Ernesto El golpe que me mandó a besar el piso dolió como el maldito infierno de mierda. La punzada subió desde mi hombro por mi cuello, pasando por la mejilla y se intensificó en la sien. Por el jodido fuego, hacía años que no me derrotaban de esa manera tan humillante. Una mano apareció frente a mi rostro, pude haberla ignorado y fingido que estaba enfadado por semejante humillación, pero sinceramente, el chico se ganó el ser felicitado. De un solo movimiento me ayudó a levantar y me sonrió, titubeante. Su nombre era Benjamín y a pesar de que íbamos en la misma clase de combate, solo le había dirigido la mirada algunas veces. Y no por ser grosero o porque me creyera superior, era simplemente porque no era una persona muy sociable, prefería ser callado, centrado en mis asuntos e inten

