86

1467 Palabras

-Nico- Era mi maldita inseguridad la que había llevado a ese punto mi perfecta y mágica relación con mi chica de ojos dorados. Era absurdo, fui hacia mi auto con los hombros encorvados y mientras abría la puerta una Tundra blanca estacionó junto a mí. No miré dos veces para darme cuenta de que se trataba de Clementine. -Hola, Nicolás, ¿Te dejaron plantado, cariño?- me saludó sonriente y maliciosa. Le di la espalda y la ignoré subiendo al auto y cerrando la puerta- Bien, nos vemos en tu casa, lindo- me lanzó un beso y le di un golpe al volante cargado de frustración mientras su camioneta avanzaba en dirección a mi hogar.  Era por esa rubia pendeja que yo era un idiota con Alex. Tenía en la cabeza la idea clara de que ella arruinaría lo nuestro y el miedo me llevó a cagarla por mi cuenta.

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR