Cap. 1 La boda.
Voy camino hacia el altar, puedo sentir las miradas de todos en mí, unos envidiándome, otros teniéndome pena, puedo casi adivinar en su mirada lo que cada uno piensa, sobre todo la mirada de mi madre y la del inútil de mi hermano, el cual me lleva del brazo para entregarme como billete de cambio hacia el mejor comprador que pudo encontrar.
No me importa lo que se pueda decir de mí, yo camino altiva, orgullosa, segura de mí, arrogante y orgullosa como siempre se ha dicho que soy, mi madre me mira fijo, puedo sentir su mirada amenazante de que no se me ocurra hacer una locura, a veces me pregunto si de verdad ella será mi madre o si en verdad me quiere, no comprendo cómo puede estar obligándome a esto cuando ella si se casó con el hombre que amaba, cuando tuvo una familia feliz y llena de amor, ¿en qué momento cambio?, ¿tanto le afecto la muerte de mi padre, que se volvió tan fría?, aún recuerdo el día que llego con mi sentencia de muerte, la de casarme y digo sentencia de muerte por qué ¿Qué más puede ser el casarse sin amor? Más que una sentencia a muerte, a vivir en la amargura y la infelicidad.
Cada paso que doy se siente pesado, como si llevara en mis tobillos una cadena que debo cargar a cada paso. Miro a mi madre con desdén, jamás le perdonaré que me condene a esto, que por su ambición y sobre todo la de mi hermano me sacrifiquen a mí. Desde que papá murió, mi hermano no ha hecho otra cosa más que gastarse toda nuestra fortuna en juego, mujeres y bebida, se la pasa cada noche metido sabrá dios en qué lugares, que no regresa hasta el amanecer en pésimas condiciones, con ese ritmo de vida en pocos meses ha acabado con lo que a mi padre le costó años ganar, ha dejado el prestigio de la familia por los suelos, nos ha dejado en la ruina y nos ha hundido en deudas.
La única solución que encontraron fue venderme. Claro, mi madre lo disfraza, en que busco lo mejor para mí, ¿quién le puede creer eso? Cuando siempre me dijeron que yo podía elegir con quien casarme, que me dejarían elegir por amor y no por conveniencia como todo el mundo lo hace, yo no me cansaba de presumirles a todos que sería libre de elegir a mi esposo y ahora aquí estoy cada vez más cerca de unirme a ese hombre que ellos me impusieron, al que me están obligando a unirme, al que pago mejor por mí.
Por eso las miradas de pena, han de pensar, pobre, tanto que presumía y al final no solo será casada por acuerdo entre familias, sino que más bien será vendida y no al mejor postor, no al que más me convenga, sino al que más dinero ofreció, porque casarse con un bastardo no es justamente lo mejor ante la sociedad.
—¿Qué pasa hermanita, porque te detienes? —Mi hermano me sujeta con fuerza, ya que he dejado de avanzar.
—Solo quiero ver la cara de mamá y escuchar tu desesperación, al ver que me detengo, pero tranquilo, que mi venganza hacia ustedes no será cancelar esta boda, tengo algo mejor preparado, así que sigamos —Le susurro y sigo mi paso hacia el altar, mi madre está que se infarta, creo que pensó que daría media vuelta y saldría corriendo.
Miro a mi madre y le sonrió con suficiencia, no dejaré que me arruine el día, hoy disfrutaré como nunca, les haré ver que me siento feliz y dichosa, mi madre me ve como si fuera un bicho raro, creo que después del drama que vivimos en la mañana y el que ahora me vea caminar altiva y sonriente hacia el altar, la tiene confundida.
Flashback
—Es increíble Maeve, mira la hora que es, deberías estar alistándote, sal de la cama ya mismo —Esa es mi madre entrando como una loca a quitarme las cobijas.
—Tu fabulosa boda será hasta la tarde, déjame dormir, ¿es que acaso ni eso puedo hacer? ¿No te basta con tener que venderme? Como para ahora robarme mis horas de sueño —jalo la sabana y me vuelvo a cubrir.
—Basta de juegos, la maquillista no tarda en llegar, hay muchas cosas por hacer y tu prometido está abajo hablando con tu hermano, ¿imagínate lo que pensará si sabe que tú aún estás en la cama?
