Horas antes…
Del desastre.
00:40 AM
La fiesta está en su máximo esplendor, siento como una gota de sudor divaga por mi mejilla y la ignoro mientras sigo bailando al ritmo de la pegajosa música.
Un puchero me abandona cuando el trago se agota y dejo mi vaso sobre la mesa y regreso a la pista de baile junto a mis amigas de la infancia, Tahiz y Elena.
El cansancio se hace presente y aprovecho que el DJ hace un cambio radical de música bailable a una más suave y a paso lento regreso a mi mesa junto a mis amigas.
— ¡Eso estuvo genial. —Dice Thaiz mientras toma el último sorbo de su trago.
— Lo estuvo, hasta que el DJ lo arruinó colocando esa música tan empalagosa.
— Pues a mi sí me gusta Leonel Richie. —Digo mientras tomo mi vaso y me pongo de pie al mismo tiempo que veo a mi amiga Thaiz reír— ¡Ya vuelvo! Voy a la barra por más cóctel. ¿Alguien quiere?
— Yo paso. —Elena hace una mueca de asco y con eso basta para saber que la fiesta a acabado para ella.
— Yo sí… —Thaiz deja de hablar al ver a alguien tras de mí, me doy vuelta y veo hacia donde ella lo hace pero no veo nada interesante.
— ¿Sí, qué?
Ella se aclara la garganta y deja de mirar tras de mí.
— Un vodka en las rocas, por favor. —Dice y asiento.
Me abro paso entre las personas y al llegar al bar, me siento en uno de los taburetes y le hablo al bartender.
— Por favor, un Vodka en las rocas y un cóctel sin alcohol.
El alto y guapo bartender de tez morena me sonríe y mientras sirve los tragos, susurra:
— ¿Gran noche, no?
— Increíble, después de tanto tiempo sin salir.
— Entones mejor para seguir celebrando. —Me da mis tragos y otro adicional— Regalo de bienvenida, la casa paga. —Me lanza un guiño y le sonrió de vuelta.
— Muchas gracias, lindo.
Lo escucho reír y me doy vuelta para regresar con mis amigas.
Al llegar a mi mesa, le entrego su trago a Thaiz y esta no pierde el tiempo y se lo toma de un solo tirón.
— Vaya… Tú sí que no pierdes tiempo. —Le digo antes de irme a la pista de nuevo.
Me dejo ir por la música y mi cuerpo se guía al compas de la melodía. Tomo un sorbo de mi trago y al darme la vuelta siguiendo el ritmo de la canción, un hombre frente a mí me mira sin disimulo alguno. Lo ignoro al cerrar mis ojos y seguir bailando al mismo ritmo suave y sensual de la música, pero segundos después siento a alguien invadiendo mi espacio personal.
Una parte de mi se pone en estado de alerta pero la otra decide aparentar que nada pasa y volver a ignorar, hasta que…
— ¿Bailamos?
— No gracias. —Respondo sin chistar y tomo otro sorbo de mi trago.
— No creo que sea muy seguro que una chica tan linda como tú baile sola en esta pista de baile.
— ¿Por qué no? —Frunzo el ceño levemente, aún con mis ojos cerrados pues no me apetece mirarlo.
— Porque todos te están viendo.
Mis ojos se abren de golpe ante lo que él a dicho y trago saliva con fuerza, pues lo que el extraño a dicho, es cierto. Varios hombres miran hacia nosotros.
O bueno, a mí.
Y aunque a veces «solo a veces» me guste llamar la atención, esta, no es la ocasión.
Observo mi trago y al darme cuenta de que ya está por acabarse, me despido del extraño y regreso a mi mesa otra vez…
— ¿Todo bien? —Elena es quien habla— ¿Quién era ese?
Hago una mueca con los labios y me encojo de hombros.
— No tengo idea, ni lo mire a los ojos.
— Eres tremenda. —Se burla Thaiz.
— No me importa. —Río— Voy por más tragos.
Me encamino de vuelta al bar y el bartender vuelve a sonreír cuando me ve.
— ¿Otro vodka en las rocas y el cóctel?
Niego con la cabeza y esta vez me lo pienso con más calma. Mi amiga Thaiz, ya no quiere tomar más, Elena ni hablar, en cambio yo… Aún quiero seguir de fiesta pero… Estoy comenzando a sentirme incómoda ante algunas miradas después de tal demostración de sensualidad en la pista de baile y ahora, como que me apetece largarme de aquí.
