Volver a conectar

1818 Palabras
Bailamos una canción tras otra durante mucho rato. Apenas pestañeábamos o mirábamos a otro lado que no fuesen los ojos que teníamos enfrente. Me encantaba verla bailar de lejos, pero verla ahí, bailando conmigo, juntos, agarrados, tan cerca que podría besarla, aquello era mucho más que decir que me encantaba verla bailar. Dirigí nuestros pasos y nuestros cuerpos al ritmo de la música por toda la pista de baile y ella me dejaba guiarla, aunque después de varias canciones simplemente dejé de bailar, paramos nuestros pies y la acerqué todo lo que pude a mi cuerpo. Quería besarla. Era lo que más deseaba en aquel momento, probar esos labios que tanto había deseado cuando era adolescente, pero no lo haría sin permiso. Nos separaban apenas unos milímetros y ninguno apartaba los ojos del otro hasta que a nuestro alrededor se escucharon aplausos. Desi se puso nerviosa, lo noté. Miraba deprisa a todos lados, me soltó y tapó su cara con las manos mientras susurraba algo así como “qué vergüenza…” y a mí me dio la risa su reacción, así que, sin poder parar de reír, pese a que sabía que ella estaba pasando una pequeña crisis de timidez, la abracé contra mi pecho hasta que ella también se rio un poco. Quería besarla, decirle que todo estaba bien, que estuviese tranquila, pero me quedé ahí quieto, abrazándola, conteniendo mis ganas de decirle que seguía amándola. Hasta que ella se separó un poco de mí para volver a mirar alrededor - Muero de ganas por besarte, Desi – susurré cuando sus ojos volvieron a conectar con los míos. - Creo que esas palabras ya las había escuchado antes – me respondió sonriendo. Casi sin darme cuenta, ella había levantado sus manos hacia mi cuello y se había empinado sobre sus pies para besarme. La vi cerrar los ojos cuando sus labios chocaron con los míos y yo también hice lo mismo. Una llama de fuego se prendió en mi interior. Ese beso cargado de amor y deseo que siempre había guardado. Me acarició el pelo mientras yo la apretaba contra mi cuerpo y nuestras lenguas seguían bailando enredadas. Me daba igual que notase que me había puesto duro con aquel beso. La deseaba, mucho más de lo que nunca había deseado a ninguna mujer. Era mi sueño hecho realidad. - Sigues usando el mismo perfume – me comentó sonriendo. - ¿Lo recuerdas? – dije sorprendido, era verdad, siempre había usado la misma colonia. - No sé cuál es… pero siempre recordaré ese olor, cada vez que lo notaba en algún sitio me recordaba a ti – confesó sonrojándose otra vez. - Desi… siempre serás mi princesa – dije acariciando su mejilla. - Y tú siempre serás mi amor. ¿Sería posible que pudiésemos vivir nuestro amor juntos por fin, después de tantos años? Ojalá. Mi cabeza en ese momento sólo podía pensar en Desi, todo lo demás voló, desapareció. Ella estaba allí, conmigo, nos habíamos besado después de tantos años, y yo quería más, la quería a mi lado, para siempre. Todos los años que pasé y los muros que construí encerrando lo que sentía en el fondo de mi corazón desaparecieron. Nos dimos la mano para caminar hacia donde estaban nuestros amigos, pero José e Inma se acercaron a nosotros antes de que llegásemos donde estaba el grupo - ¡Teniente! – me saludó Díaz serio, me puse firme para devolver el saludo antes de explotar en carcajadas los dos. - Vaaaaale… eso no ha sido precisamente algo de amigos – dijo Inma divertida señalándonos a Desi y a mí alternativamente con el dedo. – A la vuelta de nuestro viaje alguien va a tener que explicarme esto. - Hay mucho amor en esta boda, amiga – dijo Desi abrazándola y los cuatro nos reímos. Nos quedamos un rato charlando con los amigos de Desi y en algún momento ella miró la hora en mi reloj. Supuse que estaba cansada y quería irse a casa, si era así, me iría con ella. Nunca dejaría que se fuese sola, y menos esa noche, quería besarla de nuevo. - Chicos, creo que me voy a ir para casa, estoy agotada y los pies me están matando – dijo a sus amigos con una risa nerviosa. - Nosotros también nos vamos – comentó su amiga– creo que en la recepción están pidiendo taxis. - Genial – respondió Desi – vamos a ver si encontramos a Inma y José y nos despedimos de ellos. - Desi, yo te acompaño a casa, así me aseguro de que llegas bien – sugerí. - No es necesario – me acarició la mejilla, pero no iba a dejar que se fuese sola, además vivíamos cerca, podía aprovechar yo también para volver a casa. - No importa, ya sabes que desde aquí pilla de camino a mi casa – sonreí y ella aceptó sin muchas pegas. Nos despedimos de los amigos de Desi y nos subimos a uno de los taxis que esperaban en la entrada del club. Desi le dio su dirección al taxista y yo la abracé todo el camino, apenas dijimos nada, solo la acariciaba y le daba algún beso fugaz de vez en cuando. Al llegar a casa de Desi, le pedí al taxista que no parase