Capítulo 4

3396 Palabras
Me aclaro la garganta mientras escucho la fastidiosa vos de mi hermana al fondo de mis atormentados pensamientos. Mi madre se ríe de lo que ella dice y mi padre, solo guarda silencio mientras termina de comer. Puedo decir con certeza que a él, es al único que noto diferente, quizás algo cambiado y no precisamente por su aspecto físico lo cual es inevitable. Sino por su forma de ser. Antes era muy parlanchín, egocéntrico y sin una pisca de sentimientos. Ahora, lo veo más callado y serio. Quizás la vejez está haciendo de las suyas o también el remordimiento. Durante estos tres meses de estadía, casi no hemos hablado y si acaso, cuando lo hacemos, mi madre y hermana no están en casa. Lo cual siempre me ha parecido interesante. Una parte de mí, en el fondo, trata de ver eso como un mensaje. Pues las cinco veces que hemos hablado, él trata de indagar sobre mi vida y la de Kylee. Como queriendo saber de nosotros y si estamos bien. O quizás, simplemente ya ni siquiera él las soporta. Sin importar qué y todo lo que sienta. Le he hecho saber esas pocas veces habladas y en pocas palabras, que ambos estamos muy bien y felices. Aún recuerdo cuando regresé a la ciudad, cuando regresé a esta casa la cual no extrañé en lo absoluto. Él fue quien me recibió, me sorprendió cuando me ayudó con las maletas llevándolas hasta mi antigua habitación, si es que aún se puede llamar así, ya que en realidad, lo convirtieron en un closet y yo, duermo en medio de todas las prendas de mi madre y hermana. No tenía otra opción. Pues ni hablar de la que era la habitación de Kylee. Esa, es otra historia. Pero para morirse de la risa y cuando él regrese a Bélgica, le contaré de ello y me divertiré en el proceso. Ya que ese, será mi nuevo chiste, mi nuevo haz bajo la manga para cuando quiera molestarlo así como él lo hace conmigo cuando está aburrido. — Y cuéntanos, hermanita. ¿Cómo conociste al Duque? La voz de Annie me hace dar un respingo, pero de fastidio. Estaba tan distraída con mis pensamientos. Como cosa habitual en mí. — Ya te he dicho que mi vida no es de tú incumbencia. —Musito antes de tomar lo que queda de mi té y la escucho reír. — Es que tú vida no es la que me importa, sino la de él. Me gustaría conocerlo. — ¿Y qué te hace pensar que te ayudaré a conocerlo? Casafortunas. —Digo de chiste eso último mientras finjo toser. — ¿Qué haz dicho? —Espeta mi madre con el ceño fruncido. Después de limpiar mi boca, dejo la servilleta sobre mi plato ahora vacío y me pongo de pie sintiendo la mirada de mi padre sobre mí. Delton, el jardinero, también se pone de pie al terminar su cena y se despide de todos al dar las buenas noches. Su rostro sonrojado me hizo sonreírle y fui correspondida. Creo que él tiene más que claro la clase de personas que ellos son y le ha causado gracia mi grandioso chiste. Punto para mí. — ¿Escuchaste lo que dijo? —Dice mi madre mientras llevo mi plato y taza de té a la cocina— ¡Di algo Robert! No puedes permitir que difame de esa manera a tú hija menor. Tarareo una canción de cuna mientras lavo en el fregadero, es mi método de protección. Alejo a mi mente de todo lo tóxico que pueda haber a mi alrededor, pues tararear la canción de cuna que mi abuela me cantaba las noches que dormía en su casa, me hace sentir protegida. Invencible, intocable por lo malvado. Si bien, es cierto que cada madre siempre tendrá un hijo preferido, pero nunca hubiese pensado que mi madre lo llevaría al nivel de menospreciar a sus demás hijos. Kylee no es su hijo biológico, pero ella lo crío cuando la primera esposa de mi padre murió, ella llego a la vida de mi hermano cuando esté un era niño de solo ocho años y luego, dos años después, nací. Todo era perfecto, según mis pocos recuerdos aún vivos, hasta que Annie llegó a nuestras vidas. A partir de allí, todo cambio, pues para nuestros padres, nosotros dejamos de existir. Ya no había más tiempo para Kylee y para mí, ya no habían más juegos, ni dulces, ni noches de películas animadas. Era como si nuestra existencia, no valiera nada y solo Annie fuese lo más importante. Y lo fue, lo es aún. Es por eso que ella es así. Una nueva adulta joven, una veinteañera malcriada y caprichosa. A la cual hay que brindarle todo en bandeja de plata. Cosa que yo jamás le haré. A ella, ni siquiera le había importado mi presencia en la casa hasta hoy, cuando mi madre le comenta lo de Henry. Ambas, son tal para cual. Malas, muy malas hasta más no poder. Al terminar, dejo la taza y el plato cada uno en su lugar. Me giro y apagando las luces de la cocina pues odio que estén encendidas sin razón, paso por el comedor y mi madre y hermana aún debaten sobre mi chiste de casafortunas. La mirada de mi padre hace que detenga mi andar y lo mire con la misma determinación con la que él lo hace hacia mí. — ¿Qué? —Le hablo y él niega con la cabeza. Segundos después, él hace como una especie de ademán con su mentón, indicando que siga mi camino y por increíble que parezca, obedezco. — ¡Pero qué te pasa! —Grita mamá— ¿Por qué la alientas a irse? Elicia debe responder por sus acciones. — Bueno mamá, cálmate. Me da igual lo que ella piense o diga de mí. —Dice Annie mientras grita hacia mi eso último. — ¡Eso mismo! Tú no sabes lo que Elicia andará diciendo de ti por allí. —Algo golpea la mesa— A de ser ella la causante de ese rumor que hubo sobre ti el mes pasado. ¡Elicia, regresa aquí! Me quedo a mitad de camino, estaba por subir la escaleras. No me detengo por su llamado, me detengo por su acusación. Si bien, es cierto que llamé casafortunas a mi hermana, no voy a permitir que me siga tratando de esa manera cuando simplemente dije la verdad. Pues está comprobado que Annie es una interesada y que solo anda con hombres de dinero y eso es algo que ya saben todos en la ciudad. En cambio, de lo que mi madre me acusa, eso, sí que es falso y calumnia. Yo jamás e hablado de Annie con nadie, al contrario, me avergüenza que sea mi hermana. Y me apena que todos en la ciudad lo sepan, pues temo que piensen lo mismo de mí y que los que no me conozcan, ideen una imagen de mí que no es cierta y todo por culpa de la suya. Camino de regreso al comedor y al llegar, mi madre se pone de pie. — Repite lo que haz dicho o creeré sin dudar mis conjeturas. ¿Cómo llamaste a tú hermana? Oculto mis brazos tras mi espalda, como toda niña buena y mirándola aparentando sumo terror decido jugar a la inocente y susurro: — No sé de qué hablas, mami. Dejo de mirarla cuando veo a mi padre ponerse de pie, listo para atacar. ¿Qué va a hacer? ¿Golpearme? — Ya la embarraste, hermanita. —Dice Annie y siento la adrenalina recorrer cada parte de mi cuerpo. Me enoja saber lo empoderada que se siente solo porque mamá la defiende ante mí. Pero ante esa lógica sonrío, pues me doy cuenta de lo cobarde que es y que necesita de nuestros padres como escudo para ser la persona nefasta que es. A puesto a qué si ellos no estuvieran y la defendieran como lo hacen, ella no estaría actuando así. — ¿Qué haz dicho? ¡Dímelo! —Grita mi madre. — A mí no me grites. —Espeto— Y tampoco me acuses de falsas habladurías, porque yo no tengo que hablar de nadie a sus espaldas, lo que tengo que decir siempre lo hago de frente, como ya lo hice. — ¡Así que lo admites! —Gruñe furiosa. — Por supuesto que sí, tu amada hija es una casafortunas y avariciosa. Todos en la ciudad lo saben, no es un secreto. Annie se pone de pie y su rostro pálido me hace reír. — ¿Ahora ya no ríes? —Murmuro— ¿Ya no te sientes poderosa? — ¡Elicia! —El grito de mi madre me toma por sorpresa y un brinquito nervioso me abandona. — ¿Cómo te atreves hablar así de mí? —Annie chilla— ¿Quién te crees? ¡Discúlpate! No merezco ese trato. — ¿Y cuál mereces? —La miro— ¿El de lame botas? Por favor, de mí no esperes eso. ¡Jamás! —Dejo de mirarla para mirar a mi madre de nuevo y confrontarla— Rachelle, no tengo nada que hablar de Annie porque simple y sencillamente, me AVERGÜENZA que me relacionen con ella. ¡Buenas noches! Retrocedo dos pasos para alejarme de ella pues siento como a invadido mi espacio personal lo suficiente como para temer por mi integridad. Y quizás, también para sentirme más segura, pues a dónde quiera que mire, no puedo evitar sentirme acorralada. Me giro para caminar de vuelta a las escaleras, pero una mano rodeando mi antebrazo me detiene. Y esa mano le pertenece a Rachelle, mi madre. Quien alza la otra palma de su mano y… — ¡BASTA YA! —Espeta mi padre quien impide que mi madre me de una bofetada— ¡Me tienes harto con esta situación, Rachelle! Basta de preferencias, basta de tanta maldad y veneno. Mis ojos se abren como platos pues el shock me invade por completo. ¡Ella intento golpearme! Después de tantos años, intento pegarme como cuando era una