Andrew sabía que yo no me quedaría quieta, que querría ver de qué se trataba, así que no me impidió hacer nada al respecto y me acompañó a la cocina a ver qué era lo que estaba pasando y si en realidad era un ladrón. Tomé una escoba, a lo que el castaño sexy con cara de ogro se burló, diciendo que si con eso planeaba invitar al ladrón a dar un paseo. Claro, él era fuerte, había sido entrenado por la CIA y era grande y fuerte. Para él sus puños eran suficientes. No obstante al llegar a la cocina nos sorprendimos de ver al pequeño ladronzuelo. Ni ladrón, ni gatos, ni fantasmas. Digamos que nuestro pequeño intruso era un especialista en robar y lo demostraba con una franja negra alrededor de sus ojos. —¡Mapache infeliz! Andrew se soltó a reír al verme cubierta de lodo, pues había p

