El comienzo...
Sus manos vagan por mi cuerpo y gimo ante la sensación, nuestros besos se mezclan a la perfección, su aliento choca contra mi oído al mismo tiempo que gruñe por la excitación y sentir su erección rozando mi vientre me llena de una extraña emoción.
Mi espalda impacta contra la suave, esponjosa y gran cama abarrotada de almohadas, sonrío, gimo ante la emoción y segundos después lo veo lanzar las almohadas fuera de su camino para llegar a mí.
Su ropa vuela por los aires al igual que la mía pues él no pierde tiempo en arrancarla de mi cuerpo y cegada por la emoción, no me importa y se lo permito.
Quizás mañana me arrepienta de ello pues mi ropa es costosa y me mate trabajando como burra para comprar cada pieza, pero en estos momentos, mi estado de embriaguez no me deja pensar con claridad ni medir las consecuencias de mis actos, por lo tanto, no me importa.
Lo veo caer sobre mi pecho y al sentir sus labios delinear un camino de besos hasta la parte baja de mi vientre, vuelvo a gemir.
— ¡Sí! —Musito casi sin aliento ante la deliciosa sensación.
Sus labios son tan finos y suaves. Me excitan, me elevan más allá de las posibilidades.
Nunca había sentido nada parecido.
Pues mayormente los hombres suelen ser tan bruscos y tienen unos labios carnosos y... Rústicos.
Pero él no.
De hecho, ni siquiera tiene vello facial, no hay barba que lastime mis labios.
Es como el ángel que ronda mis sueños cada noche, es igual de hermoso que el ángel en el cual me refugio cada noche para escapar de mi horrenda realidad, la cual me tomo con humor.
Pues si no lo hiciera de esa manera, hace mucho que mi vida hubiese terminado de otra forma.
Y una no muy grata.
Sus labios encuentran mi brote sensible y gimo con fuerza cuando besa sus alrededores y luego cuando lame con ferocidad.
Sus fuertes y grandes manos sostienen con fuerza mis pantorrillas a la altura de su cabeza, para que no pueda cerrarlas ante la increíble sensación que invade cada parte de mi cuerpo, en especial… Esa.
Mis caderas se balancean sobre su boca exigiendo más de su tentadora lengua y obtengo respuesta al sentir como la introduce en mi interior.
— Oh por Di... —Grito extasiada al llegar al orgasmo.
Pero eso no lo hace detenerse, con su boca succiona mi brote sensible una y otra vez, lo escucho gruñir cuando otro orgasmo más intenso me invade de pies a cabeza y al arquear mi espalda tomo todo el aire contenido y lo exhalo con fuerza.
— Aún no he terminado. —Le escucho decir y su voz es más ronca de lo normal.
Sus manos sueltan de golpe mis piernas y segundos después rodean mi cintura y dándome la vuelta, mi pecho ahora presiona las suaves sábanas de seda. Luego con una de sus manos eleva mis caderas hacia arriba y con la otra, siento como toma mi cabello y lo enrolla en su mano para luego darle un tirón y tensar mi cabeza hacia atrás.
— Ahora sí, la fiesta a comenzado. —Susurra contra mi oído derecho y tira de mi cabello con fuerza otra vez.
Gimo de placer y siento como la punta de su m*****o juega con mi entrada vaginal.
— Por favor. —Suplico y lo escucho sonreír.
El presiona contra ella nuevamente pero no entra en mí, lo cual me frustra y lo demuestro al chillar.
Rayos, el alcohol puede sacar mi lado más diabólico.
Su m*****o divaga entre mi entrada vaginal y luego hacia mi...
— Allí no... —Digo entre jadeos y lo escucho reír— Soy pura, virgencita. Me gusta la idea de guardarlo como regalo para mí futuro esposo, en la noche de bodas.
— Que afortunado será quien tenga el placer de poseerlo por primera vez. —Susurra en mi oído.
Oh padre celestial y todos tus discípulos...
Este hombre es tan disciplinado.
Grito de placer segundos después cuando su m*****o me toma por sorpresa y da justo en mi punto G. Con mis uñas escarbo las sábanas de seda y lo siento entrar y salir de mi con rudeza y delicadeza al mismo tiempo.
No sé cómo logra hacer justamente eso, pero logra hacerlo.
El logra ser rudo y delicado, logra ser todo lo bueno que se puede ser en un momento tan sensual como este.
Su mano abandona mi cintura para ahuecar mi glúteo y apretar con fuerza mientras me embiste sin piedad una y otra vez, con una rapidez que me deja en el sosiego del placer.
Con una rapidez que podría sorprender a cualquier mujer.
Su gruñidos retumban en mi espalda al estar su amplio pecho presionado contra ella y sé que está por llegar al orgasmo, como también lo estoy ahora por tercera vez.
Y eso nunca me había pasado.
Lo retribuiré a mi estado de embriaguez.
Su mano abandona mi glúteo, no sin antes darle una fuerte palmada que me hace arquear la espalda por el placer generado, para ahora ahuecar mi brote sensible y con uno de sus dedos torturarme allí nuevamente sin piedad.
— ¿Dime que estás lista para mí? —Gruñe contra mis labios al echar mi cabeza hacia atrás con fuerza— ¡Dime que estás lista para ir al cielo junto a mí!
— ¡Sí! —Exclamo extasiada y me dejó ir.
Me dejo ir al cielo junto a este hermoso diamante tras de mí.
— Eres digna de mí. —Es lo último que dice.
Y el sueño me consume al escucharlo gemir satisfecho.
*****
Los rayos abundantes del sol pegando justamente en mi rostro me obligan a despertar y cuando lo hago, tiemblo al ver que este no es mi cuarto, mucho menos mi cama.
— ¿Hola? —Susurro con temor— ¿Dónde estoy? —Pregunto mirando hacia todas partes, pues esto parece un pala...
Una voz sumamente masculina me interrumpe.
— En mi casa.
Abro los ojos como platos al ver a ese tremendo monumento de hombre acostado a mi lado.
Ni siquiera lo había notado.
¡Por supuesto que no iba a mirar al costado de la que por un momento creí en mis sueños era mi cama!
— Pero... —Pierdo la voz y me restriego los ojos con mis dedos.
Al abrirlos de nuevo, vuelvo a mirar hacia todas partes y nada a cambiado, el sigue allí, acostado de espaldas a mi, me giro y al ver toda mi ropa tirada en el piso, no me queda la menor duda de lo que hicimos.
— Tú y yo... ¡Rayos! —Suspiro— Dios mío, tuve relaciones con un desconocido.
— Sí. —El dice aún soñoliento.
— Y rompiste toda mi ropa. —Le miro.
— Lo siento.
— ¡La hiciste añicos! —Vuelvo a protestar, sorprendida.
Pero él ni siquiera me voltea a ver.
— Lo siento. —Vuelve a decir con tanta tranquilidad que me vuelvo loca.
— ¿Tienes una idea de lo mucho que me jodí trabajando para hacerme ese conjunto?
El por fin se vuelve hacia mi y al ver su sonrisa ladeada, chillo y le lanzo una almohada.
— ¡Estoy hablando en serio!
— Lo siento.
— ¿Es lo único que dirás ante todo esto?
El asiente y su sonrisa se asoma de nuevo, al mismo tiempo que veo sus mejillas tornarse cada vez más rojas.
— ¡No puedo creer que hicimos esto! —Digo mientras me siento en la orilla de la cama— ¡Nunca más volveré a tomar ni un solo trago!
— ¿Tan malo fue? —Le escucho decir y me vuelvo para mirarlo a los ojos.
— ¡Tremendo! —Respondo con evidente sarcasmo. Pues casi no recuerdo nada.
Aunque viéndolo con detalle... Su rostro delicado y hermoso me es demasiado familiar, pero por la conmoción que me aborda en estos momentos no logro recordar de dónde.
Lo veo sentarse lentamente en el centro de la cama y cubrir sus partes íntimas con las sábanas. Con su mirada y temple serio inspecciona cada parte de mi cuerpo y eso hace que me sienta algo incomoda o insegura.
— Lo siento. —Dice al fin, de nuevo— Es que te veo y... Aún no me la creo.
Oh vamos... ¿Tan mal estoy? ¡Soy bonita! Me cuido bien y como sano.
Su comentario realmente me hace enojar y no puedo evitar demostrárselo.
— ¿Por qué me miras así? —Refuto— Estás insinuando que no soy digna? ¿O que soy inferior a ti? —Mi disgusto es claro.
El se voltea para mirarme a los ojos y su semblante sereno me deja helada.
— No. —Suspira y se vuelve por completo hacia mi— No estoy insinuando nada ni he dicho algo parecido. Aunque sin duda, no eres mi tipo y en eso debo ser sincero.
— Pues para no ser de tu tipo, vaya que querías estar conmigo anoche. —Lanzo la mirada hacia mi ropa vuelta añicos.
El sonríe y sus mejillas vuelven a sonrojarse.
— Es por ello que no salgo de mi asombro.
— ¿Por qué?
— ¿Acaso no te das cuenta que estoy en shock? —Dice sin más, aunque igual de sereno y ruborizado.
— Obvio que no. —Espeto, pero me queda claro que sí lo está, más no lo admitiré— ¡La que sí está en estado de shock soy yo!
Me pongo de pie y comienzo a deambular por toda la inmensa habitación, detallando cada acabado y todos los detalles. Hasta que me detengo al observar el inmenso ventanal a unos cuatro metros de distancia casi oculto por las inmensas y clásicas cortinas.
¿Dónde rayos estoy?
Sin dudarlo más, camino hacia el balcón y acorto la distancia, cuando abro las persianas y miro hacia afuera, casi me desmayo al darme cuenta de dónde estoy y con quién pase la noche.
El inmenso jardín y todos sus acabados me dejan Lela. El personal caminando entre ellos y todos esos hombres...
Seguridad, y guardias de la reale...
