Al día siguiente, en la puerta del instituto me esperaba alguien que no me imaginaba. Conocía a María porque éramos de la misma edad y teníamos amigos comunes, pero nunca coincidí con ella en clase.
- ¡Checo! – llamó mi atención y me acerqué a ella. – Dime qué es lo que quieres de Desi.
- ¿Qué? Se sienta a mi lado en clase, nada más. – No entendía a qué venía esa inquisición ni su cara de disgusto.
- Mira tío, es mi hermana pequeña, así que no te pases ni un pelo con ella. – Vale, con eso ya empecé a entender.
- María, sólo hemos quedado a estudiar, me está ayudando para aprobar el curso y no volver a repetir. – Confesé, no tenía sentido ocultárselo a ella, su madre había hecho galletas para llevar a mi casa, así que María debía saberlo. – Además, nadie más sabe que hemos quedado para estudiar… sabes que debo mantener mi posición. – Me reí, pero a ella no pareció hacerle gracia.
- Como se te ocurra una sola vez usar a Desi para reírte de ella o cualquier otra cosa peor, preocúpate de cubrirte bien la espalda porque no descansaré hasta hacerte pagar por ello. – Me amenazó en voz baja mientras me señalaba con el dedo. La miré serio y asentí con la cabeza sin decir nada más antes de ir hacia donde estaban mis amigos.
Algo en mí ya sabía que Desi era una niña especial. Pero no solo eso, recordar cómo ella me hablaba y me miraba, me hizo sentir que yo también era especial para ella. Y después de aquella conversación con su hermana, tuve miedo de que ella se sintiese atraída por mí. Ella era aún una niña y yo me sentía ya mayor y el rey del mundo, y también tenía mi novia. Intenté convencerme de que Desi sólo me veía como un compañero de clase, quizás como amigo, pero nada más.
Así que tomé la decisión de continuar como hasta ese momento. Si actuaba con naturalidad con ella, no notaría el millón de vueltas que había dado mi cabeza.
Y así lo hice. Continuamos siendo compañeros de clase y compañeros de equipo en gimnasia. Quizás un poco amigos. Yo seguía quitándole sus bolígrafos de colores y animándola en gimnasia, y ella seguía dándome codazos para que me callase en clase e intentando explicarme las cosas que no terminaba de comprender. Quedamos algún día más por la tarde para estudiar y en unas semanas más llegó el final del curso.
Conseguí aprobar todo menos inglés… otro verano que tendría que estudiar inglés con Ana, menos mal que a mi hermanita favorita se le daban genial los idiomas.
Aquel verano fue un poco raro, fuimos poco a la casa de la playa. Aarón aún era muy pequeño y Bea necesitaba que mamá le ayudase a cuidarle, pero no quería separarse de él muchos días, así que solo fuimos a la playa durante las vacaciones de Bea. Le dije a mamá que si me dejaban quedarme allí cuidaría la casa, pero no confiaron en mí.
Así que la mayor parte del verano la pasé en Madrid. Quedaba casi todos los días con los chicos, me daba igual quién estuviese, éramos muchos y siempre nos veíamos en la puerta del instituto.
A veces las chicas del grupo se venían con nosotros, pero eran un poco corta rollos, siempre querían ir a la piscina o al centro o cosas así y nosotros preferíamos ir a jugar fútbol o al parque o simplemente quedarnos ahí de charla o echando una partida al mus.
Algunos días veía a Desi de paseo con sus amigas. La saludaba de lejos si cruzábamos la mirada y me seguía haciendo gracia que ella se sonrojase. Pensé que ya habría perdido eso conmigo después de todo el curso juntos, pero volvía a hacerlo y era divertido verla. Más de una vez la pillé mirándome con sus amigas y cuchicheando, pero la pillé porque yo también la miraba a ella. Verla fuera de clase era diferente, se reía más, iba jugando con sus amigas, haciendo el tonto o bailando por la calle. Se la veía feliz y eso me gustaba. Era una niña feliz, una princesita de colores, como yo la llamaba en clase para meterme con ella.
