Capítulo 8

3818 Palabras
Horas después… Despierto de un brinco al escuchar el tono de llamada entrante en mi teléfono, me dormí profundamente después de que Henry se fue y ni siquiera sé si de verdad me llamaría al llegar a su casa. O mejor dicho, al palacio. Estiro mi mano hacia la mesita de noche, apenas sin tropezar las cosas de ya sabemos quiénes y tomo el teléfono. Al observar la pantalla veo la hora y noto que son más de la media noche. Deslizo para contestar la llamada y sonrío… — Hola. — ¿Te desperté? — Digamos que sí. —Muerdo mi labio inferior para no soltar una risita nerviosa. — Te pido una disculpa. —Lo escucho reír— ¿Estás bien? — Sí, lo estoy. —Murmuro en voz bajita— ¿Y tú? Tardaste en llamar… — Sí, digamos que tuve un pequeño inconveniente. Pero estoy bien. Mi corazón se sobresalta por un momento y eso me hace sentarme de inmediato. — ¿Seguro estás bien? Henry guarda silencio y eso me altera. — ¡Hey! No me asustes. ¿Tuviste algún problema por mi culpa? Lo escucho aspirar con fuerza. — Así que yo sí te importo… —Dice y lo puedo imaginar aguantando las ganas de reír, pues el tono burlón en que dijo tal barbaridad me lo hace saber. — ¡Henry! —Chillo en voz baja— Esto es serio, me asustaste. — Está bien. —Ríe— Tú también me importas. —Dice y ruedo los ojos. Escucharlo reír es contagioso de alguna manera para mí. Pero no me daré el gusto, así que guardaré silencio, haré lo mismo que el me a hecho. Devolver el golpe a veces es divertido y bueno. — ¿Te enojaste? Vamos, no es para tanto. —Gime frustrado ante mi silencio— ¿Elicia? Está bien, no volveré a reírme. Y en ese momento mi silencio termina para darle paso a unas carcajadas contenidas. — Eres tremenda… —Murmura entre risas roncas. Me recuesto de vuelta en la cama y aferrándome el teléfono al oído, musito: — Por favor, nunca dejes de reír. — No lo haré si tú tampoco lo haces. — Trato hecho. Ambos guardamos silencio por varios segundos hasta que el vuelve hablar. — Lo bueno es que sí te importo, después de todo. — Basta… —Rio nerviosa pues no sé a dónde quiere llegar con eso. — Dilo. — Henry, para. — No. Hazlo. Dilo. — ¿A dónde quieres llegar? — A ti. — Detente. —Susurro en un hilo de voz. — Trata de detenerme, Elicia. —Suspira— Solo dilo, creo que decirlo no es nada comparado con toda la locura que ya hemos hecho. Trago saliva con fuerza y un nudo en mi garganta se incrementa. — ¿Es raro, cierto? —Vuelve a suspirar— Yo también lo siento. Pero no quiero cambiarlo, no quiero cambiar nada de lo ya hecho. —El guarda silencio pero escucho claramente su respirar— ¿Si pudieras hacerlo, lo harías? — No. —Digo a secas. — Entonces dilo. — Claro que me importa saber que estás bien. — No. —Chasquea con la lengua— Eso no. Muerdo mi labio inferior y al rodar los ojos sonrío. Vaya que es terco. — ¡Sí, Henry! Sí me importas. —Espeto— Me importa como estés, me importa mucho como estés. Sí, en serio el me importa. Pero trato de no pensar mucho en ello, pues no quiero salir herida de todo esto. Es muy rápido para todo lo que está pasando a nuestro alrededor. — Cuando regrese al palacio, Santiago estaba aquí. Esperándome. —Le escucho decir y me vuelvo a sentar— Tuvimos una fuerte discusión, quería volver. Quiera intentar arreglar nuestra situación, pero enloqueció cuando le dije lo que haremos. —Suspira muy pesadamente— Creyó que le he sido infiel contigo desde hace meses, traté de aclararle que no es así, pero fue en vano. — Oh… Henry, Dios cuánto lo siento. ¡De verdad! — Yo también, lo lamento mucho. Porque conozco a Santiago, sé que es un gran hombre. Pero también sé lo orgulloso que puede llegar a ser y detesto que todo haya terminado así. Hasta peleamos, te insultó y eso es algo que no le iba a permitir, así que los guardias interfirieron. — Oh por Dios… —Gimo angustiada— Henry ¿Estás bien? ¡Dime la verdad! —Lamo mis labios ahora resecos por la angustia— No debiste pelear