—Esto no es parte del itinerario aprobado —murmura. —Tú no apruebas mis itinerarios. —Yo reporto todo lo que haces. Salvatore sabrá de esto. —Déjame adivinar… ¿profesionalismo? —Exacto. Me río en silencio. Tomo una caja discreta, nada escandaloso. Un pequeño vibrador elegante, rosa pastel. Pago con mi tarjeta y salimos. Massimo abre la puerta del auto. Subo. Guardo la bolsa sin decir nada. Él enciende el motor. No hablamos en todo el trayecto. Pero en mi mente, mientras el auto avanza, solo hay una frase girando como mantra: Si él no quiere enseñarme… tendré que aprender sola. Pov Salvatore El despacho está en penumbra. La luz entra a través de las cortinas como si tuviera permiso de filtrarse entre mis sombras. El humo del cigarro flota denso. Hay ruido, pero no lo escucho. No