El día que Rosa volvió de sus vacaciones en la playa, estaba muy cambiada. Más seca de lo normal y apenas se acercaba a mí. Estábamos con todo el grupo, pero le estaba haciendo más caso a sus amigas que a mí. Lo habíamos hecho un par de veces antes de que se fuese a la playa y llevaba un mes sin verla, quería estar un rato a solas con ella. Se lo dije varias veces, pero intentando no presionarla, quizás estaba en sus días y no quería decírmelo. Pero al final de la tarde, cuando ya se habían ido casi todos, me montó una bronca ella sola que no supe ni cómo había empezado. Me gritaba, lloraba y hasta me acusó de haberla engañado aquel verano. Que podía haberlo hecho porque Claudia había venido a buscarme un par de veces, pero no lo hice porque quería dar carpetazo a Claudia de una vez por todas. No tenía ni idea de qué cable se le había cruzado a Rosa, pero pasaba de aguantar niñerías de una pija que se creía mayor y acababa de cumplir sólo 15 años. Le dije que pasaba de ella y que no quería volver a quedar con ella ni con las pijas de sus amigas.
Borja estaba mirando el berrinche de cría desde la distancia y le hizo un corte de mangas a Rosa cuando ella misma me quitó la pulsera que me había regalado por mi cumpleaños y se fue llorando a tirarla al cubo de la basura más cercano. Sus amigas salieron corriendo detrás de ella.
En cuanto se fueron, los chicos empezaron a reírse a carcajadas y yo me encogí de hombros sin saber aún a qué había venido todo eso y después me uní a las risas. Al parecer ya no tenía novia.
- No me he atrevido antes a preguntarte porque estabas con Rosa, pero ahora que no estás con ella… ¿me cuentas qué hay entre Desi y tú? – dijo Borja mientras íbamos los dos solos hacia la parada del autobús.
- Ya te lo dije. Esa niña es especial y no quiero que nadie la joda en el instituto.
- Ya tío, pero las miraditas que os echáis los dos no son de hermano mayor – se rio.
- Creo que le gusto… pero no sé… las chicas de su edad son raras – dije encogiéndome de hombros y recordando sus ojos verdes.
- Ya… ¿y ella te gusta a ti?
- ¡Qué dices! Es una cría… - le reproché a mi amigo como si estuviese loco.
- Ya… y empollona… no estaría bien que Checo, el rey del instituto, se liase con una empollona ¿verdad?
- ¡Eres gilipollas, tío! – le di un golpe a mi amigo en el brazo riéndome. – Y sí, soy el rey del instituto – dije sacando músculo en el brazo derecho – pero no voy a dejar que nadie se meta con ella, empollona o no.
Era muy extraño cómo me sentía con esa niña. Todo estaba bien, pero cuando la veía o algo me recordaba a ella, ya no podía sacarla de mi cabeza en toda la tarde. Y para qué negarlo, parecía que iba creciendo un poco, ya no se parecía tanto a la niña vergonzosa que conocí el primer día de clase.
Conseguí aprobar inglés en septiembre, sólo un aprobado justito, pero suficiente para que mamá y papá estuviesen contentos. Después de romper con Rosa, un par de días volví a caer en las redes de Claudia, sabía que era mala idea, pero no podía evitar sentirme atraído por ella.
Comenzó el segundo curso y cuando entré en clase José volvió a colocarnos a Pepe ya mí en primera fila, pero esta vez Desi no estaba con nosotros, se había sentado en la segunda fila con Lisa y Maite. Esas chicas eran un poco raras, tímidas como Desi, pero parecían estar siempre como enfadadas o gruñonas, no solían sonreír a menudo como hacía ella.
Saludé a Desi y ella me sonrió divertida cuando le quité su estuche para dibujar con sus bolígrafos de colores. Me encantaba hacer eso, y verla sonreír. Seguía viniendo a clase con sus gafas de empollona, pero yo ya había visto de cerca sus ojos verdes sin gafas, y seguían siendo los ojos más bonitos que había visto. Era una pena que Desi fuese tan pequeña y empollona, y que le cayese mal a la gente por eso. Era una niña muy buena.
Ver a Desi todos los días en clase me hizo pensar. Definitivamente ella parecía comportarse conmigo de forma diferente a como lo hacía con el resto de los compañeros, y eso empezó a asustarme. ¿Era posible que yo le gustase o sólo me veía como un amigo?
