Una mujer devota-3

903 Palabras

Cuando la puerta se cerró, Sofía soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo. Apoyó la espalda contra la pared, el pulso todavía acelerado. En la repisa, Morgana su gata observaba desde el alféizar de la ventana. Los ojos del animal, amarillos y atentos, la miraban como si entendieran más de lo que debía. —No me mires así, Morgana —murmuró Sofía, con una sonrisa cansada. La gata movió la cola, sin apartar la vista. —He superado mucho, ¿sabes? Ya no… ya no lo hago tanto como antes. Morgana soltó un maullido grave, casi un gruñido. Sofía rió por lo bajo. —Está bien. No he superado una mierda. Pero la madre no tiene por qué saberlo. La gata parpadeó lento, como si la juzgara en silencio. Sofía caminó hasta ella, le acarició la cabeza con suavidad y añadió: —Ven, vamos a limpia

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