Anya.
Miedo, ira y desesperación. Eso era lo que estaba sintiendo en este preciso momento. Todo mi cuerpo temblaba y no dejaba de hacerlo ante lo que había visto, ante lo que había vuelto a mi vida de un modo repentino que jamás imaginé.
Él había vuelto.
Él ha regresado con todos mis miedos.
Él me ha recordado mi dolor.
¿Por qué? ¿Por qué ahora que me siento feliz y con la fuerza suficiente para romper mis cadenas él aparece? Pensar en eso me hace pasar ambas manos por mi cabello, intentando alejar la desesperación, miedo y dolor que parece quemar mi cuerpo, ni siquiera de un modo suave, es como cada vez aumentara más el calor.
Hace bastante rato que me encerré en el baño y no he salido, donde la intención principal era calmarme, pero ha sido una mierda total, sigo temblando al recordarlo. Muerdo mi labio con fuerza, lo que hace que me lastimé y un poco de sangre salga. A este paso, mis labios serán un asco de mordidas y heridas, aunque no sea algo que me importe demasiado.
Ahora mismo los chicos deben estar confundidos de mi actitud tan rara y evasiva, algo que me hace sentir avergonzada. Aunque me duela y odie hablar de esto, debo de hacerlo, no puedo mantenerlos en la oscuridad, ellos merecen y tienen derecho a saber esta parte de mi pasado porque más que amigos, se han convertido casi en mi familia.
Con poca fuerza de voluntad y un peso que parece encorvar mis hombros con fuerza, me levantó del suelo, yendo por un poco de papel para limpiar mis lágrimas, chocando de manera casi inmediata con el espejo, ofreciéndome mi reflejo sin ninguna clase de censura.
Odio mi reflejo.
Odio esa mirada llena de ira, tristeza y dolor.
Odio esta imagen tan jodida y débil de mí.
Desvió mi mirada, limpió mis lágrimas, mojó mi rostro y acomodó mi cabello. Respiro hondo un par de veces, saliendo del baño en dirección a la sala para hablar con ellos, con el corazón muy agitado por abrir una parte muy privada de mi vida. Escuchó un poco de alboroto y curiosa voy a asomarme, paralizándome en mi lugar. Él está ahí. Él esta con los chicos.
Mi cuerpo tiembla ante el miedo e intentó huir, sin embargo, cuando me doy cuenta del modo en que alza su mano hacia JungKook, me hace recordar de inmediato que esa era la manera exacta en la que estaba a punto de golpearme. Mis ojos se humedecen ante el recuerdo, mi mano se cierra en puño ante la impotencia, sin embargo, la ira parece quemar más que el miedo mismo.
Caminó rápidamente hacia ellos, dejando a JungKook detrás de mí en un intento de protegerlo, mientras detengo con una mano el brazo de ese hombre que tanto daño me hizo en mi niñez, sorprendiéndolo ante mi acción, porque nunca me rebelé en contra suya. Hoy no va a ser el día en que vuelva a esa vida sumisa.
–No te atrevas a tocarlo –siseé entre dientes, empujándolo lejos de nosotros, sacándolo de la habitación donde pretendía entrar.
–Anya, yo…
–Tú nada –lo interrumpí de inmediato –. Tú vas a largarte, de lo contrario, te sacaré a golpes –amenacé con voz dura, una que casi no reconocía.
–¿Cómo crees que voy a irme cuando al fin he encontrado a mi querida hija? –preguntó con una sonrisa que pretendía ser cariñosa.
–No soy tu hija.
–Claro que lo eres.
–No, no lo soy y tú no vas a venir a decirme lo contrario. No te he visto desde hace quince años, quince años en los que desapareciste peor que un fantasma, ¿qué es lo que quieres de mi ahora? –exigí saber, tenía derecho de saberlo.
–Anya, sé que te sientes enojada porque no estuve contigo, pero entiéndeme… –cerré los ojos ante sus palabras, palabras que ignoré, porque sólo eran tres cosas las que podría decirme.
Excusas.
Mentiras.
Hacerme sentir culpable por sus acciones.
Ya no más.
–¡Maldita sea, lárgate ya! –exploté, silenciándolo de repente –¡Quiero que te largues de aquí! ¡No quiero hablarte! ¡No quiero verte! ¡No quiero escucharte! ¡Vete ya! –seguí gritando, lo que me hacía sentir un ardor en la garanta.