adolescente y no podía defenderme. Y aunque esta vez no logro su cometido gracias a la hazaña de mi padre, él no actuó lo suficientemente rápido como para impedir que las uñas de mi madre lastimaran mi mentón antes de apartar su mano. Su apretón en mi antebrazo, también dejo sus uñas y dedos marcados en mi piel. Mi visión se nubla, pues me siento al borde del colapso. Es duro ver el nivel de odio que mi madre tiene hacia mí. Lo veo en sus ojos, su odio desprende de ellos, se desborda. No sé que le hice para merecer tal desprecio, tal aberración. Pero a este punto, tampoco me interesa saberlo, con lo sucedido tengo más que suficiente. — ¿Pero cómo te atreves a hablarme de esa manera? —Ella grita histérica— Robert. ¡Ella me desafío! ¿Tan siquiera escuchaste como me habló? ¡Es una desvergonzada! Una irrespetuosa. — ¡No tengo porque respetarte! —También grito— Eso es algo que se gana y tú con tus acciones, has perdido todo mi respeto hace muchos años. — ¡Perfecto! Entonces, anda… Vete de mi casa, niña sinvergüenza. — Te recuerdo que no estoy aquí por gusto, madre. —Digo eso último con evidente dolor y sarcasmo a la vez— Créeme que esta casa, no estaba en mis planes para visitar a mi regreso en la ciudad. — Elicia, ya, detente. Regresa a tú habitación. — ¿No querrás decir, al clóset padre? — Y además, es una malagradecida. —Dice Annie mientras se esconde tras Rachelle. — Tú cállate y madura. Te falta mucho por crecer y vivir, nunca llegarás lejos estando bajo las faldas de mamá. —La miro con pena, pues ella realmente no me inspira otra cosa más que eso. Para ser sincera, al vivir esta situación, me es inevitable no sentirme como Cenicienta. Cada día desde que regresé, hace tres meses, a sido un infierno. Los malos tratos de mamá, el silencio turbio de papá y las miradas vacías de Annie. Más los malos recuerdos que habitan para mí en cada rincón de esta enorme casa. Todo esto es como una falacia. Un infierno en vida. El cual ya no creo poder seguir soportando por mucho tiempo más. Todo este circo, armado por algo que al final es tan cierto como mi realidad. Annie no es una buena chica y si ya tiene su famita de casafortunas, por una razón será. Y eso es algo que yo no puedo cambiar ni quiero hacerlo. Su vida, sus acciones, sus decisiones. Todo está en sus manos, no en las mías ni en la de lo que otros digan. — Vamos a ver cuánto te dura esa “amistad” con el Duque de Leith, cuando se entere de quién eres realmente. Me giro velozmente hacia mi madre y espeto: — ¿Y quién soy? Dime… ¿Qué vas a inventar ahora, mamá? ¿Qué? —La reto— ¡Nada! Porque no tienes nada malo que decir de mí, no tienes bases ni fundamentos porque soy una mujer graduada, emprendedora, con un negocio propio y en funcionamiento. No dependo de nadie más que de mí misma para subsistir. No como otras… Su rostro se enrojece tanto o más que el de Annie. — Trabajé duro para comprar mi propia casa, casi no salgo, no tengo vicios, mis amistades son pocas y todas de buenas familias. Tengo una relación estable desde hace dos años. —Gruño frustrada— ¡No tienes nada malo que decir sobre mí! Nada. — Te equivocas querida, —Sonrie con maldad y palidezco— Lo último que haz dicho, es más que suficiente para mí. A puesto que a tú novio le encantará saber sobre tu amistad con el Duque. La adrenalina y el temor actúan al mismo tiempo, se apoderan de todo mi existir y grito lo primero que se me viene a la cabeza: — ¡Eres una bruja! Una madre loca y despreciable. Ella se enloquece, he intenta saltarme encima pero mi padre la retiene. — ¡Vete Elicia! Sal de aquí. —Lo escucho decir mientras le gruñe a mi madre he intenta que se calme— ¡Corre, ahora! No lo dudo ni un segundo más y corro escaleras arriba, al llegar a mi habitación, recojo mi pequeña cartera del suelo con todas mis pequeñas cosas aún dentro, tomo un abrigo del armario y salgo corriendo de nuevo escaleras abajo. Para mí gran sorpresa, los gritos de mis padres desde el comedor se escuchan hasta la puerta de la casa al igual que los quejidos de Annie quien es ignorada por ambos, pues su discusión es feroz. Sin importarme nada más, salgo de la casa y cierro la puerta tras de mí. Corro por el hermoso camino del jardín que conlleva hasta la rejilla que da entrada a la casa y la abro rápidamente. Al salir a la calle, veo hacia el cielo y lo entrada que está la noche, me hace suspirar. Dios