Capítulo 14. Un nuevo hogar…

4713 Palabras
Octavio una vez que terminó de hablar con su madre, la ayudó a servir y almorzó con ella. Luego, fue a su habitación, buscó parte de su ropa, la sacó y la colocó sobre la cama junto con su maleta. Su mamá lo ayudó a acomodar su ropa, e incluso hubo alguna que el sacó en sus mismos ganchos de ropa, para que no se arrugara. Finalmente, la llevó hasta su vehículo el cual estaba estacionado al frente de la casa. Karina desde lejos observaba como él sacó la maleta y la metió en la cajuela de su carro, así como la ropa que llevaba en gancho, lo cual llamo más su atención, porque al principio pensó que se iría de viaje, pero al ver la ropa en gancho, de inmediato dedujo que se estaba yendo de la casa. Esto la enojó más, porque estaba segura, Octavio tenía alguna mujer y su propia madre lo estaba apoyando. Ella comenzó a seguir a Octavio, quien fue directamente para la empresa. Él no se dio cuenta que lo seguían. Llegó directamente al estacionamiento, se bajó y subió a su oficina. Saludó a Marie, a quien llamó, le dictó algunas cosas que tenía pendiente, las cuales necesitaba para el día siguiente. Siendo las cuatro de la tarde, Octavio llamó a Andreina… -      Ella…discúlpame Octavio, pero todavía no me he desocupado, aun ando en la calle, estoy haciendo un trabajo a uno de los accionistas, resolviendo un problema personal de él. Te aseguro que mañana temprano apenas llegue voy a tu oficina. -      Él… gracias Andreina, porque me urge consultarte algo. -      Ella… mira si es algo muy urgente, aunque sea en la noche nos vemos en alguna parte y conversamos ¿te parece? -      El… tranquila, no es tan urgente, mañana conversamos. Una vez que colgó, llamó al presidente para informarle que tenía algo personal muy urgente que hacer, que se iba a retirar en ese momento de la empresa. Este le contestó, no tengo nada pendiente contigo, te puedes retirar y ya sabes si tienes algún problema y necesitas ayuda, aquí tienes un amigo. Octavio se alegró mucho de estas palabras y se las agradeció enormemente. Karina, quien lo había seguido, se retiró para su casa, con la intención de volver a la hora de salida de él. Octavio, llamo a Suheil, para informarle que ya salía para el apartamento. Ella, con un día muy ocupado en el trabajo, sabía que no debía dejarlo ahora cuando más la necesita, así que recogió todo lo estaba haciendo y se lo llevó a su coche, que en el apartamento sacaría tiempo de donde sea, para terminarlo. Los dos llegan simultáneamente al edificio y cuando se ven, sonríen. Al bajarse ella de su vehículo con todas sus cosas en las manos, él le comentó, en bromas… -      Pensé… que me ayudarías, -      Ella ¿en qué vida? Y los dos se besan, -      El con un gesto de su mano le muestra la parte trasera de su coche, estaba full de casi toda su ropa, me traje gran parte de mi ropa...  mirándola fijamente y con una amplia sonrisa en su boca, le preguntó... ¿hay algún problema? -      Ella, feliz y sonriente, le responde… ninguno mi amor, bienvenido a tu nuevo hogar y lo besa. -      El… gracias mi reina. -      Ella… déjame subir y entre los dos, subimos todos ¿te parece? -      El… ok. Ella subió toda emocionada hacia el apartamento, dejó sus cosas y bajó a ayudarlo. Iba en el ascensor con ganas inmensas de llorar, pero de felicidad, porque él se mudó a vivir con ella. Ella se persignó y pidió a Dios los guiará mucho en esta nueva dirección que su vida estaba tomando. Al bajar, ya él estaba esperándola, entre los dos subieron la ropa, calzados y la maleta que él había traído, aunque no trajo todo. Todo los pusieron sobre la cama y ella empezó a hacer espacio en su closet para que el pueda acomodar sus cosas. Así estuvieron aproximadamente tres horas, charlando y organizando