Unos profundos alaridos se escuchan en el área del primer nivel del club, sacándome rápidamente de mis pensamientos. Me vuelvo por unos segundos para ver la razón de tal escándalo pero luego me vuelvo hacia el bar al tener en mente lo que quiero tomar.
— ¿Me das una botella de Bourbon?
El bartender me sonríe y le correspondo.
— ¿Segura?
— ¡Segurísima! —Afirmo sonriente.
Después de pagar me encamino de vuelta a mi mesa, pero antes de llegar soy empujada hacia el piso por una silueta masculina.
Por suerte, he sujetado con fuerza la botella y no se estrelló contra el suelo, pero furiosa alzo mi rostro hacia el susodicho que me a tirado de tal manera, tan fuerte que puedo sentir como mis glúteos palpitan.
¡Pero de dolor!
Este se da la vuelta rápidamente y susurra:
— ¡Lo siento! No fue mi intención, déjame ayudarte.
— ¡Ni me toques! —Espeto— ¡Idiota! Por poco y me aplastas.
Me pongo de pie lo más pronto posible y camino de mala gana hacia mis amigas, quienes no se percataron de lo sucedido al ambas estar en el teléfono quien sabe haciendo qué.
Dejo la botella de Bourbon sobre la mesa y me giro para ver hacia donde las demás personas a mi alrededor ahora están viendo y allí, entre todo ese revuelo, veo al hombre que me empujó al suelo hace tan solo unos instantes, el está como protegiendo a alguien.
No lo sé.
Quizás y sea un guardaespaldas, de igual manera, eso no le da derecho de andar empujando a las personas sin medir fuerzas.
— ¿Estás leyendo lo mismo que yo Thaiz? —Dice Elena boquiabierta.
— ¡Oh sí! Claro que sí, ¿Dónde está el papacito?
— ¿De quién hablan? —Las miro a ambas con el ceño fruncido pues mi confusión no puede pasar desapercibida.
— El Duque… ¡Está aquí! —Dice Thaiz con emoción.
— ¿Cuál Duque? —Vuelvo a preguntar.
— El Duque de Leith. —Responde Elena haciendo una mofa y se pone de pie— Me voy, necesito una foto con ese bombón.
— ¡Te acompaño! Yo también quiero. —Chilla Thaiz.
— ¿Pero es en serio? ¡Me van a dejar sola! Y todo por una foto con un disque Duque. —Me ruborizo.
— ¡Tú lo has dicho! —Dicen ambas en unísono mientras ríen al mismo tiempo y se van.
— ¡Increíble!
Al sentarme, estiro mi mano para agarrar la botella y servirme un trago de Bourbon. Cojo dos cuadritos de hielo y los tiro en mi pequeño vaso, pues no me gusta sin ellos y de un solo trago me tomo el contenido.
Mis ojos se cierran instintivamente al sentir la mezcla amarga y picosa del licor y me aclaro la garganta después de tragar.
Me sirvo un trago, luego otro tras otro trago y así continúo hasta acabarme la linda y pequeña botella solita.
Mi cuerpo unos minutos más tarde ya pesa ante los efectos del alcohol, mi vista dormilona me hace saber que esto es todo. Que necesito parar he irme a descansar. Pero mi mente dice “no” Quiero seguir en la fiesta, no salgo a divertirme a menudo por el trabajo, así que este momento debo aprovecharlo al máximo, ya mañana veré como me las arreglo con el gran dolor de cabeza que de seguro me dará, así que como puedo, me voy hacia la pista nuevamente y me pongo a bailar ‘White Líes’ la nueva canción de Tokio Hotel.
¡Que cosa más buena y pegajosa!
Se ha vuelto de mis canciones favoritas, no puedo escucharla sin volverme loca y apoderada ante tan divertido y pegajoso ritmo, me pongo a bailar en medio de la pista.
Y no saben cuánto me alegra que el DJ la haya puesto justamente en este momento.
La música se apodera de todo mi cuerpo, cada partícula de mí, baila al compás de la pegajosa canción y comienzo a cantar como loca.
“So you can feel it, feel it
There’s this crazy thing between us, uh huh
Don’t need a reason, reason
The way you act, I wanna be there, oh-oh”
Me giro y mis caderas se balancean de un lado a otro. Mis manos al aire disfrutan de mi loco ritmo y del ambiente y cuando el coro se aproxima, comienzo a saltar de un lado a otro.
