Había entrado en una profunda depresión porque João no me había permitido ver a mi hijo, era increíble que estando bajo el mismo techo solo podía oír su llanto. Habíamos peleado infinidad de veces, pero él me había encerrado en la habitación desde el día que llegué de la clínica, yo como ingenua pensé que me estaba colocando en el piso de abajo por la cirugía, pero no, los primeros días venía la enfermera me ayudaba al igual que las chicas de limpieza a levantarme caminar y comer. Decían que debía guardar reposo, por esa razón no me dejaban deambular por la casa, pero al sexto día ya me sentía bien, podía caminar, traté de salir para ver a mi hijo y noté que la puerta tenía seguro, ese día me volví loca, comencé a llorar a golpear y patear la puerta. Eso hizo que João bajara y me reclama