Mi boca se abre de par en par.
Jamás había entrado a la propiedad, pero siempre que pasaba desde mi auto ya fuese de noche o en pleno amanecer, me quedaba contemplando unos minutos el hermoso palacio. Y sin duda alguna, acabo de confirmar que la vista no es la misma desde afuera.
Es mejor desde aquí.
Dentro de la propiedad.
Pero olvido ese recuerdo cuando caigo en cuanta de lo que he hecho y que toda la realidad me golpeará con todo al salir de aquí, cierro las persianas y me giro de golpe hacia el.
— ¡Dios! —Gimo con histeria— ¡Me acosté con el príncipe Henry!
— Sí. —Dice antes de morderse el labio inferior y sonrojarse otra vez— Y sigo sin poder creer que lo disfruté, mujer...
A paso danzante regreso a la cama y algo me dice que debo sentarme pues el mareo que me invade no es para nada divertido.
— ¿Acaso yo? —Casi no tengo voz— ¿Tan poco atractiva te parezco?
El frunce el ceño y pareciera como si él creyera que yo sé de lo que está hablando.
¡Y NO!
¡No entiendo nada caray!
¿Le soy atractiva o no?
Resoplo ante ese pensamiento. ¿Que más da? Eso es lo de menos.
Tengo otras cosas más importantes en las que pensar, y una de ellas es...
¿Cómo saldré de aquí sin mi auto? Segundo. ¿Con qué ropa saldré de aquí? Y tercero... ¿Cómo le explico esto a mis amigas o familia?
Lo miro de nuevo y cuando estoy por articular una palabra, él lo hace primero.
— No tengo dudas de tu belleza, en todos los sentidos. —Suspira— Para no ser de mi tipo, considero que eres una mujer muy hermosa.
El deja de hablar y al ladear cabeza, deja de mirarme. Yo no sé que decir ante eso, así que guardo silencio.
Con todos mis psicoanálisis, ya casi había olvidado el tema.
Aunque bueno, me alegra saber que me considera hermosa, eso mantiene mi seguridad y autoestima en su lugar.
No lo tambalea.
Porque a veces, por más que no quiera, suelo ser débil ante ello.
Y con eso, cada vez confirmo que los estigmas de belleza apestan.
— Mi estado de shock o asombro se deben por quién eres. —El vuelve hablar y mi mirada se reencuentra con la suya y a juzgar por su tímida sonrisa, intuyo de que acaba de notar mi confusión.
¿Y quien soy yo?
Millonaria... Bueno, no lo soy, pero pobretona tampoco.
Mal hablada menos y una cualquiera, ni hablar.
Soy una chica de casa, trabajadora y emprendedora.
¿Acaso hay algún chisme de mí en la ciudad del cual el se haya enterado y yo no?
¡Imposible!
Ya mi madre habría pegado el grito en el cielo y mi padre ni siquiera me hablaría a la cara.
Sí, esas son las desventajas de vivir en una ciudad tan culturalmente anticuada.
Y de por sí mi relación con ellos es muy mala.
No hace mucho que regrese a la ciudad de Edimburgo, si acaso unos tres meses. Pero cuanto quisiera volver a Bélgica.
Hice toda una vida allí, mis amigos, mi casa, mi pequeño negocio y... ¡Andrés!
Oh Dios.
¿Cómo pude hacerle esto? El no será el mejor hombre, pero, lo que he hecho no me justifica y tampoco habla para nada bien de mí.
¡Yo no soy así!
Mi triste realidad me golpea antes de tan siquiera salir de tan hermoso lugar.
Al darme cuenta de mi infidelidad.
Cierro los ojos por unos breves segundos y dejo los pensamientos a un lado cuando lo veo cruzarse de brazos y mirarme como si yo fuera su...
— Vuelve. —Le escucho decir.
— ¿A dónde?
— A mí.
Me sonrojo de inmediato al escuchar lo que a dicho y ante su mirada peculiar.
Volviendo al tema anterior, le pregunto en un susurro al verlo removerse en su lugar:
— ¿Y quién soy?
— Mujer. —Dice sin más.
Palidezco.
— ¿Es una broma? —Frunzo el entrecejo— ¿Y eso qué? ¡Claro que soy mujer!
El deja de mirarme y se lame los labios.
— ¿Tengo cara de payaso? —Dice al fin mientras ríe— Ése es el punto. Lo que tú eres y lo que yo soy.
— ¿Puedes ir al grano por favor?
— Sí —Se aclara la garganta—. No eres mi tipo porque eres mujer. —Se muerde el labio inferior otra vez y mientras lo hace, me mareo de nuevo.
Trago con fuerza ante el presentimiento que me invade y lentamente siento como el tiempo se está deteniendo frente a mí.
— Elicia... —Abro mucho los ojos pues no recuerdo haberle dicho mi nombre, no recuerdo casi nada en realidad— Soy gay.
— ¿Qué? — Logro decir segundos después antes de caer de costado al suelo y perder el conocimiento por la impresión.