el taxímetro y que me esperase mientras la acompañaba a ella, y le di mi dirección también. La besé en el portal de su casa y le prometí que al día siguiente hablaríamos. Y así me despedí de ella, de mi princesa, de mi amor adolescente al que no había podido dejar ir. Me subí de nuevo al taxi para ir a mi casa y de camino me prometí a mí mismo que si ella quería, yo lo daría todo para que esa relación funcionase, para que los dos pudiésemos disfrutar el amor que no pudimos disfrutar antes. Antes de llegar a casa ya le había enviado un mensaje de texto a Desi diciéndole lo feliz que me sentía, y ella no tardó en responder pidiéndome que no volviese a desaparecer. No lo haría, me quedaría con ella todo lo que ella quisiese. Me costó dormir repasando en mi mente todo lo que había pasado aquel día, deseaba volver a tenerla entre mis brazos, y con ese pensamiento me dormí. Me levanté al sonar mi alarma para salir a correr como cada domingo. Escuché a mamá en la cocina, así que fui al baño a asearme y me quedé unos minutos mirándome en el espejo como un adolescente atolondrado. Después me lavé la cara y salí para ir a tomar un café con mamá, tenía que contarle que había visto a Desi. - Buenos días, mamá – dije sonriendo al entrar a la cocina. - Buenos días, cariño – respondió ella enseñándome una taza, asentí con la cabeza y ella me sirvió café recién hecho mientras yo sacaba el tostador para preparar las tostadas que a ella le gustaba desayunar. – Anoche viniste tarde, pensé que hoy no saldrías a correr. - Pensaba dormir más, pero se me olvidó desconectar el despertador, así que ya que estoy despierto… - me encogí de hombros mientras ella se sentaba a la mesa para desayunar juntos. – Mamá… ¿te acuerdas de Desi? – ella levantó la vista hacia mí con cara de sorpresa y dejó de remover el azúcar de su café – es amiga de la mujer de Díaz… la vi ayer, mamá… después de tantos años… - Hijo… - noté que mamá no sabía bien qué decirme. - Mamá, estoy bien… hablamos mucho rato, nos reímos, bailamos… y nos besamos – mamá levantó una ceja. – No me mires así, mamá – suspiré. - ¿Te acuerdas de cuando te dije que era ella? Pues ayer lo supe en cuanto la vi: sigue siendo ella, sigue siendo la chica que quiero en mi vida. - Y… ¿ella cómo está? - Preciosa, mamá… está mucho más guapa que antes. - No me refiero a eso, cariño… - mamá me agarró de la mano. – Han sido muchos años sin veros ni hablar, y lo que pasó tuvo que dejarle huella. - Lo sé… hablé con ella de eso… al principio estuvo un poco a la defensiva y me echó en cara que desapareciese… mamá, me sigue pesando mucho haberla alejado de mí, pero no me arrepiento de lo que he conseguido en estos años. - Y nunca te arrepientas de eso, hijo… fue una decisión dura, pero tenías que pensar en ti, en tu futuro… ¿Has hablado con ella también de eso, de lo que has conseguido, de lo que eres, de quién eres ahora? - Claro que sí, mamá… se sorprendió mucho cuando le conté cómo he estudiado duro estos años… - mamá se rio, a veces tenía la sensación de que ella misma aún no se lo creía. – Y creo que le ha gustado saber que he madurado. - Y ella, ¿qué hace? ¿siguió estudiando, trabaja…? - Es compañera de la mujer de Díaz en la universidad, se conocieron allí y se hicieron amigas. Ya termina sus estudios, le queda una asignatura nada más. - Y… entonces, ¿vais a salir juntos? – mamá cambió un poco el tono de la conversación a uno más divertido. - No lo sé, mamá… yo sí quiero, y creo que ella también, pero habrá que ir viendo, volver a conectar entre nosotros. - Jajajaja – mamá se río a carcajadas - ¿volver a conectar? Pero si lo primero que me has dicho es que ya os habíais besado. - Mamá… - resoplé. – ya sabes a qué me refiero… - No, hijo, no lo sé – seguía riendo, pero más suave. – De todas formas, ten cuidado hijo, contigo y con ella… ninguno sois los adolescentes que erais, y aunque ayer hablaseis mucho, tenéis que volver a conoceros. – paró para tomar un trago de su café. – Además, tú has construido una vida y una carrera que es para cualquier pareja. Si vais a tener una relación, tienes que hablar claro con Desiré de eso, y si ella acepta, dile también que nunca va a estar sola en las cosas que te atañen como militar, somos una familia y si ella acepta una relación contigo, formará parte de la familia. - Gracias, mamá… por supuesto que hablaré con ella de todo, pero necesito tiempo, no puedo soltarle todo de golpe el primer día. - Solamente te digo que no esperes mucho para contárselo. Si sale adelante lo de la misión… - mamá agachó la mirada un poco triste. – vas a estar fuera mucho tiempo, y deberá prepararse para ello. Mamá tenía razón, debía hablar con Desi de todo eso cuanto antes, pero no ese día, podía esperar un poco, al menos hasta ver qué dirección tomábamos.
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