Una niña muy especial

2952 Palabras
Rosa no estaba mal, simpática, con un físico normalillo, pero muy bajita… debía medir como 1.50 más o menos. Una tarde de botellón Rosa se acercó a mí buscando algo más que hablar. Creo que aquel día bebimos bastante y en algún momento empezamos a enrollarnos. Ostias… era pequeñita y algo seria, pero besaba increíblemente bien. Después de unos cuantos besos me había puesto a tope, pero estábamos en el parque de noche, rodeados de gente. Sólo me había pasado aquello con Claudia. Quizás Rosa fuese la tía que alejaría a Claudia de mí de una vez por todas. Ese mismo día le dije a Rosa si quería salir en plan novios y ella aceptó. El curso avanzaba y yo estaba consiguiendo lo que les prometí a papá y mamá, ir aprobando todo, o bueno, más bien casi todo. Las matemáticas me producían un bloqueo mental tremendo. Ana en casa me daba collejas porque no hacía ni siquiera amago de escucharla. Intenté pedirle ayuda a Borja e incluso a Rosa, pero ellos también iban justos con las matemáticas. Sabía a quién podía pedirle ayuda, aunque no sabía si querría quedar alguna tarde para estudiar juntos. Conociéndola seguro que se pasaba las tardes enteras en su casa estudiando, sólo la había visto fuera del instituto algunos fines de semana con sus amigas. Desde que hablé con Borja sobre cómo me sentía con Desi, muchas cosas habían cambiado. Ella parecía estar cogiendo confianza conmigo y ya no se ponía roja tan a menudo, ni siquiera cuando la chinchábamos Pepe y yo. Había días que me miraba a los ojos si me metía con ella y hasta hacía caritas graciosas. Parecía que empezaba a divertirse con tenerme de compañero, sin embargo, con el resto de personas se seguía comportando como la niña tímida que conocí el primer día de clase. Seguía siendo divertido ver cómo se ponía roja y agachaba la mirada si alguien la hablaba. Un día al final de clase, en vez de coger mi mochila y salir corriendo, esperé a que ella recogiese sus cosas. Siempre salía de las últimas de clase. - Desi, ¿puedo pedirte un favor? – Pregunté. - Claro, ¿qué pasa? – Dijo ella sonriendo y levantando la mirada hacia mí que estaba de pie apoyado en mi mesa. - No acabo de entender las matemáticas de este trimestre y las ciencias se me dan fatal ¿podrías echarme una mano con esas asignaturas? – le pedí con cautela observando su reacción y a la vez sintiendo la presión que tenía en casa respecto al curso. – No puedo permitirme suspender otra vez el curso. - No te preocupes, yo te ayudo. Matemáticas y ciencias son mis asignaturas favoritas y se me dan bastante bien, además tú me ayudas mucho en gimnasia – me intentó clavar su dedo índice en el brazo como yo hacía a veces para meterme con ella. – No vas a suspender el curso, lo estás llevando bastante bien hasta ahora. - ¿Te importaría venir mañana jueves por la tarde a mi casa y me ayudas con los problemas de matemáticas? Hoy no puedo porque esta tarde tengo entrenamiento de fútbol – le di un papel que acababa de escribir. – Ahí está mi dirección y el teléfono de mi casa. - Vale, le diré a mis padres, no creo que haya ningún problema. Es que… nunca he quedado con un chico y… bueno sólo les va a sorprender. – Me hizo reír al ponerse otra vez roja. - Diles que vamos a estudiar, no es una cita ni nada de eso – no podía dejar de reír – y no te pongas roja, , si van a estar más tranquilos puedo ir yo a tu casa – por fin salíamos de clase. - Vale, mañana te digo, me voy que me están esperando Bea y Lidia para ir a casa. La vi correr por el pasillo hacia sus amigas que la esperaban cerca de la salida y me fui por la puerta que daba al patio. No podía dejar de reír por la situación, ¿qué se estaría imaginando? Tenía que pedirles permiso a sus padres para quedar… yo no recordaba cuándo fue la última vez que pedí permiso para salir, pero es que íbamos a hacer deberes. ¿Estaría pensando que le estaba pidiendo una cita? Seguí riéndome un rato hasta que llegué donde estaban mis amigos y ahí estaba Rosa también esperándome. Después de un rato con los chicos, acompañé a Rosa a la parada de su autobús y cuando se fue me quedé hablando con Borja. No podía contarle a Rosa que había pedido ayuda a Desi para estudiar porque a ella y a sus amigas le caían fatal las niñas como Desi, y sabía que se reirían de ella. Si fuese cualquier otra niña me hubiese dado igual, pero Desi era mi compañera de clase. En Borja sí podía confiar. - Pues empiezas bien tu relación con Rosa, ya mintiendo… - se rio Borja. - No jodas, tío… es sólo que no quiero que Desi tenga problemas por mi culpa. - ¿De verdad es tan importante esa niña? - Por fin empieza a divertirse en clase y a separar los ojos de la pizarra y de los libros. Tenías que verla en clase, es muy graciosa… pero es la mejor en matemáticas, bueno… en casi cualquier asignatura. - Checo, tío… es una empollona – se rio Borja. - Lo sé… y nadie mejor para ayudarme con mi problema ¿no? Si vuelvo a suspender ya no sé qué van a hacer mis padres… - ¿Estás seguro de que sólo es como una hermana pequeña para ti? – preguntó Borja ya sin reírse. - ¿Qué? ¿Qué dices? – repliqué algo cabreado sin entender a qué se refería mi amigo. - No jodas, Checo… nunca antes has defendido a ningún empollón de clase, y mucho menos te has hecho su amigo… esa niña tiene algo que te gusta. - Ni una palabra a nadie – sentencié justo cuando mi autobús llegaba a la parada. Borja estaba loco si pensaba que a mí me gustaba Desi. Era una niña. Una niña con la que me lo pasaba bien en clase, riéndome de ella y con ella, pero sin maldad. Aunque Borja tenía razón en una cosa, nunca me había hecho amigo de un empollón de clase. Amigos, eso era lo que había entre Desi y yo, nos habíamos hecho amigos. Por eso ella se comportaba conmigo como con sus amigas, porque éramos amigos. No es raro que dos amigos queden a estudiar juntos, sobre todo cuando uno necesita la ayuda del otro. Aquella tarde, justo antes del entrenamiento estaba hablando con uno de los chicos de las botas nuevas que se había comprado, eran geniales y me habían gustado. Estábamos ya casi todos en el campo y el entrenador estaba preparando el circuito. Roberto, uno de los veteranos del equipo saludó a unas chicas y me asomé a ver quiénes eran porque a veces venían grupos de chicas a vernos entrenar. Qué sorpresa me llevé cuando vi a Desi y a sus amigas allí. Nunca imaginé a Desi saliendo entre semana y me reí para mis adentros. Pedí permiso al entrenador porque aún no era la hora de empezar y me acerqué a la valla corriendo. - Hola Desi, no sabía que venías a ver a Roberto. – Dije sorprendido. - Es el hermano de Lidia. Hemos salido a dar una vuelta y pasábamos por aquí, así que hemos pensado entrar un rato a verle. No sabía que jugabas en este equipo. - Ok, te veo mañana en clase. – sonreí – ¿Sigue en pie lo de por la tarde? – ella asintió poniéndose roja otra vez y me fui corriendo con el equipo antes de que el entrenador me castigase. Roberto me dio una colleja mientras me preguntaba de que conocía a Desi justo cuando empezábamos con la carrera de calentamiento. Solo le dije que éramos compañeros en clase, al fin y al cabo, era la verdad y si él era hermano de una de las amigas de Desi no merecía la pena inventarse cualquier mentira. El entrenamiento fue como siempre, aunque vi que Desi y sus amigas se marchaban antes de que se terminase. Al día siguiente era mi cumpleaños, ya 17. Mamá haría algo que me gustase para comer ese día, pero no lo celebraría hasta el fin de semana, el viernes después del entrenamiento me habían dejado organizar una pequeña fiesta en casa con algunos de mis amigos y aunque mamá y papá no iban a estar, Ana y Cristina sí, así que no sería gran cosa. Cuando llegué al instituto, nos