–No me hables así, Anya –me regañó, usando ese tono de voz con el que me hacía entender su molestia –, yo soy…
–¿Quién? ¿Mi padre? –me reí, era patético que usara esas palabras –. No has sido eso desde que te largaste de casa, desde que nos abandonaste como si nada. ¿Por qué apareces ahora? ¿Por qué justamente hoy regresas?
–No podía encontrarlos.
–¿En serio esa es tu excusa?
–No es ninguna excusa. Tu madre los ocultó de mí y jamás me permitió verlos. El día de hoy cuando vi ese video donde bailabas con esos chicos no podía creerlo y vine a buscarte –comenzó a justificarse, haciéndome reír de nuevo.
Sé exactamente el motivo de su regreso. Quiere disfrutar de lo que antes no pudo: una vida con comodidades, donde es tratado como rey sin mover un solo dedo. Qué asco de persona, no sé cómo mamá pudo soportarlo, ni yo como soy parte de él.
–¿Y ahora que soy reconocida es que vuelves? ¡Qué gracioso! ¡Qué casualidad! –seguí riéndome.
–No te burles de mi –alzó levemente la voz, molestándose más, seguramente.
–¿Cómo no hacerlo? Tus razones me son patéticas al igual que tu persona.
–Te advertí que no me hablaras así –siseó, alzando la mano, con claras intenciones de golpearme.
Lo miré con determinación, apartando su mano con un manotazo, tomándolo de las solapas de la chaqueta que traía, empujándolo con toda mi fuerza hacia la pared del otro lado del pasillo, haciéndolo jadear por el impacto, la sorpresa o lo que sea, no me importa.
No dejaré que me lastime una vez más.
Nunca más.
–No te atrevas a golpearme. Ya no soy la misma niña asustadiza del pasado, no voy a dejar que me lastimes a mi o a mi familia, así que lo mejor será que te largues y no vuelvas, de lo contrario, iré con las autoridades y haré que pagues esos quince años de pensión económica, junto con los de Rick y Jasón –le advertí, soltándolo mientras me daba media vuelta de regreso a la habitación.
–No cabe duda, eres igual a la loca de tu madre –susurró, un susurro que logré escuchar a la perfección.
De manera casi automática, cerré el puño derecho, girando y dándole un fuerte puñetazo en la mejilla, tan fuerte que mis nudillos se abrieron ante el impacto con sus dientes. Aturdido por el golpe, cayó de manera pesada al suelo, quejándose y gimoteando mientras limpiaba su boca, manchándose la mano de sangre que le escurría de ella.
–No vuelvas a insultar a mi madre en mi presencia –le advertí, mientras él me miraba con sorpresa –. Ella me sacó adelante junto con mis hermanos apenas tú te largaste, así que si vuelves a hacerlo te juro que te dejare peor que mierda –remarqué las últimas palabras, entrando de nuevo a la habitación, cerrando de un portazo y pasándole el seguro.
Coloqué mi frente en la puerta mientras intentaba calmar mi respiración e ira, escuchando sus pasos alejarse y el sonido de las puertas del elevador abrirse en un momento y cerrarse al otro. Ahí me di cuenta de que seguía siendo el mismo cobarde, el mismo que dejó un gran hueco en mi interior, quien me dio tanto de él, que me han lastimado diciendo que soy su copia.
Cerré los ojos y comencé a llorar. Toda la ira se convirtió en miedo y angustia, temía que regresará y me hiciera pagar mi rebelión, temía que lastimará a mi mamá, a mis hermanos. Fue ahí cuando mi imagen fuerte se destrozó en mil pedazos. Sollocé alto y golpeé con los puños la puerta, quería terminar con esta sensación que estaba ahogándome.
–Anya –me llamó JungKook en un murmulló suave.
No dude en girar y abrazarlo con todas mis fuerzas, clavándole las uñas en la espalda, una acción que poco le importó, pues no hizo ningún reclamo, sólo me abrazó con la misma fuerza, como si quisiera reparar los rotos pedazos de mi alma y fortaleza, como si supiera lo mucho que necesitaba de su calidez en este momento en que estaba quebrándome de nuevo.
››Tranquila, cariño, estoy aquí contigo –susurró con voz suave, acariciando mi espalda.