Éramos muy diferentes. Me gustaba estar cerca de ella, mirarla y verla sonreír, y echaba de menos tenerla sentada al lado en clase… Pero no podía permitir que me gustase una niña como ella. Yo quería salir, beber, pasar tiempo con mis amigos, enrollarme con alguna tía buena y echar un polvo de vez en cuando, y Desi era muy inocente aún. No podía mirarla con esos ojos, no podía permitir que me gustase ni que yo le gustase a ella, y no podía permitir que nadie supiese que pensaba en ella. El rey del instituto y la empollona de la clase, eso jamás iba a pasar, los demás se reirían de nosotros y yo podía manejarlo, pero no creía que ella pudiese.
Durante el curso intenté poner distancia entre Desi y yo. A veces sí que le decía alguna cosa, le quitaba sus bolígrafos o me metía un poco con ella para que todo pareciese normal, pero evité preguntarle tantas cosas, chincharla a menudo, e incluso hice el esfuerzo de no quedar con ella a estudiar juntos. Aunque realmente necesitaba ayuda con algunas asignaturas y me hubiese encantado quedar con ella como el curso anterior.
Le pedí ayuda a Ana, pero ella ya había empezado la universidad y no tenía tanto tiempo libre para echarme una mano, así que mamá tuvo que buscar un profesor particular para darme el apoyo que necesitaba si quería sacar adelante el curso.
Mamá quiso curiosear sobre por qué no volvía a quedar con Desi si nos llevábamos bien y el curso anterior había ido bien cuando estudiábamos juntos, pero no quise decirle nada. No quería que ella se hiciese ideas equivocadas en la cabeza. Jamás hablaría con mamá de chicas, si no lo hacía con papá, no lo haría con ella. De hecho, no pensaba hablar con nadie sobre Desi.
Después de las vacaciones de Navidad, Álvaro uno de mis amigos que ya estaba en último curso me avisó que de que iban a venir unos militares a informar a los alumnos que quisiesen sobre el ingreso al ejército. Yo aún no sabía qué iba a hacer en la vida, el instituto seguía siendo la mayor tortura que tenía, pero en unos meses cumpliría 18 años y mi familia ya esperaba con ansias que decidiese qué hacer con mi vida.
El abuelo había seguido insistiendo en que me metiese al ejército como hicieron él y uno de mis tíos. Siempre contaba cosas de su vida como militar y me encantaba escuchar sus historias, pero no creía que yo estuviese hecho para eso. Aun así, él seguía insistiendo porque era una buena alternativa si quería dejar los estudios, allí podría aprender un oficio, como él decía, y si más adelante quería estudiar pues podría hacerlo.
Cuando Álvaro me avisó de que irían a dar charlas al instituto, me lo pensé. Quizás sería bueno tener otro tipo de opinión diferente a la de mi abuelo y mi tío.
No quería decir nada en casa porque sabía que mamá no se lo iba a tomar demasiado bien, ella siempre arrugaba el gesto cuando el abuelo me decía que me alistase. Pero cuando fui a pedir permiso a Dirección para poder faltar a clase y asistir a las charlas, la directora me dijo que necesitaba autorización de mis padres, así que no me quedó más remedio que hablarlo con mamá y papá. Mamá se echó a llorar y apenas pude consolarla diciendo que sólo eran unas charlas, que no había decidido nada, aun así firmaron la autorización, querían que fuese buscando ya un objetivo para mi vida.
Fueron dos semanas diferentes. Algunos días tenía que faltar a las dos primeras clases para asistir a las charlas que se daban en la biblioteca. No éramos muchos los interesados, pero era todo muy serio, apenas se movía nadie. Nos explicaron la estructura y las normas básicas de disciplina que habría que mantener; las opciones dentro de los diferentes ejércitos; la formación e instrucción básica en la academia; las posibilidades de especialización y de hacer carrera; y un montón de cosas más, entre ellas, cómo serían las pruebas de acceso.
Aquellas semanas volví a hablar un poco más con Desi porque le pedí que me dejase los apuntes de clase y me pasase los deberes que mandaban los profesores. Volvía a ser divertido ver cómo me miraba cuando yo le pedía cosas, era como si me quisiese decir algo y no se atreviese.
