Henry se gira y camina hasta el final de la biblioteca, conmigo aún en brazos.
Se detiene frente a lo que parece una pequeña sala de estar, rodeada de una gran chimenea una pequeña mesa de madera y un inmenso sofá de cuero y de un color marrón oscuro.
El se inclina hacia adelante, dejándome caer lentamente sobre el sofá y al estar sobre éste el endereza su postura y comienza a desvestirse sin apartar su mirada de la mía.
Mi espalda se arquea al sentir su mirada sobre mí, una mirada en la cual solo puedo ver deseo, ternura y lujuria.
Gimo cuando veo hacia su dureza y luego lamo mis labios cuando lo veo desprenderse de su calzoncillo. Su m*****o grueso y erecto apuntando hacia mi, hace que mi espalda se arquee nuevamente.
Verlo, hace relucir mis peores pensamientos, los más perversos he intensos.
Nunca había conocido esta parte de mi.
Pero verlo así, solo por y para mí me hace sentir unas grandes ganas de lamerlo, de tenerlo en mi boca y sentirlo. De hacerlo acabar dentro de mí. Soy otra en estos momentos y puedo jurar que no reconozco estos pensamientos. Jamás fui así con Andrés.
Me siento, guiada por mis instintos y cuando estoy por llegar a él. Henry me empuja de vuelta en el sofá.
Con sus fuertes manos, vuelve hacer trizas mi ropa, o bueno, la ropa que me fue prestada por mi mejor amiga y eso me hace sonreír levemente.
Gimo cuando su boca hace un camino de besos en mi abdomen y desciende hasta mi intimidad para invadir con su boca mi brote sensible y lamer sin piedad.
Aferro mis manos en su corto cabello y lo ínsito a no detenerse, a seguir allí hasta hacerme volar. Hasta hacerme llegar al más profundo y delicioso clímax.
— Henry… —Gimo mientras muerdo mi labio inferior y meso mis caderas contra su habida lengua— ¡Por favor!
— Mmm… —Gruñe contra mi hendidura— ¿Por favor, qué?
— ¡Ven aquí! —Chillo deseosa de sentirlo dentro de mi, pues quiero correrme teniéndolo en mi interior.
Lo deseo mucho dentro de mí.
Y le hago saber mi desesperación al aferrar mis manos en su hermoso cabello, segundos después me complace y asciende de regreso a mi boca. Sus labios húmedos y brillosos gracias a mis jugos, me excitan tanto que el cosquilleo en mi interior se hace presente y al él notarlo, no duda en embestirme sin piedad. Su rostro se alinea junto al mío y sus labios, se apoderan de mi mentón al morderlo con fuerza mientras su m*****o se hace camino en mi interior.
Sus manos encuentran las mías, las cuales estaban por encima de mi cabeza y el se aferra a ellas, apretándolas con delicadeza, reteniéndolas en su sitio.
El choque de su pelvis contra la mía me hace gemir, pues la parte baja de su vientre roza una y otra vez mi clítoris ya hinchado por el placer.
Esto es más que sexo, su pecho y el mío están unidos, sus piernas enroscadas con las mías y sus manos… Aferradas a las mías mientras su boca ahora se apodera de la mía.
Sin duda esto, es hacer el amor.
Él, me está haciendo el amor.
De la mejor manera, de la mejor forma.
— Eli… —Gime contra mi boca— Vamos al cielo juntos.
— Sí. Por favor…
Y sin más, sus embestidas bajan de intensidad y sus manos, liberan las mías para luego envolverlas en la parte baja de mi cintura, apretándome con fuerza contra su pecho, hago lo mismo al envolver mis manos en su cuello y aferrar su boca contra la mía.
Haciendo del momento, más intenso, más profundo, más personal de lo que todo esto de por sí ya es.
Esto es más de lo que alguna vez hubiese podido imaginar, esto más de lo que alguna vez hubiese podido desear. Esto es más, él más de lo que puedo pensar. Y eso, me encanta, me domina… Me consume.
