Charla con mamá (II)

2135 Palabras
Seguí contándole a mamá todo lo que había pasado: - Me di cuenta de que Desi se comportaba conmigo diferente a con el resto y al principio pensé que era porque ya tenía confianza conmigo, pero después pensé que yo le gustaba y eso me asustó. Yo quería salir, emborracharme, conocer chicas… había estado ya con algunas – miré a mamá de reojo, pero ella no dijo nada – y Desi ni quiera tenía amigos chicos, solo sus amigas y… yo. Sólo lo hablé con Borja una vez, pero no podía dejar que me gustase Desi y yo no podía gustarle a ella. Como decía Borja, no estaría bien visto que el rey del instituto estuviese con la empollona de la clase. - Por favor, hijo… - mamá se rio divertida – eso es muy de película. - No te rías, mamá… fue tal cuál… tenía una reputación en el instituto y tenía que mantenerla. Por eso no quise que ella me ayudase con los estudios en el último curso. Era extraño porque la quería cerca, pero a la vez intentaba no acercarme demasiado, porque no quería que ella se pillase conmigo. Cuando me aceptaron en la academia quise decírselo, al fin y al cabo, un poco amigos sí que éramos, pero no supe cómo hacerlo, así que le escribí una nota y se la di un día al final de clase. Fuimos los últimos en salir, porque no me atreví a decírselo de viva voz, pero quería estar con ella cuando lo leyese. Y ese día confirmé mis sospechas porque en cuanto leyó mi nota, me miró a los ojos y se puso a llorar. Tuve que abrazarla, me dio igual que estuviésemos en clase, pero verla llorar me dolió. Creo que fue la primera vez que le hice daño y me sentí miserable por hacerla llorar. Después, ella tuvo una movida en clase. Unos chicos se metían con ella y yo no me había dado cuenta. Era justo lo que yo había querido evitar, pero al final pasó, a mis espaldas y en momentos que yo no estaba presente. Eso la hizo sufrir mucho también y yo no estuve a su lado ¿qué amigo hace eso? - No te culpes, hijo… no lo sabías. - Ya… cuando me enteré quise hacerles pagar… tuve que contenerme mucho, pero ya me habían aceptado en la academia, no podía jugármela. Borja era el único que sabía cómo me sentía con ella y le pedí que cuidase de ella cuando yo me fuese. No quise admitirlo en voz alta, pero ahí ya sabía que ella era demasiado importante para mí y no en plan hermana pequeña. Me gustaba verla sonreír y me daba mucha ternura cuando se ponía roja por algo que yo decía o simplemente porque cruzábamos miradas. Uno de los primeros fines de semana que vine de la academia coincidió que era su cumpleaños y por primera vez la vi en la discoteca, cumplía 16 y ya podía entrar. Verla allí bailando con sus amigas, maquillada, con un top ajustado… ya no era una niña, mamá, ya no era la niña tímida que conocí en clase… bueno… quizás sí lo era, pero estaba mucho más guapa sin sus gafas de culo de vaso y su cuerpo estaba cambiando. Verla cada sábado por la noche bailando en la discoteca era casi lo mejor de los fines de semana. No volvimos a hablar, pero nos buscábamos con la mirada y nos sonreíamos. Ella es feliz bailando, se le nota. Siempre se pone con sus amigas al borde del escenario y seguro que todo el mundo las mira, pero así yo puedo mirarla siempre. Sonríe siempre cuando está bailando, y la brillan los ojos. Nunca imaginé que a ella le gustase tanto bailar. - Y ¿nunca has querido bailar con ella? Sabes hacerlo muy bien, hijo… seguro que a ella le gustaría. - ¡No! Mamá, en la discoteca ya no se baila como bailabais papá y tú de jóvenes – me reí. – Sólo la miro cómo baila con sus amigas. Me gusta verla feliz con algo tan sencillo como bailar. El año pasado en mi cumpleaños la cagué mucho, mamá… no fue culpa mía, pero otra vez lloró por mi culpa. - ¿Qué pasó cariño? No quisiste contarme nada entonces… - ¿Te