantas emociones por primera vez, recuerda que así me dijiste anoche.
- El, olvidándose del entorno y concentrándose en ella, le responde con voz baja y muy pegado a su oído… te lo juro que es cierto, Suheil, nunca antes había sentido rabia de que miren a la mujer con quien ando. En este instante, lo estoy sintiendo…
- Ella… vida eso se llama “celos”, haciendo el gesto de las comillas con sus respectivas manos.
- El… la besa apasionadamente, apretándola aún más a su cuerpo.
Llegaron a la orilla de la isla, donde se bajaron, con otros turistas que también iban en el Catamarán. Entre ellos mismos se presentaron y contrataron entre todos a un guía turístico para que les guiará en el recorrido de la isla e incluso en cuanto al alojamiento.
Ese sábado los dos recorrieron con el grupo casi toda la isla. En la tarde ya para caer la noche, fueron llevados a posadas para que se hospedaran. Octavio para cumplir el sueño con Suheil de tener una noche de amor a la luz de la luna, a orillas de la playa, escogió la posada cuyos balcones daban a la playa. Aquí podían incluso contratar grupos de música, con cantantes en vivo, que les acompañarán mientras cenaban.
Octavio y Suheil, esa noche, después de la cena, junto con algunas parejas de turistas que había en la isla, hicieron una gran fogata a la orilla de la playa, compartieron una botella de whisky y contrataron un grupo de música quienes cantaron las canciones que ellos pedían. Los dos sentados sobre una toalla, en traje de baños, descalzos y brindando por esta felicidad que se abría ante ellos, disfrutaron de la compañía de todas esas personas, cantaron, bailaron y ya siendo bien entrada la madrugada, se retiraron, a su posada.
Octavio abrió la puerta del balcón para que entrara la brisa y el ruido del mar, los dos sentados en unas sillas plegables que ahí había, comenzaron a amarse y a entregarse plenamente. Él la pudo amar a la luz de una luna inmensa y un cielo totalmente estrellado, para él como para ella, esto fue lo máximo, prolongaron en el tiempo esta entrega y esta unión de sus cuerpos…
- Octavio, relajado y en total calma, le pregunta… ¿Cómo te sientes mami?
- Ella… feliz, mi amor, ha sido un paseo extraordinario, me gustó mucho, Además, no conocía para nada la isla y es muy bella
- El… sí, tienes razón es muy bella la isla. Espero pronto llevarte a otra, para que así podamos ir conociendo las dependencias federales de nuestro país.
- Ella… sí, mi amor, estoy encantada y claro que te acompaño hasta donde tú quieras.
- El… siento una paz extraordinaria. Ven, duerme entre mis brazos.
- Ella… con gusto mi vida, no te imaginas lo feliz que me hace dormir segura entre tus brazos.
- Él… y a mí me fascina sentir tu olor, tu piel, el contacto contigo, me da vitalidad, energía y plenitud.
- Ella, buscando con su boca, los labios de él, lo besa y lo acaricia. Así se fueron quedando dormidos los dos.
Al día siguiente, se levantaron bien temprano y siguieron el recorrido después del desayuno, porque esta vez debían zarpar temprano antes de las cuatro de la tarde. Visitaron templos, castillos y monumentos históricos. Hasta que a las tres y treinta de la tarde, culminó su paseo, pues llegó, el Catamarán que venía por ellos. Todos iban hasta el puerto, donde retirarían sus vehículos. Aquí sí se despidieron del resto de los pasajeros y salieron directamente, no al apartamento sino a la casa de los padres de Octavio. Ella un poco nerviosa, le preguntó…
- ¿Estás seguro mi vida, es lo que quieres hacer…?
- El… si mi reina, es hora de que mis padres te conozcan y sepan con quién estoy viviendo.
- Ella… ok. Te soy sincera, tengo un poquito de susto…
- El… ¿Por qué? Mis padres saben de ti, les he hablado mucho de ti y ya es hora que te conozcan.
- Ella… Ok. Confío en no defraudarte.
- El… seguro que no.
Octavio abrió el portón con su control, metió su coche, pues no quería correr riesgos con Karina y proteger a Suheil. Al entrar, sus padres salen a recibirlo y se quedan asombrados de lo jovencita que es ella, además de hermosa. Ella cargaba puesta una braga enteriza pero corta, de color blanco y rosado que hacía juego con la vestimenta de Octavio, además, estaba calzada con un par de tenis blanco, que le hacía ver más baja de estatura.
- Papá, mamá, les presento a mi mujer, mi novia y futura madre de mis hijos, Suheil Camargo
- Ella… mucho gusto, señor
- Papá de Octavio… el gusto es mío jovencita, es usted una mujer muy bella
- Ella… gracias. Y saludando con la mano a la mama de Octavio, le dijo… mucho gusto señora.
- Mamá de Octavio… para mí es un placer y se acerca a ella y le da un beso en la mejilla. Agregando, eres muy bella y joven.
- Ella… gracias.
- Octavio… ven mi amor, vamos para que conozcas a mis hermanos, dirigiéndose a su padres, les preguntó… ¿están aquí?
- Papá… si, están viendo una película.
- El… entonces vamos.
Al llegar a la sala de estar íntimo, donde está la televisión, Octavio, saludando a sus hermanos, les comenta…
- Javier, Argenis y Ricky, les presento a Suheil.
- Ellos, explayando sus ojos y levantando las cejas, totalmente asombrados de que su hermano hubiese llevado ya a la casa, a otra mujer sin haber terminado con Karina, le dicen…
- Javier… mucho gusto Suheil,
- Ella… el gusto es mío. Luego,
- Argenis, extendiendo su mano, le dice… es realmente un placer conocerte.
- Ella… lo mismo digo, dándole la mano y finalmente…
- Ricky… es un placer Suheil.
- Ella… lo mismo digo…
Al hacer las presentaciones, Octavio invita a Suheil para que conozca su habitación y la conduce hasta allá, no sin antes pedirle a su mamá que por favor, le traiga agua a Suheil. Su mama de inmediato va hasta la cocina, busca un vaso, vierte el agua y lleva el vaso a la joven.
Los dos se dirigen a la habitación de él, donde ella se relaja cómoda, mientras él, busca algunas cosas que necesita para llevarse al apartamento, introduce todo en un bolso y saca las cosas hacia su coche. Una vez que termina, toma de la mano a Suheil y le pide despedirse, para irse al apartamento.
Ellos se despiden de todos, Octavio la ayuda a montar en el coche, cierra la puerta, da la vuelta y se monta en su puesto. Justo en el momento que sale por el portón en su coche, Karina entra por el portón pequeño para saber si Octavio ya llegó. Ella no se dio cuenta que él iba saliendo porque la entrada del portón pequeño de la casa al porche de la misma, es cerrado como especie de túnel y por eso no vio al carro salir.
Octavio si se percata, al salir, que ella iba llegando. El arranco despacio, para que no pudiera escuchar el ruido de su auto y hacer un escándalo ahí. Suheil también observó que algo pasaba, pero no quiso preguntar, porque siempre él le comentaba. Y así Octavio y Suheil disfrutaron de su primera salida, como pareja.