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DINASTIA DI SANTI LING

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venganza
oscuro
matrimonio bajo contrato
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drama
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Descripción

El imperio cambió de manos, pero las leyes de la sangre siguen intactas.

Dieciocho años después de que el caos uniera a las familias más temidas de América, Europa y Asia, la paz se ha roto. Los nombres de Ángelo Di Santi y Wei Ling ya son leyendas vivientes en el inframundo, pero sus herederos han despertado para demostrar que la nueva generación es aún más fría, calculadora y despiadada que sus predecesores.

Alessandro y Damián Di Santi, junto al implacable Thiago Yun Ling, han tomado el control absoluto de la dinastía. No son solo hombres de negocios; son los nuevos monstruos que gobiernan las sombras, respaldados por la lealtad ciega de Larius, su letal jefe de seguridad. Sin embargo, el poder absoluto atrae la ambición más oscura. Viejos enemigos sedientos de venganza resurgen de las cenizas, aliándose con nuevas y peligrosas amenazas internacionales dispuestas a destruir el apellido familiar desde sus cimientos.

Pero en este juego de sangre, nadie debe cometer el error de subestimar a las mujeres de la casa. Las jóvenes princesas de la mafia están listas para demostrar que son mucho más que una cara bonita y un apellido de alta alcurnia; por sus venas corre fuego, orgullo y la astucia necesaria para jalar el gatillo cuando el peligro aceche.

Cuando la guerra toque a la puerta y el pacto de los herederos se ponga a prueba ante la llegada de una obsesión inesperada, las verdaderas reinas del imperio tendrán que dar un paso al frente. Cassandra, Clara y Mein Ling se verán obligadas a abandonar la paz de sus refugios para enfrentar a las nuevas y despiadadas enemigas que pretenden desmantelar a su familia. Porque si algo aprendieron en el pasado, es que una madre que caminó sobre el fuego es capaz de quemar el mundo entero con tal de proteger a sus hijos.

La traición acecha en cada rincón de Roma y Miami. Las armas están cargadas. El destino de la dinastía está en juego... y esta vez, la piedad no es una opción.

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REUNIÓN FAMILIAR
La brisa nocturna de Miami golpeaba los inmensos ventanales de la mansión, trayendo consigo el aroma a salitre y el eco lejano de una ciudad que nunca dormía. En el interior del antiguo y enorme despacho de Ángelo, sin embargo, reinaba un silencio sepulcral. Cassandra caminaba despacio, sintiendo el frío del suelo de mármol bajo sus pies. Sus ojos se detuvieron en la hilera de marcos de plata que adornaban la gran mesa de roble. Observó las fotografías familiares, las sonrisas capturadas en instantes de paz que, en su momento, costaron una fortuna de sangre. Recordó con una punzada en el pecho los años de guerra, el miedo constante que se le instalaba en la garganta cada vez que la noche caía, y cómo había tenido que luchar con uñas y dientes, protegiendo a sus pequeños del peligro real que acechaba afuera mientras Ángelo consolidaba el imperio de las sombras. Una sutil sonrisa, mezcla de melancolía y orgullo, apareció en sus labios. Sus lágrimas y sacrificios habían valido la pena. Había sobrevivido al infierno solo para asegurarles un futuro. Cassandra sabía que el imperio Di Santi no se había construido solo con balas, sino con el alma de una mujer que aprendió a caminar sobre el fuego para que sus hijos nunca tuvieran que quemarse. Pero verlos ahora, dueños de las sombras, le recordaba que los niños del camión de juguete ya no necesitaban protección; ahora, ellos eran el peligro. El silencio se rompió de golpe. Las imponentes puertas dobles del despacho se abrieron de par en par, estrellándose contra la pared. Cassandra contuvo el aliento cuando el aura de poder inundó la habitación. Entraron ellos. Impecables. —El cargamento del puerto de Miami no se toca —sentenció Alessandro, su voz arrastrando esa misma frialdad gélida y calculadora que caracterizaba al Demonio—. Si los rusos interceptan una sola caja más, bloquearé las rutas de escape en el Atlántico. No habrá advertencias. A su lado, Damián soltó una risa ronca, ajustándose los puños de su camisa negra con una tranquilidad que erizaba la piel. —Déjalos que lo intenten, hermano. Mis homes ya tienen controlado el perímetro del muelle. Estoy ansioso por ver si tienen el valor de sostener el arma frente a nosotros. —No subestimen su desesperación —intervino Thiago Yun, caminando con la elegancia felina y letal heredada del Dragón. Sus rasgos asiáticos se tensaron bajo la luz cenital—. La Tríada ya dio luz verde. Si se mueven un centímetro en el sector norte, cortaremos sus líneas de suministro desde la raíz. Cassandra los miró fijamente y sintió que la respiración se le cortaba. Eran el vivo retrato de sus padres: la misma autoridad implacable, la misma madurez peligrosa que dominaba cualquier habitación. Justo detrás de ellos, cerrando el grupo con paso firme y una seguridad arrolladora, entró Bianca. A sus 19 años, la joven princesa de la mafia no se quedaba atrás; cruzó los brazos sobre su elegante vestido oscuro, sosteniéndoles la mirada a los tres herederos sin un ápice de sumisión. —Están perdiendo el tiempo discutiendo lo obvio —dijo Bianca, con una sonrisa ladina y los ojos brillando con la astucia de los Di Santi—. Larius ya tiene los informes de los contenedores sospechosos. Si me dan el control de las finanzas de esa ruta esta misma noche, haré que los rusos se queden en la quiebra antes de que puedan parpadear. No necesitan más armas, necesitan inteligencia. Alessandro la miró de reojo, asintiendo levemente en un gesto de mudo respeto hacia su hermana. Cassandra dio un paso al frente, interrumpiendo la densa atmósfera de estrategias y armas con una postura firme pero llena de amor maternal. —Chicos, en mi presencia no hablen de negocios —les reclamó Cassandra con tono suave pero autoritario, cruzándose de brazos y dibujando una pequeña sonrisa. La tensión letal de los herederos se disolvió en un segundo. Damián y Alessandro compartieron una mirada cómplice antes de acercarse a ella a paso rápido. Thiago Yun no se quedó atrás, rompiendo su habitual postura rígida. Los tres la rodearon en un abrazo cálido y protector que borró por completo al "Demonio" y al "Dragón" de la habitación. —Hola, abuela, ¿cómo estás? —dijo Thiago con profunda ternura, besando su mejilla mientras la estrechaba entre sus brazos. Cassandra se separó un poco para mirarlo con inmenso cariño, acariciándole el rostro. —Estoy bien, gracias, mi cielo —le respondió a Thiago, antes de clavar su mirada en el resto del grupo—. Pero es momento de que se alisten. Tenemos una cena con la familia y ya saben muy bien que Ángelo y Wei no soportan la impuntualidad. No los hagan esperar. —De acuerdo, madre —cedió Bianca, rodando los ojos con diversión mientras se acomodaba el vestido—. Iré por mi hermana Luciana para que no se le haga tarde tampoco. Más nos vale estar abajo antes de que el despacho de papá se mude al comedor. Al verlos caminar juntos hacia la salida, riendo y bromeando a pesar de la sombra del imperio sobre sus hombros, una certeza absoluta invadió el corazón de Cassandra. Su época de protegerlos en la cuna había terminado; el futuro ya no le pertenecía. La nueva era de la dinastía acababa de comenzar.

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