todo. El llamó y pidió dos pizzas, para la cena. Octavio mientras esperaban la comida, le contó todo a Suheil. Ella estuvo de acuerdo que fue lo mejor, para evitar, la denuncia, pero le recordó que debe actuar rápido buscando asesoría legal de inmediato. Él le comentó lo que hablo con la abogada de la empresa y que al día siguiente temprano hablaría con ella Dios mediante. Suheil, como creyente fiel que era en Dios,  le comenzó a hablar de Él a Octavio y de cómo debía ponerlo todo en sus manos, pidiendo perdón por las veces que le ha fallado, agradeciendo lo que aún no ha visto y comprometiéndose a ser cada día mejor. Octavio, la escuchó atentamente y desde ese momento, comenzó a buscar más la presencia de Dios en su vida, para que le guiará y le ayudé a encontrar la solución a esto que estaba viviendo. Al rato, llegó el joven con las pizzas, dejaron todo y comieron, antes que se enfriaran. Esa noche, terminaron tarde de organizar, se ducharon y se acostaron, cansados los dos, con nuevos planes de vida juntos. Por su parte, Karina había ido cerca de las seis de la tarde a la empresa, para esperar que Octavio saliera y poderlo seguir. Ella estuvo más de una hora esperando, hasta que ya siendo las siete de la noche harta y desesperada de esperar, se acerca al vigilante y le preguntó… -      Buenas noches, señor -      El vigilante… buenas noches señorita ¿Qué desea? -      Ella… ¿ya todo el personal que labora en la empresa se retiró? -      El vigilante… sí. -      Ella… ¿está seguro? Busco al gerente de seguridad, Octavio Abreu. -      El vigilante… si señorita, él se retiró desde temprano. -      Ella, frunciendo las cejas y apretando fuertemente los puños. Se retiró de la entrada y caminó hacia la esquina del lado izquierdo donde había dejado su coche estacionado. Subió a su vehículo, hecha una fiera y empezó a llamar a Octavio, quien no le respondió. Él había decidido esa tarde bloquear el número de ella. Karina, llegó a su casa, totalmente enfurecida, pues se sintió nuevamente burlada por Octavio, quien además, no le respondió cuando ella lo llamó al celular. En todo caso, ella no se daría por vencida e igual lo seguiría vigilando. Pero ahora, la rabia no solo era contra él, sino contra su madre quien lo estaba alcahueteando en la nueva aventura que tenía. Ella, al entrar a su casa, subió para hablar con su mamá, necesitaba contar con el apoyo total y absoluto de ella, para de alguna manera obligar a Octavio que se case, porque su padre, tendía a favorecer más a Octavio. Al hablar con su madre, le explicó lo que hablo con él y lo que luego vio, como la madre de él, lo ayudó a irse de la casa, porque llevaba maleta y ropa en gancho, lo cual demuestra que no se iba de viaje sino que se estaba mudando para alguna parte.   En tanto, Marie esa noche en su casa, estaba muy distraída, por más que quiso no prestar atención a la conducta de su jefe, estaba muy intrigada por conocer la mujer que supuestamente lo había atrapado al parecer de forma definitiva. Esa tarde Octavio antes de irse, le dijo que cuando llamara Karina, no le pasara la llamada que le invente cualquier excusa. -      Su marido observándola totalmente abstraída, se acerca poco a poco a ella y le pregunta... ¿Qué te pasa mi niña? -      Ella… nada mi amor, pensando en algunas cosas que no pude terminar hoy y me quedaron pendiente para mañana. -      El… ven, no te preocupes por asuntos del trabajo, vamos a disfrutar nuestra compañía. ¿Quieres ir a algún lugar en especial? -      Ella… como hemos cambiado, antes me volvía loca por salir contigo. Ahora me fascina y prefiero la quietud de mi hogar, estar en tu compañía, y disfrutar de ti. -      El… eso significa que no quieres salir, sino simplemente estar a mi lado, entonces ven, vamos a ver alguna película que nos guste a los dos ¿Cuál prefieres? -      Ella… una de las nuevas que compraste cuando veníamos de La Puerta. -      El… tienes razón, mi vida no recordaba que habíamos comprado varias películas, las cuales no hemos visto. Marie comprendiendo que no debe exponerse a que su marido se dé cuenta en quien está pensando, se cambió de mueble y se sentó en el sofá grande, donde los dos incluso podían acostarse a ver TV. Esa noche ella necesitaba que su marido le hiciera el amor como nunca para dejar de pensar en Octavio.   