En algún momento, Henry detiene todo movimiento de sus caderas y solo puedo sentir como se viene en mi interior, solo siento, como me aprieto a su alrededor y todo mi mundo colapsa de placer sobre el suyo.
El clímax que nos invade, es abrumador.
Extremadamente, enloquecedor.
Su m*****o se mueve en mi interior, revelando espasmos nerviosos del clímax, al igual que mis paredes vaginales que no paran de apretarse a su alrededor.
Sí, este es mi cielo.
Un nuevo cielo.
*******
Después de ducharnos juntos y de seguir divirtiéndonos en el baño, Henry me llevo en brazos de vuelta a la cama y dormimos quizás dos horas hasta que él recibió una llamada importante por la cual abandonó la habitación por casi veinte minutos.
No me molestó en lo absoluto en que el se fuese de la habitación para contestar la llamada, creo que mientras menos sepa de sus cosas mejor, agradezco la prudencia y tampoco me gusta husmear en la vida de los demás.
Creo que a pesar de todo lo ocurrido entre los dos, la confianza aún no llega a ese nivel y entiendo que él deba ser discreto con sus cosas.
Mientras él regresa, me pongo de pie y me encamino a paso lento hacia la mesa llena de víveres la cual está en la antesala.
¿Ya comenté que esta habitación es casi del tamaño del primer nivel de mi casa en Bélgica?
Es inmensa, incluso y no es por exagerar. Podría perderme en ella, si no es porque ya tengo grabado en mi memoria cada rincón de ella.
Estás veinticuatro horas han sido toda una locura, pero el ahora estar aquí, creo que es mi recompensa y me hace sentir que después de todo lo que he pasado, esto no es tan malo.
Aunque aún no llamo a mi novio, Andrés.
Pensar en ello me genera muchísima ansiedad a pesar de que estoy consciente de que debo hacerlo y rápido.
Tomo el cuchillo y sigo picando trozos de manzana, al terminar, busco un plato en el carrito donde está todo lo que Henry ordenó para nosotros, literal, es todo un festín.
Demasiada comida, como para todo el día.
Hecho los trozos de manzana en el plato y prosigo a cortar las fresas y demás frutas que son de mi agrado y gusto. Al finalizar, vuelvo al carrito de comida y tomo el potecito con chocolate líquido y lo vierto sobre mi ensalada de frutas. Sonrío satisfecha y prosigo a tomar el tenedor junto con un vaso de agua y camino de regreso a la cama.
Pique la cantidad de frutas suficiente como para comer dos personas, así que al sentarme en la cama comienzo a comer de a poco mientras espero que Henry regrese.
Lo cual ocurre cinco minutos después.
— Volví. —Dice mientras sonríe y camina hacia mi.
Al llegar, deja su teléfono en la hermosa y clásica mesita de noche y se sienta junto a mi costado.
— ¿Qué tenemos aquí? —Susurra mientras le ofrezco un bocado de fresa y él lo acepta.
— Me dio hambre, así que preparé esto para los dos. —Sonrió— Comí un poco mientras te esperaba, espero y no te moleste.
— Oh sí, estoy furioso. —Bromea y me río— ¡Casi no me dejas!
Él se acuesta a mi lado y ambos comemos en silencio.
Y debo admitir que me gusta esa dinámica entre los dos, comer en silencio. Pues si lo comparo con mi novio (Lo cual sé que está mal) Hay una milla de diferencia, a él le gusta hablar y bromear mientras comemos, no sé. Como que le gusta llamar demasiado la atención y que la situaciones siempre estén en un ambiente muy animado y aclaro que eso no está mal, pero tampoco llamar la atención a tal extremo, pues los temas de conversación siempre están centrados en él, en cambio yo… Soy más tranquila cuando se trata de la hora de las comidas.
No con esto digo que su forma de ser sea mala, pero sí admito que no combinamos en ese sentido, como entre muchos otros. Aunque nada justifica lo que estoy haciendo.
