-Nico- Estaba exhausto, agotado de hecho. No podía despegar los párpados y sentía un pitido intenso en mis oídos. Apreté los ojos pero no podía hacer más y, poco a poco, sentí un intenso cosquilleo recorrer mis manos y piernas. -¡Doctor!- escuché una voz desconocida gritar, no recordaba mucho más allá de las luces antes de que todo se oscureciera. ¿Qué había pasado? Una puerta se abrió y el pitido en mis oídos aumentó un poco de intensidad. Puse todo de mi parte y logré, con esfuerzo, despegar mis párpados. Tenía una sábana cubriendo mi torso o al menos eso podía ver, mi pecho dolía demasiado hasta una extensión del hombro izquierdo y cuando un grupo de doctores estuvo sobre mí cubriendo la luz blanca e intensa que iluminaba mi cara sentí un poco de alivio y fue más sencillo, al meno