Ella, sentada a su lado escogió la película que vería, una de romance, que incluso la hizo llorar por lo sensible que se encontraba, posiblemente por lo que le estaba sucediendo con su jefe. Leo, al observar sus lágrimas, le preguntó… -      ¿Qué paso mi amor? -      Ella… me afectó la situación que vivió la protagonista, -      El… no te creas que a mí también me emocionó, pero no estoy tan sensible como tú. De repente, pensando que la mujer embarazada se vuelve muy sensible, le preguntó… ¿mami, será que estás embarazada? -      Marie, riéndose… ¿tan rápido? No creo mi vida. -      El… si quieres busco test para hacer pruebas de embarazo… -      Ella… no mi vida, no siento nada, además aun no estoy en la fecha que me debe venir mi periodo. Ella sonriendo, no nos obsesionemos, dejemos que todo fluya. -      El… tienes razón. -      Ella… simplemente, que de repente me metí tanto en la película que experimenté las emociones. -      El… ¿te imaginas, risas, llantos y gritos de niños en esta mansión tan callada, silenciosa? -      Ella… si, sería extraordinario. -      El… yo sé que me dijiste que no lo querías hacer como una tarea, pero no te parece que mientras hacemos la tarea disfrutamos el uno del otro. -      Ella, sonriendo… amame aquí… -      El… donde tú quieras. El levantándose de su asiento, paso seguro a la puerta y se concentró en ella, quien al parecer no estaba en su mejor momento, razón por la cual, a pesar de los esfuerzos hecho por él, no logro excitarla lo suficiente y se detuvo, porque la observaba algo distante, fría y apática con él. Esto sí preocupó a Leo y le preguntó... -      ¿Qué pasa Marie? -      Ella… no se mi amor, te juro que deseaba me hicieras el amor, cuando estaba viendo la película, pero ahora, no sé qué me pasa. Disculpame, por favor, se levantó del sofá y subió corriendo las escaleras hacia la recamara nupcial. El, se quedó muy pensativo y preocupado porque no entendía. Ella siempre ha sido una mujer ardiente, apasionada y que le fascina hacer el amor. Antes de enfermarse, ella le hacía el amor tres veces al día. Leonardo, no subió a la habitación, la dejaría sola, para que ella misma descubra que le está pasando. El confía en ella y sabe que ella sea lo que sea, al descubrir lo que le pasa, se lo comunicará a él. Esa noche, Marie bajó al comedor, más tranquila, sabía que debía dar explicaciones a Leo sobre lo que le paso. Aprovechando la primera idea que el planteo, se apoyaría en ella para buscar una salida al menos por hoy a esto que le está pasando. Se arregló como a su esposo le gusta y bajó a buscarlo. -      El aún en la sala de estar, al verla llegar, la observó en silencio y después le preguntó… ¿te pasó mami, lo que tenías? -      Ella… creo que sí. Por favor amor, busca mañana temprano pruebas de embarazo para salir de dudas… -      El, emocionado por esto, se levantó y caminó hacia donde ella está, abrazándola fuertemente y comentó… sería lo máximo mami, que lo hubiésemos conseguido tan rápido. -      Ella… pero no toleraría seguir así. -      El… vamos a esperar, en la mañana temprano busco la prueba. -      Ella… dale mi amor. Vamos a cenar. -      El… sí. ¿tienes algún otro síntoma? -      Ella… no. Los dos se sentaron en el comedor, cenaron y luego subieron a la recamara principal, Leo durmió con ella, pero no quiso insistir en hacerle el amor, no obstante, ella durmió totalmente en sus brazos y con muchos sentimientos de culpa. Porque aun cuando no lo ha traicionado con alguien durante estos cinco años de matrimonios, se siente infiel ante él, por los pensamientos que Octavio despierta en ella. Leo, algo preocupado por el rechazo de ella esa noche, sacudió de su mente todo pensamiento que pudiera ofenderla, porque estaba seguro del amor que ella sentía por él. Había recibido muestras de esto, durante este periodo de convalecencia, cuando ella se había dedicado en cuerpo y alma para que él se recuperara totalmente.  Así que acariciando el vientre de ella, pensando que pudiera ser su propio hijo, quien la hace rechazarlo, se durmió feliz.   Al día siguiente, Octavio, iniciando una nueva vida junto a su compañera sentimental Suheil, se levanta junto a ella, se duchan y antes de vestirse, se entregan a los ricos placeres que brinda este amor que está empezando a germinar en su corazón, porque para ella, ya hace rato germinó. Los dos satisfechos y plenos, se visten, preparan sus desayunos y salen a sus respectivos trabajos. Octavio al llegar a su lugar de trabajo, muestra un rostro lleno de alegría y felicidad, pareciera estar viviendo el amor a plenitud. Marie, quien también llegaba en ese momento, lo observó detenidamente desde su vehículo, tratando que él no se dé cuenta del escrutinio al que estaba siendo sometido, por parte de ella. Al bajarse los dos de sus vehículos, se encuentran camino a la entrada para subir a los ascensores. Esta vez, solo estaban ellos dos. -      El… buenos días Marie ¿Cómo amaneciste? -      Ella… muy bien, aunque no tan excelente como tú, tienes un rostro de plenitud que no te lo quita nadie… -      El… de repente es que me siento así, pleno totalmente. -      Ella… me alegro por ti. Tu rostro ha cambiado mucho de unos días para acá, al parecer te está yendo muy bien.  -      El… si gracias a Dios. Espero me siga yendo mejor. Al llegar al piso, donde tienen su oficina, se observa poco personal. Octavio caminó directamente a su oficina y le recordó a Marie, que la próxima semana se dictarán unas charlas relacionadas con las nuevas normas de seguridad que se implementaran en la Corporación y las cuales deben ser conocidas por todos. Así que ella, trabajaría directamente con él, en este evento. -      Marie… ¿Cuándo iniciamos exactamente? -      Octavio… el lunes de la próxima semana y tú me acompañaras, incluso en las distintas sucursales que visitaremos. -      Marie… ok. ¿Debemos preparar algo en especial? -      El… si, trípticos, afiches, volantes, publicaciones en las páginas de intranet de la empresa, correos, entre otros. -      Ella… ¿y la información, de cada uno? -      El… ya lo estoy trabajando con el personal de mercadeo de la empresa. Hoy deben entregarme todo listo para que el lunes tengamos todo el material para la publicidad. -      Ella… ¿si quieres llamo a mercadeo para asegurarme que estará listo hoy? -      El… si, encargate de eso por favor y me avisas los resultados. Tú serás la guarda de todo el material. -      Ella… ok. Listo, ya comienzo a trabajar con eso. Y ¿ya tiene listo el itinerario? -      El… sí, dame una hora, mientras termino una reunión con Andreina. Por favor, llama a su extensión para saber si ya llegó. -      Ella… si, ya lo hago… -      El… espero tu llamada, me urge esta reunión… Marie llamo a la extensión de Andreina, ella misma contestó. Le pidió avisara a Octavio que ella está ahí, que si puede ir de una vez a su oficina. Ella informó de inmediato a su jefe, quien salió de una vez a su Despacho. Él saludó a Andreina y a puerta cerrada con ella, le expresó el problema que está presentando y la amenaza de parte de Karina con denunciarlo. -      Andreina le hace varias observaciones. Luego agregó, si hay consentimiento, no hay delito. En todo caso, para no arriesgar tu puesto y evitar el escándalo te sugiero enfrentar esto con sus padres y en todo caso, caerle adelante y amenazarla con demandas por difamación e injuria. -      El… no es fácil. -      Andreina… si ella denuncia, mientras se lleva el proceso vas a estar detenido, por averiguaciones, sometido al escarnio y sobre todo perderás lo que hasta ahora has ganado. Inicialmente, es su palabra contra la tuya. -      El… ok, -      Andreina… en todo caso, si ves que la puedes amenazar con demandar por difamación e injuria, hazlo; de no trata de enfrentarla  en presencia de sus padres. -      El… sé que su padre es un hombre justo y honesto; pero a veces siento que su esposa y la hija lo manipulan y no sé cómo pueda reaccionar ante esa confesión. -      Andreina… amigo, si no, solo te quedará tratarla con manos de seda, mientras, la decepcionas poco a poco hasta hacer que sea ella la que termine contigo. -      El… eso es lo que más me preocupa, que está obsesionada conmigo. Pareciera que su única meta, soy yo. -      Andreina… es una situación muy difícil. -      El… tengo ya otra relación, me enamoré… -      Andreina… te entiendo. Si quieres te puedo acompañar para que hables con los padres de ella, les explico porque no procede, primero porque como tú lo alegas, estuviste con ella al cumplir la mayoría. Segundo, Octavio, lo que es igual no es trampa, ella te está amenazando para que te cases, amenaza con demandarlos. Y ten mucho cuidado para que no se dé cuenta, tienes otra relación, porque me imagino, ahí si no le va a importar, que la amenaces por difamación e injuria y tratará de destruirlos. -      El… Suheil sabe todo lo que me está pasando. Es más, estoy viviendo con ella. -      Andreina… amigo, cuidate y mucho, incluso te puede estar siguiendo, te sugiero que andes con mucho cuidado, vigilante. -      El… sabes, no había pensado en eso. -      Ella… debes tomar todas las medidas. -      El… dejame analizar todo lo que me has planteado y hablamos nuevamente y gracias Andreina por escucharme, por tu asesoría, ah por cierto ¿te debo algo por la consulta? Sé que ustedes cobran por las asesorías. -      Ella… nada amigo. Aquí estoy y aquí estaré para ti. Levantándose de su silla, lo abraza y le desea lo mejor, no dejes que esto reste a tu felicidad, disfrútala, vívela, solo que extrema los cuidados, para evitar escándalos, recuerda los moralistas que son nuestros jefes. -      Él… sí lo sé. Gracias nuevamente Andreina. Octavio ese día casi no se pudo concentrar en su trabajo, pensando en todo lo que hablo con la abogada. Ya casi para las once de la mañana llamó a Suheil, quien lo notó algo triste, y le preguntó… -      Amor, hablaste con la abogada -      El… si, mi vida, con la voz un poco apagada. -      Ella… me da la impresión, no recibiste buenas noticias. Si quieres, me voy al apartamento y conversamos ¿te parece? -      El… en este momento no puedo salir, voy a intentar terminar algo pendiente y nos vemos al mediodía, almorzamos juntos. -      Ella… ok. Te espero en casa. Recuerda algo, sea lo que sea, estoy y estaré contigo, lo enfrentaremos juntos. Te amo Octavio Abreu… -      El sonriendo, por la forma como lo llamo, le dijo… también te amo Suheil Camargo y sé que cuento contigo. Nos vemos en un rato mi amor. -      Ella… seguro. Él colgó y se concentró en lo que debía hacer porque esto tenía que entregarlo a Marie para que preparara la papelería de las actividades de la próxima semana. Logró finiquitar esto y al ver la hora, se da cuenta que iba para la una de la tarde, no se había percatado de la hora, de inmediato llamó a Suheil… -      Mami, disculpame pero al terminar de hablar contigo logré concentrarme y saqué el trabajo pendiente para hoy. Va a ser la una, pero te quiero ver, necesito estar aunque sea unos minutos contigo. El con una sonrisa, si se quiere nerviosa, le dijo… tú me das energía y vitalidad.   -      Ella… ven que yo aquí te espero. -      El… ya salgo. Te amo -      Ella… y yo a ti. El dejó todo sobre el escritorio de Marie y salió directamente hacia el apartamento de Suheil. Siguiendo las indicaciones de Andreina, observó hacia todos lados y no vio nada sospechoso. Dio unas vueltas y no observó a nadie siguiéndolo, así que se fue directamente al apartamento. Al llegar, bajo de su vehículo y entró al edificio, dirigiéndose al apartamento. Una vez ahí, apenas abrió la puerta Suheil, corrió hacia él lo abrazó, besó y le sirvió un whisky que sabía él lo estaba necesitando. Octavio, respondiendo a estos arrumacos de parte de ella,  la condujo a la habitación y le amo con desesperación, buscando con esto encontrar la paz, que había perdido después de hablar con la abogada.  Aquí, Suheil le demostró cuánto lo amaba y fue ella quien lo hizo recorrer el camino de la satisfacción, del placer, de la dicha y reencontrar de nuevo la paz y la calma que el uno encontraba en el otro. Una vez que Octavio alcanzó este nivel de tranquilidad y calma, comenzó a hablar con Suheil y a contarle todo lo que le dijo la abogada. -      Además, de agregar… amor es la primera vez que vivo esta experiencia de “no saber qué hacer”. -      Ella… tranquilo mi vida, juntos encontraremos la solución. Por ahora, sigue tratándola con manos de seda, evita encontrarte con ella, para que no te agreda. Pero una que otra vez, contesta el celular. -      El… tú definitivamente, no eres de este planeta mi amor ¡Dios! Me gane la lotería contigo, -      Ella, sonriendo… no te creas, también se me hace muy duro vivir esto contigo, pero a todo hay que darle su lugar y nuestra prioridad por ahora es sacarte de este problema. -      El… mi vida, ayúdame a encontrarme con mi Creador, para hablar con Él y dejar todo en sus manos. -      Ella… eso es lo más importante. ¿podemos ir hoy a la misa? Comienza a la seis. -      El… si, si puedo. -      Ella… entonces, te espero unos diez minutos antes de la seis, para que salgamos de una vez y para evitar que te sigan, iremos en mi coche. -      El…ok. -      Ella… mi vida y si por unos días, cambiamos de coche. -      El… ¿Cómo así? -      Ella… tú te llevas el mío. -      El… y tú el mío. Me parece buena idea, aunque no sé, no imagino a Karina haciendo trabajo que implique esfuerzo, no le gusta. -      Ella… en todo caso, prefiero hagamos eso, por unos días ¿estás de acuerdo? -      El… sí. A partir del lunes, intercambiamos los carros. Después salieron los dos de la habitación, almorzaron y cada uno, con retraso de una hora volvió a su lugar de trabajo. Octavio al llegar, observó que el vigilante, le hace señas y él se acerca para saber que desea… -      Vigilante… señor Octavio, anoche estuvo preguntando por usted una señorita. -      Octavio, sospechando ya de quién se trataba, le pidió la describiera, -      Vigilante, hizo una descripción fiel y exacta de Karina… un metro sesenta aproximadamente, blanca, de larga cabellera negra, muy bella y con un cuerpo casi que perfecto. -      Octavio… ¿Qué te dijo? -      Vigilante… me preguntó si usted ya se había ido, al parecer ella lo estaba esperando y usted no salió. Lo raro es que andaba en un vehículo pequeño color dorado, el cual había estacionado en la esquina antes de llegar aquí. Cuando le respondí que usted se había retirado temprano, creo que se enojó y arrancó a caminar hacia su vehículo.  -      Octavio, pensando en lo planteado por Andreina, comprobó que era cierto, Karina lo anda siguiendo. Así que tomaría más precauciones. Agradeció al vigilante la información, gracias y por favor, no des a ella ni a ninguna otra persona que se acerque a preguntar, información sobre mí. Todo el tiempo, incluso puedes decir que ya me retiré. -      Vigilante… con gusto señor. Octavio subió, llamo a Suheil, le explicó lo que acaba de sucederle y le dijo a ella, que no iba a ir directamente al apartamento, sino que se iría a casa de su mamá, para despistar y cuando ya esté seguro que no está siguiéndome, me iré al apartamento. Ella, le respondió, de acuerdo mi amor, por favor cuidate. A la hora de salida, todos bajan en grupo y Octavio, se monta en su vehículo, sale del estacionamiento y divisa a lo lejos el coche de Karina, quien comenzó a seguirlo. El haciéndole el juego, paró en una panadería compró algunos alimentos para llevar a casa de sus padres y otros los dejaría en su coche, para llevarlos a Suheil. Estando en la panadería llamó a Suheil y le informó lo que estaba ocurriendo. Se despidió de ella avisándole que al despistar a la loca esa, iría al apartamento. Octavio salió de la panadería y volvió a observar el coche de Karina a una cuadra de donde él estaba. Subió a su vehículo y arrancó hacia la casa de sus padres, abrió el portón con su control, metió su carro y cerró el portón. Él se bajó con las bolsas de comida, saludó a sus padres, quienes asombrados de que estuviera ahí, lo bendicen y abrazan. El no quiso comentar a ellos, nada de lo que estaba pasando. Sino que simplemente les dijo, que quería comer con ellos. Pero, que después se iría para el apartamento. Sus hermanos también se asombraron de verlo llegar… -      Javier… hola, ya no se te ve la cara por aquí. -      El… es que decidí mudarme con Suheil. -      Argenis… no sabía nada. -      Ricky… yo tampoco. -      El… prefiero que no lo comenten, porque no quiero que por nada del mundo Karina se llegue a enterar. Los tres hermanos caminan con él hacia el comedor para revisar lo que traía. -      Javier… o sea, hermano, aun no has terminado con esa relación. ¡Dios! No sé cómo la aguantas, -      El… por ahora no me queda de otra. Pero, espero pronto salir de esto, no sabes cómo me estoy aferrando a Dios, para que me ayude. -      Su mamá quien escuchó las palabras de su hijo, respondió… ya sé cuál es el propósito de esto que te está pasando hijo… -      El… ¿Cuál madre? -      Ella… esa búsqueda y acercamiento al Señor, de alguna manera te iba a corregir del camino por el que andabas. -      El… ¿Cuál camino madre? -      Ella… el de los infieles hijo… ¿Cuántas veces engañaste a Karina? -      El, quedándose pensativo y analizando las palabras de su madre, confirmó… es la primera vez, que estoy dedicado a una sola mujer. Al parecer Suheil logró lo que hasta ahora no había conseguido nadie. -      Ella… me alegro mucho, que esta muchacha haya llegado a tu vida para ser y traer bendiciones a la misma. -      Su padre… me alegro hijo por eso. -      El… gracias a los dos, por siempre estar conmigo, por su apoyo incondicional y por hacerme ver mis errores. -      Javier… bueno, vamos a comer, este pan que trajiste hermanito esta divinisimos. -      El… si hace días, llegué a esa panadería y realmente quedé encantado con el pan. Esa noche, todos disfrutaron de la comida que había llevado Octavio. El al terminar de comer y corroborando que por todo eso no estaba Karina, salió rumbo al apartamento, donde lo esperaba la mujer que había hecho milagros en su vida, sin hablar, sin exigir y sin pedir nada, absolutamente nada… Aunque aun era muy temprano para decirlo, era la primera vez, que solo estaba dedicado a una mujer.
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