Capítulo 2

3529 Palabras
Presente. — ¿Elicia? —Una suave voz susurra contra mi oído— Linda Elicia, reacciona por favor. Me estás asustando. Como puedo, tomo una profunda bocanada de aire y abro mis ojos lentamente. Y lo primero que veo, es a un hermoso hombre sobre mí. Mirándome como si nadie más en esta vida pudiese importarle tanto como yo. Gimo pesadamente y los recuerdos poco a poco me invaden. ¡Su confesión! Eso a sido lo que ahora me tiene postrada en la cama. Su cama. — ¿Estás bien? —Susurra aún sujetando mis mejillas con sus manos— Dime algo, por favor. ¿Necesitas un médico? Niego con la cabeza y me cubro el rostro con ambas manos, apartando así, las suyas de mí. — Debo irme. —Digo mientras trato de sentarme pero no puedo, mi cuerpo aún pesa por todo lo de anoche— ¿Puedes ayudarme con la ropa? Por favor. — Ya lo hice, te traerán una muda de ropa en diez minutos. — Gracias. —Digo soñolienta. — ¿Por qué mejor no te quedas y descansas? Han sido muchas impresiones en pocas horas. — No gracias, ya debo irme. Creo que es necesario. El toma asiento frente a mí y su mirada fija en la mía me pone nerviosa. — Lo siento, debí ser más cauteloso con lo ya dicho. — Totalmente. —Afirmo de acuerdo— ¿Te arrepientes? —Pregunto en un hilo de voz. — No. —Sonríe con cierta ternura— ¿Y tú? Dejo de mirarlo y vuelvo a cubrirme el rostro con las manos mientras suspiro. — No lo sé. No puedo arrepentirme de algo que no recuerdo en estos momentos. — Buen punto. —Dice y vuelve a recostarse en la inmensa cama— Aunque si necesitas recordar algo, puedo ayudarte —Mi mirada se encuentra con la suya y lo veo sonreír—. Por fortuna, yo sí lo recuerdo todo. Me sonrojo de inmediato ante sus palabras y me pongo de pie en un santiamén. — Debo irme. — Sí, eso ya lo dijiste. —Asiente mientras se muerde el labio inferior. — ¡Oh Dios! —Gimo— Yo tengo novio… — Y yo también. —El dice con evidente sarcasmo. — ¿Novio? —Pregunto en shock y el asiente de nuevo— ¿En serio tú…? — Sí. Te lo dije, soy gay. — ¡Pero tú y yo… Anoche! —Palidezco ante lo obvio. ¿Cómo puede ser gay cuando está más que claro que anoche tuvimos sexo? Debo estar loca, o he escuchado mal. — Lo sé… —El interrumpe mi debate mental— Es por ello mi sorpresa, sobre todo, porque te veo así, desnuda, frente a mí y simplemente… Quiero más. — ¿Qué? —Me ruborizo. Él se mira bajo las sábanas y luego alza la mirada de nuevo hacia mi. — Él no miente. —Lo miro y está más que claro que está excitado, pues su pene está erecto. Y no por la hora. No porque sea habitual en ellos. Porque sé claramente que al despertar, a todos los hombres se le despierta su amiguito. Aunque este no es el caso, porque él está así, por mí, él está erecto solo por mi. Y ante mi shock por lo ocurrido, hasta e olvidado mi desnudez. Estoy desnuda ante un hombre desconocido con el cual tuve sexo, estoy desnuda ante el Duque de Leith. ¡Rayos! Que pena. Tocan a la puerta y me sobresalto al instante, Henry se pone de pie y rápidamente se coloca su calzoncillo y luego se cubre con una bata de baño, el se gira dándome la espalda se agacha y toma algo del piso que no logro ver y luego, al erguirse, veo una camiseta blanca en sus manos, el camina hacia donde estoy y al llegar, susurra: — Levanta los brazos —Lo hago de inmediato—. Esta camiseta casi no la uso, pero servirá para cubrir tú desnudes mientras traen la ropa que ordené para ti —Dice mientras la pasa por mi cuello y luego la estira contra mi cuerpo—. Ahora, ve a la cama, por favor. No quiero que nadie vea demás. Mi entrecejo se frunce y él al instante cubre mis mejillas con sus manos. — No, no me