Me aferre a él como si mi vida dependiera de ello. Quería dejar de temblar por su causa, quería que el dolor y el miedo se fueran, quería olvidarlo todo. Los brazos de JungKook parecían un buen escondite para hacerlo, porque lo único que quería hacer ahora era esconderme de mi pasado, un pasado que hace que me hunda en este pozo profundo que parece sofocarme cada día más.
♫♫♫♫♫
–¿Te encuentras mejor? –escuché a Hoseok preguntar.
Alcé levemente el rostro, observando una taza de té en sus manos, aun un poco humeante, supongo su manera de hacerme sentir mejor. No dije nada, tomé la taza de sus manos, dándole un par de sorbos. Volvió a sentarse en el sofá con Yoongi, mientras dejaba la taza en la mesa, acurrucándome con JungKook, quien no dudo en abrazarme.
–Un poco, gracias –le respondí con voz más ronca de lo normal.
–¿Quieres hablar de lo que sucedió? –preguntó Namjoon con cautela.
De nuevo alcé la mirada de mi cómodo escondite, observándolos a todos. Se notaban preocupados por lo sucedido, pero tampoco me presionaban a hablar de ello, al menos, sabía que no era su intención. Odio hablar de lo que me sucedió en la infancia, duele demasiado y me obligo a olvidarlo, sin embargo, queda comprobado que el pasado no siempre se queda dónde debe.
Respiré hondo, tragué duro, me alenté e ignoré los nervios, comenzando a hablar de esa parte particular de mi vida.
–Ese hombre que vino… él… él es quien me procreo, por así decirlo.
–¿Es tu padre? –preguntó Jimin, mirándome con sorpresa.
–Aun cuando no creo que tenga el derecho de ser llamado así, lo es –confirme, esa palabra me hacía sentir incómoda.
–¿Por qué discutieron? Porque parecía que eso hacía –mencionó Yoongi.
–Él nos dejó cuando tenía cinco años, Jasón cuatro y Rick dos. Mi mamá lo corrió de casa, le pidió que se fuera si no quería estar ahí. Nunca fue el padre responsable que esperaba que fuera, por lo que terminó por irse a la primera insinuación. Hoy ha sido la primera vez que lo vi luego de quince años de ausencia.
–¿Por qué se fue? –preguntó Jin.
–Porque nos hacía daño –susurré, tragando de nuevo –. Mi mamá lo conoció cuando iba en la universidad, y aunque desconozco mucho de su historia, lo único que sé es que se estaban casando por lo civil, pues ella estaba embarazada. Mamá no lo amaba, pero se quedó con él, creyendo que las cosas así serian sencillas, pero nunca lo fueron.
››Cuando mi mamá me tuvo, las cosas se complicaron aún más entre ellos. A él nunca le gustó trabajar y siempre aspiró a puestos altos para los cuales no estaba preparado, ponía muchas excusas, era mentiroso, manipulador e irresponsable. Mi mamá decidió hacerse cargo de los gastos y salió a trabajar dejándome a su cuidado, y… y eso fue lo peor que me pudo ocurrir en mi infancia –susurré, notando el temblor en mi voz.
››Él era muy machista, creía que por ser mujer tenía que atenderlo en todo, darle de comer, hacer los deberes y ese tipo de cosas, pero tenía cuatro años, no podía hacerlo, lo que desataba el infierno, un infierno de golpes, groserías y maltratos que no sólo se marcaban en mi piel, también en mi mente, como su fuera alguna herida que jamás sanaría.
››Llegó a golpearme con lo que sea que tuviera a la mano por no obedecerle o hacer las cosas mal, decía que era una inútil buena para nada, decía tantas cosas que creí y que me herían tanto –me detuve, respirando más rápido, para no recordar esas palabras, no quería recordarlas –. Al terminar, me llevaba a una habitación, esa habitación –temblé, aferrándome más a JungKook.
››Era una habitación grande donde guardaban cosas viejas, muy oscura, me daba terror estar ahí. Me encerraba ahí y poco le importaba si estaba aterrada, con hambre o cansada, él solo me encerraba ahí para que aprendiera la lección. No importaba cuanto suplicara, no importaba cuanto le prometía que haría las cosas bien, no me dejaba salir.
››Golpeaba, arañaba, hacía de todo para abrir la puerta o llamar su atención, sin embargo, todo era inútil, no servía. Me quedaba llorando ahí hasta que mi mamá regresaba, sacándome agotada, somnolienta y tan asustada, que me aterraba dormir a oscuras durante un tiempo y me ponía histérica cuando algo no me salía bien.
››Ellos discutían por horas acerca de lo que hacía, lo que hacía mis castigos más severos por estar de soplona, o eso decía. Hasta que nació Jasón se detuvo, sólo porque consiguió un trabajo a medio tiempo, por lo que mi abuela fue a vivir con nosotros para cuidarnos, dándome un poco de paz y tranquilidad en mis demás días.
››Ignoró porque mamá lo aguanto tanto, no sé porque espero tanto para correrlo. Intento hacer lo mismo con Rick, se lo dije y eso fue lo que terminó por echarlo. Tal vez fue porque estaba harta de ver el maltrato o porque ahora tenía apoyo, el punto es que se fue y no volvimos a saber de él, lo que estaba bien para nosotros, pero aun así dejo muchas heridas en mí.
››Llegué a odiarme a mí y a las personas a mi alrededor. Odie a mamá por no estar cuando la necesitaba, lo odie a él por lastimarme tanto, me odié por ser tan pequeña y débil. El rencor, la ira, todo eso estaba ahogándome, ni siquiera el ser agresiva y grosera con mamá drenaba algo, me la pasaba horas llorando por lo que le decía, por como la hería –lloré, recordando esos momentos.
››Estaba mal, sabía que todo estaba mal en mí, y cuando por primera vez me dijo que era igual que él, me rompí, sentía tanto asco de mi persona, que llegue a lastimarme de varios modos, esperando así aliviar todo eso que estaba dentro de mí. Mamá nunca tuvo la culpa, lo sé, pero no sabía cómo parar, era tanto odio que me dejaba llevar.
››Lo malo no eran las heridas físicas, las emocionales y psicológicas eran peores. Era muy tímida, no podía relacionarme con los demás, no podía hablar con los extraños, sentía las palabras atascadas en mi garganta, siendo blanco de mucho maltrato en la escuela, nunca pude decir “basta”, la única manera en la que todo se detuvo, fue porque mamá me cambio de escuela –suspiré, sonriendo un poco.
››Existieron personas que me ayudaron a superar esa timidez y pánico escénico, me hicieron encontrar mi voz y hacerme sentir levemente segura de dar a conocer lo que pensaba. Mi mayor refugio fueron los libros, me llené de todo el conocimiento posible para ignorar mis sentimientos y soledad, me dejaba guiar por la razón, lo que me funcionó hasta que me gustaron los chicos.
››Es obvio que tuve varias decepciones, muchos jugaron conmigo por ser muy inocente, todos rompieron un pedazo de mi corazón y me hizo lo que soy ahora: una chica que le aterra sentir pero que irónicamente le aterra más lastimar a otros, sé lo que es ese sufrimiento, siempre pongo barreras en mis sentimientos, sin embargo, siempre acabo sintiendo más de lo que espero.
››Él destruyo muchas ilusiones que tenía, destruyo mi sueño de tener familia, destruyo mi sueño de pensar en un futuro, destruyo tanto y dejo tantos de él que no sé cómo no enloquecí. Aquí sigo viviendo en esta patética y oscura vida que elegí por miedo a enfrentar lo que más me aterra en el mundo: quedarme completamente sola.
››Sé que está mal y debo salir de ello, pero no es algo muy sencillo, cada día es una lucha constante donde intento no dejar atraparme por esas cadenas y caer en esa misma oscuridad otra vez. Trató de no rendirme, de dejarme caer, pero a veces es tan difícil ir en contra de todas mis creencias, a veces es difícil mirar lo bueno sobre lo malo, pero sigo luchando, quien sabe, tal vez algún día pueda dejar todo eso atrás –suspiré muy poco esperanzada, pero algo es algo.
Nunca había hablado tanto de mi pasado y jamás dije en voz alta todo eso, tal vez fue porque me inspiraban confianza o porque estaba harta de guardar todo esto y estar hundiéndome en esta mierda de vida. Se sentía… extrañamente liberador sacar todo esto, dejar en claro porque soy la persona fría e inexpresiva que soy, porque me da miedo experimentar los sentimientos.
Pensé que estaban procesando todo o que se habían aburrido, hasta que escuché un sollozo de parte de Jimin, alzando la mirada para observarlo, sorprendiéndome de verlo tan triste, sentía mi corazón ser aplastado al verlo así.
– Jimin, ¿qué te sucede? –le pregunté, separándome de JungKook para ir hacia él, tomando una de sus manos en las mías.
–Es que… has sufrido tanto –murmuró, cabiendo su boca con su mano libre, sonriéndole de manera ligera.
–Lo sé, pero eso ya no importa, Jimin, eso ya ha quedado en el pasado –aseguré, acariciando sus nudillos con suavidad –. Aun duele, supongo que lo hará por un tiempo, pero gracias a ustedes he podido dejar esos momentos atrás.
–¿Cómo hemos hecho eso? –preguntó Jin con la voz quebrada, dándole mi atención.
–Su música me ha hecho ver que no todo está perdido, me ha dado esperanza, ha iluminado en mis días grises, a hacerme un poco más perceptiva de mis emociones. Por eso temía aceptar y arruinarlo, porque no quería arruinar lo que me ha ayudado tanto en mensajes ocultos en letra y música que me han hecho vivir de nuevo –confesé, lo que terminó por quebrar a Jimin.
Se abalanzó sobre mí, abrazándome con fuerza mientras seguía llorando. Le correspondí mientras trataba de consolarlo aun cuando soy un asco en eso, acariciando de manera leve su espalda. Sentí unos brazos en mi cintura y al girar vi a Taehyung abrazarme, y de ese modo, me vi rodeada de un abrazo grupal que me hizo abrir un poco más los ojos ante la sorpresa.
Se sentía tanto cariño, tanto apoyo y tanta amistad, que fue como una ola que desvaneció mis miedos de manera repentina, no supe si por unas horas o para siempre, pero me aferré a esa sensación, cerrando los ojos, sonriendo ante las emociones, antes de que comenzáramos a separarnos.
–Eres una chica muy valiente y fuerte, Anya –señaló Hoseok, limpiando sus lágrimas –. Has enfrentado esta parte de tu pasado con valentía, es muy admirable.
–No lo había visto de ese modo, pero gracias Hoseok.
–De verdad que no me equivoque cuando dije que eras especial –mencionó Yoongi. sorbiendo su nariz.
–Muchas gracias, Yoongi.
–No sabes lo feliz, emocionado y conmovido que estoy de que nuestra música te haya ayudado tanto, es muy inspirador de ver –suspiró Taehyung, haciéndome reír un poco, por su nariz roja.
–Lo mejor será calmarnos un poco, no queremos que ARMY nos vea así –habló Namjoon, poniéndose de pie –. De verdad eres fuerte, Anya, gracias por contarnos tu historia –me sonrió, a pesar de las lágrimas que humedecían sus mejillas.
–Gracias, Namjoon –le agradecí, observándolo irse a su habitación, acción que los demás imitaron.
Iba a ir al baño a calmarme un poco y limpiar las lágrimas en mi rostro, de seguro me veía terrible, pero una mano en mi brazo llamó mi atención. Giré y vi a JungKook detrás de mí, con la nariz enrojecida y los ojos brillosos por las lágrimas.
–Lamento mucho lo que pasó… yo no sabía…
–Tranquilo, no había modo en que lo supieras –lo interrumpí, mientras acariciaba su mejilla con ternura.
–Gracias por protegerme –susurró.
–No fue nada, quiero protegerte aun cuando no tenga la fuerza o las habilidades necesarias, nada pierdo con intentarlo–le sonreí, algo que correspondió mientras me abrazaba con fuerza.
–Yo también puedo protegerte si me das la oportunidad.
–Si en esa oportunidad podré tener acceso a los abrazos más cálidos y cómodos del mundo, no dudes en que diré que si –acepté, recargando mi barbilla en su pecho, para mirarlo a los ojos.
JungKook sonrió de nuevo, bajando un poco su rostro para darme un suave beso. Sonreí ante su gesto, me gustaba esto que teníamos, como poco a poco voy abriéndole mi corazón, dándole mi confianza y confiándole mis sentimientos. Aún tenía miedo de lo que podría pasar entre nosotros, pero pretendo dejarlo a un lado, disfrutando del cariño de alguien que vale la pena.