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276 Palabras

Sudor corre por la frente de la Reina Gabrielli. Sus gritos de dolor retumban por toda la habitación, haciendo de ésta, un infierno. Sus manos agarran con firmeza la sábana del hospital, amortiguando las contracciones del parto. El Rey Erznet entra a la habitación, sosteniendo con firmeza una de las manos de Gabrielli y le susurra cosas relajantes y dulces a su oído. Pero eso hace que la Reina empeore. —¡No pasaré por esto jamás! —lloriquea—. ¡Recuérdate usar condón y recuérdame tomar las inyecciones de nuevo! La expresión del Rey se vuelve algo atónita y a la vez con algo de miedo, mirando a su esposa como si le faltase un tornillo. Y en realidad a Gabrielli le hacia falta una ferretería completa. «Ésta mujer está loca. Pero la amo» piensa Erznet mirándola con adoración ahora. —¡¡M

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