avergüenzas, ni mucho menos trato de ocultarte —Palidezco ante sus palabras pues adivinó mis pensamientos—. Todos los trabajadores del palacio me vieron anoche traerte a mi habitación en brazos. Y los que no me vieron, créeme que a estás alturas, ya lo saben. Solo trato de proteger tú integridad. — Gracias. —Mi voz apenas y es audible para él. Sus labios me sorprenden al darme un casto beso en los míos y me ruborizo. — A la cama. Ahora. Parpadeo sorprendida, pero obedezco a su petición. Henry espera hasta que me acuesto en la cama y cubro mis piernas con las sábanas, para desaparecer en la antesala y abrir la puerta de la habitación. — Alteza, su desayuno. —La voz de una mujer mayor se hace más presente en la habitación. — Gracias, Míriam. Por favor déjalo sobre la mesa. — ¿Desea algo más? — No, así está bien. Gracias. — Como ordene, alteza. Que tenga buen provecho. Hubiese querido verla, pero no fue posible ya que la habitación de Henry es inmensa y tiene habitaciones contiguas y antesalas. Está habitación, es del tamaño de mi tienda de ropa en Bélgica. Oh mi Dios… El regresa a la cama con una bandeja en manos, la cual coloca sobre mis piernas. — Come, tú estómago lo amerita. —Me entrega un vaso de jugo— Es de durazno. ¿Te gusta? — Sí, gracias. —Asiento mientras lo pruebo— Está delicioso. — Debes tomar esto también. —Me entrega una pastilla— Es para la resaca. Tómala con el jugo, te hará bien. — Oh, gracias. Le acepto la pastilla y la introduzco en mi boca. Al tragarla, un sabor amargo me invade, pero pasa cuando tomo otro sorbo de jugo de durazno. Henry se acuesta a mi lado y ambos desayunamos en total silencio. Lo cual fue de mi agrado, pues no me gusta hablar mientras estoy comiendo y parece que a él tampoco. Aunque eso no evitó que por momentos, él bromease dándome de comer en la boca. Más que bromear, sus gestos fueron tiernos para mí. Para ser un duque tan prestigiado y bañado en oro hasta para regalar, tiene una personalidad encantadora. Cualquier mujer en mí lugar pensaría todo lo contrario, se sorprenderían si alguna de ellas viese lo que ahora yo estoy viviendo. Al finalizar el desayuno, él lleva la bandeja de regreso a la mesa de la antesala y segundos después, regresa a la habitación corriendo para tirarse a la cama y caer sobre mí como rana platanera. Me río con fuerza y ruedo en la cama junto a el en sus brazos. — ¡Ya suéltame! —Grito mientras río— No me estás dejando reposar la comida, tendremos una indigestión. —Hablo entre risas. — Imagínate eso, que divertido sería. Los dos luchando para ver quién entra al baño primero. Sus carcajadas me hacen privar de la risa y me ahogo con mi propia saliva, por lo cual comienzo a toser sin parar. — Está bien, ya. ¡Me callo! —Dice mientras me da palmaditas en la espalda— ¿Mejor? Él pregunta y asiento, cayendo de espaldas en las suaves almohadas de su cama. Henry se acuesta junto a mí y su mano rodea mi cintura, acercándome a su pecho. Me giro, para estar frente a él y lo veo apoyar la cabeza en su antebrazo, el cual usa como almohada. — Estamos en problemas… ¿Cierto? —Pregunto en un susurro. — Me temo que sí. —Suspira y acerca su rostro al mío— Lo de anoche, no creo que vaya a pasar desapercibido en las noticias. — Oh Dios… Cuánto lo siento. —Mi vista se nubla— Si necesitas que haga algo por ti, solo dímelo. Lo que tú hiciste anoche por mí, fue… — Fue un acto desinteresado. —El concluye por mí, me interrumpe— No tienes nada que hacer por mí, no tienes porque disculparte. Yo tomé la decisión de interceder, fácilmente pude haberle pedido a uno de mis guardaespaldas hacerlo para no mancharme, pero no lo hice. — ¿Y por qué no lo hiciste? — No lo sé, esa es una pregunta que aún me cuestiono. —Se muerde el labio inferior— De por sí no soporto los abusos. Pero algo me llevo a ti, pues mi mesa estaba en el nivel superior. —Su tierna mirada es abrumadora— El destino quizás… Sonrío ante sus palabras he imito su acto al morder mi labio también. — Gracias… De verdad. — No me agradezcas. —Su mano se aferra en mi cintura y me aprieta con fuerza contra su pecho— ¿Por qué mejor no me regalas un beso? Hace mucho que no beso a una mujer. A ninguna como tú en realidad. Mi piel se eriza ante su petición y mi cuerpo se tensa ante la sensación, pues responde a su tacto. Mi cuerpo responde a él. A un hombre al cual apenas conozco. Su mano acaricia lentamente mi cintura, su boca poco a poco se aproxima a la mía y mi mano sin control acaricia su pecho. Al cerrarla, mis uñas escarban en su bata hasta sentir su piel, tiene suaves vellos en su pecho. Me gustan. Bajo la mirada a su pecho y noto su perfección a pesar de que no hay mucho a la vista. Su bata, aún le cubre lo suficiente como para verlo a detalle como quisiera. Tuve la oportunidad de mirarlo antes de que se cubriese con la bata, pero en realidad, por el shock del momento, no lo hice. Y ahora, sí quiero. Quiero conocer por completo, al hombre con el cual pase la noche y que por ahora, tal emocionante evento, no recuerdo. Gimo cuando sus labios rozan los míos, gimo cuando la punta de su lengua, roza la mía. Y de un momento a otro, me encuentro sentada en su regazo cubriendo su rostro con mis manos y sintiendo las suyas apretar mis glúteos para sentarme encima de su m*****o y dureza. — Ah… —Gimo cuando muevo mis caderas sobre el y él gruñe en respuesta. Me enredo toda al tratar de quitarle la bata lo cual me hace gemir de frustración, pero Henry se sienta aún conmigo en su regazo y sin problema alguno se quita la bata y su hermoso pecho queda a la vista de mis ojos. El me quita su camiseta y de inmediato, mi boca impacta contra uno de sus pezones y succiono con fuerza, a lo que él gime en respuesta. Al no llevar ropa íntima, fue muy fácil para él llegar a mí intimidad y comenzar acariciar mi clítoris. Su toque y sutileza me excitan más allá de lo posible y me contoneo sobre su mano poderosa. Dos de sus dedos invaden mi interior, se adentran profundamente en mi y encorvo mi espalda ante la sensación. — ¡Sí! Henry… —Muerdo mi labio al sentir como sus dedos se mueven dentro de mi. De adelante hacia atrás, de arriba abajo y a todas partes donde les sea posible entrar y estar. Su boca es quien ahora tortura mis pezones, Henry succiona, lame y muerde en cada uno de ellos. Lo hace con delicadeza, sin lastimarme, sin hacerme sentir dolor. Lo cual agradezco, al ser mi cuerpo tan sensible a todo. Es como si él ya me conociera, como si ya supiera como tratarme. Y no soy fácil de tratar a veces. Tengo mis manías. Pero al parecer, con él las pierdo todas y cada una de ellas. No las recuerdo, o quizás, ante él no existen. Sus dedos abandonan mi interior y sus manos prosiguen a sujetar mis glúteos y apretarlos con fuerza. En algún momento, el me eleva unos segundos y luego, lentamente me guía de regreso hacia abajo, cayendo por completo en su m*****o ahora descubierto y listo para tomarme. Gimo cuando la punta de su m*****o se introduce en mi hendidura vaginal y comienza a llenarme con su gruesor. Al estar por completo dentro de mi, siento como Henry apoya su cabeza en mi hombro y yo hago lo mismo al apoyar la mía en el suyo. Segundos después, al estar sumamente acoplados, sus manos abandonan