Cimientos inestables 7 La casa estaba vacía por fuera. Todos estaban adentro. Sam y su manada, Jacob y la suya, Frederic y sus lobos. Pero aunque pareciera que entre sus paredes reinaba la paz mutua, la unión amistosa se estaba quebrajando por mi ausencia. “Hay que entrar.” “Le hicimos saber a Kange que no haríamos nada imprudente.” “Se están preguntando porque no estamos.” Mencionó mi loba, moviendo inquieta las patas. Nadie se había convertido, pero por sus voces y las alteraciones en sus cuerpos estaban pronto a hacerlo. Sobre todo Jacob y Peter, que se encontraban más sensibles de lo normal. —Esto es una puta broma ¿verdad?—Oí que mi hermano se exaltó. Un estruendo, como manos golpeando una mesa, retumbó dentro de mí. Estaba enojado, pero últimamente todo le irritaba. Extrañ