con el. No tenías porque hacerlo. — ¡Claro que sí! —Espeta— Ya te lo dije, te insultó y eso es algo que no voy a permitir, por nadie. Una lágrima divaga en mi mejilla y sorbo mi nariz. — Esto es una locura… —Sollozo— Tú eres como una bendición en mi vida, solo me proteges, me cuidas y yo simplemente he hecho un desastre de la tuya. — ¿Estás llorando? —Su voz ronca me eriza la piel— Elicia… — ¿Estás bien, cierto? Mi voz apenas y es audible. El nudo en mi garganta es insoportable. Son muchas emociones a flor de piel, los problemas con mis padres y hermana, el fin de mi relación con Andrés, estar lejos de mi casa y hermano. Y ahora, mi loca aventura con Henry y los medios a nuestra merced. — Elicia… Escúchame, estoy bien. ¿De acuerdo? De cualquier manera esto iba a pasar, mi relación con Santiago no iba funcionar a largo plazo. Por muy avanzado que estén los tiempos, una relación como la nuestra jamás va a hacer aceptada en la realeza y eso es algo que él sabía. — Pero acabó y fue por mi culpa. —Sollozo. — No, antes de conocerte ya teníamos problemas. Creo que duró el tiempo suficiente, duró lo que tenía que durar. Decido no responder y procedo a limpiar las lágrimas que vagan por mi rostro, sorbo mi nariz y luego trago con fuerza. Intento hablar de nuevo pero no puedo, pues no sé que decir. Mi relación con Andrés al fin y al cabo también termino gracias a esto. Que cliché. — Por muy loco que pueda llegar a ser, me importas tú Elicia. Y no veo la hora de que amanezca para traerte de vuelta a mis brazos otra vez. — No lo digas… No digas eso. —Niego con la cabeza— Estás loco. Sabes que esto es una locura. — Puede que sí, pero entonces me encanta estar loco por ti. Mordiendo mi labio inferior niego con la cabeza y a continuación, musito: — Si no te detienes, colgaré. — Si cuelgas, voy por ti ahora. Chillo frustrada. — Dios… Eres tan terco. — Y tú tan linda. —Dice risueño— No te enojes, porque no estoy junto a ti y no puedo ver lo lindo que ha de estar tu rostro en estos momentos. Un puchero predomina mis labios ante su comentario y realmente quisiera tenerlo a mi lado ahora mismo. Nos complementamos tan bien, que me cuesta trabajo comprender cómo es posible que lo haya podido conocer en una loca noche de fiesta y en una discoteca a la cual fui por primera vez después de estar tantos años fuera. Cierro los ojos y lamo mis labios imaginando que lo tengo frente a mí y que sus lindos ojos grises sonríen ante los míos. — Tengo miedo… —Digo al fin. — No tienes porqué, siempre voy a protegerte. Te di mi palabra. — De esto. —Le corrijo— Tengo miedo de salir herida por todo esto, por algo tan repentino. — ¿Y qué no es repentino en esta vida? El solo hecho de existir ya lo es, Elicia. Su respuesta me hace callar pues el tiene razón una vez más. Henry muy aparte de ser todo un príncipe de cuentos, es un poeta. Los pensamientos me abundan y uno de ellos me sonroja pero no puedo evitar pensarlo, mucho menos sentirlo. Porque en realidad, sí quiero decirlo. — ¿Me harás el amor? Mañana… El aspira con fuerza, escucharlo me hace suspirar. — Mañana, pasado y cuántas veces quieras. —Gruñe— Tú solo pídeme lo que quieras y lo tendrás, Elicia. — Mañana está bien para empezar. —Sonrío nerviosa y el también— Ya estoy ansiosa. — También yo. — Que descanses… — Hasta más tarde, linda. Sonrío al finalizar la llamada y dejo el teléfono nuevamente sobre la mesita de noche. En conclusión, Henry es la mejor aventura de mi vida. 08:30 AM. Después de ducharme y de hacer todas mis necesidades básicas, regreso a la que alguna vez fue mi habitación y al abrir mi bolso, guardo mi pequeño estuche con el cepillo de dientes y mi jabón, luego busco las únicas prendas de vestir que anoche guarde para cambiarme hoy y segundos después, guardo mi pijama en una bolsa y la introduzco en mi bolso junto con las demás cosas. Después de vestirme, ajusto mis zapatos deportivos