Al finalizar, Henry lleva el plato de regreso a la mesa de la antesala y cuando lo veo regresar, este viene corriendo y se lanza sobre la cama como si fuese un parapente que luego cae sobre mí y envolviendo sus manos a mi alrededor, me lleva con él dando vueltas por toda la inmensa cama king-side.
— Gracias… —Musito entre risas mientras acaricio su pecho— Necesitaba esto, necesitaba alejarme de la realidad por un momento.
Henry alza su rostro a la altura del mío y su tierna mirada me traspasa el alma.
— Que bueno que lo mencionas, porque quiero hablar de ello. ¡Justamente de eso! —Su voz es ronca ahora— ¿Qué sucede?
— Nada… —Dejo de mirarlo y el de inmediato se sienta a horcajadas sobre mí.
— ¿Nada? —Dice mientras ladea una sonrisa— ¿Alejarte de la realidad, por nada?
Me aclaro la garganta y me cruzo de brazos.
— No quisiera hablar de eso.
— ¿Por qué no?
— Pues… —Me pongo nerviosa sin razón y espeto lo primero que me pasa por la cabeza— No te conozco. ¿Bien? —Me sonrojo ante lo dicho y trato de calmarme— ¿Me confiarías tú a mí problemas de la familia real?
— Buen punto. —Sonríe de nuevo— Pero ese no es el caso porque lo que sea que estés pasando no es de nivel “real” y si lo fuese, te confesé mi “Orientación s****l” —Guarda silencio, pensativo— La cual a este punto, pongo en duda, quizás y solo sea bisexual. En fin, el punto es que he sido abierto y sincero contigo. Y no con esto digo que tú no lo hayas sido o que también debas serlo así no quieras, solo quiero que sepas que puedes contar conmigo y que me gustaría ayudarte en todo lo que pueda.
— ¿Por qué? —Frunzo el ceño.
— Porque me siento agradecido, tú me estás reencontrando con una parte de mi pasado a la cual ya había olvidado. —Entreabro mis labios para responderle pero él no me deja al continuar— Y porque para no conocernos… Mira todo lo que ya hemos hecho.
Su mirada y la mía se pierden una en la otra, inmersas. Tratando de conocernos mutuamente y mucho más con ellas, como si con eso fuese más que suficiente. Como si su alma y la mía conectasen a un nivel superior he inexplicable.
Suficiente para confiar en él mis mayores temores, mis mayores errores y mis mejores virtudes.
Y por increíble que parezca, en este caso, lo es.
Con su profunda mirada, llena de atención y quizás cariño, me a hecho sentir que puedo confiarle hasta mi alma entera. Que puedo abrir mi corazón a él, sin miedo a nada y darle rienda suelta a todo lo que a sido mi difícil existencia.
Contarle la verdad, la razón de mi regreso a la ciudad. Decirle, porque estuve a punto de colapsar sino fuese por su repentina aparición y por consecuente, distracción a mi terrible realidad familiar.
— Mi madre me detesta. —Digo sin más en un susurro— Mi hermana también y mi padre… A este punto ya no sé que pensar de él, pues hasta hace unas horas también lo creía, que me odiaba. Pero con sus últimos actos, a demostrado que quizás no y que solo han sido ideas mías.
Guardo silencio al sentir el nudo en mi garganta, pues ahora, toda esta situación se hace más dolorosa.
Creo que soy más sensible de lo que quizás creía posible.
— Me fui de la casa hace cinco años, pero no fue suficiente, así que luego, al poco tiempo después, decidí irme de la ciudad y cortar todo tipo de lazos con ellos.
— ¿Por qué? —Musita mientras acaricia un mechón de mi cabello, el cual cubría gran parte de mi rostro.
