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Un romance hecho en Hollywood

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HE
arranged marriage
chico malo
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Descripción

Joscelyn Lim es una estrella en ascenso, una prometedora actriz que se ve ante una difícil situación muy temprano en su carrera, diversas circunstancias le han creado una mala reputación con el gremio... y desesperada busca una solución a eso.

Así es como, en medio de la producción de su nueva película y obligada por la necesidad de hacer despegar su carrera de una vez por todas, deberá fingir ante el mundo que está perdidamente enamorada de su coestrella, el nuevo James Dean de Hollywood.

Kane Parrish es un alma libre y rebelde, guapo como el infierno y con un encanto que derretiría la Antártida, carismático y divertido; todo el mundo lo ama, pero Jos lo odia, y más importante aún... Él la odia a ella.

¿Cómo podrán, más allá del plató y los reflectores, hacerle creer al mundo entero que están perdidamente enamorados?

.

*Luces, Cámaras... ¡Amor! I*

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Prefacio
—Bueno... Creo que eso es todo, son todos los puntos a cubrir en la reunión de hoy, ¿alguna inconformidad que quieran hacer notar? —preguntó Richard Mason, el abogado que estaba llevando el caso. Kane y yo nos mantuvimos en silencio; él con los brazos cruzados y la mirada perdida en algún punto más allá de la mesa, completamente indiferente a lo que ocurría; yo, en cambio... Estaba haciendo todo lo posible para no romper en llanto. —Ehm... Yo creo que hay algo que pareciera que se está omitiendo intencionalmente —comentó Liz, mi representante. —A ver, diga usted. —Pues creo que será necesario que Kane emita un comunicado adicional, donde se disculpe públicamente con Joscelyn por su amorio con la señorita Curtis. — Cerré los ojos por un segundo, hubiese preferido que no tocara ese tema, pero Liz McEvans era una leona, rara vez la veías venir con sus ataques. Elsa, la representante de Kane, hizo un dramático gesto de incredulidad, mientras que Kane, por primera vez en la sesión, mostró una emoción... Solo sonrió ligeramente, pero el gesto iba cargado de ironía y eso dolió como una daga envenenada clavándose en mi corazón. —¿Es un chiste? ¿Pretendes ser graciosa? —preguntó Elsa, quien tampoco se quedaba atrás con sus ofensivas—. ¿Kane debe disculparse? —No es ningún chiste, él le fue infiel, ella merece una disculpa pública. —Parece que estás olvidando que ella también le fue infiel... Era un matrimonio al que ambos faltaron, ¿por qué es él el que debe disculparse públicamente? —Besarse con un sujeto en una fiesta no es lo mismo que acostarse con tu ex novia —argumentó Liz. —Tal vez no, pero no fue Kane quien lo hizo delante de todas las cámaras para que el mundo se enterara, en un arranque poco profesional para manchar la reputación de mi cliente, un acto tan infantil y poco meditado que se tornó en su contra, porque el público ahora la repudia a ella y por eso es que quieres una disculpa pública, para justificar ante el mundo lo que hizo Jos, pero si nos obligas a actuar... Lo haremos Liz, tenemos las fechas a nuestro favor y... Pues... Las fotos y videos de Jos y su enamorado misterioso están en toda la Internet. —Señoras —Interrumpió Richard en tono profesional—. Creo que estos arreglos deberán acordarlos en otro momento, hoy nos reunimos para el punto central, firmar el divorcio y que tanto el señor Parrish como la señora Lim vuelvan a ser libres de esta unión. —Tampoco se ha hablado de la repartición de bienes y... —Basta —interrumpí antes de que Liz se extendiera más de lo necesario. —Jos, ya lo hablamos... —Dije que no, Liz. —Ustedes no firmaron ningún acuerdo prenupcial, y... —No me importa un maldito acuerdo prenupcial, Liz... Solo quiero acabar con esto de una vez, por favor —insistí, al borde de que se me quebrara la voz, esa era una situación muy difícil para mí, y aunque las amaba como a mis hermanas, Liz y Elsa estaban llevando todo con tanta frialdad que se me estaba revolviendo el estómago. Liz resopló con enfado pero al final asíntió y alzó las manos en señal de rendición. —De acuerdo... continúe Mason. —Excelente, pues... como dije, todo quedó dicho, y ya solo resta firmar el documento para poder introducirlo a la corte, será un proceso rápido, no fue ni siquiera un año de matrimonio, así que será pan comido, en un par de días serán personas libres. El hombre deslizó una carpeta hacia Elsa y esta, tras darle una breve revisión, se la pasó a Kane junto con una pluma. Él miró la carpeta por unos segundos, sin moverse ni abrirla, hasta que entonces alzó la cabeza y me miró, por primera vez en la tarde. —Les voy a pedir que, por favor, nos dejen a solas un momento —dijo un rato después, sorprendiendo a todos. —Pero, Kane... —Dije que nos dejaran a solas, por favor. —Salgamos un momento, señoras —intervino Richard, que como el gran experto en el tema que era, sabía cómo manejar el ego de los representantes más que el de los mismos artistas. Ambas mujeres se pusieron de pie y se marcharon a paso lento, detrás del abogado, y un minuto después la sala estaba en un completo y tenso silencio. Yo me negaba a mirar a Kane, aunque sabía que él lo hacía, podía sentir el peso de sus ojos sobre mí. —¿Cómo estás? —preguntó un rato después, yo lo miré con incredulidad y enojo creciente, ¿qué clase de pregunta era esa en medio de la firma de un divorcio? Sin embargo, yo seguía decidida a llevar el asunto lo más serena y civilizadamente posible... Lanzarme sobre él y arruinarle su perfecto rostro, si bien era lo que quería, sería contraproducente, yo no necesitaba más escándalos en mi vida. —Todo lo bien que puedo estar... dadas las circunstancias. —Kane asintió y bajó la cabeza para mirar la carpeta mientras se rascaba la barbilla. —Sabes que desde ayer no dejo de pensar en una cosa, no me dejó dormir, y hoy... No logro escuchar nada de lo que dicen Liz y Elsa, al menos no del todo, porque solo tengo esto en la cabeza. —¿Qué cosa? —pregunté, presa de la curiosidad, muy a mi pesar. —Que esta relación estuvo llena de mi3rda de principio a fin, lo hicimos todo mal, y fueron pocas las cosas espontáneas, todo fue tan... actuado —resopló y rió con amargura—. Irónico, ¿no? —Yo estuve presente en todo momento, Kane... También viví toda la mi3rda de la que hablas —respondí dolida por sus palabras—. ¿Cuál es tu punto? —Mi punto es que... Ese viaje a Las Vegas, ese Elvis con licencia para casar, la Lady Gaga y el Elton John de testigos... Fue una locura, sí, pero casarnos fue lo único que hicimos porque realmente lo quisimos. —Se encogió de hombros y mi corazón empezó a latir más de prisa—. Ninguna foto en las redes, ninguna entrevista... nada fue tan genuino y sincero como el momento en que dijimos “Sí” esa noche, ¿lo recuerdas? —Lo recuerdo —respondí con apenas un hilo de voz. —Entonces... ¿Realmente lo vamos a dejar escapar? ¿No deberíamos guardarle un poco más de respeto a ese momento? ¿De verdad quieres el divorcio? Y piénsalo bien, porque a menos que tu respuesta no sea otro genuino, sincero y rotundo “Sí”... No firmaré nada. Kane tocó la carpeta y la alejó aún más de sí mientras en mi interior todo se volvía un completo caos ante la importante decisión que me estaba obligando a tomar... Otra vez.

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