acuerdas de Claudia, la amiga de Ana de cuando eran pequeñas? – mamá asintió. – Digamos que… he tenido algo con ella… - me daba algo de vergüenza hablar con mamá sobre Claudia, a las demás chicas no las conocía, pero a ella sí. – El caso es que Claudia no acepta un no y me persigue siempre que a ella le apetece. Es un polvo fácil, pero va detrás de todos los chicos del barrio y hace mucho tiempo que me cansé de ser su juguete. El año pasado Borja invitó a Desi y a sus amigas a mi cumpleaños, yo no lo sabía, hasta que vinieron a felicitarme. – Lo recordé como si ella estuviese allí con nosotros. – Tenías que haberla visto, mamá, estaba preciosa ese día y no pude aguantarme la alegría de que estuviese allí. Mientras estuvimos en el parque busqué valor para decirle a Desi que me gustaba, pero llegó Claudia y sin darme cuenta se colgó de mi cuello y me besó delante de todo el mundo. La aparté de mí y discutí con ella porque no quería verla ese día, mis amigos consiguieron que ella se fuese y me calló una bronca tremenda por su parte porque Desi había visto todo aquello y se había marchado. Quise correr tras ella y explicarle lo que había pasado, pero Borja no me dejó. La vimos con sus amigas en la puerta de otra discoteca que no era la de siempre y me sentí todavía peor, aquel día no la vería bailar. Pero tampoco aguanté en la discoteca con los chicos. Sabía a qué hora se iba Desi a casa, así que me fui de la discoteca dejando allí a mis amigos y la esperé de camino al metro por donde creía que pasaría con sus amigas. Y cuando llegaron a donde yo estaba, le pregunté si podíamos hablar. Sólo quería pedirle perdón y si me perdonaba, decirle lo que realmente sentía. Hablamos, pero al final no pude decirle lo que sentía ni que era a ella a quien quería besar…pero ella dijo una frase que, aunque estaba borracho, creo que nunca podré olvidar… dijo que yo nunca la dejaría ser quien ella quería ser para mí. Hace un año, mamá… pero aquella frase sigue siendo verdad… me alejo de ella. - Hijo, sólo tú puedes cambiar eso… es tu decisión… - No puedo, mamá… no puedo empezar una relación a distancia con ella, no podré venir tan a menudo como ahora y eso la hará sufrir. - Pero tú también estás sufriendo, cariño… - Prefiero sufrir yo, me he portado fatal con ella… si hubiese tenido valor para decirle algo cuando todo comenzó, quizás las cosas serían diferentes, pero ahora… prefiero alejarme y permitir que ella me olvide. - ¿Qué pasó después, cariño? - Ella se alejó un tiempo… no físicamente, nos seguíamos viendo en el barrio y en la discoteca, pero dejó de saludarme y de sonreírme. Dolía verla tan cerca y sentirla aún más lejos. Intenté conocer a otras chicas, pero no eran ella. Después de varios meses volvió a saludarme y a sonreírme, y aquello me hizo replantearme todo. Una de sus amigas salía con uno de mis amigos, el novio de otra de sus amigas se empezó a venir también con nosotros… era como si todo apuntase a que podría por fin acercarme y decirle algo. Pero entonces todo cambió en la academia y valorando mis opciones decidí que la mejor era irme más lejos. La quiero, mamá, pero también quiero avanzar en mi carrera. Ella aún es muy inocente, ¿te imaginas que yo fuese su primer novio y que nada más empezar a salir juntos me marcho a 600km y nos vemos con suerte una vez al mes? No puedo hacerle eso después de los últimos cuatro años. - Ya… prefieres romper tu corazón antes que romper el suyo… - dijo mamá comprendiendo la historia. - No exactamente, sé que también he roto su corazón, pero creo que es mejor que me aleje sin que pase nada más entre nosotros. Creo que a ella le dolerá menos así. - Y ¿qué pasó ayer, hijo? Llorabas completamente desconsolado, no sabía qué pensar… - Hace unas semanas, Borja me dijo que iban a hacer un baile de fin de curso en la discoteca de ahí abajo y que si íbamos todos, copas a mitad de precio – sonreí. – A ella le gusta demasiado bailar, así que no se perdería algo así y acepté. En la discoteca de siempre no nos juntamos, ella baila con sus amigas sobre el escenario y nosotros nos ponemos en la pista de baile, pero cambiar de discoteca podría significar estar un poco más cerca. Además, Borja y Ana llevan un tiempo intentado convencerme de que tenía que despedirme de ella antes de irme, que no podía desaparecer de repente. Llevo muchos días pensando en qué decirle, si contarle todo lo que siento o solo despedirme de ella. Tenías que haberla visto, era como en las películas esas que veía Ana. Llevaba un vestido azul con la espalda descubierta y sandalias de tacón. La saqué a bailar como hacíamos en las fiestas familiares antes y ella me dejó llevarla. Al principio los dos estábamos nerviosos, pero después de varias canciones fue más fácil. Está enamorada, mamá, lo vi en sus ojos. Me miraba como si estuviese viendo el paisaje más bonito del mundo, y su sonrisa siempre ahí, acompañando a los ojos verdes más bonitos que hay. Después se apoyó en mi pecho y bailamos abrazados. Nos fuimos a sentar a un lugar apartado de la pista de baile para poder hablar, y creo que en cuanto empecé a hablar ella ya se imaginó lo peor. Al final le dije todo lo que siento por ella, pero también le dije que me alejo para dejarla que sea feliz y que cumpla sus sueños… - hice una pausa y mamá me cogió las dos manos. – Me daba igual todo, quién estuviese cerca, quién nos viese… ella empezó a llorar y la abracé llorando yo también. Quería besarla, pero después de decirle todo aquello solo lloramos abrazados. Su hermana y su cuñado estaban allí y nos ayudaron a los dos a recomponernos un poco… después volvimos a bailar un par de canciones abrazados y me atreví a pedirle un beso. – Mamá levantó las cejas sorprendida. – Fue ella la que me lo dio a mí, un beso dulce y tierno. No era el beso que yo iba a darle, pero supuse que era su primer beso, así que no hice nada más para que no se sintiese incómoda. Y así nos despedimos… Mamá, te lo dije anoche… Sé que es ella, ella es ese amor que aparece en todos los libros, pero tengo la sensación de que ya no la veré más. Anoche sólo quería llorar, y la verdad es que sigo con ese nudo en el pecho que no me deja casi ni respirar. Sé que pasará, pero no puedo evitar sentirme miserable y sentir que estoy huyendo de mis sentimientos. Me voy a refugiar en el trabajo, mamá… al menos estaré ocupado en algo productivo y voy a intentar aprender y ascender todo lo que pueda, pero no sé cuánto durará este dolor que siento por dentro. - Hijo… siempre tuve miedo de que creciese y te volvieses un rompecorazones, porque sabía que, si eso pasaba, uno de los corazones que romperías sería el tuyo. Sé que ahora todo duele mucho pero también sé que puedes seguir adelante, que puedes ser un buen hombre y que antes o después encontrarás correspondencia a tu amor. Apenas conozco a Desiré, y puede que ahora ya no os veáis, pero sé que ella siempre va a estar en tu corazón y por lo que cuentas, estoy casi segura de que tú también estarás en el suyo. De todas formas, hijo mío, ya sea Desiré o cualquier otra chica, cuando sientas ese amor, déjalo salir, dilo, compártelo… no te lo guardes sólo para ti, porque si no demuestras el amor que sientes, el más infeliz de la historia, serás tú. Mamá me abrazó fuerte durante mucho rato, y volví a llorar con ella unos minutos. Después me encerré en mi habitación a escuchar música. Las siguientes dos semanas estaría en casa, recogiendo todas mis cosas y preparando las maletas para mudarme a mi nuevo destino.
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