— Mi infancia no fue fácil, lo poco que recuerdo de mis primeros años es una maravilla, nuestra vida era perfecta, hasta que mi hermana Annie nació y desde entonces Raquelle, mi madre, se encargó de hacer menos y un horror la vida de mi hermano mayor y la mía. Mi padre no hizo nada la mayor parte del tiempo… Se convirtió en un mojigato y con el tiempo un arrogante avaricioso, le cedió el poder sobre nosotros y permitió que nos maltratase. —Un puchero me abandona al recordar— Mi hermano Kylee, es mi mundo Henry. Si no fuese por el, no sé que habría sido de mí, no sé si hubiese podido soportar todo ese infierno, el siempre me cuido de esa mujer… Y de los berrinches de mi hermana…
Traté de parar en tres ocasiones, de no continuar con la historia, pero Henry me ínsito a seguir hablando, me motivo a desahogarme.
Y fue bueno, porque el nudo se disolvió dándole rienda suelta a tanto llanto resguardado en mi interior desde mi regreso.
Sus brazos aferrándome a su pecho me confirman lo que ahora siento, no estoy sola.
Y él, se ha convertido en aferrándome
Un refugio del cual no quiero salir por lo que resta de día.
— Y así es como llegué aquí. —Concluyo mientras sorbo mi nariz— Cumpliendo la última voluntad de mis abuelos y en especial, la de mi abuela. —Suspiro— Mi hermano y yo amamos esa casa y por nada del mundo queremos perderla.
— Ya lo veo… —Le escucho decir mientras toma asiento a mi costado— La amas tanto que no te importa obtenerla acosta de tu sufrimiento. —El niega con la cabeza— Con todo respeto, pero creo que tu abuelo te condenó a sufrir incluso después de su muerte. Nadie merece esto y mucho menos tú.
Dejo de mirarlo y me cruzo de brazos perdiéndome en pensamientos, nunca lo había visto desde esa perspectiva. Quizás Henry tenga razón y esto solo sea una prueba que mi abuelo me impuso, la cual espera que venza con una gran diferencia entre mis padres.
— Tal vez haya un mensaje de trasfondo. —Dice él alejándome así de mis pensamientos— Quien sabe, quizás y el quiere que descubras algo y por eso puso esa exigencia en el documento. —Frunce el ceño— Hay algo que no termina de encajar para mí.
— ¿Qué cosa?
— ¿Por qué ese cambio tan repentino en la herencia? Sobre todo, cuando ya tu abuela había decidido a quien dejarle sus cosas.
— Es lo que me he preguntado.
— ¿Te molesta si hablo de esto con mis abogados? Una segunda asesoría nunca está demás.
Me sonrojo y su mirada se encuentra con la mía.
— No creo que sea necesario, yo…
— Elicia, algo podría no estar bien aquí y no vale la pena que sufras por nada. Ellos no lo valen y tú no mereces esto. Piénsalo.
Asiento y al instante lo veo ponerse de pie.
— Quiero que te quedes esta noche conmigo. —Dice firmemente y palidezco— No quiero que regreses a esa casa.
— Pero debo volver… —Musito en un hilo de voz— Es una de las clausulas del testamento, debo estar en esa casa la mayor parte del tiempo que me sea posible.
— Tú lo has dicho “La mayor parte del tiempo”. Y hoy no será posible. —Henry me da la espalda y desaparece de la habitación segundos después.
Dejándome con la boca abierta y más confundida de lo posible.
Suspiro resignada y al mirar hacia la mesita de noche, veo mi pequeña cartera, muerdo mi labio inferior y ahora sintiéndome fuerte, decido hacer la llamada que tanto he pospuesto hacer por temor a lo que dirá.
Pero creo que eso ya es lo de menos, no importa.
A veces puedes estar con una persona por el tiempo que sea, pero si no eres feliz, ya no vale la pena seguir amargando tú tiempo y espacio.
Y ese, es mi caso.
No con esto debo justificar mi infidelidad, admito lo que he hecho. Me pase de tragos, termine en la cama de un hermoso hombre y a fin de cuentas, estoy aquí de nuevo y voluntariamente. Porque con el me siento en paz y libre de ser quién realmente soy.