Y en ese momento, unas fuertes manos se apoderan de mi cintura y salto de la impresión, dejando de bailar inmediatamente.
Cuando miro hacia el atrevido que rodea mi cintura con sus asquerosas manos, me percato que es el mismo hombre que me había invitado a bailar hace unas horas atrás.
— ¡Pero qué te pasa! —Grito sobre la música— ¡Quítame tus manos de encima!
— Cálmate nena, solo quiero bailar contigo. Estás sola y…
— ¡Y nada! —Espeto— ¿Pero es que acaso una mujer no puede bailar sola? ¡Déjame en paz por favor!
Me giro después de gritarle esas últimas palabras y cuando trato de tomar distancia, el aprieta sus manos en mi cintura.
— Escucha… Solo es un baile, nada más.
— ¡Que no! —Vuelvo a replicar.
Alejo su rostro de mi cuello y chillo al intentar quitar sus manos en vano, pues es obvio que este hombre tiene más fuerzas que yo.
— ¡Déjame ir!
— Solo un baile, deja de negarte.
Todo en mí se tensa al presentir lo que está a punto de pasarme.
¡Este hombre puede secuestrarme!
Incluso violarme.
Sin duda es un acosador y agresor s****l pues se está aprovechando de mi estado de ebriedad y de su poder físico ante el mío.
Gimo horrorizada, pensando lo peor y cuando estoy a punto de gritar, una voz sumamente imponente, espeta cerca de nosotros:
— ¡Dijo que la sueltes!
Vuelvo la mirada hacia el dueño de esa voz y un hombre con lentes de sol y traje bonito de vestir, está entre el acosador y mi persona.
— ¡No te metas! Riquillo, solo está molesta. Problema de parejas. —Dice el descarado— Aléjate.
— ¡Ya quisieras! Suéltame. —Trato de alejarme otra vez pero algo presiona mi abdomen con fuerza.
¡Una navaja!
Mi vista se nubla, mi corazón se acelera y la boca de mi estómago se hace más pequeña.
Acidez y ansiedad mezcladas.
Esto no da buen indicio.
Pues ahora, mi estómago quiere vaciar todo lo que lleva dentro.
Y al final, mi pensamiento no fue tan paranoico después de todo.
¡Este tipo es un agresor!
Mi respiración agitada cada segundo es más evidente y mirando hacia el hombre de lentes de sol, le hago saber con la mirada mi desesperación. No sé si se percató de mí mensaje, porque no puedo ver sus ojos gracias a los lentes de sol que los ocultan. Pero eso no hace que aparte la mirada de su rostro.
De todo él en realidad.
Un segundo después, lo veo tragar con fuerza y asentir levemente hacia mí.
Gracias a Dios. ¡Sí me vió!
— Que la sueltes o esto se va a poner feo. —Le escucho decir y vuelvo a palidecer.
— ¿Y qué vas a hacer si no lo hago? —El agresor lo reta.
¡Pero qué cínico!
— Esto. —Dice el desconocido sin más y lo ataca.
Todo a partir de ese momento se volvió una locura. Yo he terminado en el suelo, arrastrada por unos hombres fuera de la pista de baile y viendo de lejos como los puños vuelan por los aires por todo el establecimiento.
Todo el mundo se esta peleando con todos.
¡Esto es un completo desastre!
Los amigos del abusador llegan a su “rescate” he intentaron rodear al hombre de lentes de sol, pero este fue protegido inmediatamente por ocho hombres. Entre ellos, el que me empujó horas atrás.
Los guardias de seguridad de la discoteca se adentran en la terrible escena, he intentan controlar la situación.
Quisiera ayudar al hombre que me a salvado, pero regresar al centro de la pista, sería un suicidio. Intento buscar a mis amigas con la mirada, pero no están a la vista.
Suspiro resignada he intento pensar con claridad, pero la ansiedad regresa a mí segundos después cuando soy arrastrada fuera de las instalaciones hacia la parte trasera del establecimiento, específicamente, hacia el estacionamiento.
— ¡Suéltenme por favor! —Gimo asustada— Yo no he hecho nada malo. Por favorcito…
Nadie responde ante mis palabras, ninguno de los tres hombres tan siquiera me mira, he instantes después, termino encerrada dentro de una camioneta negra.
Intento abrir las puertas pero me es imposible, el seguro está abajo y tampoco puedo subirlo con los dedos.
