Una vieja de cuna 31 Bajo la luz de la luna, Frederic recitaba unas palabras. —(...) Te has ido siendo un gran hombre, padre, hijo, y hermano. —Decía con una vela entre las manos. —Y te estaremos agradecidos toda la eternidad, por tus logros, tus buenas acciones, y en nombre de cada vida que has salvado. —Busqué la mano de Thomas. Mi vida y la suya habían sido devueltas gracias a Delsy. —Que te guíen las estrellas, y la luna te canté, hasta que llegues al lugar donde las almas descansan. Una vieja costumbre, decía que cuando un lobo moría, debíamos echar sus restos al mar. Se cantaba que así llegaría más rápido con la diosa luna, pues entre el cielo y el océano, solo existe una delgada línea de distancia. Un gran horno quemaría sus huesos antes de ser lanzado, y la sal limpiaría