Sin rencores, a puesto a qué el también me a sido infiel. Sus salidas nocturnas cada fin de semana sin que yo pueda acompañarlo me lo confirman. También ciertos mensajes insinuosos que sin querer ví en su móvil días antes de venir a la ciudad me lo rectifican. Mi sexto sentido me lo gritó por mucho tiempo pero por miedo a afrontar la realidad lo ignore.
Vuelvo a suspirar mientras marco su número y prosigo a morder mi labio cuando comienza a repicar.
Al cuarto repique, esa voz tan familiar me pone a temblar. De los nervios.
Como que ya no soy tan fuerte ahora…
— ¡Bueno! ¿Elicia? —El tono de su voz me hace saber que no está para nada contento.
— Hola, Andrés. ¿Cómo es…?
— ¿Tienes algo que contar? —Dice al interrumpirme.
Vaya… Que rápido se esparció la noticia.
— Entonces supongo que ya lo sabes… —Apenas y me escucho a mi misma de lo bajito que he dicho esas palabras.
— ¡Por Dios! —Gime frustrado— ¿Así que es cierto?
— Lo siento, de verdad. No fue algo planeado, no fue a propósito. —Cubro mi rostro como si él pudiera verme— Solo pasó… Estaba algo…
— ¿Y eso es todo lo que dirás? —Espeta— ¡No me es suficiente! Merezco una buena explicación. Te largaste de Bélgica con la excusa de la herencia o ¿Fue para revolcarte con ese idiota?
Pongo los ojos en blanco ante sus conjeturas.
— ¡No le digas así! —Alzo la voz— Henry es un gran hombre.
— ¿Y encima lo defiendes? ¡Pero esto es colmo! —Grita— Tú madre tenía razón, eres una cualquiera. ¿Desde cuándo me ves la cara?
— ¿Qué? —Grito dolida, pues el sabe la historia con Raquelle— ¡Cómo te atreves!
— Me atrevo, sí. ¡Me atrevo! Así como tú te atreviste a serme infiel y humillarme a nivel mundial con nada más y nada menos que el duque de Leith. Que poca moral la tuya, qué bajeza, reclamarme a mí cuando has sido tú la que haz fallado.
Mi vista vuelve a nublarse y bajo la mirada hacia mi cuerpo cubierto por la sábanas de seda.
Si bien es cierto que puedo entender su enojo y que he lastimado su orgullo de hombre, en lo que sí no estoy de acuerdo, es a que me insulte de esa manera. Mucho menos que me trate como lo hace Raquelle, a sabiendas de cómo a sido ella conmigo.
— Está bien, entiendo tu enojo. Pero no comparto el hecho de que me insultes, mucho menos que caigas al nivel de bajezas de Raquelle sabiendo tú la historia.
Lo escucho resoplar.
— Diré lo que quiera decir y me expresaré como me venga en gana. Porque para bajezas… Tú eres la reina con lo hecho.
— Basta.
— No. —Gruñe— Quiero que en este instante, tomes el primer avión que salga de Edimburgo hacia acá. ¡Y regreses! Ahora.
— Sabes que no puedo. La herencia…
— ¡La herencia me vale mierda! —Grita— Vas a regresar y hablaremos como es debido. Me debes explicaciones. ¡Nadie me ve la cara de estúpido!
— ¡Es que no es lo que piensas! —Gimo frustrada.
Debería importarme un p**o su opinión, pero estoy sensible, pues han sido las horas más descontroladas de mi vida entera.
Yo no soy una cualquiera, jamás le había sido infiel, pero ya ven… Dicen que siempre hay una primera vez. Y vaya que esta primera vez lo ha sido en grande.
— Sino regresas ahora, esto se habrá terminado. Y quedarás como la mala del cuento, Elicia.
— No lo haré.
— ¡No puedo creer que solo pienses en ti!
— Sí, está bien, soy mala por pensar en mí. ¡Una maldita vez! —Espeto para concluir— Pero entonces tú también lo eres al ser tan egoísta y pensar siempre solo en ti.
Tiro el teléfono sobre la cama y lo escucho caer al suelo después de rebotar en esta.
Me cubro mi desnudez con una de las sábanas y al ponerme de pie, corro hacia el baño hecha un mar de lágrimas.
Mi día no puede ir de mal en peor.
Veinte minutos después…
Más tranquila, luego de darme una ducha caliente, salgo del baño y me encamino de regreso a la cama, cuando a mitad de camino escucho la voz de Henry y inmediato detengo mi andar.
La molestia en su voz, es palpable.
Me oculto tras la puerta del armario para que él no se percate de mi presencia, lo veo hablar al teléfono y lo escucho con atención.
— ¡Voy a hundirte! —Espeta con severidad— ¿Me has entendido? Te haré saber que nunca debes faltarle el respeto a una mujer de esa manera. —El guarda silencio unos instantes— Tus amenazas me tienen sin cuidado, todo lo que digas sobre ella me es de irrelevancia. Tú palabra no tiene honor ni efecto contrario en mí. —Musita— Mantente alejado de Elicia, no quiero volver a enterarme de tu miserable existencia. ¡Imbécil!
Lo veo finalizar la llamada y cuando estoy por salir de mi escondite, el vuelve a hacer otra llamada la cual le responden a la brevedad.
— Janeth, haz el comunicado. Ahora. —Asiente a lo que la persona le dice— Esto se va a salir de control si no hago algo al respecto de inmediato. —Decido abandonar mi escondite y el de inmediato siente mi presencia al darse vuelta— Janeth, dame un segundo…
Me detengo a dos pasos de distancia, pasos que Henry acorta para llegar a mi y susurrar:
— Debemos hacer algo al respecto, el orgulloso de tu ex novio está dolido y piensa dar declaraciones a la prensa. —Palidezco— Tengo las ofertas que le fueron enviadas a tu ex en mi email.
— ¿Qué? —Gimo horrorizada— ¿Pero cuando?
— Al parecer las recibió esta tarde, cuando tú nombre fue expuesto a los medios.
— ¿Mi nombre qué? —Alzo la voz.
— Lo siento, trate de impedirlo. —Suspira— Y eso puedo jurarlo, pero escapó de nuestras manos.
Se puede decir que una parte de mi estaba tranquila después de leer el artículo de esta mañana pues mi nombre no había sido revelado. Y mi foto junto a Henry era borrosa.
Pero ahora que sé que lo saben.
Es inevitable no sentir desesperación.
¿Ya mencioné que no me gusta la exposición pública?
Rayos…
— Henry, pero… Yo no quiero ese tipo de atención.
— Lo sé. —Dice sincero— Pero ya está hecho, y ahora más que nunca tú integridad y seguridad son mi prioridad. Y para ello, he decidido hacer publico un anuncio.
— ¿Anuncio? —Lo veo asentir.
— Es lo requerido en estos casos. —Se muerde el labio— Presiento que todo esto se saldrá de control, Elicia. No solo con tu ex, también con el mío. Y antes de que eso suceda, quiero tomar acciones. Ahora, la pregunta es, ¿Si estás conmigo en esto o no? Entenderé si la respuesta es no, de hecho, es la que espero. Pero de igual manera debo hacerlo, por el bien de ambos. Pero sobre todo, por el tuyo, por el bien de tú imagen.
— ¿Mi imagen?
— Así es. ¿O quieres que todos opinen de ti lo mismo que tu ex? —Su mirada es profunda— Yo sé que no lo eres, pero el mundo no. Y la manera en que nos conocimos más todo lo que hicimos hasta ahora, podrá ser muy linda ante mis ojos pero dudo que lo sea ante los demás y por nada del mundo lo permitiré.
Cierro los ojos y un profundo suspiro me abandona.
— ¿Y qué propones?
— Inventar una historia que justifique nuestras acciones.