—¿Muertos? Los que le dispararon a Eloise están muertos, y la única pista que teníamos resulta que “no es consistente”. ¿Me están jodiendo? —pregunta Demian, de manera irónica. Una semana ha pasado desde el atentado, y ya la situación comienza a desesperarlo. Todos intentan calmarlo; sin embargo, no encuentran la forma de hacerlo. Sus hijos preguntan todo el tiempo por ella; ni siquiera tiene el valor de llevarlos al hospital. No quiere que la recuerden postrada en una cama; en caso de que ella no vuelva a despertar, no es lo que quiere pensar, pero le toca poner todo en perspectiva. Demian se encuentra en la oficina del detective a cargo del caso. Sus investigaciones iban bien hasta que encontraron muertos a los autores del disparo y no logran conectar qué tiene que ver la familia Toren

