Anya. –¿Anya? ¿Anya? –escuchaba a alguien llamarme, sin embargo, lo ignoré para seguir durmiendo plácidamente. Un peso en mi espalda me hizo gruñir, además de mi cabello ser jalado, no de modo rudo, era como si no supieran que hacia –. Anya, si no te levantas Panterita se comerá tu cabello. Confundida de sus palabras, abrí los ojos, chocando con los grandes, hipnóticos y hermosos ojos verde intenso de mi gata, que me veían de manera fija, como si quisiera ver más allá de mí. Jasón era quien la sostenía, mirándome de manera burlona, sin quitar a mi gata de encima. –¿Qué carajos? –murmuré, mientras mi gatita colocaba su patita peluda en mi nariz, haciéndome reír. –Creo que tiene hambre, ha estado maullando un rato –explicó Jasón, dejándola en mi regazo, luego de que me di vuelta. –Oh,