El último día que falté a las primeras horas le dije que ya no tendría que dejarme los apuntes más días porque volvería a clase de forma normal y por fin preguntó lo que seguramente llevase callando varios días, por qué no había ido a clase. Quería contárselo, pero me daba un poco de miedo su reacción, así que agaché la mirada antes de hablar:
- Ha estado viniendo gente del Ejército a dar charlas a los de cursos superiores por si alguien se quiere meter al Ejército, me lo dijeron mis amigos y pedí permiso en Dirección para asistir a las charlas. – Dije sin levantar la mirada. – Voy a cumplir 18 en un par de meses y aún no sé qué hacer con mi vida, el Ejército puede ser una opción.
- ¿Vas… vas a dejar el instituto? – susurró notablemente nerviosa.
La miré a los ojos, su tono no me gustó, parecía que iba a llorar. Pero lo que vi tampoco me gustó, su cara era una mezcla entre tristeza y miedo, y realmente parecía que fuese a llorar. Me sentí mal por su reacción, sabía que yo era importante para ella, aunque no sabía exactamente cuánto, pero su cara lo dijo todo en aquel momento… estaba seguro de que sentía que yo la estaba abandonando de alguna manera, pero yo aún no había decidido qué hacer con mi vida.
- No lo sé. Aún no he decidido nada. Ni siquiera tengo 18 todavía. Pero sabes que los estudios no se me dan bien, y creo que en el Ejército puedo encontrar un sitio para mí. – Intenté justificarme. – De todas formas, aún tengo mucho que pensar – sonreí mientras volvía a coger su estuche y me giré hacia delante ya que justo entraba el siguiente profesor en clase.
Las siguientes semanas fueron intensas tanto en el instituto como en casa. Estuve valorando un montón de opciones con mamá y papá, y a veces también con Ana y con los abuelos, pero todas implicaban estudiar, a menos que dejase de forma radical los estudios y me buscase un trabajo de “lo que fuese” que no necesitase experiencia, y eso era demasiado amplio, aterrador e incierto a largo plazo, así que definitivamente debía seguir estudiando algo.
No terminaba de descartar la posibilidad del ejército. Tenía algo que seguía llamándome la atención, no sabía exactamente qué, aunque tantas batallitas del abuelo y del tío quizás habían ayudado a hacerme a la idea de verme vestido de uniforme. Papá también empezó a insistir un poco, aunque él sólo había hecho el servicio militar obligatorio en su época, pero decía que me ayudaría a poner disciplina y seriedad en mi vida para que dejase de pensar en tanta fiesta.
Mamá sin embargo tenía un punto de vista más sentimental. Me confesó que le daba miedo que me fuese a la academia militar y todo lo que seguiría después. Pero realmente fue la única que no me dijo “deberías hacer esto”, ella siempre lo dejó a mi elección.
Me tiré a la piscina con el ejército porque lo vi como más seguro a futuro y con un abanico de oportunidades mucho más amplio y que no necesitaba decidir justo en este momento. Iba a ser duro, tendría que terminar el curso actual aprobando todo y a la vez tendría que presentarme a una serie de evaluaciones escritas y pruebas físicas. Mamá no quiso que nadie más que ella me acompañase, y aunque me daba vergüenza ir con mi madre, dejé que me acompañase para que ella se sintiese mejor.
Un par de días antes de mi 18 cumpleaños llegó la carta de admisión, había superado todas las pruebas y me habían admitido en la academia, tendría que presentarme a final del verano y me indicaban las instrucciones a seguir. Ya sólo faltaba terminar el curso y aprobar todas las asignaturas.
Debía decírselo a Desi. Quería decírselo a ella antes que a mis amigos, no quería que ella se enterase por rumores en el instituto, pero su cara de miedo venía a mi mente una y otra vez. No sabía cómo ella se iba a tomar la noticia de que ya no seríamos compañeros. Yo la iba a echar de menos, pero estaba seguro de que ella a mí también. Si ella realmente sentía algo por mí, el que yo me fuese le iba a doler mucho, aún era una niña muy inocente.
El día de mi cumpleaños llegué a clase sin demasiadas ganas, tenía que apretar los estudios ese último trimestre todavía más porque ahora ya estaba la presión de mi familia y también la de la academia militar. Alguien me dio golpecitos en el hombro, sabía que era ella porque me senté en mi mesa sin ni siquiera saludar.
- Feliz cumpleaños – sonrió al mirarme a los ojos.
Le sonreí de vuelta y cogí su estuche como cada mañana, pero esta vez mi intención era otra, iba a dejarle una nota dentro de su estuche para que la leyese. Era cobarde, lo sabía, pero no estaba seguro de ser capaz de decirle cara a cara que me iba a ir del instituto.
Estuve toda la mañana preocupado porque ella no decía ni hacía nada, de vez en cuando la miraba de reojo por si acaso pero seguía con sus cosas de clase, concentrada como siempre. Cuando se llegó la hora del recreo, antes de salir de clase, me giré hacia ella y le susurré:
- ¿Lo has visto? – ella me miró extrañada, así que deduje que no se había dado cuenta – Mira dentro del estuche, pero no lo leas hasta el final de la mañana – y me levanté para salir de clase.
Estaba muy nervioso por su reacción, no sabía si me haría caso de leerlo a final de la mañana o si lo leería antes. Durante el recreo la busqué con la mirada a lo lejos y la vi normal, así que quería pensar que estaba esperando. De ser así, me quedaría a final de la clase, la esperaría para ver su reacción, aunque tenía miedo de qué pasaría, qué haría o qué diría. Desi era una niña muy buena y en este momento me estaba sintiendo como si realmente estuviese abandonando a una persona importante… pero yo nunca había querido sentirla a ella como tan importante, estaba desconcertado de sentir eso.
Cuando la profesora recogió sus cosas, miré a Desi y le dije que la esperaba. Nos quedamos solos en clase, yendo juntos hacia la puerta. Estaba nervioso por su reacción y ella llevaba las manos en los bolsillos sin mirarme ni decir nada, así que me planté delante de ella tapando la puerta para que no saliese al pasillo.
Sacó la nota de su bolsillo, estaba doblada tal y como la dejé, y con su dedo acariciaba el “GRACIAS” que yo había escrito. Me miró y después abrió la nota para leerla en silencio.
“Tomé una decisión. Hice la solicitud y he pasado las pruebas. En septiembre empiezo en la Academia Militar. No sabía cómo decírtelo, pero tengo que darte las gracias por tu ayuda en clase, aprobar estos dos cursos era necesario para enderezar mi vida. Echaré de menos tus colores. Checo.”
Sus ojos verdes se llenaron de lágrimas, así que sin pensarlo la abracé. Me dio igual si alguien nos veía o no, ella necesitaba ese abrazo y yo necesitaba dárselo.
- No llores , por favor… – solté mi abrazo, pero levanté un poco su cara para poderla mirar a sus ojos llorosos. – Aún nos quedan un par de meses de clase y tengo que aprobar la última evaluación – dije – y seguro que nos vemos este verano. – Quise animarla con ese comentario y le sonreí.
Me sentí miserable y cobarde. Realmente esa niña sentía algo por mí. Le rompí el corazón y me dolió hacerlo.
Aquel fin de semana de celebración de cumpleaños aproveché para compartir la noticia con mis amigos y con la familia. Y a partir de ahí, decidí aprovechar al máximo el tiempo hasta que me tuviese que marchar a la academia.
Echaría de menos a Borja, a mi hermana Ana y también a Desi. Nunca nadie me había preocupado como lo hacía ella. No era que me sintiese atraído físicamente por ella, porque no la veía así, pero era diferente a cualquier otra chica. No hablé con nadie sobre que se lo hubiese dicho a ella, ni sobre su reacción, ni siquiera a Borja. Era extraño, pero no quería compartir eso con nadie, no quería hablarlo en voz alta. Pero ya no la iba a tener cerca para meterme con ella, para hacer que se sonrojara y para intentar que ella se divirtiese un poco fuera de los libros.
Había una conexión que no sabía explicar y que me hacía estar confuso, porque, por un lado, no quería perder esa conexión, pero por otro, al haberme dado cuenta de que ella sentía algo por mí, no estaba seguro de querer que ella sintiese eso, fuese lo que fuese.