Para cuando Jon y los soldados de Carrador llegaron a la fuente del destello de luz negra, la luz del día casi había desaparecido. Había dos manchas negras y chamuscadas en el suelo y los restos de una, quizá dos, capas grises oscuras destrozadas. Trevor encendió una de sus linternas para estudiar el suelo a la luz que se desvanecía. Rodeó todo el claro, agachándose de vez en cuando para comprobar determinados puntos. Luego caminó un poco hacia el este examinando las huellas, antes de informar a Reece. —Señor, —Trevor miró a Jon y luego a Reece—, dos cosas. A los secuestradores se les unieron desde el este al menos cinco personas más. Pero lo más importante es que creo que los niños ya no están con ellos. —Esperó a que las exclamaciones se apaciguaran antes de dar las razones de sus conc