juntamos todos en el patio como todos los días. Rosa apareció con un regalo para mí. No me lo esperaba, pero fue bonito recibir un regalo de mi “novia”. Era una pulsera de cuero, me la puso en cuanto la saqué de la caja. Poco después nos fuimos para las aulas. Pepe se quedó detrás con Dora y yo seguí hasta primera fila. - Buenos días - saludé a Desi mientras le quitaba su estuche. - Hola. Vaya qué contento vienes hoy a clase – no me miró y estaba seria. - Es mi cumpleaños – dije volviendo a poner su estuche en su mesa después de escribir mi nombre y mi fecha de cumpleaños. Me fulminó con la mirada después de ver que había pintado en su estuche, pero puse mi mejor sonrisa. – Así no se te olvida cuándo es. Vi que abría la boca, pero entró la profesora de lengua y Desi volvió a su modo “empollona” sin quitar la vista de la profesora o la pizarra. Me pasé gran parte de la mañana quitándole a Desi sus bolígrafos para hacer dibujos ese día no me apetecía estar en clase. Desi parecía enfadada cada vez que le cogía algún bolígrafo, y apenas me dirigió la palabra ese día. No tenía ni idea de lo que le pasaba, pero estaba más rara de lo normal. - Oye, ¿en serio quieres quedar el día de tu cumpleaños para que te explique matemáticas? ¿No tienes planes con tus amigos? – dijo en un descanso entre clases. - Si no quieres o no te dejan podemos quedar otro día – respondí mientras seguía dibujando. - No es eso, mi madre lo entendió y me ha dicho que vale, pero… yo el día de mi cumpleaños no suelo tener ganas de estudiar – respondió ella y sonreí por la idea de que ella un día al año no le apetecía hacer deberes. - No pasa nada, lo celebro mañana después del entrenamiento con mis amigos, así que hoy me viene mejor quedar. - Está bien, ¿a qué hora entonces? – preguntó. - Sobre las 17.30h ¿te viene bien? – yo seguí metido en mi dibujo. - Claro. - ¿Te pilla muy lejos mi casa? – la miré de reojo mientras ella seguía escribiendo en su agenda. - Anoche lo miré en el callejero con mi madre y son unos 20 minutos andando desde mi casa, no es mucho – dijo sin darle importancia. – Luego para volver si estoy cansada cojo el autobús y listo. - No está bien que andes sola tanto rato, aún eres… pequeña – dije preocupado porque fuese andando sola hasta mi casa durante tanto tiempo. – Si el instituto te pilla más cerca podemos quedar aquí y ya vamos juntos a mi casa. - No soy pequeña – dijo enfadada ¿por qué le había sentado mal ese comentario? – Vengo todos los días al instituto sola y tu casa sólo está diez minutos más allá. – Resopló. – Puedo ir sola, no tengo problema con eso. Además, todo el camino es por el paseo, no voy a andar por callejuelas. - No te enfades . Solo digo que te saco dos años. – Me reí por su reacción y su enfado, eso la hacía ver más niña aún, en plan rabieta. - No me llames así. Me llamo Desiré. – La moví un poco del brazo intentando que se riese un poco y al final lo conseguí. Relajó un poco su expresión de enfado y volví a reírme. – Te lo digo en serio, no me llames , como te oiga alguien me muero... Y de hecho me sacas dos años y medio porque yo hasta octubre no cumplo los 15. Era muy divertido verla así. Esos ojitos verdes bajo esas gafas, que si se enfadaba se ponían más oscuros y cuando sonreía se ponían más claritos. Me gustaba verla así. Y ahí me di cuenta de que realmente sí era pequeña, aún ni siquiera tenía 15 años. Seguramente aún jugase con muñecas y yo estaba deseando que llegase el fin de semana para ir de botellón y enrollarme con Rosa. Definitivamente no podía dejar que nadie supiese que había quedado con Desi para estudiar. Ella era aún muy inocente y yo tenía que mantener una reputación en el instituto, aunque me gustaba mucho que Miguel nos hubiese sentado juntos a principio de curso. Aquella tarde después de comer estaba tirado en la cama escuchando música con la puerta cerrada. Ni siquiera había sacado los libros de la mochila aun sabiendo que Desi vendría a estudiar aquella tarde. Ana y mamá me preguntaron quién era esa chica cuando durante la comida les conté que iba a venir una compañera a explicarme unas cosas que no entendía, pero sólo les dije que era la chica que se sentaba a mi lado en clase porque el tutor me había sentado en la primera fila. Ana estaba ya en el último año de instituto, pero siempre quería enterarse de con quién andaba yo. Nos habíamos contado siempre muchas cosas. Sin duda era mi hermana favorita, pero porque siempre me cubría con papá y mamá. Tan sólo se había enfadado conmigo una vez, hacía unos dos años, la primera vez que me enrollé con Claudia, habían sido muy amigas hasta los catorce años y después se distanciaron porque a Claudia le gustaban más los chicos que sus propias amigas. A Ana no le gustó que yo fuese uno de los chicos de colección de Claudia. No había oído sonar el timbre, pero mamá gritó por el pasillo y cuando miré el reloj de la mesilla supe que Desi ya habría llegado. Deprisa me cambié de camiseta y me puse una limpia mientras iba por el pasillo hacia el salón. Mamá ofreció llevarnos algo de merendar mientras estudiábamos, pero antes de desaparecer por el pasillo me susurró: “Quedaros en el despacho de papá, pero dejad la puerta abierta”. Desi me siguió hasta el despacho y entre sus cuadernos y los míos ocupamos casi toda la mesa, al poco rato mamá nos trajo tarta y galletas que por lo visto había hecho la madre de Desi. Desi preguntó qué me había dicho mamá y cuando le conté lo de dejar la puerta abierta se puso colorada otra vez. No sabía en qué estaría pensando mamá, pero sólo iba a estudiar con Desi o más bien intentar entender esa parte de las matemáticas que me traía de cabeza para los exámenes. Me quedé mirando a Desi mientras ella empezaba a explicarme cada tipo de problema. Estaba diferente, se había puesto lentillas, y sin las gafas sus ojos eran realmente grandes y de un verde muy bonito. Era divertido ver cómo se sonrojaba cada vez que me miraba a la cara y nuestras miradas se cruzaban. Yo intentaba hacer que no pasaba nada, pero alguna sonrisa se me escapó y entonces ella volvía a mirar los libros. Era muy divertido ver su reacción, aunque un par de veces me dio un codazo para que atendiese a lo que ella estaba diciendo y le tocaba repetir todo otra vez porque yo no había prestado nada de atención. Pasamos la tarde estudiando y yo además apuntándome trucos para los problemas, pero también nos divertimos jugando un rato con Aarón y hablando con mi madre. Se hizo un poco tarde para Desi y la acercamos a su casa en el coche mamá y yo mientras papá se quedaba con Aarón en casa esperando a que Bea viniese a buscarle después del trabajo. Aarón era lo más bonito que había en la vida, el sobrino ideal, y cuando nació le prometía Bea que le enseñaría todas las trastadas del mundo para reírnos juntos. Desi era la única amiga, aparte de Borja, que me había visto jugar con él, que había visto que él era mi debilidad. En el camino de vuelta a casa, mamá me hizo una pregunta que parecía sencilla: - ¿Por qué le has pedido ayuda a Desiré con los estudios? Pero no fue lo que dijo, sino el tono con el que lo dijo… me quedé pensando mientras miraba la calle por la ventanilla del coche. - ¡Ay, mamá…! No sé… es la mejor de la clase, nada más. El silencio se hizo dentro del coche, ya que no dijimos nada más y mamá sólo ponía la radio cuando conducía mucho rato. - Debes cuidar esa amistad, hijo. Desiré es una niña muy especial. – Sentenció mamá antes de meter el coche al garaje. No volvimos a hablar de aquello, mamá siempre me daba mi espacio para hacer y hablar cuando yo quisiese. Sin embargo, las palabras y el tono de mamá resonaron en mi cabeza durante la noche.
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