y camino hacia el espejo en una esquina de la habitación y observo mi cuerpo. Me gusta como este conjunto deportivo le da forma a mi figura, me gusta como la destaca, como se complementa en ella, como resalta mi cintura y mis curvas. Soy de contextura delgada, pero fui bendecida con unas lindas piernas y cintura. Mis pechos pequeños, del tamaño de una naranja, se adaptan perfectamente a la contextura del top, busco la colilla del cierre y al subirlo casi hasta mi cuello, oculto el escote generado por mi top y sonrío ante el espejo. Nada de mostrar la mercancía. Porque soy una mujer de bien y ahora también “la novia” ante los medios de comunicación, del adorado Duque de Leith. Vaya responsabilidad. ¡Tengo una imagen que cuidar! Me río ante ese pensamiento tan cierto y aterrador y me encamino de vuelta hacia la cama y tomar mi gran cartera-bolso. Me despido con la mirada de lo que alguna vez fue mi cuarto y ahora es un closet improvisado, girando sobre mis talones camino hacia la puerta y salgo de la habitación sin mirar atrás. Bajo con cuidado y uno por uno los escalones de la corta escalera y me detengo en el umbral de la sala de estar. Busco con la mirada pero nadie está a la vista. — Buenos días, hija. —La voz de mi padre a mis espaldas me hace saltar del susto. — ¡Papá! —Chillo. — Se han ido, al spa. —Dice con fastidio— Necesito hablar contigo, por favor acompáñame a la oficina. Mi corazón se acelera ante lo escuchado. Asiento con la cabeza y lo sigo de cerca. Al llegar frente a la puerta de su oficina, me deja pasar primero y luego cierra la puerta tras de sí. — Toma asiento, por favor. Obedezco y me siento rápidamente dónde el me señala, el sofá que está en un rincón de la oficina al lado de una pequeña chimenea y el se sienta en la pequeña mesa de madera frente a mí después de echar a un lado una taza de té. — Por donde inicio… —Murmura mientras se cubre los labios con las manos. Creo que el momento por el cual tanto esperé en el fondo de mi alma, por fin a llegado. — Por el inicio. —Digo en un hilo de voz. — Por el inicio… —Repite y hace como si fuera a levantarse de la mesa pero al final no lo hace— Elicia, hija… Yo. —Deja sus palabras a medias. — Hace mucho que no me decías de esa manera. —Su mirada se cruza con la mía— Hija. Lo veo asentir ladrando una sonrisa triste y luego bajar la mirada. — No tenemos mucho tiempo. —Murmura mirando hacia la puerta— Requelle nunca está fuera por mucho tiempo. — ¿Le tienes miedo? El niega con la cabeza y frunce los labios. — Iré al grano, Elicia. —Suspira— Estoy consiente que no he sido en lo absoluto el padre que mereces. Oh sí… Aquí vamos, está pasando. El nudo en mi garganta y la presión en mi pecho se están acercando de a poco. — Quisiera decirte tantas cosas, no solo a ti. A kylee también, pero por razones ajenas a mi voluntad me temo que con él no podré. El se pone de pie y camina hacia el librero, introduce una de sus manos tras de este y de un momento a otro el gran librero se desliza hacia un lado dejando ver una caja fuerte tras este, papá marca la clave y la caja se abre al instante y después de sacar un sobre de inmediato vuelve a cerrar la caja fuerte y el estante regresa automáticamente a su lugar, ocultando así, la caja fuerte. Papá camina hacia mí y se sienta de nuevo sobre la mesa. — Ten… —Me entrega el sobre amarillo— Guárdalo en tu bolso, por nada del mundo Requelle puede verte con el, sospechará. — Sí. —Digo mientras asiento al mismo tiempo y lo guardo en mi bolso. — En el encontrarás una explicación mucho más detallada, concisa, la cual espero compartas con tu hermano. El mensaje es para ambos, sé que a los dos les he fallado. — No sé si Kylee quiera verlo. — Estoy seguro que lo hará si se lo pides. —Me mira, con esa franqueza que lo caracteriza — ¿De verdad te irás al palacio junto al Duque de Leith? Asiento y lo veo fruncir el ceño. — Sí, el no cree que este a salvó después de lo que vio. — Estoy de acuerdo con el. — ¿Lo estás? —Palidezco. — Lo estoy. — ¿Crees que mamá sería capaz…? — Requelle seria capaz de muchas cosas. Estoy segura que mis mejillas están tan rojas como las cerezas. —¿El es de fiar? —Pregunta a secas y lo miro confundida— El Duque, ¿Es de fiar? Me encojo de hombros pues no sé cómo responder a su pregunta. Podría decir que sí, pero no conozco a Henry lo suficiente, por otra parte, tampoco confío del todo en mi padre. Así que, mejor responder de manera neutral. — Es un hombre muy protector y atento. Sabes… — Tomaré eso como un sí. —Ladea una sonrisa, quizás algo forzada y luego me mira— Me tranquiliza saber que tienes protección, mientras estés junto a él serás intocable. Lo mejor es que estés a su lado y no aquí. — ¿Intocable para quién? —Susurro mientras le sostengo la mirada. Papá se pone de pie y comienza a caminar en círculos. — Cuando me casé con Kathia, la madre de Kylee, estaba locamente enamorado. Así que perderla para mí fue… Devastador, pues una parte de mi no quería seguir adelante con mi vida, una parte de mi se había ido con ella. —Detiene su andar y rápidamente se gira hacia mi— Caí en una profunda depresión y me refugié en el alcohol. Cuidar de tu hermano fue de gran ayuda para no perderme en el vicio, se podría decir que tener la responsabilidad de cuidarlo me salvó la vida, pero al mismo tiempo, no fue lo suficiente. Porque la tentación siempre estuvo presente, merodeándome. La vista de papá se nubla. — Hasta que tres años después, conocí a Elizabeth. —Sonríe con ternura ante el recuerdo— Vaya que ella me dejó sin aliento. Era impresionante, la mujer de mis sueños, la ideal para olvidarme del mundo entero y de toda la pena que me carcomía por la muerte de Kathia. —Sorbe su nariz y me da la espalda, supongo para que no lo vea llorar— Nuestra relación fue breve, pero sin duda la más importante de mi vida, la más significativa, incluso después de Kathia. Si las comparo, lo cual sé que está mal, sin duda mi amor por Elizabeth ganaría. Terminamos no por falta de amor, sino por cosas de la vida, ella tuvo una increíble propuesta de trabajo en el exterior, específicamente, Canadá. A la cual no pudo negarse y yo, no le iba a imponer quedarse. Siempre la apoyé en todo así como ella lo hacía conmigo y mis negocios. Fue duro separarnos sobre todo para mí pues estar con ella me mantenía distraído y alejado de todo vicio y tentación, pero lo hicimos, por su futuro. De alguna manera por un tiempo intentamos que la relación funcionará a larga distancia, pero eran otros tiempos y ambos éramos muy intensos. Así que terminamos acabando la relación definitivamente, aunque por supuesto, en buenos términos. Mi vista se nubla al ver la tristeza en sus ojos, la desesperación y penumbra. — Decidí enfocarme en Kyliee y en darle lo mejor, así que tiempo después tuve un viaje de trabajo hacia Amsterdam, el cual acepté. Allí me reuní con tu tío Gabrielle VanderVall, estuve allá por alrededor de un mes y en la última semana de mi estadía, conocí a Requelle en una fiesta. —Resopla después de sorber su nariz— La vida de ambos se vino abajo después de eso. —Pongo los ojos en blanco— Si, tu tío. —Asiente— Es como si los dos nos hubiésemos puesto de acuerdo o como si ellas lo hubiesen hecho. Al finalizar mi estadía en Amsterdam y regresar a casa me llevo la sorpresa de que Elizabeth también a regresado a la ciudad, embarazada. —Palidezco al escuchar eso— De cinco meses, un embarazo de alto riesgo. ¡No lo podía creer! Pues no tenía dudas de que esa criatura fuese mía, a pesar de que ella trato de ocultármelo, pero me enteré gracias a nuestras amistades, ella no quería obligarme a hacerme responsable pero yo estaba más que encantando, estaba feliz —Sonríe pero luego deja de hacerlo—. A las pocas semanas recibo una llamada de Requelle y sorprendido, al no saber cómo obtuvo mi número telefónico de casa, pues nunca se lo dí. Entablamos conversación y a los minutos ella me confiesa que también esta embarazada pero de dos meses. Mis ojos se abren de par en par. Incrédula. — ¿Qué? — Sí… —Sonríe irónico— Eso mismo dije en su momento. No lo podía creer, pues estaba seguro de que me había cuidado a la hora de estar juntos. Pero cuando ella propone hacer una prueba de ADN, no tuve dudas y acepté mi responsabilidad, más sin embargo, le hice saber que no podríamos salir como ella esperaba, pues había regresado con Elizabeth. Ella pareció aceptarlo y solo estuvimos en contacto para cosas del embarazo. Darle la noticia a Elizabeth no estuvo fácil, debido a su preclamsia, pero lo hice y ella para mí sorpresa lo acepto bien. Estábamos separados cuando eso ocurrio, no le fui infiel en ningún momento, así que ella no sintió necesidad de reprocharme nada. Aunque, yo sí me castigue por ello, emocionalmente. Limpio una lágrima traicionera y trato de calmarme pues presiento que algo no anda bien aquí y que la bomba explotará en cualquier momento. — Todo estaba bien, hasta que una mañana y a solo un mes del parto, Elizabeth despierta adolorida y rompe fuente. —Su voz se quiebra al decir lo siguiente— Nunca pensé que nuestra vida juntos acabaría esa mañana. Elizabeth nunca más volvió a casa. — ¿Qué? Por qué… ¿Qué paso papá? — Era un embarazo de alto riesgo, ambos sabíamos las consecuencias, pero sobre todo, ella. —El se vuelve hacia mi y se sienta en la mesa de nuevo y cubre mis manos con las suyas— Su voluntad era salvar la vida de la bebé… Así la suya quedara en el camino. El ritmo de mi corazón se acelera a gran escala y no se porque siento unas profundas ganas de llorar abiertamente. — ¿Nunca te has preguntado, porqué no te pareces a Requelle en nada, más que en el color de piel? — No… —Gimo. El ríe con tristeza o desgana. — Elicia, lo siguiente que diré cambiará tu vida, pero ya es tiempo de que sepas la verdad y prefiero que sea de mi boca… Requelle no es tu madre. —Esboza— Tú madre, Elicia. Tú verdadera madre es Elizabeth y murió después de traerte al mundo. — Que dices… —Susurro en un hilo de voz— Pero… Yo. —Me pongo de pie pero un fuerte mareo me tumba de regreso al sofá— Oh Dios… ¿Por eso me odia? ¡Por eso tanto odio! ¿Cierto? — No. —Niega con la cabeza— Ese odio no es para ti, lo hace por mí. Para herirme, porque sabe que al tratarte así me lastima. Porque sabe, que no haré nada para defenderte. Y no porque no quiera, sino porque no puedo. — ¿Cómo que no puedes? —Balbuceo. — Mi mal trato hacia ustedes no fue a propósito, hija. Mucho menos mi distanciamiento. Lo hice para protegerlos. — ¡Protegernos de qué! —Espeto— ¿Cómo pudiste permitir los maltratos de esa víbora? Maltratos de la que creí mi madre. ¿Tienes idea del trauma emocional que nos a dejado? — No tuve elección, Elicia. ¡Y no me alcanzará la vida para disculparme contigo y con tu hermano! —Solloza eso último— Lo entenderás todo en su debido momento, ahora no tengo tiempo de poder explicártelo en persona y posiblemente nunca más lo tendré. — Pero… Espera, cómo que no tendrás más tiempo. —El se pone de pie y lo sigo. — Debes irte, Requelle volverá y no quiero que estés aquí para cuando eso suceda, ya no sé de lo que ella sea capaz de hacer después de lo de anoche y todo lo que discutimos. — No, papá. ¡No me iré sin una explicación! Necesito saber… El niega con la cabeza. — Lo único que necesitas saber es que te amo, eres la luz de mis ojos y que todo lo que he hecho, por más cruel que haya sido, siempre fue para tú bienestar y el de tu hermano. —Sus manos cubren mi rostro acercándome al suyo y un beso de sus labios presiona mi frente— Todo lo demás que ambos deben saber está en el sobre… Ábrelo cuando estés a salvó, preferiblemente con Kylee presente. Es lo único que pido, por favor.
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