Capítulo 3

1880 Palabras
Selena llegó a su casa y Evans corrió a recibirla y se lanzó a los brazos de su mamá. Ella lo tomó en sus brazos y lo levantó caminando hasta donde estaba Marcela que iba atrás del niño. Marisela, la hija de Marcela, también corrió a saludar a su tía. Selena le dio un beso en la mejilla y la abrazó. Quería mucho a la chiquitita. ―Marcela, perdón por llegar más tarde, pero hubo un accidente en la carretera ―explicó Selena. ―Sí, Selena, dieron la noticia, mostraron como quedó el auto. ―Fue terrible, Marcela, alcancé a sacarlo del auto, alejarnos un poco y el auto explotó. ―¿Tú estabas allí? ―Marce, ya venía para acá y me encontré con el accidente. ―¿Tú le diste los primeros auxilios? ―Así es, Marcela, si no lo hubiese sacado del auto, él ahora estaría muerto, calcinado dentro de su auto. ―Selena, le salvaste la vida, ¿cómo está él ahora? ―Está con un coma inducido, tiene una hemorragia interna, ojalá responda bien al tratamiento y despierte pronto. ―Ojalá sea así, porque está grave, ¿verdad? ¿Cómo está su familia? ―Sí, está grave, pero solo llegó su… esposa. Alice me avisará si hay algún cambio en él. ―Pero tú ya no estás en turno, Selena. ―No, está Gonzalo, pero le pedí que me mantuviera al tanto, quiero saber cómo evoluciona. ―¿Tú lo asististe en el hospital? ―Sí, Gonzalo y el doctor Reyes estaban atendiendo a dos pacientes graves y… este hombre necesitaba atención de urgencia, por eso tuve que inducir al coma. ―Desconéctate un poco, Selena, descansa y olvídate un rato del hospital y de ese hombre, ya lo están atendiendo. ¿Olvidarse de Robert? No, imposible olvidarse de él. ―Sí, tienes razón, eso trataré de hacer. ―Bueno, ahora me voy, Selena. ―Gracias, Marcela, y, perdón de nuevo por llegar tarde. ―No te preocupes, amiga, vivo aquí al lado, para mí no es problema quedarme hasta más tarde. ―Gracias, Marce, sé que Evans está muy bien contigo y eso me da tranquilidad, no sé qué haría sin ti. ―Tranquila, amiga, nos vemos mañana. ―Sí, Marce, ¿nos tomamos un café mañana? ―Sí, claro, en la tarde, cuando vuelvas de la playa nos tomaremos un café. ―Está bien, necesito un momento de paz con un café con mi mejor amiga. ―Yo también lo necesito. ―¿Cómo está Jorge? ―Bien, llegó hace un rato. ―Ve con él, amiga, lo dejaste mucho tiempo solo. ―Sí, pero él sabe que yo estoy comprometida contigo en el cuidado de Evans y eso a él no le molesta, tú lo sabes. ―Sí, lo sé, ustedes son unos muy buenos amigos, gracias por todo. ―Tranquila, amiga, para eso estamos, ahora anda a descansar y nos vemos mañana. ―Sí, amiga, hasta mañana. ―Hasta mañana, Selena. Marcela se fue a su casa y Selena acostó a Evans y le leyó un cuento hasta que el niño se durmió, luego lo arropó y salió de la habitación a la cocina, preparó un café y salió a la terraza donde encendió un cigarrillo. Bebió su café con calma y fumó con lentitud. Ese día había sido tranquilo, pero terminó con sorpresas, muchas sorpresas para un solo día y ella sentía en su alma sentimientos encontrados de dolor y sorpresa y también de miedo e incertidumbre por lo que se venía por delante. Sintió nostalgia en su corazón y… tristeza. Robert se había casado. Ella se había ido de su lado sin decirle nada y nunca más había sabido de él, lo había bloqueado de todas las r************* y de su teléfono. Nunca más supo de él hasta esa noche… Ahora sabía que él estaba casado, conoció a su esposa, ya no estaba solo. ¿Tendrían hijos? ¿Por qué no llegó la familia de él al hospital? Selena quería devolverse al hospital, pero sabía que no podía hacerlo; no debía… Cuando vio a Robert en el auto, herido, sintió miedo; sorpresa primero, claro está, porque jamás pensó encontrarlo, pero después sintió miedo, mucho miedo de que no pudiera resistir y puso su vida en reanimarlo. Necesitaba saber cómo seguía, necesitaba verlo, aunque ahora fuera de otra. El dolor que sentía en el corazón no podía quitárselo nadie. Los recuerdos llegaban a su mente como si fueran una película; cada segundo vivido al lado de Robert, estaban presentes en ese momento; habían vuelto justo cuando lo vio otra vez, allí, inconsciente y en peligro. Unas lágrimas corrieron por sus mejillas; no las secó, las dejó caer libremente; sentía que necesitaba llorar. Hacían casi cuatro años que lo había dejado; había escapado de él sin dejar rastro. ¿Qué hacía él allí en esa ciudad? ¿Qué pasaría si al despertar se acordaba de ella? ¿Qué le respondería si él le pedía una explicación? No quería pensar en ello, le daba miedo. Pensó en su esposa. Susana. Ella lo tenía a su lado cada día y… cada noche. Ella vivía su vida con él, compartía sus buenos momentos y también los malos, lo ayudaba y lo apoyaba en cada cosa que Robert necesitara; Selena se imaginaba que así era la vida de ella junto a Robert. Susana lo tenía a su lado, ella no… ¿Qué habría pasado si ella no hubiese huido de su lado? ¿Estarían juntos todavía? No sabía si había tomado una buena decisión, aunque