—¿Y a qué vino? ¿De qué tiene que hablar con Harold? Ah, claro, ya sé, aumentaron el precio a un paso del altar. ¡Qué buena jugada, madre!, ¿Cuánto más le voy a acostar a ese hombre?
—Maeve, dije que basta, no voy a caer en tu juego de siempre. ¿Qué no te das cuenta de que esto es lo mejor para ti? Te busqué un buen hombre que te cuidará y protegerá. ¿Qué más quieres, que es lo que pretendías que hiciera, que te dejara casar con cualquier vago?
—Solo quería que cumplieras con lo que papá y tú me habían prometido, que pudiera ser yo la que eligiera a mi esposo, que me dejaras casar con alguien a quien realmente ame, no que me ofrecieras al mejor postor y todo para que, para pagar las deudas de tu hijo, para no vivir en la miseria —Digo y aunque trato de contenerme, un par de lágrimas bajan por mi mejilla.
—Lamento mucho que tomes así las cosas y que no comprendas que todo esto es por tu bien y el de la familia, deja de ser una egoísta que solo se la pasa soñando y queriendo vivir una ilusión mientras tu familia se hunde.
—Estamos hundidos, por culpa de tu hijo ¿Por qué no lo casaste a él con una vieja rica? ¿Por qué tengo que ser yo la que se sacrifique?
—Ya lo hemos discutido, Maeve, y no pienso discutirlo una vez más y menos hoy, y estando tu prometido allá abajo, él es el mejor partido, todas morían por ser la elegida.
—¿Quién puede creerte eso, madre? En esta sociedad, por muy Duque, que sea nadie, casaría a su hija con él. Es un bastardo, si mi padre viviera jamás lo habría permitido.
—Pero tu padre ya no está y soy yo y tu hermano a los que nos toca velar por ti, así que sal ya de esa cama y alístate.
—Está bien, madre, me alistaré y espero que hayan cobrado muy bien y por adelantado, porque una vez que yo me casé con ese hombre me aseguraré de que no les vuelva a dar nada, me escuchaste.
—¿De qué estás hablando?
—De que no permitiré que saquen más provecho de mí, si yo viviere en la infelicidad y el infierno, en un matrimonio forzado, ustedes también lo harán —mi madre suelta una risa sarcástica.
—¿Cómo te atreves a amenazar a tu propia madre?, ¿Crees que una chiquilla como tú tiene ese poder?
—Sí, y te lo voy a demostrar, ese hombre está derretido de amor por mí, lo tengo a mis pies y bastará con que yo se lo pida y sé que él me lo cumplirá.
—No te atrevas Maeve, tu deber es velar por tu familia — Se toca la frente y suelta un suspiro —Pero vamos como puedo estar discutiendo estas tonterías contigo, él sabe que, si accedí a que te casara con él, es por nuestra situación y que su obligación es velar por nosotros, eso no dependerá de ti.
—Ya lo veremos madre y creo que, pensándolo bien, tienes razón y te estaré agradecida, por darme a ese hombre como esposo, lo utilizaré y me daré la gran vida con su dinero y lo mejor les haré pagar por esto a ti y a tu querido hijo —Le digo y me voy directo a mi vestidor, en el cual está ya listo mi atuendo de boda.
Fin flashback
Pasé junto a mi madre sonriente, sé que, aunque lo disimulé, lo que le dije en mi alcoba ha de estar rondando por su cabeza.
Llego al altar y lo veo, se ve tan apuesto, con ese traje a la medida, me mira fijo y yo siento que mi pecho se agita con solo sentir su mirada, me pierdo en esos bellos ojos verdes turquesa, esa mandíbula bien definida, es el hombre más bello que he conocido en mi vida, no se parece a ninguno de los hombres que me pretendían, en verdad que debo agradecerle a mi madre.
Si mi madre supiera que desde que lo vi me enamoré, que yo soy la que está rendida a sus pies y que esto para nada es una boda forzada, si no con todo el consentimiento y amor del mundo. Pero estoy segura de que si lo supiera habría hecho todo lo posible por buscarme otro, por eso he tenido que fingir ante mi familia que lo aborrezco y que me casaré obligada y no plenamente enamorada.