Está bloqueado y yo, encerrada sin razón aparente aquí dentro.
Al menos, no hace calor y está fresco.
A parte, huele delicioso.
A nuevo.
Cinco minutos después, el hombre de lentes de sol aparece junto a sus ocho acompañantes, todos vestidos de n***o y con pequeños audífonos en sus orejas.
Todos visten de n***o, menos él.
Su traje es de un azul oscuro y el cuello de su camisa de vestir, deja ver el color gris de esta.
No está usando corbata. Pero si bufanda. Una muy fina y de color n***o.
Es como una bufanda de seda, pues brilla ante el reflejo de la luz de los reflectores que rodean todo el parquímetro.
Lo veo caminar hacia la camioneta mientras que al mismo tiempo se arregla el traje de vestir y escucho claramente cuando él pregunta en voz alta:
— ¿Dónde está ella?
— Dentro de la camioneta, su alteza. —Dice uno de los hombres postrado cerca de la camioneta y del lado de mí puerta.
La trasera.
El hombre el cual a sido llamado alteza, asiente con vehemencia y lo escucho agradecer, acto seguido, le da la espalda al otro hombre y luego, se da la vuelta para rodear la camioneta y abrir la otra puerta trasera.
Se sienta junto a mí, se abrocha el cinturón y al suspirar, por fin se digna a mirarme.
— ¿Y quién eres tú? —Musito casi sin aliento— ¿Porqué estoy aquí?
— Por tú seguridad. —Dice sin apartar su mirada de la mía— ¿Estás bien? —Pregunta y asiento en silencio— ¿Dónde vives?
— En la Old Town. —Susurro y un profundo mareo me ciega.
— ¿En qué área? Necesito saber para poder ayudarte. ¿Andas sola?
— N-o… —Arrastro las palabras, mi estómago se queja, tengo muchas ganas de— Vomitar, necesito…
— Espera. —Dice suavemente y lo escucho abrir la puerta y luego cerrarla.
Como puedo, abro los ojos cuando el malestar baja de intensidad y confundida, al pensar que me había dejado sola al decirle mi dolencia, lo veo rodear la camioneta y ordenar unas cosas hacia sus hombres, pues estos se alejan de la camioneta de manera considerada.
Este hombre debe ser muy importante.
¿O quizás un mafioso?
Y ante ese pensamiento, recuerdo que hace unos minutos atrás fue llamado ‘Alteza’ por uno de sus hombres.
El mareo regresa con más intensidad.
¿No será este el Duque del que mis amigas…?
— ¡Ay! —Me quejo en voz alta al sentir dolor estomacal.
Tanto alcohol y emociones, están pasando factura.
Pero él llega justo a tiempo hacia mi puerta y la abre de par en par.
— Ven. Te ayudo… —Dice mientras estira sus brazos hacia mí y me ayuda a bajar— Por aquí.
La acidez avanza y el reflujo inicia de nuevo.
Las ganas de vomitar son inmensas.
¡Dios! Que primera impresión tan desastrosa.
Él me lleva hasta uno de los pipotes de basura y al abrir la tapa, vacío mi estómago ante el olor repulsivo que sale de allí.
Escucho cuando él tira la tapa de la basura al suelo y con sus manos, segundos después, sujeta mi cabello alejándolo por completo de mi boca y la exposición a mi asqueroso vómito.
Al terminar, el suelta de mi cabello y me ofrece un pañuelo.
— ¡Gracias! —Susurro adolorida y otro mareo regresa— Que pena… Lo siento. —Digo en un susurro y vuelvo a vomitar hasta que la bilis me abandona también.
Que cosa más desagradable y repulsiva.
Ahora sí que no hay nada en mi estómago.
Y me siento de lo peor.
— ¿Ya estás bien? —El susurra muy cerca de mí, no me había fijado en qué momento volvió a sujetar de mi cabello.
Al limpiar mi boca nuevamente, asiento y sin querer, guiada por la pesadez que asómate mi cuerpo, apoyo la cabeza contra su hombro, el cual estaba contra mi espalda.
— Shh… —Sisea tratando de calmar mi pena— ¿Cuál es tú nombre?
— E-licia… Elicia DeMarco. —Susurro y la oscuridad se apodera de mi, obligándome a cerrar los ojos.
Aunque no pierdo el norte por completo hasta escucharlo decir:
— Okey, linda Elicia. Te llevaré a casa.