en el momento en que ella se fue, pensaba que era lo mejor. Cuando abandonó a Robert renunció a la clínica en la que trabajaba y postuló al Hospital Regional fuera de la capital; luego, con la ayuda de Marcela y Jorge, buscó una casa cómoda y bonita para vivir con su hijo cuando este naciera. La casa que encontró estaba ubicada al lado de la casa de Marcela y era grande, con mucha luz y un jardín muy grande y con mucho verde, mucho pasto, una hermosa terraza y una piscina. Sus amigos, Marcela y Jorge, vivían allí desde hacía dos años, así es que no se sintió sola cuando se mudó a su nueva casa y cuando nació Evans, ella la ayudó y la guio en lo que Selena no sabía. Las dos se ayudaban y se acompañaban. Cuando Evans estuvo en edad de ir al jardín infantil, Selena lo inscribió en el jardín donde asistía Marisela y entonces Selena volvió a trabajar en el hospital y Marcela se hacía cargo de los dos niños en las tardes cuando terminaban sus actividades escolares. De eso hacían unos cuántos meses, siete, para ser más exactos. ¿Félix? A Félix lo conoció en el hospital; él era el director y, aunque también era médico, no veía pacientes, se dedicaba a la parte administrativa del hospital. Ella sentía una cierta atracción por él y era una buena compañía; era sincero, amable, comprensivo y nunca le preguntó por su pasado y tampoco le importó que ella tuviera un hijo cuando comenzaron la relación; a ella le gustaba estar con él, pero enamorada… no; su corazón estaba cerrado al amor; después de su historia con Robert, su corazón dejó de latir y, así como conoció a Félix, podría haber sido Gonzalo u otro hombre, daba lo mismo uno u otro, no era Robert; eso era todo. Tuvo que aprender a vivir sin él; le costó mucho, lloró mucho tiempo, pero pensaba que era lo mejor que podía hacer. Era la única solución. Sus padres no entendían el porqué de ese cambio tan drástico; ella tampoco explicó mucho, solo les contó que estaba embarazada y que necesitaba un cambio en su vida. Ellos quisieron saber quién era el padre de su hijo, pero ella nunca lo dijo y tampoco les contó sobre Robert ni la historia que vivió junto a él. Y allí estaba en ese momento preguntándose qué haría si Robert la recordaba. Ahora él tenía una esposa, no se atrevería a pedir explicaciones; tal vez ni siquiera quería hablar con ella. Él había dado vuelta la página y se había enamorado y mucho, para decidirse a casarse, formar una familia y dejar su libertad, como a él le gustaba. Volvió a recordar el día en que fueron a tomar el café juntos. Cuando le dijo que ella decidiría si era o no interesante su vida, él sonrió. ―Ah, ¿ sí? ―le había dicho él con una sonrisa y sorpresa en su mirada― entonces te contaré. ―Vamos, te escucho ―respondió ella también con una sonrisa en sus labios. ―Ya sabes que soy el CEO de la empresa. ―Sí, claro. ―Soy el CEO desde hace seis años, tengo treinta y cinco años, soy soltero, sin compromiso y vivo solo en una casa grande con un jardín muy grande también, ya que me gusta la naturaleza y en las tardes me gusta sentarme en la terraza con un trago o un café y un cigarrillo. ―Eso es interesante. ―¿Tú crees? ―Por supuesto, yo amo la naturaleza, pero hay gente que simplemente no le gusta, no lo disfruta. ―Sí, tienes razón en eso; bueno, aparte de gustarme la naturaleza, a veces salgo con amigos a tomar un trago; los fines de semana voy a la playa a surfear. ―¡Pero eso sí es muy fascinante! ¿Cómo que tu vida no era interesante? ―Selena, eso es algo que hago habitualmente, pero aparte de salir con amigos de vez en cuando y algunos fines de semana ir a la playa, no hay nada más, el resto de los días es trabajo y casa, en cambio tú… tú salvas vidas, Selena, y eso sí es interesante. ―Y doloroso cuando algún paciente se va… ―Sí, claro, debe serlo, pero tú luchas por esas vidas, por salvarlos y eso es muy interesante y admirable, Selena. ¿Tienes novio, esposo, pareja? ―Ninguna de las anteriores, soy soltera y, como tú, mi vida transcurre entre la clínica y el departamento. ―¿Vives sola? ―Sí, desde que empecé a trabajar vivo sola. A veces salgo con amigos, cuando no estamos en turno. ―¿Haces turnos de noche también? ―Sí, también hago turnos de noche y a veces dobles turnos. ―Trabajas mucho. ―A veces sí, no lo voy a negar y cuando es así apenas me queda tiempo para dormir unas horas. ―¿Es por eso por lo que no tienes alguna relación? ¿Es difícil por tus turnos? ―Es difícil, pero tampoco ha llegado nadie que sea capaz de entrar en mi mundo, alguien que me mueva el piso y que me haga desear estar con él, no, no hay nadie. ―El hombre que esté a tu lado debe comprenderte y aceptar tus horarios y apoyarte en todo. ―Es difícil, Robert, a veces cuando la otra persona llega a la casa uno va saliendo y cuando uno llega por la mañana, él se tiene que ir, y es muy posible que esa noche tenga turno otra vez. Lo veo en mis colegas, es difícil.
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