mis glúteos y regresan a mi cintura. Sus dedos aprietan con fuerza y me hace sentir como si él, dudase de mi presencia. — Estoy aquí… —Gimo contra su oído— Estoy. Aquí estoy. — Estás… —Gruñe contra mi pecho— Sí. Estás aquí, linda. — Tómame. —Muerdo el lóbulo de su oreja y una palmada enrojece mi glúteo izquierdo, a lo cual gimo con fuerza. Sus embestidas inician, haciendo de mi mundo un universo placentero. Pues el sentir del roce de su m*****o en mi interior, me hace ver las estrellas de todo el mundo. El choque de nuestros cuerpos, hacen de las melodías de la vida más perfectas, la mezcla de nuestro sudor, hacen de nuestra sincronía una perfecta compañía y sus gemidos y gruñidos, una hermosa melodía. Henry cae de costado sobre la cama, llevándome junto a él y en un segundo se gira para llevar el control de la situación y ser yo quien quedé acostada por completo sobre la cama, mientras sus embestidas aumentan de nivel y cada vez se alejan más de la delicadeza, para afianzarse en la rudeza. Con su rostro oculto entre mi cuello, mis manos rodeando el suyo y mi cuerpo tendido ante su domino, ambos nos dejamos ir a un profundo orgasmo. Sus embestidas no cesan a pesar de sentir como chorros de su liberación invaden mi interior y sus jadeos resuenan en cada centímetro de la habitación, mientras yo me retuerzo de placer bajo su interior por segunda vez. — Oh por favor… Henry. ¡Para! —Gimo mientras rasguño su piel con mis uñas por el inmenso placer que me invade. Pero él no se detiene, está incontrolable. Está imparable. Su boca se apodera de la mía y siento como gotas de sudor caen de su frente a mis ojos cerrados. Y sucede. Una humedad profunda se siente entre los dos y Henry sale de mi al instante. Sus manos se apoderan nuevamente de mi intimidad y torturan mi parte sensible hasta hacerme llorar del placer. Su boca, en ningún momento abandona la mía mientras lo hace. Este es el cielo, mi universo. Del placer. El cual nunca había visitado, al menos no de esta manera. Pues este hombre me lleva al cielo y al infierno al mismo tiempo. Henry cae sobre mí y entre jadeos y lágrimas, envuelvo mis manos alrededor de su espalda en un abrazo. El pobre, está agotado y yo… Está demás decir que también.                               ***** Al despertar, Henry me invita al baño para ducharnos juntos, dude un momento. Pero al final acepté, porque realmente quería hacerlo y porque también era necesario. Lo hicimos de nuevo allí, y fue aún más intenso que el anterior. Este hombre simplemente es fuego y pasión. ¡Y no me puedo cansar de él! Cada vez que me toca, me enciende de maneras diferentes. Me eleva más allá de la realidad. Y vaya que eso es difícil de lograr, teniendo la realidad que ahora me gasto. Henry me ayuda a escoger qué ponerme entre toda la ropa que él mando a traer para mí y al terminar, ordenamos la cama de la habitación. Era un desastre. Me fue inevitable no bromear con el y lanzarle una que otra almohada para así, hacerlo ordenar otra vez. Broma que me fue cobrada cuando estábamos a punto de salir de la habitación. Al acorralarme contra la puerta y jugar con su poderosa boca en mi cuello. — Me vas a matar. —Gimo contra su mejilla. — Espero y de placer, otra vez. — ¿No te cansas? — No, soy imparable —Gruñe contra mi boca mientras levanta mi vestido—. Ven aquí. Vuelvo a gemir cuando sus manos acarician mis glúteos y abre mis piernas para luego envolverlas alrededor de su cintura. Henry va a tomarme de nuevo cuando de repente, tocan a la puerta. — ¡Su alteza! —Es la voz de un hombre— El auto ya está listo, esperamos por usted. Henry cierra los ojos y al tragar con fuerza, musita: — Gracias, Liam. —Su mirada se encuentra con la mía y una sonrisa es lo que sale de sus labios a continuación— Me temo que no podré continuar con la fiesta, aquí. — ¿Dónde? —Susurro. — Contra la puerta. —Dice mientras choca la mano contra ella. — Que lastima. —Finjo tristeza y el sonríe. — Ni creas, no te libraras de mí así de fácil. Contengo una risita burlona y eso lo hace arquear las cejas. Henry me deja sobre mis pies y me ayuda a poner el vestido en su lugar, igualmente su pantalón. Salimos de la habitación segundos después y el toma de mi mano y entrelaza sus dedos con los míos. Lo cual me deja sorprendida pero lo disimulo, lo más que puedo. Y cuando estamos a punto de salir por la puerta principal del palacio, ambos nos detenemos al escuchar a un hombre llamarlo. — ¡Henry! —Su voz proviene de uno de los pasillos— ¡Dónde estás! ¿Henry? Henry me mira y veo como su mandíbula se tensa. — ¿Es él? —Pregunto mientras me sonrojo a lo que él asiente. — Yo me hago cargo, tranquila. — ¡Henry! —Vuelve a gritar y por fin sale a nuestro encuentro. — Aquí estoy. —Dice sin ánimos— ¿Qué sucede? El hombre se detiene a mitad del pasillo cuando me ve. Bajo la mirada inmediatamente y no puedo evitar sentirme de lo peor. Seguramente ya sabe que pasamos la noche encerrados en el cuarto y que no precisamente estuvimos jugando a las muñecas. Aunque quizás… Ni se dé una idea de que Henry y yo… — Te estuve llamando. —El vuelve hablar— Me quedé preocupado y esperándote en el club después de lo ocurrido. — No podía volver, después de eso. —Dice Henry con un semblante sereno— Las personas ya sabían de mí presencia en el lugar. — ¿Viste las noticias? —Espeta acercándose de manera sigilosa— ¿Y quién eres tú? —Me mira enojado y Henry se interpone entre los dos. — Cálmate y guarda tú distancia de ella. — ¿Perdón? —Suena y se ve ofendido. — Lo que haz escuchado. —Henry sentencia— No le hables así, nadie tiene la culpa de lo ocurrido. Tú y yo, hablaremos cuando regrese. — ¿Y a dónde vas? ¿Qué cosa puede ser más importante? — ¿Es en serio, Sebastián? —Resopla— Sabes quién soy, no me salgas con eso ahora —El se da la vuelta hacia mi y toma de mi mano—. Después de reunirme con el primo Williams, regreso. — ¿Y ella qué? Henry ladea la cabeza y lo veo exhalar con fuerza. — No es necesario que me acompañes. No te quiero meter en problemas, yo puedo irme sola. Total, ya tengo la ropa. —Susurro audible solo para él, tratando de bromear y disimulo una sonrisa. — No es gracioso. Ni lo pienses —Niega con la cabeza—. Eso ni pensarlo. — Pero… — Dije que no, Elicia. Yo te llevo. — ¿Qué? —Espeta Sebastián más que furioso— ¿Tú qué? — ¡Lo que oíste! —El grito de Henry me hace palidecer— Basta, llevaré a Elicia a su casa y luego cumpliré con mis deberes reales. Si me esperas o no, es tú decisión. Tomando de mi mano, Henry me lleva fuera del palacio y me ayuda a subir al Sedan-Black4A que esperaba por nosotros afuera. El auto inicia su recorrido fuera del palacio y al salir, los paparazzi rodean los tres autos. — Oh por Dios. —Gimo horrorizada. — Mierda… —Dice Henry mientras se cubre el rostro y me oculta en su pecho— Liam, dime que las ventanas están polarizadas. — Sí, señor. Lo están, no se preocupe. Lo siento asentir con la cabeza cuando su mentón choca con la mía. — Tranquila —Susurra contra mi oído—. Lo resolveré. ¿Está bien? Asiento mientras lo abrazo. — Está bien. Solo no quiero que Andrés se entere, no antes de que pueda decirle primero. — Confía en mí, lo resolveré. Lo prometo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR