Jayhan y Sasha se zambulleron entre la larga hierba y se lanzaron a la maleza. —¡Ay! —murmuró Jayhan, mientras se abría paso por debajo de los arbustos desordenados y de puntas afiladas. Sus finas ramas se enganchaban a su ropa y tenía que arrastrar o desenganchar partes de su abrigo que estaban atrapadas—. A Sasha no le iba mucho mejor. —¡Malditos arbustos! Tendríamos que encontrar los arbustos más pegajosos y afilados de todo el bosque para arrastrarnos. —Ow, —gritó Jayhan de nuevo—. Algo me ha mordido. Sasha contuvo un suspiro de exasperación. —No, no lo hizo. Son sólo las espinas. Algunas están muy afiladas. Vamos. Ya casi hemos terminado. Se retorcieron y arrastraron a través del denso banco de arbustos espinosos, Sasha dejando jirones de su vestido detrás de ella en las afiladas

