Estaba totalmente poseída por el deseo, tanto así que mi cuerpo actuaba de forma automática, estaba descubriendo una faceta de nueva de mí, no sabía dónde habían quedado mis límites, mis miedos o mi pudor. Estaba siendo la mujer más perra del mundo, justo en ese momento cuando mi marido me penetraba sentía una necesidad de decirle todo lo que quería que me hiciera. Y lo rico que me tomaba, así que no lo dudé y le expresé en voz alta con cada palabra que decía más lo excitaba. Sus ojos eran completamente negros, nublados por el deseo, sus brazos tomaba mis piernas de tal forma que me hacían subir y bajar tan rápido, que me nublaba los sentidos y el deseo que tenía por él me superaba. Cada vez que su m*****o entraba de golpe sentía que me invadía por completo y no mentiré, tenía dolor, sentí