mío… Ahora. ¿A dónde iré? ¿Dónde pasaré la noche? Un taxi hasta una de las casas de mis únicas dos amigas en la ciudad, es muy costoso y no creo tener el efectivo suficiente para pagarlo. Y eso me recuerda que debo ir al banco mañana y sacar más efectivo. Tampoco quiero molestarlas al llamarlas para que vengan a mi rescate pues nunca se sabe lo que esas locas están haciendo, pero no creo tener otra opción. Paso la calle y me siento en la acera que está al frente de mi casa y me quedo viendo la fachada. No se puede negar lo mucho que a cambiado, pero para bien. Debo admitir que mis padres tienen buen gusto. Dejo de mirar la casa y me concentro en mi pequeña cartera, con cuidado busco entre mis cosas el teléfono y lo encuentro al fondo. Estoy por llamar a Thaiz cuando una llamada entrante de un número desconocido detiene tal acción. La emoción me invade al presentir quien puede ser. — ¿Bueno? —Susurro aún nerviosa por lo ocurrido con mi madre. — ¿Cómo está la hermanita más hermosa del universo? La voz tan ronca y hermosa de mi hermano me hace flaquear de dolor. Me hace recaer porque sé que nadie más que él puede entender mi sufrimiento a esta loca situación. Y aunque quisiera contarle todo lo ocurrido, al mismo tiempo, no quiero hacerlo porque no quiero preocuparlo. El aún está de servicio y sé que si le cuento todo lo que ahora está pasando con nuestros padres y hermana, el sería capaz de dejarlo todo y venir por mí. Lo cual no tendría sentido para mí después de tres meses de gran sacrificio al estar aquí y dejarlo todo en Bélgica. El no perdería nada, gracias a su rango militar. Pues orgullosamente puedo decir, que mi hermano es un gran capitán de su escuadrón en la armada real. Pero yo sí, abría perdido todo mi valioso tiempo. Y no, eso no va a pasar. Así que antes de perderlo todo, prefiero guardar silencio. Amo a mi hermano, pero él es muy impulsivo. Es un loco cuando se trata de protegerme. No se engañen, amo eso. Lo amo a todo el y su impulsividad, pero esta no será la ocasión. — Estoy bien, aunque extrañándote mucho y a nuestra casa también. —Lo escucho reír y eso alivia todo mal en mi. — También te extraño mucho y en un mes podré abrazarte de nuevo. — ¡Sí! Eso es lo que más quiero. Pero tampoco me asfixies. — Lo haré. —Ríe fuerte— ¿Cómo anda todo con Rachelle y papá? Suelto un suspiro ruidoso ante esa pregunta… Si el tan solo supiera… — Bien, ya sabes. Nada nuevo que contar. —Miento. — Bueno, lo importante para mí es que estés bien. Ya sabes que si pasa algo no puedes dudar en decírmelo, no voy a permitir que te hagan daño sin importar donde me encuentre. —Dice sereno. — Lo sé y por eso te amo mucho, muchin. — No más que yo. —Dice entre risas— Eli, te llamo a esta hora más que nada para pedirte que mañana a primera hora llames a Jane, necesito que confirme una entrega. — ¿Cuál entrega? — Sí, es un pedido que hice hace dos semanas. — Que raro, ayer en la tarde llame a la casa y ella no me comentó nada al respecto. —Frunzo el ceño. Lo recuerdo perfecto, llame a Jane antes de irme de parranda con mis amigas, antes de toda esa locura. — ¿Llamaste hoy? —Dice en un tono serio— Porque antes de llamarte lo hice y no me contestó nadie. — No, hoy se me pasó. Pero eso sí está raro, ella no sale de la casa sin avisarme. Mañana a primera hora llamaré, quizás fue a la tienda y por eso no contesto. — Ah, no pensé en ello. Cierto que te está ayudando con la tienda también. — Sí. ¿Y puedo saber de qué va la entrega o qué? — Anda vete a dormir, chismosa. —Dice y me privo de la risa— Debo irme, mañana te llamo. Cuídate mucho, por favor. — Lo haré, pero prométeme que tú lo harás más. — Dalo por firmado. Te quiero, buenas noches. — Te quiero más, hasta mañana. La llamada finaliza y me quedo mirando el teléfono, pues la realidad vuelve a mí. Estoy en la calle, sentada en la cera y mi casa al frente pero a la cual no puedo volver hasta mañana. Cuando la loca de mi madre logre calmarse. No sé porque a las personas siempre les molesta que les digan la verdad. Debería ser lo contrario, molestarse por no decirla. ¡Agradecer! Suspiro, resignada y llamo a mi amiga Thaiz, aunque es una loca fiestera prefiero ir a su casa porque me dará el espacio que necesito, en cambio Elena, querrá detalles y en estos momentos no tengo ánimos para hablar al respecto.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR